Para Gonzalito

Siempre he pensado que el cielo, el más algonzi hermosolá, la vida después de la vida o como la quieran llamar debe ser algo parecido a un orgasmo perpetuo. No hay pensamiento, no hay preocupaciones y todo es presente absoluto, aquí y ahora puro y duro.

Gonzalito es mi sobrino, el mismo del primer post, y murió el viernes. Cuando empecé este blog lo llamé Pablito, ya que por “política de empresa” decidí no decir nunca el nombre real de las personas de las que hablo, es un tema de respeto. Pero en esa ocasión mi madre (sí, lee mi blog!) me comentó que le habría gustado que usara su nombre. Así que ahora lo uso: Gonzalito.

Cuando digo que imagino la muerte como un orgasmo no pretendo decirlo de forma ligera, como se dicen tantas cosas. Al contrario. Creo que casi toda nuestra vida somos esclavos de la mente, y que sólo conocemos breves -muy breves- instantes de liberación total de ella, al menos los occidentales. Y esos instantes se dan sobre todo en el sexo e incluso en esas ocasiones, casi exclusivamente durante el orgasmo. Supongo que por eso los franceses lo llaman ‘la petite mort’.  Es ahí cuando todo se apaga, cuando no pensamos si lo estaremos haciendo bien, si al otro le gusta, si se nos ve o no se nos ve la celulitis, o el michelín que cuelga… Es entonces cuando todos somos igualmente hermosos, trascendentes, y conseguimos ir más allá de nuestro cuerpo y nuestra mente. Cuando somos menos humanos y más divinos.

Gonzi tenía parálisis cerebral. Un estado imposible de imaginar, porque intentar comprender la ausencia de pensamiento a través del pensamiento es un absurdo. En los 14 años que estuvo con nosotros no conoció la cárcel de la mente, pero sí conoció muy bien la del cuerpo. Un cuerpo que dolía, que se estrechaba, que le dio de todo menos placer, aunque eso no es del todo exacto, porque sus ojos se iluminaban con un beso o una caricia. Ahora es pura luz…

14 años son tan pocos, pero a la vez fueron muchos, más allá de todo pronóstico médico y expectativa. ¿Por qué se aferraba de esa manera a la vida un ser que no tenía miedo a dejarla? Sólo puedo imaginar una respuesta: Se sintió muy amado por quienes le rodeaban. Todos los días que le duró la vida.

Por lo mismo este post no es un lamento, es una forma de dar las gracias por su existencia, de celebrar el amor. También una forma de estar cerca de mi familia desde la distancia. No me canso de repetirlo, tengo la mejor familia, los amo profundamente. Tal como le dije a mi sobri en una carta que escribí para su crematorio, en eso él y yo hemos sido muy afortunados.

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Los silencios del deseo

Cuando no tengo sexo algo en mImage: 'untitled'. De flickrcc.net. http://www.flickr.com/photos/31929257@N00/288236148í se pervierte. Se me estanca la energía, y al no circular, yo no circulo. Me quedo pegada en mi propio deseo, chapoteando en él noche tras noche, y de día sobrevuelo la vida con mis alas de mosca. Por encima, sin entrar del todo, porque nada me penetra, salvo el ruido destemplado de mi deseo. Y mis cosquillas cotidianas ya no sonríen ni soplan en mi carne invitándome a jugar; muerden, urgen, se alimentan de donde no hay, siempre pidiendo más. Y yo siendo cada día un poco menos, ni raíz ni divina.

Eso pasa a veces. Otras veces es la vida la que atrapa, y el deseo no se vomita sino que se vuelve ingrávido, translúcido, y aprovecha de esconderse en su rincón. El rincón del castigado –no hables, no te muevas, intenta no existir para ser redimido–, de donde conseguí sacarlo un día, hace ya muchos años. Entonces lo dejo estar ahí, brevemente en off, porque su ausencia puede ser un bálsamo, porque es tanto lo que se siente que no puedo permitirme sentirlo a él. A mis pies caen otras cosas, se retuercen otros peces, y mis brazos ocupados bajan a la tierra para tantear lo que escupe el cielo, y viene un día, y luego otro, y luego otro… todos distintos, un único tempo.

No hay mucho que contar en esos días, precisamente en esos días. No es momento aún de recoger. Aunque no tener mucho que contar ya es contar algo. Y cargarlo de silencios densos. ¿Por qué no se tiene más? ¿Cuánto pesa el menos? ¿Cuánto dura la noche? ¿Cuánto tiempo queda? ¿Cuánto tiempo útil queda? ¿Dónde están las tumbas de tanto muerto?

Pablito y el sexo

(Dedicado a mi sobrino)

Pablito

Pablito nunca ha tenido sexo. Pronto va a morir, a menos que ocurra un improbable milagro, y va a morir sin tenerlo. Pablito es mi sobrino, tiene parálisis cerebral y hace más de 14 años que mantiene un idilio terrible con la vida. Y digo idilio porque parece amarla por sobre todas las cosas, de otra manera no se explica que haya resistido tanto tiempo en ese cuerpecito tan maltratado.

Sé que puede parecer un arranque curioso para un blog sobre sexo. Podría haber esperado otro momento para comenzar esta aventura, uno más apropiado, en el que mi corazón se sintiera más liviano, más propenso a celebrar la existencia. Pero una de las cosas en las que creo profundamente es que el sexo está íntimamente relacionado con la vida, no es un elemento o un “aspecto” más de ella, es su fuente. Al igual que la muerte. Quienes somos sexuales -es decir, la gran mayoría de los seres humanos- tenemos muchas cosas que contar fuera de la cama, muchas historias; tenemos amigos, familias, esperanzas, ilusiones… que son tan’ nosotros’ como la representación que mostramos sobre las sábanas. La energía es sólo una, no se divide, sólo adopta distintas salidas, distintos flujos. Y a veces algunos se nos estancan.

Cuando pasan cosas así, cuando uno se enfrenta a la pérdida de un ser querido, alguien cercano, suele ocurrir que nos replanteamos la forma en que estamos viviendo y las cosas que tenemos, y nace en nosotros un impulso por valorarlas mejor, aprovecharlas, de alguna manera sentir la tranquilidad de que, cuando nos toque, nos vamos a ir sin remordimientos, sin cosas no dichas… sin polvos no follados. La muerte a veces tiene ese lado purificador, que nos permite -como si de un momento orgásmico se tratara- atravesar la tristeza armados de una momentánea claridad. Y la mía es la siguiente: Tengo salud, tengo piernas, tengo impulsos deliciosos y burbujeantes. Tengo gustos clásicos y exóticos, una boca con todos sus dientes, dos tetas pequeñitas pero maravillosamente funcionales, con una hipersensibilidad que ya quisieran muchas. Tengo terminaciones nerviosas repartidas por cada rincón de mi anatomía, dos manos para tocar y kilos de imaginación. Además de tantas, tantas otras cosas…

Y a partir de ahora tengo un blog! Espero que os vaya gustando.