Bcute Classic Curve: Guerrillero y cumplidor, pero mejor sin la curvita!

masajeador-bcute-classic-curveLlevaba ya varios días esperándome la cajita de marras. Haciendo guiños desde mi mesita de noche, llamándome con sus tentadoras esquinas de cartón sin abrir. Pero yo nada de nada… Sin ánimos de jugar, sumergida en mis problemas grandes de gente grande, la dejaba noche tras noche aparcada, evitando sus cantos de sirena. “Mañana sí, seguro que me apetece”, me decía antes de ir a dormir.

Nunca había tenido esa sensación, de “tener” que usar un juguetito, ni se me ocurrió pensar en ello cuando me puse a evaluar los pros y los contras de este asunto: Cuento corto, los chicos de Malicieux me preguntaron si quería participar en su campaña de reseñas, para dar a conocer los productos de su web. El mecanismo es bastante clásico a estas alturas -te envían un producto X, lo pruebas, opinas y te lo quedas- pero me dijeron algo que me encantó y que finalmente me llevó a dar el sí, y que os copio textual: “Buscamos que sea muy personal, casi como un relato, pero que cuente la verdad de la experiencia que se ha tenido al utilizarlo y de las impresiones que una ha tenido”.

Bueno pues, esas son las aguas en las que me gusta navegar 🙂

Y como os iba contando, mi primera experiencia fue sentir que qué coño hacía yo ahora con eso, si mi vida estaba hecha un caos y mis ánimos por el suelo. Así que ahí se quedó… hasta que un Whatsapp que no me esperaba derivó en una noche de hotel que tampoco… Y me llevé conmigo mi juguetito sin estrenar, el Masajeador Bcute Classic Curve que tantos días llevaba vegetando en mi casa.

Por suerte me pudo la curiosidad y abrí la caja al bajarme del metro, porque no traía pilas (una gentileza que siempre se agradece, sobre todo porque es un olvido frecuente a la hora de estrenar un juguete). Afortunadamente, en este caso no fue nada que el chino del barrio no pudiera solucionar.

También lo encontré más pequeñito de lo que parecía en la foto que había visto (11 cm de largo x 2.3 de ancho), pero en mi caso lo consideré un plus… no soy muy de usar juguetes con fines “penetrativos”, en lo personal considero que en esos ámbitos nada se compara al producto original y siempre me quedo con la sensación de que cualquier reemplazo es demasiado frío, demasiado tieso, demasiado poco palpitante como para dejarme del todo feliz. Así que, salvo que se trate de juguetes anales, los míos suelen ser pequeños y monos. Y éste, además de serlo, está hecho con un material que es una delicia al tacto, y viene en una fundita negra peluda de lo más cuca, ideal para llevar en el bolso. Todo un detallazo, he de decir. Así que ahora es mi nuevo “juguetito-pocket”, listo para salir de paseo a donde yo me lo quiera llevar.

Lo que sí, confieso que hubiera preferido la versión “no curve”, de haberla… como os decía en el párrafo anterior lo mío no es introducirme juguetes, a lo que se suma que cuando traen la curvita esa nunca sé a ciencia cierta para que lado ponerla ni donde meterla, como que no encaja bien en ninguno de mis orificios!!! Aún así mi entusiasta compañero de cama me lo metió por todos los sitos imaginables, y como esa noche estaba como una moto la sensación estuvo más que bien… como preámbulo eso sí.

Un par de días después me apeteció tener la experiencia exclusiva, “mi juguetito y yo”… Aprovechando que mi encuentro reciente me había sacado de mi letargo asexuado, y que estaba sola en casa, decidí explorar todo su potencial, y el resultado fue más satisfactorio. Para empezar, dura (es increíble lo poco que le dura la pila a algunos juguetes frente al exceso de entusiasmo, por no hablar de aquellos que mueren al segundo uso). Además, tiene una intensidad de vibración bastante interesante para un juguete de su tamaño -tampoco es una taladradora, eh?- y puede hacer maravillas al acercárselo al clítoris -de nuevo, como preámbulo-, sin contar con que es relativamente silencioso, otro elemento a considerar cuando uno comparte piso o le va el rollo callejero. Lo que sí, no esperéis sofisticaciones: No gira, no vibra de manera intermitente ni tiene distintos programas. Estamos ante un “básico”, bastante económico y funcional. Y como tal, cumple lo que promete.

Perdón que me queje…

fondo ava con filtroHay momentos en los que siento que ruedo en una bola de nieve que ya es tiempo de detener. Que en mi búsqueda de experiencias interesantes y variadas, en mis permanentes intentos de amplitud a la hora de analizar -y justificar- a las personas y las situaciones se me ha ido olvidando lo simple en el camino. O más bien se me han perdido los caminos directos.

Y el problema con los otros caminos que quedan, los indirectos, es que en ellos transitan almas indirectas, que no es lo mismo que decir ricas, complejas, ni tan siquiera oscuras. No. Hablo de almas de alguna manera retorcidas, avariciosas de sí mismas, que no permiten llegar porque han borrado sus mapas y dibujado otros falsos. Evidentemente, el riesgo de perderse existe. El absurdo ofrece extrañas tentaciones a las mentes enmarañadas y ávidas.

En ocasiones quisiera resetearme, y aunque me parece que la opción de suturar la inocencia perdida como si fuera un himen no está en el menú, siempre me queda la de reconvertirme en una chica “muy chica”. De esas que pegan bofetadas de telenovela y siempre esperan ser invitadas, consentidas e incluso obedecidas en todo por el simple hecho de haber nacido con ovarios. Debe ser muy liberador no intentar reaccionar de forma evolucionada ante cada situación que la vida nos pone delante y contar con unas cuantas fórmulas estándar para ir saliendo del paso. “Si no me viene a recoger con coche y a la puerta no voy”.  “Si no me trae flores todos los domingos no se está ganando mi amor”. “Si no sé cómo conseguir lo que quiero lamo un martillo”. Lo del martillo, por cierto, sirve también para resolver discusiones peliagudas y para poner clavos. Aunque esto último seguro que ya lo sabíais…

Sé que desvarío un poco. O más bien exagero con fines autodidactas, la cosa es que nunca podré ser eso que digo ansiar, que sería la primera asqueada con el resultado. Pero veces es bueno recordar que no todo es aprendizaje. A veces el aprendizaje está en saber patalear a tiempo, en escupir directamente en el ojo del otro, y no hacerlo es simplemente una forma de transigir, pero en el mal sentido de la palabra: Poniendo lo que no se puede poner de uno mismo sobre la mesa de negociación.

No quiero más negociaciones. No quiero seguir dejándome pedacitos de Ava en el trayecto. Quiero besos, abrazos y sonrisas transparentes. Quiero sentir un latido real al otro lado de la piel que me acoge y tirar por la ventana los colgajos que van dejando los amores robotizados, igual como las chicas “muy chicas” arrojan las pertenencias del ex de turno cuando éste les toca las narices. En una de esas termino descubriendo que tirar algo por la ventana es mejor que meditar, más llano y efectivo. Voy a hacer el ensayo y os lo cuento…

El post que os estaba debiendo… Ava y el sexo!

Tendría que haber sido éste mi primer post, pero no lo fue, porque me apetecía hablar de mi sobri. Y después se me atragantaron las ganas de hablar de la peli, dejándome fuera, en el atragantamiento, aspectos esenciales de ella, como el tema de los límites en las relaciones, si acaso está todo permitido en la cama cuando hay consentimiento mutuo y hasta dónde sería uno capaz de traspasar dichos límites por amor… Sorry for that! Mi entusiasmo inicial me lleva a escribir “en caliente”, sin borrador y sin reposar mis palabras o darles la oportunidad de cristalizar en ideas más densas e imágenes mejor logradas. Y por otra parte, siento que tengo el puño algo “enmohecido” aún, no sólo en esto de bloguear, sino en lo que respecta a la escritura creativa en general. Pero todo a su tiempo…

La cosa es que ha llegado el momento de hacer mi declaración de intenciones. Es decir, por qué coño estoy escribiendo este blog y qué pretendo con él. Como ya he dicho, y además es bastante obvio, el sexo me encanta, soy una fan empedernida, una groupie del “mete-saca”. Es saludable, ayuda a la estética, es gratis y no cuesta tanto protegerse y evitar sus peligros, sin contar con que es delicioso. Pero además me encanta hablar sobre él, aprender cosas nuevas, escuchar relatos y experiencias ajenas, contar las mías, leer, mirar, compartir. Y mis amigos dicen que se me da bien, que les gusta conversar conmigo del tema, que me sale natural. Porque no soy ni me creo una experta, aunque sí una interesada perpetua. Tengo más preguntas que respuestas al respecto, sin contar con que he tenido muchas experiencias fallidas y polvos sin orgasmos como para osar considerarme una eminencia, y además qué cuernos es ser una eminencia en semejantes y pegajosas aguas, me pregunto yo. Pero sí me creo una curranta en buscar a mi “yo gozosa” y en esto de la liberación de las ataduras (a paso de  hormiguita a veces, pero de hormiguita laboriosa al fin y al cabo) y una convencida de que relajarse, cuidarse y hacerlo sólo si uno quiere es  todo, todísimo lo que se necesita.

Cinéfila a muerte pero poco propensa al porno –no me desagrada ni nada parecido si la chica se ve a gusto, y la verdad es que suele cumplir su función primordial, pero por lo general me “chirría” tanta falta de naturalidad- creo que las películas deberían tener muchas más escenas de sexo cuando te narran la historia de una pareja. Y obviamente no me refiero al sexo chupi-guay de cuerpos iluminados y movimientos de sincronía perfecta, ni a un compendio de escenas innecesarias para vender más tickets. Me refiero al sexo que nos habla de las personas que hay detrás, y que nos permite verlas en una dimensión que suele permanecer oculta, pero que resulta primordial, que es inherente al ser humano y que por lo tanto lo enriquece (enriqueciendo asimismo el conocimiento que tenemos de los demás y, con ello, las posibilidades de “conectar” entre nosotros).

Creo también que mucha gente lo pasa mal en la cama, y eso es algo terrible. Gente que sufre y se complica con el sexo hasta el punto de volverse una actividad tortuosa. Hay tantos tabúes, ideas equivocadas, elementos asociados que no deberían estar ahí y malos entendidos que cuesta muy poco convertir algo que es una fiesta en un funeral. La sensación no me es ajena, i’ve been there… De hecho, a mayor o menor escala, dudo mucho que le sea ajena a cualquiera que me esté leyendo. Y estoy convencida de que hablar y compartir ayuda mucho más de lo que parece; a veces simplemente el reconocernos en otra experiencia  la aliviana, y otras veces abrirnos a experiencias que nos son ajenas nos regalan perspectiva. Nada me alegraría más que tener feedback en este blog, que discutáis cosas y generéis preguntas, que expreséis vuestro desacuerdo de ser el caso… ¡La invitación queda hecha! Por mi parte intentaré buscar temas interesantes para motivar. ¿Alguna idea?