Stand-bye!

hoja flotandoCuando era niña, no sé a qué edad exactamente pero creo que no pasaba de los seis años, tomé clases de natación en una especie de club jetsético–pueblerino para clase media del que mis padres eran socios.

No recuerdo mucho de piruetas y ejercicios (más bien, como mucho, en la actualidad consigo nadar unos cuantos minutos como sapo despaturrado), pero sí se me grabó en la piel la sensación que tuve esas primeras veces que conseguí flotar, con los ojos cerrados apuntando al cielo, sin que el dedo de la profesora me ofreciera soporte en un punto estratégico de mi espalda. Éramos sólo yo, el agua abrazando mi cuerpo diminuto, la oscuridad y ese extraño silencio acuático que parece regresar todos los sonidos a su origen, hacia la matriz. Había algo hermoso y feroz en esas ocasiones, algo profundamente amenazante y maravillosamente liberador al mismo tiempo.

Así siento la vida ahora mismo, como algo amenazante y frágil, pero a la vez liberador. Y esta liberación, que llega a través de montes escarpados y variopintos desafíos, tiene acaso una mayor densidad, una dimensión más compleja, más elevada que en otras ocasiones. Y yo no puedo seguir mirando para el lado, ni conformándome…

No soy de las que sueña con ser Frodo, pero si toca, toca.

charlie 3Eso sí, las batallas no suelen ser gratuitas. Ahora mismo que intento colocar a mis soldaditos en orden, sacarle brillo a las armas y poner en marcha nuevas estrategias y avanzadillas, no tengo tiempo ni energías para más. Y no quiero terminar superada, neurótica y sin pelo. Porque tengo mucho, muchísimo trabajo frente a mí, y un mínimo de vida que requiere ser vivida fuera de un asiento y una pantalla, y en el camino no estoy dispuesta a dejarme la paz, ni esta claridad que tantos momentos oscuros me ha costado.

O sea que esto que empezó tan bien montadito en realidad es un aviso. Me desaparezco por un tiempo. Un par de meses al menos. Y lo hago disculpándome de antemano, por esas visitas, mensajes y comentarios que me dejo sin contestar, y los que vendrán. Nada se irá al olvido, sólo descansarán en carbonita hasta que alcance prados más verdes y pueda apretar el botón de descongelar. O hasta que consiga dominar al mundo… Seguro que lo primero es un pelín más rápido!!

charlie 4Ojo, que no me voy ni me he aburrido del blog, os sigo queriendo y necesitando. De hecho, tengo más ganas que nunca de estar acá, de escribir para mí, para vosotros, precisamente ahora que me siento llena, fértil, creativa. Pero también prudente. Simplemente no es el momento de tirar de este ovillo, las cuentas no cuadran, toca elegir.

Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor

Ajajaja, no, no era eso, pero suena tan bonito anyway!!! 😀

Aquello que llamamos primera vez…

http://www.enjoyingchile.cl/web/package/san-pedro-de-atacama-pacote/Me gusta contar que a Ismael lo conocí en un terremoto. Y es verdad. Yo, una chica de colegio de monjas y universidad tradicional (si bien siempre me acompañó una cierta sensación de incomodidad, de no pertenencia, entre mis “pares”), tenía 19 años recién cumplidos, vivía con mis padres y estaba mochileando con una amiga en San Pedro de Atacama. Él, con sus 21 y su charme argentino a cuestas, era artista circense, vivía solo desde los 14 y se encontraba de gira con su compañía. Y ahí estábamos, dos personas de vidas totalmente opuestas, conversando sobre la inmortalidad del cangrejo en la cola del baño de un pub. Y pum! Terremoto grado 8 en el norte de Chile…

Me gusta recordar (aunque a veces me pregunto si no será un truquillo de mi memoria, ya sabéis que jamás recordamos cosas como realmente fueron, incluso siendo ésta nuestra voluntad) que todos corrieron menos nosotros, que nos quedamos ahí, hablando tan campantes mientras las paredes se derrumbaban a nuestro alrededor. Yo porque nunca les he tenido demasiado miedo a los terremotos (o tal vez porque me quería hacer la guay, ainsss, ¡memoria traidora!), y él porque, como recién llegado que era a mis sísmicos terruños, lo encontró todo la mar de divertido de puro novedoso.

Lo q creo recordar bien son dos cosas: por un lado una arrolladora seguridad en sí mismo (yo no la tenía, pero intentaba aparentarla), hecha carne en un cuerpo delgado y fibroso de piernas kilométricas, en el que me fijé por primera vez al día siguiente cuando nos encontramos por casualidad en una piscina de aguas termales. Piel por todas partes, tersa, viril, morena, y esas gotas de agua lamiendo su pecho, riendo cerca de su ombligo, escurriéndose hasta donde yo no podía llegar, entrando juguetonas en ese short vaquero minúsculo que usaba como bañador. Saboreaba yo como colofón una conversación jugosita hasta el pueblo pero me tuve que conformar con un rápido beso de despedida y verlo montarse en una bici destartalada -el cuerpo tatuado, los dreadlocks al aire, el short amarrado en el manillar y sus carnes sólo cubiertas con un calzoncillo mojado y unas Converse- y desaparecer dejando tras de sí una nube de polvo desértico.

Claro que hubo mucho antes de él, si bien con él hubo un antes y un después. Mucho y muchos, hombres que al pensarlos me hacían caer en agujeros de terciopelo, deseos convertidos en pulsaciones, cargados de fuerza; pero no así el ansia de dibujarles un cauce, de abrirles la puerta sin que nada más importara.

Lo otro que se me quedó grabado fue una conversación que tuvimos unos días más tarde, en la que empezamos a intercambiar confidencias e Ismael me contó que no le gustaba acostarse con chicas vírgenes, porque “eran un coñazo” (no fue con esas palabras, pero fue lo que dijo). Lo que a él le molaba, en resumen, eran tías que supieran lo que hacían, no a las que hubiera que entregarles un mapa o tratarlas como si se fueran a quebrar. Compañeras de cama, no aprendices ni cándidas doncellas.

Vale, no es que yo fuera una cándida doncella, pero por hablar claro no me había comido un rosco en la vida. Pero como el tío me tenía trastocada decidí “morir pollo”, como decimos en mis tierras. Hacerme la loca, como que la cosa no era conmigo. Intentar que no se me notara que no llegaba ni a ‘becaria’.

Era tanto mi entusiasmo, tantas mis ganas, que la primera vez que nos encontramos debajo de unas sábanas me lancé hacia su polla como si fuera el más apetitoso de los manjares, decidida a entregar mi mejor performance. En realidad no es que me costara mucho esfuerzo, el doble deseo -por su polla y por hacerlo bien- actuó como el mejor manual de instrucciones y mi amante derramó en mi cara un chorro ignorante y feliz. Y ya de paso, yo pude darme cuenta de los pocos melindres que tenía a la hora de entrar en terrenos nuevos en lo sexual.

Supongo que también intentaba compensar lo que veía como una carencia -mi falta de tablas- con una imaginación abierta, una disposición permanente, un deseo que se iba dibujando y abrazándose al de él a través de innovaciones exóticas, juegos variados y maratones sexo-festivas. Como sea, mi disposición, mezclada con su naturaleza, nos llevaron a un in crescendo invertido que partió por sus picos más altos, sobre todo el lo que respecta a confianza y comodidad (que no a fuegos de artificio). No fue por tanto mi primera vez un polvo tranquilo, tierno, dulce. Fue un polvo de descontención. Un ejercicio de voluntad, un arrojarme a lo que viniera de brazos abiertos, un reclamo de pertenencia: “Ésta también soy yo, esto me gusta, éste también es mi mundo. Y nunca más me vuelvo a quedar fuera”.

(Por cierto, que este post pretende dar respuesta -sólo en parte, pero es que de lo contrario me eternizo- a la propuesta que dejó mi colega Pablo, autor del blog Nadie nos entiende, en mi post anterior (Pasopalabra!), donde me propuso escribir sobre “cómo empezó todo, de cómo fue ese descubrimiento, esa curiosidad, y esa jugoso despertar de tu imaginación tan provocativa”).

Pasopalabra!

signo interrogacionAcá estoy, al otro lado de la pantalla, una vez más volviéndome loca con esto de decidir sobre qué cuernos escribir el próximo post. Pasa mucho. A mí al menos es la parte que más me cuesta de proceso, la que más me desquicia, la que con más fuerza amenaza todo el delicado engranaje que ha de ponerse en marcha para poder parir una mísera entrada en condiciones. Pero vamos, que éste no es el muro de los lamentos…

Es verdad que siempre está la opción relato, una muy recurrida cuando no me apetece –o no me resulta- aquello de escarbar en primera persona, ya sea porque mi yo se encuentra asomado al abismo (en cuyo caso necesito dejar que el bosque repose para ver los árboles) o porque siento que no tengo mucho que contar. Simplemente. A veces ocurre.

Pero ahora mismo, con mi inspiración en huelga de hambre (pobrecilla, creo que la he maltratado un pelín últimamente), esa no es una alternativa que me resulte apetecible. Hay que pelear mucho con teclas porfiadas…

Me pongo entonces a revisar las alertas de Google, a ver si por ahí cae alguna idea. Tal vez algún tema de actualidad, o algún estudio “científico” de esos que se me van ramificando en la cabeza en continuas reflexiones. Pero nada. Ésta es la semana de las putas 50 sombras tocapelotas de Grey, y casi todo gira en torno al temita de marras. En serio, que hastiada estoy de la peli esa y todas las opiniones que suscita, pero sobre todo de las sesudas reflexiones de sus detractores (entre los que por cierto me encuentro) y los análisis psico-socio-lo que sea con perspectiva de género. Sí, andar zurrando a cándidas y virginales doncellas no es bonito. Pero por favor, un poco de originalidad en el enfoque.

Pues nada, después de mucho estrujarme el cerebruto os tengo una idea. Vale, sé que hay que tener morro, pero qué coño, éste es mi blog y aquí mando yo. Así que doy vía libre a vuestras sugerencias. ¿Sobre qué pensáis que debería ir mi próximo post? ¿Qué tema os molaría leer la próxima vez que vengáis a visitarme? ¿De qué os gustaría saber mi experiencia u opinión? En resumen: ¿Qué os puedo contar que os interese? Si recibo al menos seis propuestas me comprometo a escribir sobre las tres que más me molen en mis tres próximas entradas. Así que sed creativos y dejadme propuestas jugosas sobre la mesa, que yo intentaré hacer algo digno con ellas 🙂

A ver qué sale, jejeje…

“Momentum”

Han estado revueltas las aguas de mi mundo últimamente, y confieso que me ha costado un pelín crearme un espacio de calma para volver a vuestros brazos. Desde fraudes sadomaso hasta casi -que no cuasi- delitos de homicidio en el trabajo, pasando por algún que otro drama familiar, visitas con maletas, decisiones cruciales, finales necesarios y nuevos comienzos; todo termina mezclándose dentro, creando colores cambiantes e indescriptibles, algunos en estado latente, otros ya maduros.

Y sí, hay cosas que importan, cosas que duelen, cosas que joden, cosas que amargan, cosas que alivianan el alma, que motivan, que ilusionan, que entusiasman… de eso nos alimentamos, pero olvidamos muchas veces que, como el alimento, todo será finalmente digerido, expulsado y devuelto a la tierra de dónde salió. O, si preferís una imagen más poética, lo que vivimos, lo que nos echamos encima, y también lo que elegimos no vivir, esas omisiones que pesan como piedras a veces, terminarán tarde o temprano deshaciéndose a nuestras espaldas, como una imparable cascada en cámara lenta que arrastra todo a esa gran fuente de lo que importa cada vez menos, de lo que ya fue…

Suele ser el pasado más inmediato el que nos muerde las espaldas, ningún colmillo se queda ahí clavado para siempre. Como tampoco ninguna alegría, salvo la que se lleva dentro.

Es curioso, porque de una imagen que parece casi derrotista es de dónde siento que debe extraerse todo el optimismo, el impulso vital. Precisamente en esa voracidad serena que tiene la existencia cobra sentido el empeño, la alegría de vivir. Creo que no hay mejor manera de rendir homenaje a esta vida que se nos ha dado que reconocerla efímera y absurda, y aprovecharla como tal. Y si de aferrarse a algo se trata, que no sea a culpas ni cadenas. Ni se nos va a castigar ni se nos va a aplaudir cuando devolvamos a la tierra nuestro cuerpo, tal vez el máximo aprendizaje sea entender que somos nuestros propios jueces. Y que toda mezquindad y todo goce que nos permitamos tiene sentido en sí mismo, vive para sí mismo, no para convertirse en un futuro balance de un cuaderno divino.

Pronto más. Muy pronto 🙂

Crédito imagen: http://www.todoaventuras.com/las-cascadas-mas-altas-mas-grandes-y-mas-bellas-de-europa/

Sobre el spanking, o la fascinación por los azotes

spankingAlguna vez he escrito algo, hasta ahora muy por encima, sobre mi fascinación por el spanking y en particular -porque hablamos de un ‘universo’ mucho más amplio de lo que puede parecer a primera vista- por las sensaciones físicas y mentales que acompañan al rol del spankee. Pero vamos por partes…

Spanking es el término inglés para referirse a los azotes o nalgadas, es decir, golpes dados con la mano o cualquier otro elemento complementario (cinturones, zapatillas, látigos, paletas de ping-pong, varas, cepillos de pelo y un largo etcétera) en los glúteos de otra persona con fines eróticos. Siguiendo con la terminología, el spankee es el que recibe los azotes, el spanker el que los da y el término spanko se referiría indistintamente a uno u otro (la única definición que he encontrado de spanko, palabra que aparece con bastante frecuencia en textos sobre la materia, es “una persona con un fetiche por los azotes, por lo general, aunque no exclusivamente sexual”). Además, no es lo mismo hablar de azotes disciplinarios que de eróticos, siendo los primeros bastante más dolorosos que los segundos, ya que su función es más educativa que placentera.

Hasta aquí los grandes rasgos, la superficie. Pinceladas básicas apenas, para aterrizar a los más despistados. Si os interesa documentaros más sobre el asunto, os recomiendo un blog fantástico y completísimo que no le hace el asco a ningún “subtema” que pueda surgir dentro de este universo (a mí algunos me superan, francamente) y que está en activo desde 2005, con permanentes actualizaciones de textos e imágenes: http://azotesynalgadas.blogspot.com.es/

Porque, como no, cuando hablamos de spanking (como de cualquier otra práctica sexual de esas con nombre en inglés y definición en la Wikipedia) las variaciones parecen ser infinitas. Hay quienes se permiten roles intercambiables, disfrutando de ambos (por lo general de uno más que del otro, pero aún así) y quienes tienen claro cuál es el suyo y no lo sueltan por nada. Algunos disfrutan de elementos accesorios al juego, como visitas al rincón o contar en voz alta y otros son exponentes de una práctica más “purista”, donde nada tiene sentido y todo sobra, salvo el sonido de una buena palmada chocando sobre la piel trémula. También están los que llevan el asunto hasta sus últimas consecuencias, ya sea porque lo viven casi como una religión (con temas de control y obediencia que traspasan las fronteras de los juegos de sábanas, si es que realmente existe tal frontera) o simplemente porque le cogen el gustillo y necesitan que les den cada vez más caña, y a poder ser in crescendo, como una droga… Pero la línea divisoria que a mí me parece más significativa en este tema es la que separa al spanko que se asume y disfruta con sus fantasías ‘erótico-disciplinarias’ del que no sale nunca, o al menos nunca del todo, del “armario vainilla” en el que se encuentra, y que  se conforma con unas palmaditas tibias cada tanto sin atreverse nunca a pedir (o dar) más, o más fuerte…

Vale, no soy experta en el tema ni manejo cifras, pero me atrevería a apostar que son muchos menos los que pertenecen al primer grupo que al segundo. Si bien es cierto que lo que vemos y oímos sobre las prácticas sexuales del prójimo es sólo la punta de iceberg, y que en la intimidad se hace mucho más de lo que se cuenta, tengo la sensación de que el gusto por ser azotado sigue siendo bastante más tabú que otras prácticas. Para empezar, porque cualquier cosa que huela mínimamente a violencia, a imponer la voluntad del fuerte sobre el débil, ya es políticamente incorrecto. Y aunque no se viva como algo malo por dentro (que muchas veces sí, lo que es aún más triste y complejo), sino como un juego erótico más, está aún muy lejos de gozar de aceptación social. Y así, la mayoría de los entusiastas del spanking callan para evitar que le cuelguen el cartelito de “perturbados sexuales”. Yo al menos, nunca me he encontrado con nadie que me cuente en una cena que le mola que le peguen en el culo, mientras que por otro lado la gente tiene cada vez menos reparos para hablar con el que se le sienta al lado (aunque sea en petit comité) de sexo anal o intercambios de parejas, por poner algunos ejemplos. Y es que, por decirlo más claro, las fantasías de azotes suelen ir acompañadas de un sentimiento de vergüenza que nada aporta.

En el blog que os mencionaba más arriba hay un post, “La negación de la evidencia”, en el que se hace referencia a “aquellas personas que viven conflictivamente sus fantasías de azotes”. Cuenta ahí su autor, Fer, que ha mantenido correspondencia con varios spankos, especialmente mujeres, y que “para ellas las fantasías de recibir nalgadas son un elemento perturbador de primer orden que les aporta sufrimiento y contradicción con su entorno social, especialmente con parejas con las cuales hay paz y armonía. Estas mujeres temen a su propio mundo interior. El desarrollo de sus fantasías puede, desde su propia perspectiva, subvertir todo el orden de su universo particular”. Y sigue: “Las fantasías sexuales no son algo que se pueda desligar de nuestra persona, sino que son de cierta forma, a mi manera de ver las cosas, la representación misma de nuestra persona y provocan mucho sufrimiento si quedan enfrentadas a otros aspectos más integradores de nuestras vidas”.

En los últimos párrafos, y a modo de consejo (muy sabio será, pero no por eso sencillo), el autor recomienda a quienes tienen “fantasías con deliciosos azotes eróticos y estas le resultan perturbadoras”, que se reconcilien consigo mismos “y, en todo caso, no enfrentar sus fantasías al resto de su vida y viceversa. Probablemente en muchos casos es importante compartir estas vivencias con otras personas y para esto Internet es maravilloso. Y por último, como decía Oscar Wilde, la mejor manera de evitar la tentación es caer en ella”.

¿Qué hay detrás de esa tentación en particular, de cualquier manera? ¿Por qué para algunos hay goce detrás de ciertos dolores, siendo que el cuerpo no está hecho supuestamente para disfrutarlos? ¿Hasta qué punto interviene el elemento físico y cuánto hay de seducción mental ante una situación cargada de simbologías? El spanking gusta a quienes gusta porque resulta excitante, y mucho, pero… ¿por qué resulta excitante?

He leído en algunos sitios la teoría de que los spankees son personas que fueron “disciplinadas físicamente” cuando niños y de alguna manera buscan repetir vivencias de la infancia, recrear relaciones con los progenitores, volver al nido. Los habrá, como hay de todo en la vida. Pero no es esa mi experiencia. A mí me daban sopa verde y me escondían la tele con llave, pero vamos, ¡es que ni tirones de pelo recuerdo! (y ya veis, he ahí otra cosa que según q contexto… jejeje!)

Supongo que, al fin y al cabo, no importa tanto entenderlo como aceptarse. Sobra decir que no todas las pulsiones internas son aceptables, pero para mí al menos el asunto está bastante claro: Lo es todo aquello que no haga daño -y daño no es sinónimo de dolor- y que respete la libertad y deseos del otro sin imponer los propios deseos y necesidades a través de la fuerza real -y real no es sinónimo de física-. Es decir, todo lo que quepa en el saco del mutuo consentimiento entre dos o más personas (y para no meterme en camisa de 11 varas agregaré aquello de “con una sexualidad ya formada”).

A modo de cierre, permitidme que os vuelva a copiar un extracto de un post del blog “Azotes y Nalgadas”, en este caso titulado “Narraciones del mundo vainilla”, si bien yo lo rebautizaría como “Breve test para saber si tienes un spanko escondido dentro de ti”. Podéis hacerlo si queréis, es sencillísimo, en realidad sólo tiene una pregunta: ¿Os sentís identificados con algo de lo que está escrito a continuación? Si la respuesta es sí, ya sabéis. Ah, y si no estáis seguros, acá os va una ayudita extra, algo así como un bonus track para el autoconocimento… ¿Os pone la foto con la que arranca este post? Ay, estimados míos, tal vez ya va siendo hora de darle otros usos a ese cinturón. Uno de mis elementos favoritos, por cierto, además de la mano…

Es tema común entre los spankos el hablar de sus experiencias previas a su entrada al Internet, cuando su afición spanka vivía en la clandestinidad y sus deseos y fantasías se veían pobremente satisfechos con imágenes fugaces que encontraban en la televisión, el cine o la literatura. Yo misma viví esa etapa con un eterno sentimiento de frustración.

Cuando te topabas con una escena de nalgadas, siempre era parcial, algo le faltaba o le sobraba, pero bastaba para alterarte el equilibrio hormonal y acelerarte los latidos del corazón. Era casi como quedarse a medias, como estar a punto de llegar al orgasmo y que alguna interrupción abrupta te lo impidiera.

La misma frustración te impulsaba a buscar escenas, se convertía casi en obsesión malsana y ojeabas cientos de revistas, libros y pasquines, mirabas cuanta película buena o mala ofrecieran por la televisión, en la que lejanamente suponías que podía haber una escena. Hay quien elegía las películas del viejo oeste, en donde, a veces, John Wayne o cualquier otro áspero vaquero, propinaba unos buenos azotes a alguna chica rejega o soberbia. Yo me inclinaba por las películas, programas o libros en donde se recreaba el ambiente escolar. Un buen internado inglés, por ejemplo, casi ofrecía una garantía de que habría, si no azotes, algún conato de ellos, que para ese entonces ya era algo.

(Y ya para terminar, y volviendo a la foto de marras, confieso que soy incapaz de recordar de dónde la saqué. La descargué hace tiempo, simplemente porque me moló, y al encontrármela ahora en una carpeta no pude evitar la tentación de usarla en este post. Me gustaría poder poner un link -se agradecen aportes si alguien la reconoce-, si bien al menos tiene una leyenda con el autor en la esquina inferior derecha).

Segundo cumple, y acá seguimos

tarta 2 añosHoy mi blog cumple dos años. Y aunque toca hacer balance, no os voy a ofrecer esta vez una lista de los post más leídos, los más comentados y todo el rollo, ni tampoco de esas gráficas, estadísticas y cifras que nos alimentan el corazoncillo y el ego bloguero cada tanto al más puro estilo McDonald’s: Con deliciosa chatarra. No, simplemente os voy a contar cosillas, así sin mayor orden o estructura. Como vayan surgiendo.

El otro día un amigo al que no veía hace mucho me soltó de pronto, sin ningún tipo de aviso previo, la siguiente frase: “He leído tu blog” (insértese aquí la mirada intensa y circunstancial de rigor). Le pregunté si le molaba, y cuando estaba lista para inflarme cual pavo navideño, me encontré con la siguiente respuesta:
– Ya no lo leo.
– Ajajaja, vaya, que sincero. ¿Y eso?
– Son los relatos. No sirven.
– ¿No sirven? No entiendo…
– Eso, que no sirven.
– ¿Son aburridos? ¿Confusos? ¿No están bien estructurados? ¿Los personajes no son coherentes? ¿Les falta credibilidad?
– No, no es eso. Es que no sirven para hacerse pajas. Terminan todos en tragedia y entonces me da el bajón.

!!!!

La verdad es que más allá de la vanidad herida me descojoné con ganas, aunque el episodio también me hizo plantearme por unos instantes qué estoy persiguiendo con este blog. Para qué lado quiero llevar el carro…

Además de ser para mí un espacio de expresión creativa, me gustaría creer que también he logrado que éste sea un lugar en el que aprender -yo la primera- e intercambiar experiencias. Y poco más, que ya es muchísimo decir. Así que a quién le interese (tal vez debería incluir este párrafo en la pestañita de “Advertencia”), no,  este no es un blog para hacerse pajas. Ahora, si alguien se las hace con lo que lee aquí, os aseguro que no me ofende en lo más mínimo. Al contrario, me parece un plus de lo más estimulante y, más aún, hasta diría que me da bastante morbo formar parte, aunque sea de forma indirecta, de las actividades masturbatorias de algún prójimo o prójima. Pero eso es muy distinto a querer currármela para que un tío al que no he visto en mi vida se toque al otro lado de la pantalla…

Porque sí, esa es otra cosa que ocurre cuando escribes un blog de sexo. Que te llegan mensajes y mails por todas las vías posibles (las redes sociales definitivamente le pusieron campo a las puertas) de tíos ociosos -nunca una tía, al menos habría novedad- pretendiendo que les escribas guarradas ‘en directo’ porque “la tienen dura”. Ya, y yo no tengo un duro, pero me lo como solita…

Ya por último, quiero hablar de otra consecuencia que este blog ha traído a mi vida, y me vais a perdonar que no cierre con lo más bonito pero como os dije antes, hoy ando dispersa…

Como podéis imaginar, no soy la persona más discreta del mundo en lo que a mis propios asuntos se refiere, y en una serie de impulsos del momento di la dirección de este blog a varios amigos y conocidos, porque al fin y al cabo escribimos para que nos lean. Y aunque llegué a temer que eso me frenara a la hora de escribir con libertad, creo que la mayoría de las veces he conseguido sobreponerme a la sensación de que alguien mira por sobre mi hombro, y simplemente compartir lo que he querido con vosotros olvidando que entre el público se encuentran unas cuantas caras familiares. Pero lo que no fui capaz de prever fue el efecto que leerme podría tener sobre terceros. Y cómo eso podría afectar su relación conmigo.

Curiosamente en el caso de mi familia, que es donde yo tenía más reparos con el tema de la sobreexposición, nunca ha habido un problema. Al contrario, siempre me han apoyado, comparten mis links, me leen y hasta me dejan cosillas interesantes para que me sirvan de inspiración. Y así en la mayoría de los casos. Rollos míos, no pasa nada…

Hasta que pasa. Y aunque sean pocas, no por eso me han resultado menos significativas esas ocasiones. Porque si bien celebro el ser capaz de despertar sensaciones, no celebro cuando éstas se enquistan en sentimientos de temor y recelo, “porque ya no sé si voy a ser capaz de satisfacerte”, o porque “pareces saber demasiado”. Visto y oído más de una vez…

Pffffff 😦

Siempre que te cuelgan una etiqueta hay una pérdida, no se agrega nada, más bien se arranca un pedacito de uno de un pequeño mordisco…

Si alguien cree que sé demasiado es que no me ha leído bien. Con tantas dudas me pesan muy poquito las certezas y mi desastrosa vida sentimental sirve más para guión de sitcom de canal británico que para dar cátedra, por no mencionar que un abrazo calentito cuando la existencia se pone chunga me vale tanto o más -mucho más- que un buen cunnilingus. Pero bueno, no es que seamos libros más o menos abiertos, es que somos bibliotecas enteras, y habiendo tanto donde bucear sólo se conoce lo que realmente se quiere conocer. Al menos yo, de momento, sigo interesada en seguir explorando detrás del personaje que siempre somos para los demás, y en aprender asimismo de cada persona que me abra las puertas a ello.

(A menos que sea un noctámbulo ocioso y pajillero de esos que creen que lo que me falta por aprender en la vida son las dimensiones de su miembro y las dos o tres cosas que me haría con él).

Que paséis una muy muy feliz Nochevieja y lo dicho… acá seguimos!!!

El sexo ‘al revés’

foto blog al revesMi señora madre, una persona con una inacabable capacidad de aprender cosas nuevas, es muy aficionada a compartir cada día en su muro del Facebook una variopinta colección de links que, por una razón u otra, llamaron su atención. Humor, drama, curiosidades sexuales, espiritualidad, cuidado del cuerpo… todo cabe en su casi infinita lista de intereses, y por ende en su elástico muro (y en el mío, que la buena mujer es muy de compartir, jejeje).

Pues bien, hace algunos días, visitando a saltitos el timeline de mis amigos y conocidos, me quedé pegada con un texto que había copiado mi madre con una serie de tips para combatir el alzheimer. Básicamente, lo que se decía ahí era que el mal de Alzheimer se puede prevenir simplemente cambiando algunas rutinas para estimular el lado derecho del cerebro. Dicha técnica mejoraría la concentración, y ayudaría a desarrollar la creatividad y la inteligencia. Se trata entonces de hacer “ejercicio cerebral” o  o “aeróbica de las neuronas” –la palabra oficial vendría a ser ‘neuróbica’- para mantener al cerebro ágil y saludable, creando nuevos y diferentes patrones de comportamiento y de las actividades de las neuronas del cerebro.

Lo central es que las prácticas elegidas cambien los comportamientos de rutina por otros desacostumbrados. Así, por dar algunos ejemplos, se mencionan los siguientes ejercicios neuróbicos, si bien el texto invita a echar a volar la imaginación y desarrollar ejercicios propios que sigan la línea de los propuestos:

– Usar el reloj en la muñeca contraria a la que normalmente se usa
– Cepillarse los dientes con la mano contraria a la habitual
– Caminar por la casa de espaldas
– Vestirse con los ojos cerrados
– Estimular el paladar con sabores diferentes
– Ver las fotos “cabeza abajo”
– Mirar la hora en el espejo
– Cambiar el camino de rutina para ir y volver a casa.

Después de pasarme un par de tardes caminando de espaldas por mi casa –es impresionante como parece existir todo un nuevo mundo cuando uno anda en modo ‘backwards’- y leyendo los mensajes de mi móvil con la pantalla dada vuelta, me puse a pensar en otros ámbitos de la existencia, fuera de la rutina más cotidiana (vestirse, lavarse los dientes, leer)  donde uno podría plantearse el desafío de hacer las cosas “al revés”… Y cómo no, me di de bruces con el inabarcable terreno de la sexualidad humana. Y dentro de éste, con el sexo.

Curiosamente, en medio de todas estas divagaciones, recibí un mail de lo más perturbador que incluía la siguiente frase: “El otro día, medio dormitando, soñé que cambiábamos los papeles y me esclavizabas. Me tenías de pie, esposado, cogido del pelo por detrás al tiempo que me sodomizabas sin contemplaciones”.

Voilá! Punto para mi cerebro derecho!!!

Alguna vez he dejado entrever aquí que lo mío no es el rollo dominatrix precisamente. Más bien asoman a mis fantasías machos recios y decididos, que saben qué hacer y dónde apretar, y que son capaces de contenerme con la sola fuerza de su mirada. Y aún entendiendo los muchos matices que puede llegar a tener una entrega, la mayoría de las veces lo que me apetece es saborear la contundencia metálica de su sentido más primitivo, el más basto. Sin embargo, fue leer esas palabras y sentir que mi imaginación comenzaba a galopar en sentido contrario al habitual. Y no os podéis imaginar lo que me he divertido haciendo de madame de Sade en mi trepidante cerebrito…

Ya tenemos un ejercicio para la lista entonces, el cambio de roles. Y ojo, que en la cama asumimos muchos roles, y no todos son tan obvios ni tan fáciles de intercambiar.

(Y por cierto, una “N. del A.” para mi estimado amigo sodomizable: cuando quieras, ¿eh?, que yo encantadísima de la vida me zambullo en tales experiencias. Pero ojo, que hay que meterse entero a la piscina, porque después no pienso conmoverme ante arrepentimientos ni melindres ni “no quiero estos” ni chorradas… u know, hay juegos que toca jugarlos en serio para que resulten más divertidos… jeje).

Ahora, si bien en este caso concreto ya me estoy visualizando camino al sex shop para equiparme con el traje de látex, el strap-on y todos los adminículos necesarios, creo que en general no se trata de pensar en ideas demasiado sofisticadas ni en cambios espectaculares para que los ejercicios funcionen también en el área sexual. De hecho, conversando anoche del tema con un amigo, no se demoró ni tres segundos en soltar su propia propuesta: empezar a tomar la iniciativa cuando no se tiene el hábito de hacerlo.

¿Y qué tal una sesión completa estando ambos con los ojos cerrados, por ejemplo? O tal vez en un entorno atípico, ligado a la propia historia. ¿Qué te gustan los flacos? Pues a buscar un gordito calentito y a ver qué tal. La cosa es enarbolar la bandera del cambio. Recuerdo incuso una noche en la que para mí fue toda una experiencia –y una sorprendentemente buena, además- un polvo largo, muy intenso y exclusivamente en la posición del misionero.

Bueno, hasta aquí llego yo porque en realidad mi idea era hacer de éste un post colaborativo. Así que os invito a dejar vuestras propuestas, sin importar si parecen tontas o descabelladas, que aunque probablemente no nos enteremos, siempre existe la posibilidad de contribuir a la felicidad de algún lector (o bloguero!) ávido de nuevas ideas.

Sofá, mantita y evasión…

otoño_1Llevo tanto tiempo metida en la cueva, desprendiéndome de hábitos y escamas para adaptarme a mis nuevos escenarios, que por poco me quedo con el gusto de no volver a asomar la nariz fuera. Hace frío fuera, y hay que buscarse la vida. Apetece más abrazarse a los afectos seguros e hibernar…

Pero ese es el problema, que cuando los procesos introspectivos se alargan más de la cuenta se corre el riesgo de transmutar esa introspección en evasión. La religión del sofá y la mantita ejerce una llamada poderosa, y por el contrario la vida real no nos permite apretar el botón de flash forward, por muy jodida que se ponga.

Sobra decir que es difícil, cuando se siente la necesidad de apagas las luces (aunque sólo sea por un poco de descanso hasta la próxima batalla), mantener al cuerpo emocionado con sus propios placeres, así como es difícil escribir sin hambre y pretender alimentar el entusiasmo de cualquiera.

Pero ya sabéis lo que dicen… no hay mal que dure cien años ni tonto que lo soporte!!!  Así que aquí me tenéis, dándole ya vueltas en la cabeza a un tema que me gustaría compartir con vosotros… Mañana o pasado como mucho, que ya tengo ganas de veros por acá. La idea original era escribirlo ahora y no perderme en tanto preámbulo, pero como que me dio sueño. Es lo que tiene sacarse la piel de abuelita después de tanto tiempo para ponerse el traje de lobo y sumergirse en un fin de semana surrealista e intenso… que se llega al domingo arrastrando las patitas, con la casa hecha un desastre y la resaca instalada en huesos y articulaciones. Así que un tecito caliente y al sobre con los pollitos para recargar las pilas, que el mundo sigue girando y ya me quiero volver a montar!

Dulces sueños 🙂

En busca del orgasmo perdido

orgasmo_recurso 2

Escribir este post es una deuda que tengo pendiente hace muchísimo tiempo con una amiga, pero cada vez que me disponía a intentarlo algo me frenaba, como si la tarea me quedara demasiado grande, como si se tratara de enfrentarse a una vaca sagrada. Después de todo, ¿qué coño puedo saber yo acerca del orgasmo, así en mayúsculas? Sí, vale, tengo orgasmos, pero muy rara vez durante el sexo (a menos que yo misma colabore directamente en el proceso), y muchas veces me quedo con la sensación de que al asunto le faltó punch, que estuvo bien pero podría haber sido mucho mejor… Eso sin contar con que durante muchísimos años decir orgasmo era para mí lo mismo que decir aguja, siendo mi cuerpo un enorme pajar donde la búsqueda no parecía terminar nunca.

Pero bueno, no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, así que estimados míos, he aquí el tema que nos traemos entre manos, desde mi humilde perspectiva.

Decía mi amiga lo siguiente en su mensaje: Quería sugerirte  algún artículo que hable del orgasmo. Hay tantas mujeres que creen haberlo sentido y como es algo tan intangible a veces ni lo conocen. Es difícil de explicar el “como es”.

Sin duda que es difícil porque no existe ‘un’ orgasmo femenino, el asunto se puede manifestar de muchas maneras: Siguiendo los patrones del masculino por ejemplo (excitación, plataforma, orgasmo, resolución), teniéndolo en “línea recta”, con varios picos de éxtasis, tal vez encadenando uno tras otro o en espiral… Ahora, si hay algo que sí está claro en esta tierra de sombras y piruetas es que cuando se tiene un orgasmo se sabe. Y ahí no hay más vuelta que darle.

Me lo explicó una prima con todas sus letras –y su habitual dosis de humor ‘barriobajero’- hace muchísimos años cuando yo nadaba con desesperación en los mares de la anorgasmia pero no me quería convencer de ello y a cada saltito, zumbido o sensación rica trataba de colgarle el cartelito de ‘orgasmo soft’: “Eso es como tirarse un pedo –me dijo-. Da igual si es más grande o más chico, siempre te enteras”.

Lo he dicho ya en algún otro post, pero lo vuelvo a repetir ahora: Uno de los mejores métodos de encontrarse con el orgasmo perdido es la masturbación. Un ambiente relajado, tiempo libre y a explorar. Porque claro, si ni siquiera una sabe dónde tocar para ver estrellitas, cómo esperar que lo sepa nadie más. Y otra cosa, la actitud tiene que ser constructiva. Algo así como buscar con alegría y sin esperar resultados, que de lo contrario pasa algo parecido a lo del gatillazo, mientras más se intenta mayor es el desastre, y mientras tanto una se queda sin dedos y con una irritación de la hostia (en el cuerpo y en la cabeza, buff!).

No se trata de ponerse ahora a elaborar el decálogo del buen orgasmo, ni de ser tan ingenua como para pensar que con una lista de tips bienintencionados cualquiera puede alcanzar sus cimas… A veces influyen factores físicos, otras veces hay traumas profundamente arraigados que no se superan solamente con buena voluntad. Sin embargo, sí puedo hablar de mi propia experiencia y de las cosas que a mí me han servido. Cuando hay terceros involucrados vuelvo a lo dicho, o intervengo yo misma en el proceso –timideces fuera!- o saco el manual de instrucciones, el mapa y las riendas, intentado oscilar con elegancia entre la sugerencia y la exactitud. A algunos les mola eso de compartir información, pero no siempre tanta directriz es algo bien recibido. De todas maneras no suelo comerme el coco con ese tema, y cuanto más me relajo más me encuentro con sorpresitas, como una vez que me corrí sólo con que me apretaran los pezones. Y es que muchas veces un buen manejo del in crescendo puede ser el único mapa que se necesita hacia la felicidad.

Ahora, sí que tengo algunos truquillos cuando somos mi orgasmo y yo contra el mundo, sin pollas enhiestas en el panorama. Como volver a empezar cuando siento que se me escapa. Detenerme, respirar profundo, volver a sentir el cuerpo, partir de nuevo, de cero. Sin pensar en que tengo prisa, en que quiero ya, que estaba tan cerquita, que me falta tiempo para tanta parafernalia… O como buscar otros caminos para ganar intensidad, porque a veces las fórmulas seguras, las vías conocidas y habituales, garantizan el resultado, pero ese resultado no pasa de ser un mero desahogo físico. Y algo tan simple como tocarse en otros sitios, o con movimientos nuevos, puede derivar en resultados sorprendentes. No siempre, claro, pero en algún momento…

Y aún a riesgo de quedar como una hippie loca que le aúlla a la luna, meditar unos minutos antes y dirigir mis energías hacia el vientre suele hacer maravillas. O reír durante algunos minutos, así a lo tonto, con ganas, sin razón, con la boca abierta y después cerrada. De lo que se trata es de irse “para dentro”, conectar con uno mismo, con sus sensaciones y cómo éstas se van ramificando. Salir de la cabeza y volverse puro cuerpo flotando en su propio universo.

Un cuerpo que, por cierto, hay que querer. Otro básico del buen orgasmo. Ya sea en compañía o en soledad, es escaso el disfrute que se puede obtener si se piensa más en que a una le cuelga un michelín del tamaño del Titanic que en las cosquillitas que se están produciendo “ahí abajo”.

Y ya lo último: Alguna vez me ha pasado que, como mi primer orgasmo es el que más se tarda y de ahí en adelante los demás son pan comido, me engolosino demasiado y la cosa termina cayendo por su propio peso. O sea, he tenido un par de orgasmos espectaculares pero en cuanto salgo de uno ya quiero otro, como si el placer ya trajera aparejada la necesidad, y sigo y sigo y sigo, y cada uno de los que vienen después es más chiquito que el otro, llega menos dentro, hasta que la cosa se desinfla, hasta que ya tengo que parar simplemente porque tengo todo anestesiado de tanto frotamiento frenético y ya me sube la mala leche. Así que pregunto, porque siempre es tan bonito sentirnos identificados con el prójimo… ¿a alguien más se le han gastado los orgasmos por glotonería o sí que soy media bicho raro?

Periódicos viejos, tiempo de lectura y solidaridad pro aborto

pescados-envueltosDicen algunos que el periódico del día anterior sólo sirve para envolver pescado. Discrepo, y no sólo porque me encante discrepar…

Me gusta comprar el diario todos domingos. Cuando lo hago a veces recuerdo a mi abuelo, que lo compraba siempre, y no uno, sino que dos, para estar informado desde perspectivas distintas. Aunque claro, mi principal motivación es bastante práctica (que no productiva, os lo puedo asegurar): Mirar curros, a ver si por ahí salta la liebre y puedo abandonar a los crápulas explotadores que me exprimen actualmente.

Ahora, una vez visto el tema laboral (acto que suele destacar por su brevedad), muchas veces el diario se queda sin leer, porque los domingos son mis peores días, aquellos en los que intento encajar todo lo que no alcancé a hacer en la semana. Así que lo más habitual es que vayan a parar a una cesta que hay en el baño, donde termino depositando los diarios, periódicos, revistas y escritos varios –hasta documentos y cartas, si me apuran- que pretendo leer en algún momento de paz.

Ya, classy!

Bueno pues, estando el otro día en el baño por tiempo prolongado (poniendo mis piececitos en remojo, malpensados!) me puse a hojear uno de esos diarios semiolvidados que sobresalía entre el montón, un ejemplar de El País del 13 de julio. Y me encontré con una noticia que, si bien no fresca, podría llegar a ser utilísima. Así que os la copio, tal cual como fue publicada, para que, de aprobarse la ley nefasta, corra la voz. Y ya de paso, lo hago como un gesto de agradecimiento a estas almas solidarias que están dispuestas a echar una manito transfronteriza de ser necesario.

Por cierto, también la podéis leer en la fuente original; os dejo el link al final porque, cómo no, un simple copiar-pegar me llevó hasta ella en San Internet.

Y ya, no digo más que acá lo q importa es la noticia en sí, no lo que yo pueda opinar al respecto…

Apoyo para abortar en el extranjero

Voluntarias españolas de media docena de ciudades europeas ofrecerán alojamiento y asesoría

Las impulsoras de la Red Federica Montseny preferirían no haber tenido que crear la plataforma que está a punto de nacer. “Lo hemos pensado como una necesidad. Es la respuesta obligada a la agresión que supone la ley del aborto anunciada por el Partido Popular”, explica Candela Girón, una de las integrantes del grupo de Feminismos vinculado al Movimiento 15-M de Berlín. La idea es sencilla: si el Gobierno pone demasiadas trabas a las mujeres que quieran abortar, estas se verán obligadas a hacerlo en otro país. Y aquí es donde intervienen Girón y sus compañeras.

Una página web que el equipo de voluntarios está ultimando, y que presentarán la próxima semana, ofrecerá a las interesadas información sobre la interrupción del embarazo en los países donde haya gente dispuesta a colaborar. Por ahora, la red cubre Berlín, Bruselas, Lisboa, Londres y Viena. París, Burdeos y Stuttgart han mostrado su interés en sumarse al proyecto. Y los grupos del 15-M de México, Buenos Aires y Montevideo también han expresado un apoyo que en principio será solo simbólico, ya que parece poco probable que una española vaya a cruzar el Atlántico para abortar.

Esta plataforma nace como reacción a la reforma que el Gobierno está a punto de presentar y que amenaza con convertirse en la más restrictiva de la democracia. Todavía no están claros los detalles, pero sí es seguro que la iniciativa del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, acabará con la ley de plazos aprobada por los socialistas en la anterior legislatura. El punto más caliente del proyecto, y que ha despertado las críticas en el propio PP, es la inclusión o no de la malformación del feto como motivo para abortar. Las últimas informaciones sugieren que las mujeres podrían interrumpir su embarazo en este caso, aunque con más dificultades que con la ley aprobada en 1985.

Las militantes feministas quieren dar un apoyo integral a las mujeres que se vean obligadas a abortar lejos de casa. “Estaremos allí para lo que necesiten. Les ofreceremos alojamiento en casa de un voluntario, les ayudaremos con los trámites o haremos de traductores si lo necesitan. No queremos solo ofrecer información sobre las leyes del aborto en cada país. También acompañarlas si, por ejemplo, necesitan tomar una coca-cola y hablar con alguien”, explica Sara Jiménez rodeada de sus compañeros en una terraza berlinesa.

Todos ellos son jóvenes que abandonaron España forzados por la situación económica y la falta de perspectivas laborales. En Berlín, la red está formada por un núcleo de unas 25 personas, a las que se podrán sumar voluntarios que quieren ofrecer, por ejemplo, su casa o su tiempo para acompañar a las mujeres. En el resto de ciudades europeas el grupo es menos numeroso, pero las impulsoras confían en que vaya creciendo si se encuentran con muchas peticiones.

“Nuestra iniciativa tiene un doble objetivo. Por un lado, ayudar a las mujeres que lo necesiten por no tener recursos económicos o información para abortar en el extranjero. Pero además es una forma de intervenir en el debate político español. Nos hemos ido de nuestro país porque nos han forzado, pero eso no quiere decir que nos mantengamos al margen de lo que ocurre”, dice Jiménez. La red está formada por jóvenes españoles, pero para su puesta en marcha han recibido el apoyo de colectivos feministas de otros países. Las alemanas, por ejemplo, les asesoraron en el aspecto legal. “Aquí está castigado hasta con dos años de cárcel incitar al aborto si se hace con ánimo de lucro. Pero nosotros ni ganamos dinero con esto ni incitamos a nadie a abortar. Solo queremos ayudar a aquellas que hayan decidido libremente dar ese paso”, continúa la activista.

Los motivos que pueden llevar a una mujer a decidirse por una ciudad u otra son muy variados. “En Berlín, el viaje sería más complicado que, por ejemplo, a Lisboa. Pero la intervención no es cara. Oscila entre los 200 y los 400 euros. En cada caso intervendrán factores que no podemos prever”, explica Joan Ardiaca, de 26 años. La red sirve además como homenaje a Federica Montseny, una de las primeras mujeres europeas que alcanzaron el cargo de ministra. Esta dirigente anarquista redactó en 1936, cuando estaba al frente del Ministerio de Sanidad, el primer proyecto de ley para despenalizar el aborto en España. La iniciativa nunca entró en vigor. Su rápida salida del Gobierno y la guerra civil y posterior dictadura lo impidieron. Pero ese es el espíritu que hoy, casi 80 años después, quieren recoger las activistas españolas en Berlín y otras ciudades europeas.

Miembros de la red feminista Federica Montseny posan en Berlín la semana pasada (Júlia Soler para El País).

Miembros de la red feminista Federica Montseny posan en Berlín (Júlia Soler para El País).

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/07/12/actualidad/1405160549_284342.html

Mudanza

mudanzaHoy tengo resaca…

Y un cansancio de la hostia, porque mi vida está envuelta en cajas y no le encuentro el sitio a nada.

Y pienso en todo lo que se mantiene sin escribir, sin hacer.

En mi último relato inconcluso, que me acecha furioso reclamando mi atención dispersa. Encajado a medio camino, a medio parir…

En todos esos posts que aún no he escrito, que se acumulan en mi cabeza a la vez que se evaporan un poquito más cada día, huyendo de mí en busca de una muerte prematura.

En las muchas cosas que he vivido, más allá de cintas, brochas y rotuladores…

Y el sexo, oh, sí, el sexo.

Podría llenar un saco de adjetivos. Podría desgranar unas cuantas historias. El príncipe valiente. El príncipe cobarde. El príncipe más majo. La princesa quiere un sapo. Elegid.

Cierro los ojos y todo se mezcla dentro, como la ropa de una lavadora. El color que se forma frente a mí no tiene nombre, o yo no sé decirlo.

Pero si suspendo la respiración por segundos puedo distinguir algunas prendas.

Una visita inesperada.

Una propuesta inapropiada..

Pausa, ternura, reconocimiento.

Pies ajenos bajo las sábanas.

Cadencia. Contacto.

Invitaciones rechazadas.

Invitaciones casi rechazadas que terminaron convirtiéndose en una sorpresa.

Una polla de encaje perfecto.

Un ser humano bajo la polla.

Risas. Y cuantas…

Sol, playa, hotel, un pasillo, mi cama. Mi cama, mi cama, mi cama, mi cama.

Miradas nuevas, seres en descubrimiento.

Calor. Ventanas abiertas. Exposición.

Me atrevería a decir que un poquito de exceso.

Un ejemplar incansable entre mis sábanas. Una maratón digna de veinteañeros.

Mordiscos en mis pezones. Tal vez demasiados. No me di cuenta, claro, y no importa. Lo que está rico está rico.

Ufff, sueeeeeeño. Mucho sueño.

 

Agosto no ha sido precisamente un mes de vacaciones, pero no me quejo…

La vida secreta de los jefes

No sé si os habéis dado cuenta, pero el tiempo que ha pasado entre mi último post y éste es el más prolongado que he dejado correr hasta ahora entre dos entradas. Una forma fácil, y algo cliché de zafar, sería decir que he estado muy ocupada ‘viviendo’. Sí, lo sé, no tengo por qué darle explicaciones a nadie, pero aún así os ofrezco mi resumen, simplista e insuficiente, de la situación. Y no por ello falso.

Si no escribo no es porque no me pasen cosas en el aquí y ahora, sino porque no tengo la necesidad de compartirlas, porque necesito procesarlas, o simplemente porque no me pertenecen. Porque hay terceros involucrados que son dueños de sus propias historias y tienen derecho a que éstas sean respetadas. O porque al igual que un buen relato de ficción, la realidad parece narrarse mejor desde la distancia, desde el desapego. Elegid la razón que más os guste. Yo ya tengo la mía.

Así que, resistiendo cualquier tentación de intentar desenmarañar la madeja de sentimientos y confusiones en la que actualmente habito, os voy a dejar una historia que ocurrió hace algunos años, que también habla de aquellas pequeñas y no tan pequeñas cosas que solemos mantener ocultas, para que cada uno reflexione lo que más le apetezca reflexionar al respecto.

imagen cerraduraErase una vez yo, cuando tenía un trabajo de esos de 9 a 7, el culo pegado a una silla y contrato indefinido. Era un día de poco curro y yo estaba entregada en cuerpo y alma a la misión de encontrar entre las carpetas de la redacción un documento que necesitaba para terminar un reportaje. Estaba segura de haberlo visto hace algún tiempo, pero no recordaba su nombre, así que empecé a probar en el buscador con palabras sueltas relacionadas. Llevaba un buen rato buscando cuando me encontré con un bloc de notas de nombre curioso: “en la oscuridad”.

Obviamente no tenía nada que ver con el documento de mis desvelos, pero del título al clic hubo menos que un trecho, y aprovechando que mi jefe más inmediato (el que tenía su escritorio a escasos centímetros del mío) estaba tomando café me puse a leer el largo texto que tenía frente a mis narices. Que era el “copia-pega” de una conversación por chat, a todo esto. Y una bien calentita.

Los participantes de la conversación eran Amo_Falo y Potrilla_Salvaje. Amo_Falo, pese a lo potente de su nombre, era un amo “amateur”, y Potrilla_Salvaje una sumisa experimentada. La primera conversación (en realidad eran cinco en total, pegadas una tras otra con algunos saltos de línea entre medio) era un ir y venir de preguntas y respuestas, ya que A_F (lo siento, si sigo escribiendo Amo_Falo me descojono y no termino nunca) se sentía bastante inseguro respecto a cómo proceder en la que sería su primera experiencia como dominante. Así, como quien pide consejos para dar una charla frente a un nutrido público, o bien para preparar un bizcocho que quede esponjoso, el buen hombre expresaba su preocupación por la situación que se le venía encima, ya que su “sumi” (sic.) también era nueva en esas lides y él no la quería defraudar. Por lo mismo, le preguntaba a su amiga P_S (de forma frecuente y mutua se recordaban la amistad que los unía desde hace años) hasta dónde era recomendable llegar, qué cosas le gustaban a ella y cómo hacer para que su nueva conquista no se enterara de su falta de experiencia en esas lides. Finalmente, le confesaba su temor de no ser lo suficientemente atractivo para la que sería su primera sumisa, con quién nunca se habían visto cara a cara.

Los siguientes mensajes ya eran bastante más subiditos de tono. En ellos A_F no sólo ofrecía un relato pormenorizado de sus encuentros con la “sumi”, también se permitía algunos coqueteos y preguntas indiscretas con su interlocutora, claramente ya más relajado y seguro de sí mismo. Por decirlo de alguna manera, era posible percibir que ya se estaba rompiendo esa “cáscara de aprendiz” para dejar salir la pulpa, la voluntad del amo… Ya dominando la conversación, en uno de los diálogos, por ejemplo, se dedicaba a contar los detalles de una sesión de spanking, describiendo los tres tipos de látigos que había utilizado (si bien confesaba que no se había atrevido a darle “demasiado duro”, al no saber cómo calcular aún la fuerza de sus golpes) y narrando pormenorizadamente lo placentera que le había resultado la experiencia, no tanto de infligir dolor sino de tener la voluntad de un tercero entre sus manos. En otro de los diálogos dejaba hablar más a P_S, interesado por ahondar en las fantasías de sumisa de su amiga y las cosas que le gustaba que le hiciera su amo. Ella, algo reacia al parecer a escandalizar a A_F, ofrecía un par de sugerencias tímidas (uso de velas, un par de varas para que los látigos “no aburran”), a lo que él respondía que quería algo más “creativo”.

Y hasta ahí los diálogos.

Como era de esperar, en cero coma estaba conectada al Messenger (sí, existió algún día!), contándole a mi entonces compi de curro, de desvelos y aventuras, el hallazgo que me traía entre manos: “Tía, te mueres lo que encontré en una de las carpetas de la redacción, lee esto y después me comentas”.

La cosa es que mi compi, investigadora aún más intrépida y ocurrente que yo, en cuanto terminó de leer se fue a San Google y copió la dirección de email de Amo_Falo (sí, he vuelto a escribir el nombre completo, pero es que ahora se aproxima el desenlace)… y cuál no sería nuestra sorpresa al enterarnos – y así de fácil además!- que nuestro amo favorito utilizaba el mismo correo para ciertos asuntos laborales (como dejar opiniones en foros profesionales y otros descuidos) y que se trataba, ni más ni menos, de uno de los peces gordos de la empresa, y el menos turbio, en apariencia, de todos ellos: Un gordito bonachón y poco agraciado, con sus ya respetables canas, que todos apreciaban por su buen humor, sus risotadas permanentes y las golosinas que traía de regalo cada vez que salía de viaje. Un marido respetable y amante padre de familia con hijos universitarios. Una eminencia en su ámbito. Un futuro abuelito de esos que llevan a sus nietos al parque. Un redactor jefe con contactos en las altas esferas…

No es que quiera dejar una moraleja, pero al poco tiempo Amo_Falo murió. De forma inesperada y sin agonías. No tenía ninguna enfermedad chunga, nada que pudiera permitir presagiarlo. Simplemente trabajaba mucho y un día cayó fulminado en la calle. Así sin más. Y se llevó con él todas sus historias, las vividas y las sin vivir.

Sobra decir que el mundo está lleno de Amos Falos. Y de Potrillas Salvajes. No sólo al lado, también dentro de nosotros. Y más allá de que su existencia sirva como anécdota, como aliño para sazonar una jornada laboral entre tantas otras, os invito a sacar el vuestro de habitaciones oscuras y chats, a permitirle que tome un poquito el aire, que se sienta bien consigo mismo. Después no dejaremos nada, ni siquiera eso. Éste es el único momento en el que puede permitirse existir.

Yo, mujer

yo, mujerHace más tiempo del que me gustaría reconocer, en una ciudad muy muy lejana, me dirigí cierta tarde hacia el salón en el que se encontraban mis padres conversando civilizadamente (tenían el curioso hábito de ser extremadamente civilizados en aquella época) y, hecha un manojo de desconcierto e indignación, los dejé flipados al gritarles la siguiente frase: “Me siento estafada. Ustedes me estafaron. Me dijeron que hombres y mujeres éramos iguales y eso no es así. Y yo no sé qué hacer con esa realidad para la que no fui preparada”.

Hace muchísimo menos tiempo, léase unas cuantas semanas, volví a dejar a mi madre patidifusa al soltarle en medio de la calle algo así como que no me considero una persona con “conciencia de género”, y que nunca he sentido que la lucha de las mujeres sea mi lucha. Lo cual estuvo muy mal explicado, de paso. Lo que quería decir, lo que sigo diciendo, es que me siento primero integrante de la raza humana, y después del género femenino. Que me interesan más los aspectos que nos unen que los que nos separan, que mi vista está puesta más en lo que tenemos en común que en lo que nos diferencia. Que mis grandes preguntas no suelen tener un corte cromosomático. Que antes veo al otro como a un igual que como a un rival.

Sin embargo, sea ante todo, después, por encima o por debajo, soy mujer y me siento orgullosa de serlo. Y entre ambas situaciones que os cuento he recorrido un largo camino en el que esa realidad ha estado muy presente. De formas hermosas y dolorosas.

Cuando fui a reclamar a mis padres que me educaran bajo una premisa falsa (que mi género jamás me iba a frenar, ni iba a merecer o recibir menos por él, que las oportunidades eran las mismas para todos y que lo que valía era el esfuerzo, no lo que había bajo la falda de nadie) había entrado de un patadón en la vida “adulta” y tenía un hijo que, si bien fue concebido entre dos, era básicamente criado entre una… más algunos aportes solidarios de la tropa familia-amigos que finalmente fueron los que hicieron el cuento posible, pero bueno, si hay que dar las gracias no es exactamente una labor compartida, es una labor para la cual se recibe ayuda… y la diferencia, por sutil que pueda parecer, es enorme.

La cosa es que en ese  tiempo la sensación de caminar sobre el aire, sin certezas de las que agarrarme, era permanente. La vida se abría, y yo no me sentía preparada para ello. Un festín de impotencia con cubiertos y mantel.

¿Llegaremos a sentirnos preparados para lo que tenemos delante alguna vez, de cualquier manera? Quizás cuando, de una vez por todas, nos decidamos a abrazar la confusión, la falta de absolutos, como el único absoluto posible.

Yo no os puedo hablar de lo que es ser mujer, sino de lo que ha significado para mí, de algunos de los colores y formas que han ido quedando de ese trayecto que he recorrido desde el día aquel en el que sentí la necesidad de renegar de mi condición frente a mis padres (la hubiera devuelto, de haber existido oficina de reclamaciones) y mi momento actual. Lo que sí, aunque os hable desde mí, no puedo sino reconocer -finalmente!- que la “lucha de las mujeres” sí es mi lucha, aunque sólo sea porque muchas veces me ha tocado batallar desde ese lado del frente, por más que quisiera hacerme la loca y decir “yo no tengo vela en este entierro”. Porque me ha tocado pagar mi condición de tal. Porque la he maldecido tanto como la he amado pero aún así, al fin y al cabo, ni hoy ni nunca renunciaría a ella. Y si elegir pudiera, lo elegiría para la próxima existencia (de haberla, claro). Sí, ser mujer. Pese a todo lo que no brilla. Pese a lo imposible de meter en unas cuantas frases ese todo que a veces tanto ahoga…

Ser mujer es parir, donde la vida te pille, sea o no sea el momento apropiado. Con dolor, como dicen las escrituras, pero también con miedo, con retorcijones intestinales, con vergüenza, vulnerable y solitaria.

Es ser testigo, con 19 años, del deterioro del envase, de la fragilidad de la piel, de lo perenne que pueden ser algunas marcas.

Es contar cuentos sin tener ganas, e ir al parque y fingir que se persiguen mariposas cuando se piensa en pollas… Y también es pensar en mariposas y desear perseguirlas, pero con menos capacidad de elegir cuándo se hace una cosa y cuando la otra.

Es abrir las piernas más veces de las que se cierran, abrirlas forzada, sin deseo; abrirlas para el otro, para el adulto, para el médico, para el poderoso, para el que tiene una promesa que ofrecer.

Y es aprender, también, a hacerlo para mí.

Ser mujer fue en algún momento crecer mirándome las tetas en el espejo y deseando creer en un dios al que pedirle que se desarrollaran más de prisa. Fue medirme en centímetros y no en sentimientos.

Ser mujer es sentirse trascendente y después pintarse los labios de rojo. Y es saber convertir el cuerpo en masilla, tan apto para la exhibición como para el ocultamiento.

Ser mujer es darse cuenta un día de que sí, que ganas menos que tus compañeros hombres, que tú eres la estadística viviente y respirante, o lo que es otra forma de verlo, que esa estadística te ha alcanzado con sus garras y se ha quedado adherida a tus concretas carnes.

Ser mujer es cargar con los ciclos de la luna en el vientre y debatirse entre la grandeza creacional y el muy concreto coñazo que eso significa. Es aprender el arte de la renuncia oportuna cuando el deseo no calza con el momento (joda lo que joda!) y el la despreocupación cuando la oportunidad no merece ser renunciada. Y también es, de alguna manera, vivir en un  mundo de relaciones menos livianas, en el que se tiene que decidir de antemano qué peso se le da a una mera posibilidad, porque una vez que se abandona la casa sin depilar ya se ha asesinado esa posibilidad antes de que se desarrolle.

O dicho de otra manera: Ser mujer es tener que esperar muchas veces más de lo que hay. Y es tener las piernas suaves después de una noche que no salió según lo esperado, para revivir en el tacto de esas carnes lisas lo inútiles que pueden ser a veces las esperanzas.

Vale, no será la forma más profunda de terminar este post, pero seguro que más de una se siente identificada!

(Y por cierto, quiero aprovechar esta oportunidad para saludar y dedicarle este post a mi amiga Polilla, una mujer bellísima, aperrada y con un corazón de oro, ya que hoy es su cumple y la tengo muy lejitos como para darle el abrazo de oso que me gustaría…)

Perdón que me queje…

fondo ava con filtroHay momentos en los que siento que ruedo en una bola de nieve que ya es tiempo de detener. Que en mi búsqueda de experiencias interesantes y variadas, en mis permanentes intentos de amplitud a la hora de analizar -y justificar- a las personas y las situaciones se me ha ido olvidando lo simple en el camino. O más bien se me han perdido los caminos directos.

Y el problema con los otros caminos que quedan, los indirectos, es que en ellos transitan almas indirectas, que no es lo mismo que decir ricas, complejas, ni tan siquiera oscuras. No. Hablo de almas de alguna manera retorcidas, avariciosas de sí mismas, que no permiten llegar porque han borrado sus mapas y dibujado otros falsos. Evidentemente, el riesgo de perderse existe. El absurdo ofrece extrañas tentaciones a las mentes enmarañadas y ávidas.

En ocasiones quisiera resetearme, y aunque me parece que la opción de suturar la inocencia perdida como si fuera un himen no está en el menú, siempre me queda la de reconvertirme en una chica “muy chica”. De esas que pegan bofetadas de telenovela y siempre esperan ser invitadas, consentidas e incluso obedecidas en todo por el simple hecho de haber nacido con ovarios. Debe ser muy liberador no intentar reaccionar de forma evolucionada ante cada situación que la vida nos pone delante y contar con unas cuantas fórmulas estándar para ir saliendo del paso. “Si no me viene a recoger con coche y a la puerta no voy”.  “Si no me trae flores todos los domingos no se está ganando mi amor”. “Si no sé cómo conseguir lo que quiero lamo un martillo”. Lo del martillo, por cierto, sirve también para resolver discusiones peliagudas y para poner clavos. Aunque esto último seguro que ya lo sabíais…

Sé que desvarío un poco. O más bien exagero con fines autodidactas, la cosa es que nunca podré ser eso que digo ansiar, que sería la primera asqueada con el resultado. Pero veces es bueno recordar que no todo es aprendizaje. A veces el aprendizaje está en saber patalear a tiempo, en escupir directamente en el ojo del otro, y no hacerlo es simplemente una forma de transigir, pero en el mal sentido de la palabra: Poniendo lo que no se puede poner de uno mismo sobre la mesa de negociación.

No quiero más negociaciones. No quiero seguir dejándome pedacitos de Ava en el trayecto. Quiero besos, abrazos y sonrisas transparentes. Quiero sentir un latido real al otro lado de la piel que me acoge y tirar por la ventana los colgajos que van dejando los amores robotizados, igual como las chicas “muy chicas” arrojan las pertenencias del ex de turno cuando éste les toca las narices. En una de esas termino descubriendo que tirar algo por la ventana es mejor que meditar, más llano y efectivo. Voy a hacer el ensayo y os lo cuento…

Cumpleaños feliz, me deseo yo a mí…

to blow or not to blow (peq)Hoy es un día de hacer balance, y en mi caso de doble balance porque hace exactamente un año que empecé con este blog. Un año ya, qué rápido se dice…

Tendrán que saber disculpar eso sí que tome la vía fácil, que eche mano a cifras, gráficos y otros datos que dicen tanto sin decir nada en lugar de ofreceros una revisión interna, profunda y descarnada –de esas que tanto me cuestan escribir pero que tan contentita me dejan cuando le doy al botoncito de publicar- de lo que ha significado este blog para mí en su primer año de existencia: Hoy, como muchos (afortunados somos, y que poco nos damos cuenta) me reúno a celebrar Nochevieja con mi familia y amigos, por lo que no me sobra el tiempo para entregarme a sesudas reflexiones internas y actos de impudicia extrema por el bien social.

Hoy quiero decir cosas sueltas, las que me vayan saliendo, las que me surjan en estos minutos que he apartado de este día avaro para compartir con vosotros. Decir, por ejemplo, que me sigue faltando mi hermanita en nuestra mesa, mucho mucho (aunque al parecer ya no lee mi blog porque nunca contesta a estas alusiones cebollonas que hago de ella, jeje!). O que esto empezó como un proyecto para un curso que estaba haciendo de community manager, y que claramente se me fue de las manos… así que lo dejé ir y me fui con él, permitiéndole crecer más allá de lo sospechado y/o planificado, aunque a veces me asuste un poco todo lo que estoy vomitando por ahí y las consecuencias que podría tener. Pero después sacudo la cabeza y digo “bah, la vida es para vivirla, para sentirse a gusto con uno mismo, para conectar”. ¡Así que salud por eso!

No puedo evitar asimismo unos instantes de narcisismo bloguero y ofreceros un pequeño ranking de las cinco entradas más leídas este año. Se podría decir que las más antiguas juegan con ventaja, pero no es así, probablemente porque en un principio no las leía ni yo.

Total, que las entradas son:

Sobre mí (ehhh, que sois unos curiosillos!)
Mi vecina la gritona (responsabilidad casi exclusiva de Google!)
Sobre monjas pajilleras y la necesidad universal de correrse a gustito (un bulo de lo más productivo con un final para la reflexión…)
Su coño, mi coño, el de todas y todos… (recién salido del horno)
Relatos eróticos: Hambre (muy personal y en envase literario)

En cuanto a los países de procedencia de mis lectores, los más generosos en clics son (también siguiendo un orden descendente):

España
México
Chile
Estados Unidos
Argentina

Además, contaros que el blog que más visitas le ha regalado al mío es el de mi buen amigo Dark (http://silverdark.bligoo.es/), un escritor de relatos eróticos que cada tanto me hace sonrojar y que os recomiendo a ojos cerrados para entrar en calorcillo al tiempo que se descubren personajes con muchas capas y poca ropa.

Por último, compartir que este blog ronda ya las 20.000 visitas (¿Es mucho? ¿Poco? ¡Para mí es una montaña!) y que pese a los muchos suspiros agónicos y las horas de sueño que me ha robado, celebro su existencia la primera, porque sin él no estarías vosotros aquí. En mi vida, de alguna manera…

Un abrazo enorme y que tengáis una espectacular entrada en 2014!!! 😉

Ava