Love story

love story 3-¿Estás listo?-, preguntó ella rozándole el lóbulo con labios deliberadamente húmedos, viscosos de deseo. Letras de miel caliente lo recorrieron, poseyéndolo como posee el sonido de la campana a un niño que espera ansioso la salida a recreo.
– Lo estoy.
– Entonces abre los ojos y mira lo que tengo para ti.

Le quitó la venda mientras hablaba. El parpadeó un par de veces para acostumbrarse al cambio de luz y levantó la mirada. Un hombre alto, más que él, y con una enorme polla en estado de  semirreposo, lo observaba con curiosidad. Sintió entonces frío y recordó que estaba desnudo.

– Te presento a Adriano, es de Brasil. Adriano, éste es Carlos.
– ¿En serio Pame?-, murmuró girando el cuello hacia atrás. ¿Un mulato?

Por toda respuesta ella le dio un cachete en el culo, tan fuerte que le dejó un par de dedos marcados. Después se sentó frente a él en el sofá.

– Ya te vale-, insistió él.
– Agradece que no tuve tiempo para más. Aunque dudo mucho que se pueda mejorar lo presente-, contestó ella dirigiendo una de sus más encantadoras sonrisas al brasileño, que se afanaba en mejorar las proporciones de su ya descomunal miembro.

Al encontrar en sus palabras la invitación que estaba esperando, el mulato se acercó a ella y la besó, acariciándole al mismo tiempo un pezón con sus dedos oscuros. Ella aceptó el beso, dejando escapar un gemido al sentir el contacto de sus yemas en el pecho, pero después lo apartó con suavidad.

– No, no es conmigo la cosa, es con él. Yo sólo voy a mirar. O al menos eso creo.
– Vale. ¿Qué tengo que hacer?
– Quítale el plug y fóllatelo. Con ganas.
– ¿Es su primera vez?
– Es su primera vez con una de verdad. Y no te preocupes, que es él quien va por ahí pidiendo caña. Digamos que se lo ha buscado.
– Bueno, tú mandas…
– Adriano.
– ¿Sí?
– Hasta el fondo.

Ya desde la primera embestida fue incapaz de saber si lo estaban llenando por completo o dejándolo en el más absoluto vacío, como si cada órgano, hueso o gota de sangre se hubieran retirado a algún rincón oculto, porque era tanta polla, tan gruesa y tan dura, que no había sitio para más y hasta el alma se le salía por entre medio de los dientes apretados. Obediente, el monstruo que tenía el mulato entre las piernas se revolvía en él como un puño furioso. Un dolor subterráneo le explotó dentro, escupiendo en su interior pequeñas crisálidas de placer que empezaron a subir por su espalda hasta la nuca y el cráneo. Gritó con hondura, y al final de su grito se encontró con una legión de seres alados que lo invitaban a flotar en una danza de vértigo. Entonces lo comprendió. El universo entero estaba dentro suyo y se movía en círculos. Maravillosos círculos.

Embriagado de sí, todo abismo y agujero, descargó el poderío de su goce en un chorro espeso que se estrelló contra la pared. Adriano se retiró al instante, una gentileza nacida del hábito, y se sentó en el borde de la cama acariciándose el miembro con apetito domesticado. Carlos dirigió entonces la mirada hacia el sofá, para encontrarse con esa sonrisa burlona que conocía tan bien. Ella no dijo nada, pero los vellos revueltos del pubis y sus labios hinchados la delataban.

– Te crees muy guay ¿no? Toda compuestita en tu sofá…
– Jajaja, más que tú al menos.
– Sin embargo ya no llevas las bragas. Veo que te has unido a la fiesta.
– No me pude resistir. Ha sido un espectáculo… fantástico.
– Toda una experiencia, sin duda. Por cierto Adriano, ¿cuánto te debo?
– Quita, quita, que yo pago.
– Mmm… sólo si me dejas que te folle yo ahora.
– Lo estoy deseando…

No lo acompañaron hasta la puerta para no vestirse. Sus cuerpos, reverdecidos bajo la mirada ajena, se buscaron sin necesidad de preámbulo. Fue un polvo rápido, como una caída en un solo acto por un tobogán de felpa, y al llegar abajo descubrieron que había en el mundo algo nuevo, tal vez un olor distinto. Y con eso sobraba de momento.

– Me he quedado con su número por si en algún momento me da un antojito a mí. Por supuesto, estás invitado a mirar si quieres. No te importa, ¿verdad?
– No, claro que no.
– Gato…
– ¿Sí?
– Te amo
– Y yo a ti gatita. Gracias. Gracias por todo.
– Me alegra que te haya gustado el regalo. No se cumplen 40 todos los días. Pero ahora vístete, que hay que ir a buscar al niño al cole.

love story 3Se quedó mirándola mientras se agachaba para recoger su ropa, como si fuera la primera vez. Pensó que podría amarla sin esfuerzo hasta el día de su muerte. Pensó que cualquier día podría morir tranquilo…