Que sepas que he muerto mirándote a los ojos

Fuente: http://www.london.anglican.org/life/funerals/Mi adiós es un adiós de besos al aire.
De andenes solitarios.
Sin espectadores…

Más un adiós necesario.

Mi asfixia es hija de tus garras.
De tu ausencia.
Y yo me retuerzo bajo tus cadenas, toda mi lucidez malograda…

De nada sirven ya mis espasmos,
abandono la resistencia.

Porque la debilidad siempre es más fuerte.
Destruye toda simiente.
Y después sobra silencio.

Que sepas que he muerto para ti porque así lo has querido.
Que sepas que he muerto mirándote a los ojos.

Anuncios

Tras la ventana (y V)

KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERAAcercándose lentamente hasta ella, le puso las manos sobre los hombros y los acarició con avidez. Había algo inabarcable en el contorno de su piel, algo que se deshacía y volvía a renacer, cobrando en cada toque una forma distinta. No importaba dónde se detuviera, si en los huesos de su clavícula o en la curva de su espalda; algo de él se hundía dentro de ella, y una vez dentro era como si no pudiera volver a salir, y simplemente se adentrara cada vez más. Por un instante sintió que si seguía tocando no quedaría nada más de él, y no le pareció una mala manera de irse.

Ella asintió con una sonrisa leve y se pasó la lengua por los labios, y él tuvo la sensación de que saboreaba sus pensamientos.

La besó entonces, primero con suavidad y después con más ímpetu, concentrándose en raspar de sus labios esponjosos toda la humedad y el calor que le ofrecían. Pero sólo consiguió acrecentar su hambre. Y entonces, como si siempre hubiera conocido el camino, acercó su boca a los pezones oscuros de la mujer, que le esperaban un poco más abajo, poderosos y erguidos. Cerró los ojos y chupó, incapaz de hacer otra cosa, y sintió en seguida que lo invadía una sensación tan dulce que casi llegaba a ser insoportable. La deseaba y se ahogaba al mismo tiempo, sin poder detenerse. Ella le cogió la cara con delicadeza e hizo que la mirara.

– Tranquilo. Hay de sobra.

Quiso responderle que estaba tranquilo, pero en cuanto intentó hablar empezó a salirle leche de los labios. Se dio cuenta entonces de que por los pechos de ella corrían dos hilos blancos que bajaban hasta perderse en su vientre.  Retrocedió, sintiendo que estaba a punto de desmayarse.

– ¿Qué es esto? ¿Quién eres?

– Quien tú quieras que sea.

– ¿Eres mi madre? –le preguntó, sintiéndose inmediatamente estúpido.

– ¿Quieres que sea tu madre?

La mirada de ella se volvió felina y la voz un susurro casi inaudible, pero aún así había una carga en sus palabras, como si él pudiera palpar la tentación que le ofrecían. Por unos instantes se sintió inclinado a decir que sí, a abrir esa puerta y ver qué había detrás de ese abrazo tan ansiado. Nada podía ser peor que el vacío… Sin embargo sacudió la cabeza en señal de negación, si bien no del todo sometido a su renuncia.

– Si no lo eres en realidad, pues no. No quiero que lo seas.

– Realidad. Curiosa palabra.

La miró entonces con más cuidado. ¿Por qué estaban conversando? Tenía a una mujer hermosa y desnuda frente a él, y se encontraba a punto de embarcarse en una discusión existencialista.

Cogiéndola de la mano la llevó hasta el sofá y la tumbó allí. Había algo conmovedor en la docilidad de sus movimientos, como si de pronto se hubiera aburrido de los juegos y hubiera decidido entregarse de alguna manera, más allá de lo físico. Recostada sobre los blancos almohadones, con las piernas ligeramente abiertas, toda ella era una invitación y todo preámbulo un estorbo.

Al penetrarla supo que no había más hogar que ese, y que cualquier otro sitio tendría el sabor de la huída. Pese a que entró en ella con deferencia, una embriaguez efervescente le recorrió el cuerpo con violencia, untando una sensibilidad nueva en cada centímetro de piel viva. No había ya en él trazo alguno reconocible, todo parecía haberse fundido en un punto único, como si su cuerpo al completo fuera un enorme y burbujeante glande a punto de ebullición. Abrió la boca, pero en vez de notar cómo se liberaba su rugido lo sintió retumbar en su interior, deslizándose denso y caliente por las paredes de su garganta hasta deshacerse en su estómago.

No llegó a saber si eyaculó o no, simplemente se perdió en la totalidad de su orgasmo. Suspendido en un espacio indescriptible -¿cómo poner en palabras aquello que se encuentra  al mismo tiempo en el pico más alto de la más alta montaña y en el punto más profundo del más profundo de los océanos?-, sintió que volvía a nacer, ingrávido e inmaculado. Lo invadió un sueño profundo y se dejó acunar por sus brazos, Entonces lo supo: Nada podía herirlo, ya nada tenía forma a su alrededor. Lo único que tenía que hacer era flotar…

– Lo siento, esto no tendría que haber pasado. Se supone que hay reglas- la oyó decir, pero como si estuviera muy lejos de él. Responderle le costó un enorme esfuerzo, sólo quería dormir.

– ¿Cómo dices?

– Aún no era el momento, ella no está lista… – la escuchó decir, pero su voz ya parecía venir de otro mundo. Él alcanzó a murmurar una respuesta incomprensible, más parecida a un gemido que a otra cosa, antes de dejarse ir del todo.

pintura parto 1A la mañana siguiente no recordaría nada. Ni siquiera el golpe que tuvieron que darle -el primero de tantos- para que lograra respirar. Su madre daría a luz sin perder esa expresión de hastío que se había vuelto cada vez más frecuente en su rostro, y dejaría el hospital sin mirar atrás ni una sola vez, arrastrando su cuerpo prematuramente envejecido lejos de allí. Ese malestar en particular pronto se convertiría en un recuerdo lejano, y sólo el líquido pegajoso  brotando con desgana de sus pezones le recordaría -durante un puñado de días- lo que había dejado atrás.

 

(Nota que no sé dónde poner: Las imágenes las encontré en Internet y representan pinturas de la artista Beti Alonso. No la conozco de nada, pero me topé con su fanpage de Facebook. Por respeto a su trabajo os dejo el link: https://www.facebook.com/betialonsopintora)

 

Tras la ventana (I)
Tras la ventana (II)
Tras la ventana (III)
Tras la ventana (IV)

Para Gonzalito

Siempre he pensado que el cielo, el más algonzi hermosolá, la vida después de la vida o como la quieran llamar debe ser algo parecido a un orgasmo perpetuo. No hay pensamiento, no hay preocupaciones y todo es presente absoluto, aquí y ahora puro y duro.

Gonzalito es mi sobrino, el mismo del primer post, y murió el viernes. Cuando empecé este blog lo llamé Pablito, ya que por “política de empresa” decidí no decir nunca el nombre real de las personas de las que hablo, es un tema de respeto. Pero en esa ocasión mi madre (sí, lee mi blog!) me comentó que le habría gustado que usara su nombre. Así que ahora lo uso: Gonzalito.

Cuando digo que imagino la muerte como un orgasmo no pretendo decirlo de forma ligera, como se dicen tantas cosas. Al contrario. Creo que casi toda nuestra vida somos esclavos de la mente, y que sólo conocemos breves -muy breves- instantes de liberación total de ella, al menos los occidentales. Y esos instantes se dan sobre todo en el sexo e incluso en esas ocasiones, casi exclusivamente durante el orgasmo. Supongo que por eso los franceses lo llaman ‘la petite mort’.  Es ahí cuando todo se apaga, cuando no pensamos si lo estaremos haciendo bien, si al otro le gusta, si se nos ve o no se nos ve la celulitis, o el michelín que cuelga… Es entonces cuando todos somos igualmente hermosos, trascendentes, y conseguimos ir más allá de nuestro cuerpo y nuestra mente. Cuando somos menos humanos y más divinos.

Gonzi tenía parálisis cerebral. Un estado imposible de imaginar, porque intentar comprender la ausencia de pensamiento a través del pensamiento es un absurdo. En los 14 años que estuvo con nosotros no conoció la cárcel de la mente, pero sí conoció muy bien la del cuerpo. Un cuerpo que dolía, que se estrechaba, que le dio de todo menos placer, aunque eso no es del todo exacto, porque sus ojos se iluminaban con un beso o una caricia. Ahora es pura luz…

14 años son tan pocos, pero a la vez fueron muchos, más allá de todo pronóstico médico y expectativa. ¿Por qué se aferraba de esa manera a la vida un ser que no tenía miedo a dejarla? Sólo puedo imaginar una respuesta: Se sintió muy amado por quienes le rodeaban. Todos los días que le duró la vida.

Por lo mismo este post no es un lamento, es una forma de dar las gracias por su existencia, de celebrar el amor. También una forma de estar cerca de mi familia desde la distancia. No me canso de repetirlo, tengo la mejor familia, los amo profundamente. Tal como le dije a mi sobri en una carta que escribí para su crematorio, en eso él y yo hemos sido muy afortunados.

Pablito y el sexo

(Dedicado a mi sobrino)

Pablito

Pablito nunca ha tenido sexo. Pronto va a morir, a menos que ocurra un improbable milagro, y va a morir sin tenerlo. Pablito es mi sobrino, tiene parálisis cerebral y hace más de 14 años que mantiene un idilio terrible con la vida. Y digo idilio porque parece amarla por sobre todas las cosas, de otra manera no se explica que haya resistido tanto tiempo en ese cuerpecito tan maltratado.

Sé que puede parecer un arranque curioso para un blog sobre sexo. Podría haber esperado otro momento para comenzar esta aventura, uno más apropiado, en el que mi corazón se sintiera más liviano, más propenso a celebrar la existencia. Pero una de las cosas en las que creo profundamente es que el sexo está íntimamente relacionado con la vida, no es un elemento o un “aspecto” más de ella, es su fuente. Al igual que la muerte. Quienes somos sexuales -es decir, la gran mayoría de los seres humanos- tenemos muchas cosas que contar fuera de la cama, muchas historias; tenemos amigos, familias, esperanzas, ilusiones… que son tan’ nosotros’ como la representación que mostramos sobre las sábanas. La energía es sólo una, no se divide, sólo adopta distintas salidas, distintos flujos. Y a veces algunos se nos estancan.

Cuando pasan cosas así, cuando uno se enfrenta a la pérdida de un ser querido, alguien cercano, suele ocurrir que nos replanteamos la forma en que estamos viviendo y las cosas que tenemos, y nace en nosotros un impulso por valorarlas mejor, aprovecharlas, de alguna manera sentir la tranquilidad de que, cuando nos toque, nos vamos a ir sin remordimientos, sin cosas no dichas… sin polvos no follados. La muerte a veces tiene ese lado purificador, que nos permite -como si de un momento orgásmico se tratara- atravesar la tristeza armados de una momentánea claridad. Y la mía es la siguiente: Tengo salud, tengo piernas, tengo impulsos deliciosos y burbujeantes. Tengo gustos clásicos y exóticos, una boca con todos sus dientes, dos tetas pequeñitas pero maravillosamente funcionales, con una hipersensibilidad que ya quisieran muchas. Tengo terminaciones nerviosas repartidas por cada rincón de mi anatomía, dos manos para tocar y kilos de imaginación. Además de tantas, tantas otras cosas…

Y a partir de ahora tengo un blog! Espero que os vaya gustando.