Aquello que llamamos primera vez…

http://www.enjoyingchile.cl/web/package/san-pedro-de-atacama-pacote/Me gusta contar que a Ismael lo conocí en un terremoto. Y es verdad. Yo, una chica de colegio de monjas y universidad tradicional (si bien siempre me acompañó una cierta sensación de incomodidad, de no pertenencia, entre mis “pares”), tenía 19 años recién cumplidos, vivía con mis padres y estaba mochileando con una amiga en San Pedro de Atacama. Él, con sus 21 y su charme argentino a cuestas, era artista circense, vivía solo desde los 14 y se encontraba de gira con su compañía. Y ahí estábamos, dos personas de vidas totalmente opuestas, conversando sobre la inmortalidad del cangrejo en la cola del baño de un pub. Y pum! Terremoto grado 8 en el norte de Chile…

Me gusta recordar (aunque a veces me pregunto si no será un truquillo de mi memoria, ya sabéis que jamás recordamos cosas como realmente fueron, incluso siendo ésta nuestra voluntad) que todos corrieron menos nosotros, que nos quedamos ahí, hablando tan campantes mientras las paredes se derrumbaban a nuestro alrededor. Yo porque nunca les he tenido demasiado miedo a los terremotos (o tal vez porque me quería hacer la guay, ainsss, ¡memoria traidora!), y él porque, como recién llegado que era a mis sísmicos terruños, lo encontró todo la mar de divertido de puro novedoso.

Lo q creo recordar bien son dos cosas: por un lado una arrolladora seguridad en sí mismo (yo no la tenía, pero intentaba aparentarla), hecha carne en un cuerpo delgado y fibroso de piernas kilométricas, en el que me fijé por primera vez al día siguiente cuando nos encontramos por casualidad en una piscina de aguas termales. Piel por todas partes, tersa, viril, morena, y esas gotas de agua lamiendo su pecho, riendo cerca de su ombligo, escurriéndose hasta donde yo no podía llegar, entrando juguetonas en ese short vaquero minúsculo que usaba como bañador. Saboreaba yo como colofón una conversación jugosita hasta el pueblo pero me tuve que conformar con un rápido beso de despedida y verlo montarse en una bici destartalada -el cuerpo tatuado, los dreadlocks al aire, el short amarrado en el manillar y sus carnes sólo cubiertas con un calzoncillo mojado y unas Converse- y desaparecer dejando tras de sí una nube de polvo desértico.

Claro que hubo mucho antes de él, si bien con él hubo un antes y un después. Mucho y muchos, hombres que al pensarlos me hacían caer en agujeros de terciopelo, deseos convertidos en pulsaciones, cargados de fuerza; pero no así el ansia de dibujarles un cauce, de abrirles la puerta sin que nada más importara.

Lo otro que se me quedó grabado fue una conversación que tuvimos unos días más tarde, en la que empezamos a intercambiar confidencias e Ismael me contó que no le gustaba acostarse con chicas vírgenes, porque “eran un coñazo” (no fue con esas palabras, pero fue lo que dijo). Lo que a él le molaba, en resumen, eran tías que supieran lo que hacían, no a las que hubiera que entregarles un mapa o tratarlas como si se fueran a quebrar. Compañeras de cama, no aprendices ni cándidas doncellas.

Vale, no es que yo fuera una cándida doncella, pero por hablar claro no me había comido un rosco en la vida. Pero como el tío me tenía trastocada decidí “morir pollo”, como decimos en mis tierras. Hacerme la loca, como que la cosa no era conmigo. Intentar que no se me notara que no llegaba ni a ‘becaria’.

Era tanto mi entusiasmo, tantas mis ganas, que la primera vez que nos encontramos debajo de unas sábanas me lancé hacia su polla como si fuera el más apetitoso de los manjares, decidida a entregar mi mejor performance. En realidad no es que me costara mucho esfuerzo, el doble deseo -por su polla y por hacerlo bien- actuó como el mejor manual de instrucciones y mi amante derramó en mi cara un chorro ignorante y feliz. Y ya de paso, yo pude darme cuenta de los pocos melindres que tenía a la hora de entrar en terrenos nuevos en lo sexual.

Supongo que también intentaba compensar lo que veía como una carencia -mi falta de tablas- con una imaginación abierta, una disposición permanente, un deseo que se iba dibujando y abrazándose al de él a través de innovaciones exóticas, juegos variados y maratones sexo-festivas. Como sea, mi disposición, mezclada con su naturaleza, nos llevaron a un in crescendo invertido que partió por sus picos más altos, sobre todo el lo que respecta a confianza y comodidad (que no a fuegos de artificio). No fue por tanto mi primera vez un polvo tranquilo, tierno, dulce. Fue un polvo de descontención. Un ejercicio de voluntad, un arrojarme a lo que viniera de brazos abiertos, un reclamo de pertenencia: “Ésta también soy yo, esto me gusta, éste también es mi mundo. Y nunca más me vuelvo a quedar fuera”.

(Por cierto, que este post pretende dar respuesta -sólo en parte, pero es que de lo contrario me eternizo- a la propuesta que dejó mi colega Pablo, autor del blog Nadie nos entiende, en mi post anterior (Pasopalabra!), donde me propuso escribir sobre “cómo empezó todo, de cómo fue ese descubrimiento, esa curiosidad, y esa jugoso despertar de tu imaginación tan provocativa”).

Relatos eróticos: Hambre

Hambre

sexo, parejaConserva en sus entrañas la misma urgencia de tiempos vividos, y es lo primero que pone a sus pies, como un regalo. Está más delgado, ajado por el paso de los años, pero ella apenas alcanza a registrar esa información, porque nada más verla se le arroja encima como un animal hambriento, devastando sus defensas con el acero de su mirada y la bravura de sus besos. Ni siquiera abandonan el pasillo. Él le arranca la ropa y ella se deja. Le exprime los pechos como si quisiera robarle alguna verdad, los lame con lengua rasposa. Ella deja ir la piel que la recubre y gime una confesión que él no puede entender, mientras su cerebro flamea en pequeñas explosiones de dolor aterciopelado. La gira y la recuesta sobre el piso. Le hunde las uñas en la piel y recorre su espalda de arriba hacia abajo, marcando su piel nívea con cuatro estelas enrojecidas. Pasajera de sus dedos, ella siente que transita por los caminos del alma. Él le besa las marcas con una suavidad inesperada, descendiendo lentamente por su dorso. Pero es una tregua efímera. Al llegar abajo le explora los glúteos a bocados, con mordiscos agudos que se expanden en ondas oscuras por su cuerpo. Con una mano le atenaza las muñecas, mientras devora la entrada de su ano emitiendo quejidos de bestia enjaulada, con la saliva caliente burbujeando entre sus labios. El tiempo se acelera. La penetra desde atrás con la mano, la hurga hasta que siente su derrota. Vuelve a girarla, para contemplar su trofeo de carne, la vida que late esponjosa entre sus piernas. Se las abre con un movimiento inapelable y manteniendo sus muslos prisioneros bebe de ella con una sed antigua, sometiéndola con la precisión vehemente de su lengua. A ella le crecen alas hacia dentro. Se hunde en su fango de éxtasis, encharcada hasta los huesos de él. Se retuerce. Él levanta la cabeza y sonríe. De una sola embestida entra, hasta el fondo, y con cada movimiento invoca una nueva marea. Le comprime la garganta con una mano y con la otra vuelve a coger sus muñecas. La observa sin dejar de moverse. Afloja la presión. Frente a frente se respiran. Él no puede ser más él: Los ojos entornados, los dientes apretados, los movimientos férreos. Ella no puede ser más ella y grita prisionera de su propia lucidez – ¡Me partes en dos, me partes en dos! – mientras él la abofetea y la besa.

Guía lésbica para comer coños

Terminamos con este post la “trilogía”, esperando haber contribuido en algo a la profunda necesidad de conocimiento del ser humano. ¡Que los disfrutéis! Ava.

La habitación prohibida

El Orgullo Gay se acerca, y después de los dos post anteriores, de como comer pollas y como comer un coño no podía dejar pasar esta perlita escrita por una lesbiana, que sabe lo que se dice, para la revista Vice y simplifica en 3 simples pasos las claves de como comer un coño (los chicos 9 pasos y 3 anexos… no digo más). Espero que lo disfrutéis y si es en compañía mejor 😉

1) Tú eres la jefa

Cuando vi mi primera vagina, a parte de la mía, claro, flipé. En realidad, una vagina no es algo muy bonito, y ahí abajo pasan un montón de cosas. Tuve que hacer un verdadero esfuerzo mental, personal y físico (como dolor de cervicales, quedarme dormida mientras lo hacía, matarme haciéndolo y querer llorar cuando ves que a la persona le está costando la vida correrse) para hacerlo como es debido…

Ver la entrada original 791 palabras más

Como comer un coño

Y seguimos con La Habitación Prohibida, esta vez para adentrarnos en las técnicas de un buen cunnilingus… Bueno, este post tiene un tono un poco más “rancio” y que me gusta menos, pero pensé que valía la pena compartirlo porque tiene cosas para no perderse. Como aquello de que “si dos manos caen súbitamente del cielo y empiezan a levantarte, significa que te han echado de la partida. Te dirá que nunca se corre con el sexo oral, pero lo que realmente pasa es que chupas por chupar. Dile, de buena forma, que lo entiendes y analízalo todo”. Pues sí…

La habitación prohibida

Si ayer os dejaba con una completa y graciosa guía para comer pollas, gentileza de la revista Vice, no iba a dejar de lado la réplica para los coños. A si que os dejo una guía destinada a que los chicos aprendan a comérnoslo bien, os recomiendo que la leáis, tiene una visión algo machista a veces, aunque creo que eso es para empatizar con el lector y que no se crea que es una clase de ciencias, pero seguro que os echáis unas risas y quien sabe, quizás alguien pueda aprender algo…

Y si pasas de la versión masculina puedes visitar el post de la Guía lésbica para comer coños, también de la revista Vice.

Sacado del archivo: Guía Vice para comer coños

1. NO TE ARRASTRES
No bajes al pilón al menos que ya estés abajo. Al contrario que una felación, un cunnilingus no…

Ver la entrada original 1.990 palabras más

Guía ‘Vice’ para comer pollas

Espectacular! No he encontrado, en mis innumerables paseos por la web, una guía de este tipo que cuente mejor los tejemanejes de una buena mamada, con tanta gracia y desparpajo…
Y por cierto, os recomiendo el blog. Siempre tiene cosillas interesantes 🙂

La habitación prohibida

Os dejo con una completa guía que ha elaborado Linda Gondelle, en la revista ‘Vice’, muy recomendable si no la conoceis, muy graciosa y con algún truquillo a tener en cuenta…

Hacer una felación de ensueño es un arte que no dominé hasta que tuve unos veinticinco años. Antes estaba muy perdida, normalmente iba borracha cuando lo hacía y a menudo me quedaba pensando por qué me salía mal. Tenía la ilusión, la concentración y la actitud necesaria pero también tenía la dentadura salida y bebía mucha mierda. En esa época iba al instituto. Entonces conocí a Yves, el típico novio que se tiene a esa edad, que es mayor que tú. Nació y creció en Montreal, estaba acostumbrado a que le hicieran unas mamadas de lujo. Desde entonces, he (cito textualmente) “meneado”, “dominado” y “paralizado” algunas de las mejores pollas de la costa de Mississippi. Ahora te contaré…

Ver la entrada original 2.141 palabras más

Diálogos callejeros 3: ¿Verdad que es guapa mi novia?

shutterstock_141994456– ¿Cuánto llevas ya con Lucía?
– Seis meses. Es increíble que hasta ahora no te la haya podido presentar.
– Ya, tío. Siempre pasa algo…
– Pues ella es, mi novia, mi amor. ¿Verdad que es guapa?
– Mi chica sí que es guapa. ¿Has visto ese culo?
– Sí, no está mal, pero con el de la mía me sobra. Precioso su culito. Y tiene los ojos claros, ¿te has fijado?
– Sí, muy bonitos. Pero Ana…
– ¿Sabes lo primero que me dijo cuando la conocí? “No eres mi tipo”. Y yo pensé: “¿Ah, sí? Te vas a cagar”. Y aquí nos tienes.
– ¿Eso te dijo?
– Sí. Que no le gustaban los tíos como yo. Que le gustaban más ‘deportistas’. Y que sólo íbamos a ser amigos. ¡Mis cojones!
– Pues a Ana la conocí bailando. Y tuvimos buen rollo en seguida.
– Con Lucía no tenemos tiempo para salir a bailar. Yo con lo del negocio tengo cada vez más curro, y ella como es jefa en su departamento, se la pasa liada. Así que preferimos quedarnos en casa los fines de semana, aprovechando el tiempo. Ya me entiendes.
– Qué hijoeputa eres. Por eso ya no se te ve ni la sombra.
– Claro, ahí, aprovechando en casita. Por cierto, ¿te conté que terminé la ampliación de mi chalé?
– Bueno, ¿y qué tal… eso?
– ¿La ampliación?
– ¡No, cabrón!
– Ah, jajaja, claro. Hombre, fantástico. Pero de verdad te lo digo, el mejor sexo de mi vida. La tía es una artista.
– ¡Calla, calla! Tú no sabes lo que hace Ana con la boca…
– No, pero cuando quieras me invitas a saberlo. Aunque con Lucía alucinas.
– Con Ana sí que alucino. Es de no creérselo.
– Anda, cabrón, invítame otra caña mejor. Y brindemos por eso.
– Vale. ¿Y a las chicas les pido lo mismo?
– Da igual. De cualquier manera, yo te puedo decir lo que van a cenar esta noche…

El día en que Michael Douglas abrió la boca

shutterstock_140828491El tema está en boca de todos, y nunca mejor dicho. Nuestro ex adicto al sexo favorito, el actor Michael Douglas, se convirtió sin pretenderlo en paladín de las brigadas anti-riesgo sexual al “confesar” hace un par de días al diario británico The Guardian que el cáncer de garganta que padeció fue provocado por el virus del papiloma humano, es decir, que fue adquirido a través del sexo oral. Al instante, ardieron las redes sociales (cada vez más proclives a combustionar ante los temas más variopintos, todo hay que decirlo), y mientras algunos celebraron la valentía de Douglas para poner el tema en la palestra y aportar con su mediática influencia a la visibilidad de un debate necesario, otros se escandalizaron por la facilidad con que ofrecía conclusiones médicas a un asunto más complejo de lo que aparenta. Su representante, como era de esperar, salió a decir que en realidad no dijo lo que dijo, que él sólo estaba alertando de los riesgos en general, rollo “servicio de utilidad pública”, pero que nunca afirmó que su cáncer en concreto fuera causado por el papiloma. The Guardian por su parte, para curarse en salud, colgó en su web el audio con la entrevista completa al actor, en la que puede oirse la siguiente frase cuando se le pregunta sobre su cáncer de garganta: “Sin querer ser demasiado específico, este cáncer particular es causado por el VPH (virus de papiloma humano), que de hecho viene del cunnilingus”.

¿Lo dijo, no lo dijo? Poco importa en realidad…

Lo que importa es el cunnilingus sí puede causar cáncer de garganta, aunque no sea en ningún caso su causa más probable (el tabaco y el alcohol ganan por goleada). Lo que importa es que el sexo oral, para ser libre de riesgos, debería evitar el contacto directo entre la boca y el órgano sexual (o sea, hablamos de comerse una polla con preservativo o un coño forrado en papel de plástico, para que nos vamos a andar con eufemismos). Lo que importa es que el virus del papiloma humano, entre otras ‘delicias’, se puede contagiar incluso cuando se utiliza preservativo de forma regular. Lo que importa es que un condón mal puesto, e incluso uno bien puesto, puede derivar en un embarazo no deseado. Lo que importa es que encontrarse en medio de un calentón de antología y no tener protección a mano puede traer consecuencias de por vida. Lo que importa es que no se puede meter un dedo en el culo y después meterlo en otro sitio sin habérselo lavado (y quien dice un dedo dice otras cosas). Lo que importa es que hasta dando un beso nos podemos contagiar alguna mierda rara. Lo que importa es que el sexo anal a lo bestia puede terminar en fisura. Y no sigo porque no me quiero deprimir.

El tema, al fin y al cabo, es que el sexo está lleno de peligros, y mirar para el lado no soluciona nada. Ahora, tampoco sirve desquiciarse con el asunto, después de todo la única opción absolutamente segura es la abstinencia, y si se piensa bien ni tanto, ya que entonces uno anda de mala leche, se deprime, no segrega todas las cosas espectaculares que se segregan durante el sexo, le bajan las defensas y se va al hoyo de todas maneras…

La conclusión, por obvia que sea, la dejo igual. Al final está en cada uno ver hasta qué punto está dispuesto a llegar, que riesgos corre y cuáles no y si le vale la pena lo que recibe a cambio. Podemos encontrar ejemplos extremos y deplorables en el mundo del porno, que paga mucho mejor a los actores dispuestos a rodar sin condón que a los escrupulosos (son los mineros del sexo, trabajadores cuyos salarios se incrementan de forma directamente proporcional a la inseguridad de la mina). En lo personal, cuando se trata de echar un polvo soy una talibana del método profiláctico, pero a la hora de entrar en asuntos bucales que no me vengan con chorradas. O sea, ya puede venir el mismísimo Michael Douglas a tocarme la puerta y decirme que por la boca muere el pez, que yo no renuncio al gustito de sentir una piel calentita y palpitante bajo mis labios. Así es la vida, con sus putadas y sus absurdos. De cualquier manera, lo comido y lo chupado no me lo quita nadie…

Sexo con el pijo (II)

Image: 'Pleased with a Christmas present...' http://www.flickr.com/photos/52575223@N00/2229522617 Found on flickrcc.netLa siguiente (y última vez) que quedé con el pijo fue en mi territorio. Ya me había escrito varias veces haciéndose el lindo, y pese a mi alto grado de desencanto decidí darle una nueva oportunidad ya que, al fin y al cabo no tenía nada que perder, y en cambio sí tenía tiempo libre de sobra y unas cuantas semanas sin follar. Por otra parte, como esa noche estaba sola en casa, no iba a ser necesario ir a ningún hotel ni pasar por el momento “te toca pagar” que tan poco elegantemente me había advertido la vez anterior. Incluso me ofrecí a preparar algo de cenar, así de conciliadora me sentía.

Quedamos un viernes y esa semana fue un lío, así que recién a la salida del curro pude centrarme en mi próximo encuentro y ponerme a organizar la “logística” necesaria… Ir a comprar las cosas para la cena, cocinar, ducharme, depilarme, lavarme el pelo, alisármelo, maquillarme, ordenar un poco mi eternamente desastrosa casa y un par de cosillas más que se me escapan. Vale, no es que el pijo me quitara el sueño, pero tampoco me apetecía recibirlo en una pocilga, con el pelo pegoteado y las piernas más peludas que King Kong. Así que me puse el turbo y conseguí terminar con todo unos minutos antes de que llegara. Escenario perfecto…  ¿guión perfecto? Mmm, va a ser que no.

– “Hola, no quedaba vino en el supermercado así que no traje ninguno. Qué bien huele”.

(¡Yaaaa!)

De la cena recuerdo poco, alguna conversación insustancial y unos cuantos comentarios obligados y poco entusiastas sobre lo rico que estaba todo. Nada más terminar, se puso de pie y me preguntó si podíamos ir a la habitación. “Vaya –pensé-, viene con ganas. Tal vez la cosa promete más de lo que pensaba”.

Al entrar se sentó en la cama y se bajó los pantalones. Y aunque no suelo tener problemas con la ausencia de preámbulos (tampoco con que los haya obviamente, en la variedad está el gusto, pero a quién no le apetece un “aquí te pillo aquí te mato” de vez en cuando) me pareció raro que fuera tan directo al grano, ya que no se lo veía derrochando pasión precisamente.

– Me muero de ganas de que me la comas un ratito.
– Mmm, yo encantada.

No habían pasado ni dos minutos cuando, sin ningún tipo de aviso previo, sentí cómo se corría en mi cara. “Vale, la delicadeza tampoco se encontraba entre sus virtudes, pero dispuesta a ver el vaso medio lleno, pensé que al menos, si ya se había corrido una vez, iba a durar un poquito más que en el encuentro anterior… ¡o al menos un poquito más de dos minutos!

Pues no. Ante mi sorpresa (actualmente me sorprendo de haberme sorprendido, dados los antecedentes del caso) el tío se subió los pantalones y me dio un rápido beso en los labios.

– Me tengo que ir.
– ¿Estás de coña?
– No, ¿por qué?
– ¡Cómo te vas a ir ahora!
– Lo siento, tengo cosas que hacer.
– Pero tío, ¿me vas a dejar así? Si ni siquiera me he sacado la ropa.
– Bueno, así no te la tienes que volver a poner, menos trabajo para ti.
– Menos trabajo… pero tú… qué coño…
– No te enojes tontita, si es broma. Ya te lo compenso otro día.
– ¿Otro día? (¿ME ESTÁS TOMANDO EL PELO?)
– Ay tía, no des el coñazo. Además, la culpa es tuya
– ¿Perdón?
– O sea, si te comes la polla como si fueras una puta…
– ¡¡¡DESAPARECE DE MI CASA!!!
– Anda, no te cabrees, si es un cumplido. Te llamo, ¿vale?

Nunca me llamó, obvio, aunque a esas alturas tampoco es que lo estuviera esperando, y mucho menos deseando. Es que ni colgarle el teléfono me motivaba. Un par de años más tarde me llegó a la bandeja de entrada una postal de navidad, de esas sumamente horteras con estampa nevada y frase motivacional, dentro de un correo masivo. El mensaje decía algo así como “para mis queridos amigos, mis mejores deseos este año y siempre”. No pude evitar la tentación de responderle, aunque me obligué a ser breve: “Tío, al menos bórrame de tu lista de contactos”. La respuesta llegó en seguida, tan surrealista como él:

“Te incluí a propósito, porque te considero una amiga y te tengo aprecio, pero si vas a estar en esa parada, tú misma, te borro de la lista. De todas maneras te deseo una feliz navidad, aunque tú no me la desees a mí.
Un abrazo apretado
PD: El rencor no es bueno, no te hace bien…”

WTF!!!!!

En fin…