Loving Erika Lust! (o por qué creo que Erika no hace porno para mujeres)

Para los que aún no lo sabéis, Erika Lust, cuyo nombre real es Erika Hallqvist, es una ‘guiri’ (Estocolmo, 1977) afincada en Barcelona, cientista política especializada en Derechos Humanos y Feminismo, que se ha hecho conocida por revolucionar el mundo de la pornografía con una propuesta en la que prima el componente artístico y que juega con situaciones más cotidianas y reconocibles que las de una “gang bang”, por ejemplo. Ahora, pese a que su trabajo se decanta por la sugerencia antes que por la evidencia, no escatima en momentos de sexo explícito, siempre dentro de la unicidad creativa de la obra.

En un mundo hambriento de etiquetas, el trabajo de Erika –quien escribe, dirige y produce sus propios filmes- ha sido rápidamente bautizado como “porno para mujeres” o incluso “porno feminista”. Un cartel sin duda llamativo, y bastante funcional a la hora de propagar la buena nueva: Existe algo distinto a lo ya visto, algo que se contrapone al porno tradicional de gemidos plásticos y carencia argumental que tan poco atrae a las féminas. Sin embargo, es una visión con la que no concuerdo.

Primero, porque he conocido a unas cuantas congéneres consumidoras habituales del “porno de toda la vida”, por lo que si seguimos por ese camino tendríamos que rebautizarlo como “porno para casi todos los hombres y no pocas mujeres”, o algo así. Yo misma, en varias ocasiones, he visto pelis o videos (acompañada o no) que cumplieron a la perfección sus objetivos, y dudo mucho que sea una excepción a la regla.

Ahora, no es esa mi razón de peso para convertir este post en un alegato contra la percepción (a mi juicio errónea) de que Erika hace cine de género. Porque así como conozco a féminas que no tienen ningún problema en disfrutar de una sesión del clásico ‘mete-saca’ en pantalla, también podría mencionar a unos cuantos chicos que han caído rendidos ante los encantos de la directora sueca.

Es cierto que al porno tradicional, enquistado en sus propias fronteras, le iba quedando poco que ofrecer a sus espectadores. Y probablemente muchos –hombre y mujeres- han continuado consumiéndolo simplemente por no contar con una alternativa más satisfactoria. ¿Por qué entonces cuando ésta llega pretendemos limitarla a un grupo concreto? ¿Por qué damos por supuesto que la otra parte de la población humana no tiene lo que hace falta para disfrutar de un porno más sutil, evocador y con capacidad para integrar distintos elementos y crear historias? A mí, en lo personal, me parece un insulto hacia los hombres.

Por jugar con una imagen un poco burda, plantear una división así de artificial (reforzando la dañina idea de que la sexualidad es un compartimento estanco y que estamos destinados a existir en un mundo binario donde a hombres y mujeres les corresponde una lista predeterminada de características y tendencias) es como decir que el cine comercial de Hollywood es cine para tíos y el cine arte europeo es de tías porque son más “sensibles”.

¡Ay, mis benditos cromañones, qué mal se os trata a veces!

Erika Lust¿Y entonces, qué nombre le ponemos? ¿Porno para personas que disfrutan del erotismo más allá de la genitalidad? ¿Porno del siglo XXI? ¿Necesita un nombre realmente? ¿Qué tal entonces el porno de Erika? ¿No hablamos acaso del cine de Hitchcock o de Woody Allen? Pues me parece a mí que nuestra catalana adoptiva ha hecho méritos suficientes como para considerarla una precursora en su ámbito, o una “disruptora” si lo preferís (del latín dirumpo: destrozar, hacer pedazos, romper, destruir, establecer discontinuidad).

En fin, que era eso, básicamente, lo que quería decir hoy. En un principio pensé en hacer de esta entrada una oda a mi amiga Erika, y contaros por qué me encanta y me tiene rendida a sus pies. Sin embargo, hay información de sobra en Internet sobre las particulares características de su trabajo, así como unos cuantos cortos y no tan cortos (casi ninguno en Youtube eso sí, no perdáis el tiempo por ahí) como para que yo os pueda contar algo nuevo. Y claro, lo que también sobra en Internet es la etiquetita de los cojones. De ahí que me tengáis alegando cual vieja gruñona en lugar de escribir la carta abierta de amor a la Lust que inicialmente había planeado.

Aún así… QUÉ GRANDE ERES, ERIKA!!!

PD: Os dejo unos pocos links por si os interesan. El primero es de una entrevista reciente concedida a El País, el segundo os llevará a un compilado de videos en Dailymotion y el tercero es de su web oficial (en inglés).
http://elpais.com/elpais/2013/08/09/eps/1376044290_250638.html
http://www.dailymotion.com/lustfilms
http://www.erikalust.com/

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Relatos eróticos: Hambre

Hambre

sexo, parejaConserva en sus entrañas la misma urgencia de tiempos vividos, y es lo primero que pone a sus pies, como un regalo. Está más delgado, ajado por el paso de los años, pero ella apenas alcanza a registrar esa información, porque nada más verla se le arroja encima como un animal hambriento, devastando sus defensas con el acero de su mirada y la bravura de sus besos. Ni siquiera abandonan el pasillo. Él le arranca la ropa y ella se deja. Le exprime los pechos como si quisiera robarle alguna verdad, los lame con lengua rasposa. Ella deja ir la piel que la recubre y gime una confesión que él no puede entender, mientras su cerebro flamea en pequeñas explosiones de dolor aterciopelado. La gira y la recuesta sobre el piso. Le hunde las uñas en la piel y recorre su espalda de arriba hacia abajo, marcando su piel nívea con cuatro estelas enrojecidas. Pasajera de sus dedos, ella siente que transita por los caminos del alma. Él le besa las marcas con una suavidad inesperada, descendiendo lentamente por su dorso. Pero es una tregua efímera. Al llegar abajo le explora los glúteos a bocados, con mordiscos agudos que se expanden en ondas oscuras por su cuerpo. Con una mano le atenaza las muñecas, mientras devora la entrada de su ano emitiendo quejidos de bestia enjaulada, con la saliva caliente burbujeando entre sus labios. El tiempo se acelera. La penetra desde atrás con la mano, la hurga hasta que siente su derrota. Vuelve a girarla, para contemplar su trofeo de carne, la vida que late esponjosa entre sus piernas. Se las abre con un movimiento inapelable y manteniendo sus muslos prisioneros bebe de ella con una sed antigua, sometiéndola con la precisión vehemente de su lengua. A ella le crecen alas hacia dentro. Se hunde en su fango de éxtasis, encharcada hasta los huesos de él. Se retuerce. Él levanta la cabeza y sonríe. De una sola embestida entra, hasta el fondo, y con cada movimiento invoca una nueva marea. Le comprime la garganta con una mano y con la otra vuelve a coger sus muñecas. La observa sin dejar de moverse. Afloja la presión. Frente a frente se respiran. Él no puede ser más él: Los ojos entornados, los dientes apretados, los movimientos férreos. Ella no puede ser más ella y grita prisionera de su propia lucidez – ¡Me partes en dos, me partes en dos! – mientras él la abofetea y la besa.

Un striptease, por favor

<a href="http://www.flickr.com/photos/14903578@N06/3906664713/">Tyler Durdan_</a> via <a href="http://compfight.com">Compfight</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.0/">cc</a> Me pasa por no ir directo al grano. Por buscarle la “quinta pata al gato”, como decía la Elenita cuando yo era niña. Sabia ella, también decía mucho eso de “el que busca siempre encuentra”, una frase de lo más apropiada para el asunto que me traigo entre manos.

Hace algunos días, estando en la cama con un chico con el que últimamente me ha dado por irme a la cama (¡y a la ducha, y al sofá y a donde toque!), le solté la clásica pregunta de qué le gustaba en el sexo, para yo poder darle en el gusto. Confieso que al hacerlo no me movía tanto el altruismo erótico como el deseo de que me devolviera la pregunta y así poder plantearle un par de cosillas que me estaban apeteciendo. Sé que la cosa directa puede ser más funcional, pero tal como comentaba en el post anterior eso no siempre es tan fácil, por más disposición que haya, y al no sentirme muy segura del terreno que pisaba elegí ese recoveco por camino. “Total –pensé-, qué le puede apetecer que a mí no me guste. No es de los más hardcore, así que dudo que me salga con que se pone como una moto estrangulando mujeres hasta el éxtasis o que le va la lluvia dorada”.

– Me gustan los stripteases-, fue la automática respuesta.

Me quedé frita, como dicen mis amigos los Chamos. Veamos, yo estaba de lo más dispuesta a lanzarme a la aventura, pero no me esperaba eso. Probablemente porque nunca me había tocado. O sea, en esas lides soy una virginal y cándida doncella, jamás nadie ha perforado mi himen “striptisero”. Pese a ello puse mi mejor expresión de gata en celo, solté un par de mmmms para sugerir que la idea me parecía fascinante y aparqué las preocupaciones para más tarde. Total, todo es ponerse, dicen por ahí. Además, siempre se puede sacar un post de la experiencia 😉

 Paso 1: Elegir la canción.

No sirve cualquiera, sobra decirlo. Descartada de entrada la típica de Kim Bassinger en Nueve Semanas y Media, demasiado presente en el imaginario colectivo como para no sentirme una imitación barata de la rubia soñada de los 90 en versión Pocahontas trasnochada. Descartadas también aquellas demasiado “punchi-punchi” o que por su ritmo trepidante requieran excesivas demostraciones gimnásticas. No me salían ni en el colegio y me van a salir ahora, chorrocientos años después, pfff. Además, nada menos sexy que un baile erótico que termine con un batacazo y una pierna torcida. Finalmente, se caen de la lista las demasiado lentas ya que tienden a generar movimientos de culebra que no llevan a ninguna parte, sin contar con que no son las más aptas para el momento estrella de “me abro la camisa con fanfarria y lo dejo flipando”.

By Exey Panteleev (Flickr: Striptease) [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons

Paso 2: Elegir la ropa.

Los taconazos se ven muy bonitos en la tele, pero a menos que exista un hábito de uso se recomienda evitar alturas excesivas, sobre todo si no se cuenta con un caño de dónde agarrarse cuando una se ha puesto demasiado entusiasmo en un movimiento. La idea es verse sexy, no tambaleante y ridícula. Por razones lógicas quedan también prohibidas las bragas de abuelita, los sujetadores porfiados, las medias que estrangulan el michelín (rollito), las camisetas cerradas, los pantalones que te van a hacer saltar en un pie cuando te los estás sacando y los calcetines de futbolista. Se recomienda una camisa con botones de clip, falda o pantalón corto que se quite fácil, sujetador con cierre delantero y algún elemento para jugar, como una corbata. O mejor un sombrero, accesorio sumamente útil cuando se quiere retrasar más aún el momento de destapar las “sorpresas” del cuerpo humano. Porque al fin y al cabo en eso consiste el tema, ¿no? En demorar el festín y hacer sentir al otro que nunca ha visto lo que tantas veces ha visto, que tiene que esperar para tocar, que tiene un regalo sin abrir, nuevito y sólo para él, ahí esperando. Y claro, hacerlo sentirse deseado, muy deseado.

Paso 3: Elegir una cara de guarra

Siguiendo con la idea anterior, mientras más cara de guarra pongas, mejor, del tipo “esto es todo para ti papi, porque me tienes como una moto”. Y si se pueden lograr distintas versiones de la expresión, tanto mejor. O sea, y a mi parecer, ahí está el meollo del asunto, véndele eso y casi que va a dar igual cómo bailes… Siempre y cuando, insisto, el show no termine con un costalazo magistral y la bailarina toda despatarrada en el suelo. Porque si puede haber algo peor que caerse en medio de una performance de ese tipo es caerse frente al galán con cara de porno-star. Uf, papelón…

Paso 4: Ensayar frente al espejo.

Parece fácil, pero también aquí hay que tener en cuenta ciertas recomendaciones:

– No hay que documentarse de forma excesiva. Demasiadas imágenes de Jessica Alba o Demi Moore calentando la temperatura pueden terminar afectando la autoestima, sobre todo si se pertenece a la inmensa mayoría de los “normalitos”. Si tampoco se sale ganando en agilidad, la comparación definitivamente no será favorable. Mejor coger unas pocas ideas y apelar a la capacidad de innovación.

– Hay que tener cierto sentido del ridículo y estar dispuesta a no sentirse perturbada al ser una misma la destinataria de las caras de guarra mencionadas en el paso 4. Sonreír ayuda, si la del espejo te sonríe y se lo está pasando bien, tú también!

– Evitar las luces excesivas y los focos delatores.

– Elegir un momento apropiado. Empezar las contorsiones cinco minutos antes de que tu hijo llegue del cole o cuando has tenido un día de los mil demonios no parece lo más recomendable.

– Un poquito de por favor: Vale que nadie más está mirando, pero una depiladita básica puede evitar que una se auto-mate las pasiones en el camino.

– Un consejillo final, no nacido de mi experiencia directa pero casi: Si lo suyo no es el equilibrio y no tiene el espejo fijado a la pared… guarde las distancias!!! No importa lo hot que se esté encontando en ese momento, un exceso de entusiamo no vale siete años de mal sexo…