Porno-Wes

http://cussyeah-wesanderson.tumblr.com/Si sois relativamente angloparlantes y os gusta Wes Anderson (a mí sí, aunque reconozco que de un tiempo a esta parte me está costando distinguir una peli de otra), os dejo este corto de un tal Nacho Punch, una especie de homenaje en rollo “parodia porno” al trabajo del director texano.

No he podido conseguir mucha más info, pero el corto se titula ‘The Grand Sausage Pizza’ y, sobre la base de la típica historia chorra del repartidor de pizza dotado de un pollón que llama a la puerta en la casa de una lolita sola (amén de protuberante y deseosa), Punch echa mano a los recursos más reconocibles de Anderson (estética, tono, primeros planos, antihéroes, referencias escritas…) logrando con ello un resultado bastante aceptable… hasta me atrevería a decir que a prueba de fans!

Es cierto que de la mezcla “melancolía y libido” sale un cóctel un tanto marciano, pero los que buscáis maneras más variadas y “frescas” de entender -¡y ver!- el mundo del triple X, no os vayáis sin darle una mirada a este porno al estilo Wes… Es una chorrada, sí, pero tiene lo suyo. Además, son sólo tres minutos 🙂

PD: Piel no se ve, por si alguno se estuvo entusiasmando. Aviso, x si las flies…

(La cadencia de Anderson y los hervores de la sangre… un mix un tanto imposible!)

 

Loving Erika Lust! (o por qué creo que Erika no hace porno para mujeres)

Para los que aún no lo sabéis, Erika Lust, cuyo nombre real es Erika Hallqvist, es una ‘guiri’ (Estocolmo, 1977) afincada en Barcelona, cientista política especializada en Derechos Humanos y Feminismo, que se ha hecho conocida por revolucionar el mundo de la pornografía con una propuesta en la que prima el componente artístico y que juega con situaciones más cotidianas y reconocibles que las de una “gang bang”, por ejemplo. Ahora, pese a que su trabajo se decanta por la sugerencia antes que por la evidencia, no escatima en momentos de sexo explícito, siempre dentro de la unicidad creativa de la obra.

En un mundo hambriento de etiquetas, el trabajo de Erika –quien escribe, dirige y produce sus propios filmes- ha sido rápidamente bautizado como “porno para mujeres” o incluso “porno feminista”. Un cartel sin duda llamativo, y bastante funcional a la hora de propagar la buena nueva: Existe algo distinto a lo ya visto, algo que se contrapone al porno tradicional de gemidos plásticos y carencia argumental que tan poco atrae a las féminas. Sin embargo, es una visión con la que no concuerdo.

Primero, porque he conocido a unas cuantas congéneres consumidoras habituales del “porno de toda la vida”, por lo que si seguimos por ese camino tendríamos que rebautizarlo como “porno para casi todos los hombres y no pocas mujeres”, o algo así. Yo misma, en varias ocasiones, he visto pelis o videos (acompañada o no) que cumplieron a la perfección sus objetivos, y dudo mucho que sea una excepción a la regla.

Ahora, no es esa mi razón de peso para convertir este post en un alegato contra la percepción (a mi juicio errónea) de que Erika hace cine de género. Porque así como conozco a féminas que no tienen ningún problema en disfrutar de una sesión del clásico ‘mete-saca’ en pantalla, también podría mencionar a unos cuantos chicos que han caído rendidos ante los encantos de la directora sueca.

Es cierto que al porno tradicional, enquistado en sus propias fronteras, le iba quedando poco que ofrecer a sus espectadores. Y probablemente muchos –hombre y mujeres- han continuado consumiéndolo simplemente por no contar con una alternativa más satisfactoria. ¿Por qué entonces cuando ésta llega pretendemos limitarla a un grupo concreto? ¿Por qué damos por supuesto que la otra parte de la población humana no tiene lo que hace falta para disfrutar de un porno más sutil, evocador y con capacidad para integrar distintos elementos y crear historias? A mí, en lo personal, me parece un insulto hacia los hombres.

Por jugar con una imagen un poco burda, plantear una división así de artificial (reforzando la dañina idea de que la sexualidad es un compartimento estanco y que estamos destinados a existir en un mundo binario donde a hombres y mujeres les corresponde una lista predeterminada de características y tendencias) es como decir que el cine comercial de Hollywood es cine para tíos y el cine arte europeo es de tías porque son más “sensibles”.

¡Ay, mis benditos cromañones, qué mal se os trata a veces!

Erika Lust¿Y entonces, qué nombre le ponemos? ¿Porno para personas que disfrutan del erotismo más allá de la genitalidad? ¿Porno del siglo XXI? ¿Necesita un nombre realmente? ¿Qué tal entonces el porno de Erika? ¿No hablamos acaso del cine de Hitchcock o de Woody Allen? Pues me parece a mí que nuestra catalana adoptiva ha hecho méritos suficientes como para considerarla una precursora en su ámbito, o una “disruptora” si lo preferís (del latín dirumpo: destrozar, hacer pedazos, romper, destruir, establecer discontinuidad).

En fin, que era eso, básicamente, lo que quería decir hoy. En un principio pensé en hacer de esta entrada una oda a mi amiga Erika, y contaros por qué me encanta y me tiene rendida a sus pies. Sin embargo, hay información de sobra en Internet sobre las particulares características de su trabajo, así como unos cuantos cortos y no tan cortos (casi ninguno en Youtube eso sí, no perdáis el tiempo por ahí) como para que yo os pueda contar algo nuevo. Y claro, lo que también sobra en Internet es la etiquetita de los cojones. De ahí que me tengáis alegando cual vieja gruñona en lugar de escribir la carta abierta de amor a la Lust que inicialmente había planeado.

Aún así… QUÉ GRANDE ERES, ERIKA!!!

PD: Os dejo unos pocos links por si os interesan. El primero es de una entrevista reciente concedida a El País, el segundo os llevará a un compilado de videos en Dailymotion y el tercero es de su web oficial (en inglés).
http://elpais.com/elpais/2013/08/09/eps/1376044290_250638.html
http://www.dailymotion.com/lustfilms
http://www.erikalust.com/

Literatura y orgasmos, un cocktail de infinitos sabores

Sí, es cierto que el sexo puede ser un recurso fácil, tal vez demasiado gastado ya, pero aún así efectivo. Un polvo de oro que de cerca desluce, pero de lejos aún brilla. Y también es cierto -o al menos así se percibe, que es la forma en que más ciertas pueden ser las cosas- que hoy en día casi cualquier cosa se considera arte; total, todo depende del observador. Ahora, con el tiempo he llegado a la conclusión de que sí hay algo más vomitivo que una supuesta obra carente de contenido, o dirigida a espectadores idiotas: los discursos melifluos y recargados con los que se intenta revestir el vacío, ese gran silencio no intencionado que se cuelga al cuello el cartelito de “arte”. Qué mejor entonces que el binomio sexo y arte para levantar sospechas y ponernos en guardia.

Imagen Stoya, Hysterical LiteratureEstas reflexiones me surgieron a raíz de algunas reacciones generadas por el proyecto artístico Hysterical Literature (Literatura histérica), del fotógrafo y videoartista Clayton Cubitt. El planteamiento es sencillo: Ocho mujeres son grabadas mientras leen fragmentos de sus libros favoritos -desde La Naranja Mecánica hasta el poemario Hojas de hierba- al tiempo que son masturbadas con un vibrador. El proyecto propone al espectador una observación del placer sexual femenino sin incluir elementos pornográficos (las mujeres están desnudas de cintura para abajo, pero esa parte del cuerpo queda fuera de plano, al igual que e vibrador), explorando “la dualidad mente-cuerpo y el contraste entre cultura y sexualidad” y cuestionando “el caduco y vejatorio concepto médico victoriano de la histeria femenina”. Las mujeres tienen la opción de interrumpir la grabación antes del momento del orgasmo, volviendo a decir su nombre y el nombre del libro que leen (¿Cuántas de ellas lo hacen? ¿Cuánto lucharon contra ellas mismas para quedarse en uno u otro lado de la orilla?)

Pues bien, Stoya, la chica del primer video, es una actriz porno (“actriz erótica” según el reportaje de 20 Minutos donde encontré esta historia), algo que muchos internautas han considerado suficiente para invalidar el proyecto artístico. Es más, por este dato otros tantos suponen que el resto de las mujeres también están ligadas a la industria del porno, lo que ha generado comentarios del tipo “El recurso facilón de siempre, sexo. Que poco originales y que soez”, “Es todo una actuación” o “La chica es una actriz porno, menuda gilipollez”.

Y yo discrepo.

Si bien no considero que sea el tema fundamental, para empezar me consta que no todas las chicas son profesionales de los gemidos. Si os fijáis en la última de ellas, Margaret Cho, veréis que es una comediante, actriz y cantante estadounidense que nunca ha hecho pornografía, y que es conocida por sus monólogos de humor y su papel de asistente todoterreno en la serie actualmente en emisión “Drop dead diva”. Sí es posible que todas sean mujeres de mentalidad liberal y ligadas al ámbito artístico, ya que ofrecerse voluntaria para tener un orgasmo frente a una cámara no es cualquier cosa, pero ¿y qué? ¿Nos hablan menos esos videos de esas mujeres porque se puedan agrupar dentro de una cierta “tipología”? Por supuesto que no. Basta con ver sus lecturas.

Y ahí está el meollo del asunto: Que a mí esos videos sí me dicen algo. Sin prejuicios, sin leer antes análisis sesudos o planteamientos del artista, los vi y me rozaron, me permitieron compartir de alguna manera sus experiencias. Experiencias de laboratorio, sí, pero ese es un elemento que no estorba sino que más bien aporta, precisamente por la capacidad que tiene de descontextualizar, de volcar esa intimidad desnuda, despojada del calor del hogar, en un lienzo en blanco.

Las reacciones sexuales de estas mujeres ante el avance inminente del vibrador, la forma de soltar, ocultar o abrazar sus vergüenzas frente al espectador incorpóreo, su desnudez invisible y el visible ojo de la cámara devorando sus resistencias, los enfrentamientos internos de cada una en el momento de la redención… Todo ello a mí sí me dice algo, más allá de las sensaciones más inmediatas que me haya podido provocar (violentas, pudorosas, cómplices, incómodas): Me habla de lo que nos hermana y lo que nos hace diferentes, de la belleza de esas diferencias y de cómo, finalmente, todas y todos unimos nuestras notas en un gran y único suspiro.

Os dejo, para que podáis verlos desde aquí mismo, el primer y el último video. No subo más para que no se recargue la página. Si estáis interesados en los demás, encontraréis todas las sesiones en la web oficial, pinchando aquí.

Stoya:

Margaret Cho:

Y ya que estoy con este tema os dejo una reflexión: ¿Es la exhibición explícita del disfrute sexual pornografía? De ser así, ¿podríamos hablar de un “nuevo porno”? Y si no, ¿qué nombre darle a estas nuevas formas de narrar, al sexo como herramienta para revelar las personas que laten detrás de esos cueros lubricados y vivos, para descubrirlas más que para cubrirlas?

Por cierto, os debo un post sobre Erika Lust y su deliciosamente erótico “porno para mujeres”… ¡Todo un placer para paladares gourmet! (aunque, en mi humilde opinión, si se pusiera un pelín más intensa ya rozaría la perfección).

Porno-Ava circulando por la web

shutterstock_1394566La primera vez que “salí en la tele” tenía siete años y había ido como público a un programa infantil con mis compañeros del cole.  En ese tiempo salir en la tele era una cosa muchísimo más seria que ahora, así que me vais a permitir que considere que tuve mis 5 segundos de fama –literalmente- cuando una cámara fugaz pasó por la zona donde me encontraba y me grabó gritando y aplaudiendo. A mí ya me sobraba con la emoción de estar en un plató viendo a tanto “famoso” del jet set infantil contornearse frente a mis narices como para preocuparme de más cosas en ese momento, pero una vez terminado el sueño mi existencia se centró en esperar a que el programa fuera emitido para ver si había tenido la suerte adicional de estar entre los elegidos. Los que salen en pantalla.

Cuando me vi se me congeló la sonrisa. Ahí estaba yo, ante millones de espectadores, disfrutando de un descarado primer plano (bueno, casi) y me veía horrenda. Cachetona, con la cara inflada, los ojos bizcos y unas manos de gigante. O al menos así lo recuerdo…

Seguro que muchos conocen la experiencia. Una entrega de premios en el colegio, un evento de cierta importancia, y aparece el pariente progre o el amigo de la familia que tiene una cámara de filmar (de nuevo, algo sumamente exótico cuando yo tenía siete años) e inmortaliza el asunto. Y a la vergüenza de tener que hacer la gracia ante toda la peña se suma el momento “veamos el video”, con el abuelito emocionado hasta las lágrimas –“ay, qué linda se ve la niña”- y una deseando que se la trague la tierra. Algo parecido me ocurrió la primera vez que escuché mi voz grabada, un latigazo de vergüenza. Es como un escalofrío del alma. Esa no soy yo, pero aún así algo me han robado.

Esa sensación de desagrado no se me terminó de quitar ni siquiera después de haber pasado largas horas frente a una cámara en mis tiempos de universitaria, lo que explica que nunca me haya dado por el porno casero. Aun habiendo tenido una época –sin adjetivos calificativos- en la que me gustaba acumular proezas sexuales y le otorgaba una alta valoración a la variedad de experiencias que pudiera conseguir. Mmm, noup, no era lo mío.

Eso, claro, hasta que me lo pidió alguien que me había clavado la flecha de Cupido por cada puto rincón del cuerpo (vamos, que me tenía inmovilizada y bien cogida, en todos los sentidos), y no tardé ni tres segundos en decir que sí. “Sí, claro, yo llevo la cámara” (lo confieso, la cosa tenía que ser vista y aprobada antes de llegar a sus manos).” Qué divertido, me encanta la idea” (“aaay, las cosas que hago por ti”).

Afortunadamente la cosa no era, ni de lejos, el espanto que yo me estaba imaginando. Es verdad que a él sólo se le veía una mano (con la otra grababa) y ese obelisco que tenía por miembro (no es que me queje de esto último, aunque que saliera de cuerpo entero habría sido más equitativo), pero en lo que respecta a mi presencia, me sentí bastante satisfecha con el resultado y hasta me atrevería a decir que me molé. Ni rollos colgantes ni caras raras, nada que me impidiera darle al clic y enviar el video. Como mucho una sensación de pudor tibio que me producía cosquillas. De esas que molan.

Cuento corto, al poco tiempo de mandar el archivo el protagonista en las sombras de la historia recogió sus flechas y se piró, sin dejar ni siquiera palabras vacías. Y en una de esas desquiciantes revisiones a la lista de promesas fallidas recordé una frase que empezó a desvalorizarse y podrirse un poquito más cada vez que volvía a mí, como si fuera una marea corrosiva y mecánica lamiendo mis entrañas: “No tienes nada de que preocuparte, confía en mí”. “Jamás le mostraría esto a nadie, no sería capaz”.

Confía. ¿Cuánto vale la confianza de alguien? ¿Qué te tiene que dar el otro para confiar? ¿Es la confianza autónoma, la entrega sólo nace de uno?

Pantallazo YoutubeTotal, que la cosa terminó en tierra de nadie, y aunque no creo haber hecho nada que me hiciera merecedora de una cyber-venganza, no puedo asegurar con certeza que sea 100% imposible encontrarse por ahí en Youtube una Ava en versión porno home con los ojos vendados y una sonrisa de oreja a oreja pasándosela pipa en un hostal cutre del sur, como tampoco puedo asegurar que nadie que yo no haya invitado a mi cama haya sido testigo de mis actuaciones estelares en esos ámbitos. No es que me sicopatee con la historia ni que piense realmente que el involucrado en cuestión pudiera hacer algo así, no voy a eso, pero still… la tranquilidad no es la misma. Simplemente no existe la certeza, no hay manera de afirmar de forma rotunda que esa yo que dejó de pertenecerme en cuanto le di al click no se ha dado algún paseillo involuntario por ahí. Internet está lleno de sorpresas y da para mucho, y las personas… ¡Uf, para mucho más!

Ahora, más allá del componente anecdótico, lo que quiero decir es que para pocas chicas el permitir que las graben en un video casero de ese tipo es algo liviano. Más que un gesto simple es un regalo. Un regalo envuelto en un impulso, está bien, pero que tiene raíces mucho más profundas, y que al nacer se nutre de ese convencimiento- tonto y efímero, pero potentísimo- de que la persona a la que se le está entregando esa confianza será siempre como la percibe en ese instante su corazón. Una ofrenda que habita en un tiempo congelado y que requiere de un pacto de ignorancia, de la creencia de que aunque deje de existir la pareja siempre quedará lo que hubo, esa nobleza vista en el otro que no puede transmutar.

Dicen que la confianza es algo que nunca se puede recuperar. ¿Sabéis lo que no se puede recuperar? Un video porno que lleve tu nombre. Al menos no con seguridad absoluta. Después de todo, el copy-paste es un canalla que muchas veces no deja huellas. shutterstock_102259654

El post que os estaba debiendo… Ava y el sexo!

Tendría que haber sido éste mi primer post, pero no lo fue, porque me apetecía hablar de mi sobri. Y después se me atragantaron las ganas de hablar de la peli, dejándome fuera, en el atragantamiento, aspectos esenciales de ella, como el tema de los límites en las relaciones, si acaso está todo permitido en la cama cuando hay consentimiento mutuo y hasta dónde sería uno capaz de traspasar dichos límites por amor… Sorry for that! Mi entusiasmo inicial me lleva a escribir “en caliente”, sin borrador y sin reposar mis palabras o darles la oportunidad de cristalizar en ideas más densas e imágenes mejor logradas. Y por otra parte, siento que tengo el puño algo “enmohecido” aún, no sólo en esto de bloguear, sino en lo que respecta a la escritura creativa en general. Pero todo a su tiempo…

La cosa es que ha llegado el momento de hacer mi declaración de intenciones. Es decir, por qué coño estoy escribiendo este blog y qué pretendo con él. Como ya he dicho, y además es bastante obvio, el sexo me encanta, soy una fan empedernida, una groupie del “mete-saca”. Es saludable, ayuda a la estética, es gratis y no cuesta tanto protegerse y evitar sus peligros, sin contar con que es delicioso. Pero además me encanta hablar sobre él, aprender cosas nuevas, escuchar relatos y experiencias ajenas, contar las mías, leer, mirar, compartir. Y mis amigos dicen que se me da bien, que les gusta conversar conmigo del tema, que me sale natural. Porque no soy ni me creo una experta, aunque sí una interesada perpetua. Tengo más preguntas que respuestas al respecto, sin contar con que he tenido muchas experiencias fallidas y polvos sin orgasmos como para osar considerarme una eminencia, y además qué cuernos es ser una eminencia en semejantes y pegajosas aguas, me pregunto yo. Pero sí me creo una curranta en buscar a mi “yo gozosa” y en esto de la liberación de las ataduras (a paso de  hormiguita a veces, pero de hormiguita laboriosa al fin y al cabo) y una convencida de que relajarse, cuidarse y hacerlo sólo si uno quiere es  todo, todísimo lo que se necesita.

Cinéfila a muerte pero poco propensa al porno –no me desagrada ni nada parecido si la chica se ve a gusto, y la verdad es que suele cumplir su función primordial, pero por lo general me “chirría” tanta falta de naturalidad- creo que las películas deberían tener muchas más escenas de sexo cuando te narran la historia de una pareja. Y obviamente no me refiero al sexo chupi-guay de cuerpos iluminados y movimientos de sincronía perfecta, ni a un compendio de escenas innecesarias para vender más tickets. Me refiero al sexo que nos habla de las personas que hay detrás, y que nos permite verlas en una dimensión que suele permanecer oculta, pero que resulta primordial, que es inherente al ser humano y que por lo tanto lo enriquece (enriqueciendo asimismo el conocimiento que tenemos de los demás y, con ello, las posibilidades de “conectar” entre nosotros).

Creo también que mucha gente lo pasa mal en la cama, y eso es algo terrible. Gente que sufre y se complica con el sexo hasta el punto de volverse una actividad tortuosa. Hay tantos tabúes, ideas equivocadas, elementos asociados que no deberían estar ahí y malos entendidos que cuesta muy poco convertir algo que es una fiesta en un funeral. La sensación no me es ajena, i’ve been there… De hecho, a mayor o menor escala, dudo mucho que le sea ajena a cualquiera que me esté leyendo. Y estoy convencida de que hablar y compartir ayuda mucho más de lo que parece; a veces simplemente el reconocernos en otra experiencia  la aliviana, y otras veces abrirnos a experiencias que nos son ajenas nos regalan perspectiva. Nada me alegraría más que tener feedback en este blog, que discutáis cosas y generéis preguntas, que expreséis vuestro desacuerdo de ser el caso… ¡La invitación queda hecha! Por mi parte intentaré buscar temas interesantes para motivar. ¿Alguna idea?