Guía lésbica para comer coños

Terminamos con este post la “trilogía”, esperando haber contribuido en algo a la profunda necesidad de conocimiento del ser humano. ¡Que los disfrutéis! Ava.

La habitación prohibida

El Orgullo Gay se acerca, y después de los dos post anteriores, de como comer pollas y como comer un coño no podía dejar pasar esta perlita escrita por una lesbiana, que sabe lo que se dice, para la revista Vice y simplifica en 3 simples pasos las claves de como comer un coño (los chicos 9 pasos y 3 anexos… no digo más). Espero que lo disfrutéis y si es en compañía mejor 😉

1) Tú eres la jefa

Cuando vi mi primera vagina, a parte de la mía, claro, flipé. En realidad, una vagina no es algo muy bonito, y ahí abajo pasan un montón de cosas. Tuve que hacer un verdadero esfuerzo mental, personal y físico (como dolor de cervicales, quedarme dormida mientras lo hacía, matarme haciéndolo y querer llorar cuando ves que a la persona le está costando la vida correrse) para hacerlo como es debido…

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Como comer un coño

Y seguimos con La Habitación Prohibida, esta vez para adentrarnos en las técnicas de un buen cunnilingus… Bueno, este post tiene un tono un poco más “rancio” y que me gusta menos, pero pensé que valía la pena compartirlo porque tiene cosas para no perderse. Como aquello de que “si dos manos caen súbitamente del cielo y empiezan a levantarte, significa que te han echado de la partida. Te dirá que nunca se corre con el sexo oral, pero lo que realmente pasa es que chupas por chupar. Dile, de buena forma, que lo entiendes y analízalo todo”. Pues sí…

La habitación prohibida

Si ayer os dejaba con una completa y graciosa guía para comer pollas, gentileza de la revista Vice, no iba a dejar de lado la réplica para los coños. A si que os dejo una guía destinada a que los chicos aprendan a comérnoslo bien, os recomiendo que la leáis, tiene una visión algo machista a veces, aunque creo que eso es para empatizar con el lector y que no se crea que es una clase de ciencias, pero seguro que os echáis unas risas y quien sabe, quizás alguien pueda aprender algo…

Y si pasas de la versión masculina puedes visitar el post de la Guía lésbica para comer coños, también de la revista Vice.

Sacado del archivo: Guía Vice para comer coños

1. NO TE ARRASTRES
No bajes al pilón al menos que ya estés abajo. Al contrario que una felación, un cunnilingus no…

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Mi primer rechazo lésbico

Verde erotico > Hiremio(Santa Olaya) Garcia Calveiro. http://www.artelista.com/obra/7034208966624258-verdeerotico.htmlHace poco me escribió una chica mexicana, a través del formulario de contacto, para (entre otras cosas) preguntarme “si alguna vez habrá por allí entre tus fantasías, vivencias e imaginación algo entre mujeres”. Y eso me hizo recordar una historia de aquellas que supuestamente no tuvieron mayor trascendencia, pero que cada tanto vienen y rasguñan una pequeña parte de nosotros, para recordarnos que de alguna manera siguen vivas, que por alguna razón se quedaron ahí, pendiendo de los caprichosos hilos de nuestro subconsciente.

Ocurrió en Madrid hace algunos años, de la manera en la que suelen salir mejor estas cosas: sin mayor planificación ni parafernalia. Yo andaba de fiestecilla con un colega que recientemente había terminado una larga relación de pareja y se encontraba en pleno proceso de centrifugado existencial y nos juntamos con mi amiga Manzanita, una chica de apariencia juiciosa y tranquila que en ese entonces era compañera mía de trabajo en una tienda de artículos de piel. Manzanita andaba con el Juanes, un chico colombiano que suplía su falta de altura y atributos físicos con un encanto y una seguridad arrolladores, y la novia canadiense de éste último, una chica pequeña y delgada que cumplía con todos o casi todos los elementos del estereotipo gringo: muy rubia, muy mona, con los ojos muy azules y la sangre lista para salir disparada hacia su cabeza al primer apuro, además de una cara permanente de no estarse enterando de nada.

La cosa es que, aburridos de bailar y aplanar las calles de la ciudad en busca de garitos, decidimos irnos todos a la casa del Juanes a terminar la partusa. Una vez allí, tras unos momentos de relax en el salón, copitas y algún que otro diálogo intrascendente, la pareja anfitriona desapareció de la escena. Pasado un rato razonable, y en vista de que la fiesta languidecía, enviamos a Manzanita a averiguar qué ocurría, mientras nosotros nos entreteníamos encendiendo motores en el sofá. Cuál no sería mi sorpresa al ver aparecer en el marco de la puerta a los pocos minutos a mi recatada amiga, la misma con la que había compartido interminables horas de sopor laboral sin haberla oído nunca soltar un taco, enfundada en una miniatura de satén negro y con una sonrisa de oreja a oreja. “Te tengo una invitación”, me dijo, y tomándome de la mano me llevó a la habitación del Juanes.

Bastante desconcertada, pero dispuesta a añadir nuevas experiencias a mi catálogo particular, la seguí. Sobre la cama me esperaban el Juanes y su novia, también en paños menores y ya comenzando el proceso de combustión. Al verme entrar el Juanes me tendió una mano a modo de convocatoria, y yo, aún confundida, me giré hacia mi amiga. “No te preocupes, yo sólo quiero mirar”, fue su respuesta, y con eso me terminé de pegar el ‘alcachofazo’, como decimos en mis tierras. Uno nunca deja de conocer a la gente.

Podría llenar un par de páginas con todo lo que sentí en ese momento –nunca me había visto en una situación así, nunca había hecho nada con una chica, la novedad me atraía pero a la vez me acojonaba, pensaba que no sería capaz de dar la talla, y mucho, muchísimo menos de hacer un cunnilingus, por mencionar algunas de las cosas que se me vinieron encima- pero en resumen diré que cogí todo eso y me lo metí al bolsillo, dispuesta a pasar por encima de todo lo que no fuera sensación pura y dura, lista para dejarme llevar y dar un salto de fe. No recuerdo que haya sido liviano –no soy de la generación del ‘todos con todos’, lo mío ha sido un proceso más bien personal– pero sí rápido. Al fin y al cabo, la mejor manera de tirarse a la piscina es de piquero, eso de meter la patita poco a poco suele terminar en deserción.

Total, que me acerqué a ellos, puse mi mano en el hombro de la chica, a la que sentí temblar, (¿Manzanita sigue aquí? Dios mío, qué corte. ¡Qué carajo hace aquí Manzanita!), y comencé a acariciarla lentamente, mientras el Juanes me besaba. Al poco rato se salió del encuadre, y con suavidad empujó nuestros cuerpos para ayudarlos a acercarse más. Empezamos a besarnos y entonces el desconcierto se inyectó en mi cuerpo como una revelación: Pequeño. Todo es más pequeño.

Más pequeño, más suave, distinto. Tanto que el acto comenzó a revestirse con la mística de lo inexplorado, la carga de lo nuevo. Estaba a punto de desprenderme como una fruta del árbol de lo consciente, de traspasar ese umbral en el que dejas de poseer la escena para entregarte a ella (Manzanita ya no era una luz fosforescente y perturbadora, era parte del paisaje, necesaria incluso. ¡Manzanita tenía que estar ahí!), cuando sentí que me sacaban del cuadro unas manos sobre mi pecho. No mis pechos, que eso habría sido otra historia…

Al abrir los ojos me encontré con una canadiense sofocada y a punto de llanto, meneando la cabeza y repitiendo “no puedo, no puedo”, mientras le regalaba a su novio unas conmovedoras miradas de “por favor no me dejes por no haber sido lo suficientemente lesbi para ti”. A mí también me dedicó un par de ellas, fugaces y a su pesar, que decían algo así como “Uf, no, qué asquito” y “perdona el mal rato”. Acto seguido desapareció para no volver.

Y bueno, hasta aquí llegó la historia, aunque en realidad no. Digamos que al no poder cumplir con una de las fantasías arquetípicas del género humano, decidí aprovechar lo que la vida sí me estaba dando y cumplir otra. Pero eso, amigos míos, es carne de otro post. Para terminar, sólo compartir que una parte de mí se sintió aliviada, otra decepcionada y la tercera –pero no la última- rechazada. Porque, al fin y al cabo, un rechazo es un rechazo, y si ocurre en la cama siempre deja una pequeña herida en el alma, por más matizada por las circunstancias que esté. Sé que no fue personal, y entendámonos, no es que ande traumatizada ni mucho menos, pero… ¿de qué otra manera pueden ser las cosas entre las sábanas además de personales?

¡Ah! Y este post está dedicado a Lulú, la chica mexicana que me mandó un mensaje y me inspiró para escribirlo. Mis agradecimientos para ella y para todos aquellos amigos –presenciales o virtuales- que con sus aportes, preguntas, sugerencias, comentarios y visitas enriquecen este blog.

El día en que Michael Douglas abrió la boca

shutterstock_140828491El tema está en boca de todos, y nunca mejor dicho. Nuestro ex adicto al sexo favorito, el actor Michael Douglas, se convirtió sin pretenderlo en paladín de las brigadas anti-riesgo sexual al “confesar” hace un par de días al diario británico The Guardian que el cáncer de garganta que padeció fue provocado por el virus del papiloma humano, es decir, que fue adquirido a través del sexo oral. Al instante, ardieron las redes sociales (cada vez más proclives a combustionar ante los temas más variopintos, todo hay que decirlo), y mientras algunos celebraron la valentía de Douglas para poner el tema en la palestra y aportar con su mediática influencia a la visibilidad de un debate necesario, otros se escandalizaron por la facilidad con que ofrecía conclusiones médicas a un asunto más complejo de lo que aparenta. Su representante, como era de esperar, salió a decir que en realidad no dijo lo que dijo, que él sólo estaba alertando de los riesgos en general, rollo “servicio de utilidad pública”, pero que nunca afirmó que su cáncer en concreto fuera causado por el papiloma. The Guardian por su parte, para curarse en salud, colgó en su web el audio con la entrevista completa al actor, en la que puede oirse la siguiente frase cuando se le pregunta sobre su cáncer de garganta: “Sin querer ser demasiado específico, este cáncer particular es causado por el VPH (virus de papiloma humano), que de hecho viene del cunnilingus”.

¿Lo dijo, no lo dijo? Poco importa en realidad…

Lo que importa es el cunnilingus sí puede causar cáncer de garganta, aunque no sea en ningún caso su causa más probable (el tabaco y el alcohol ganan por goleada). Lo que importa es que el sexo oral, para ser libre de riesgos, debería evitar el contacto directo entre la boca y el órgano sexual (o sea, hablamos de comerse una polla con preservativo o un coño forrado en papel de plástico, para que nos vamos a andar con eufemismos). Lo que importa es que el virus del papiloma humano, entre otras ‘delicias’, se puede contagiar incluso cuando se utiliza preservativo de forma regular. Lo que importa es que un condón mal puesto, e incluso uno bien puesto, puede derivar en un embarazo no deseado. Lo que importa es que encontrarse en medio de un calentón de antología y no tener protección a mano puede traer consecuencias de por vida. Lo que importa es que no se puede meter un dedo en el culo y después meterlo en otro sitio sin habérselo lavado (y quien dice un dedo dice otras cosas). Lo que importa es que hasta dando un beso nos podemos contagiar alguna mierda rara. Lo que importa es que el sexo anal a lo bestia puede terminar en fisura. Y no sigo porque no me quiero deprimir.

El tema, al fin y al cabo, es que el sexo está lleno de peligros, y mirar para el lado no soluciona nada. Ahora, tampoco sirve desquiciarse con el asunto, después de todo la única opción absolutamente segura es la abstinencia, y si se piensa bien ni tanto, ya que entonces uno anda de mala leche, se deprime, no segrega todas las cosas espectaculares que se segregan durante el sexo, le bajan las defensas y se va al hoyo de todas maneras…

La conclusión, por obvia que sea, la dejo igual. Al final está en cada uno ver hasta qué punto está dispuesto a llegar, que riesgos corre y cuáles no y si le vale la pena lo que recibe a cambio. Podemos encontrar ejemplos extremos y deplorables en el mundo del porno, que paga mucho mejor a los actores dispuestos a rodar sin condón que a los escrupulosos (son los mineros del sexo, trabajadores cuyos salarios se incrementan de forma directamente proporcional a la inseguridad de la mina). En lo personal, cuando se trata de echar un polvo soy una talibana del método profiláctico, pero a la hora de entrar en asuntos bucales que no me vengan con chorradas. O sea, ya puede venir el mismísimo Michael Douglas a tocarme la puerta y decirme que por la boca muere el pez, que yo no renuncio al gustito de sentir una piel calentita y palpitante bajo mis labios. Así es la vida, con sus putadas y sus absurdos. De cualquier manera, lo comido y lo chupado no me lo quita nadie…