Hay un smartphone entre mis sábanas…

pantallazo durexHace algunas semanas llegó a mi curro un correo de Durex, con el link a un “emotivo” video (yo más bien diría cebollón) que supuestamente revelaría una “esperada tecnología para smartphones que podría cambiar para siempre nuestra vida sexual”.

El video en sí, con su respuesta iluminadora al final del mismo (totalmente predecible por lo demás), no me interesa mayormente, pero sí quería compartir con vosotros algunos de los datos de un estudio de la Universidad de Durham que se ha lanzado junto con la campaña de Durex, porque si bien no me sorprenden, no por ello dejan de resultar alarmantes. Eso sí, hay algunas salvedades que es preciso mencionar, como que sólo se entrevistó –en profundidad- a 30 personas, todas ellas viviendo en Inglaterra (un país no precisamente conocido por las pasiones desatadas de sus habitantes) y que en todos los casos se trataba de relaciones de, al menos, un año. Ahora, para liarla un poco más con los datos, yo agregaría que Inglaterra tampoco es de los países con mayor penetración de dispositivos móviles en su entorno (en Europa España gana por goleada de hecho), por lo que la situación puede ser más preocupante en otros sitios. Aunque para pajas fronterizas ya tenemos a nuestros queridos políticos…

En fin, hechas ya las aclaraciones pertinentes, lo que el documento revela, o mejor dicho pone en cifras, es que “el uso generalizado de la tecnología está impactando seriamente a la frecuencia con la que tenemos relaciones sexuales, incluso llegando a cortar el coito y causando tensión en las relaciones”.

Los investigadores del Centre for Sex, Gender and Sexualities de Durham revelaron que el 40% de los encuestados han pospuesto la práctica sexual a causa de la tecnología, principalmente por el uso de smartphones y tablets. Otros, en cambio, comentaron que intentan ir deprisa durante el acto sexual para poder tener tiempo de responder a los mensajes de sus smartphones. Además, un tercio de las parejas entrevistadas admitió que han interrumpido su relación sexual para contestar al teléfono.

Para Mark McCormack, co-director del Centre for Sex, Gender and Sexualities en la Universidad de Durham, “la tecnología ha revolucionado nuestras vidas y los smartphones son ahora esenciales para la organización de nuestras relaciones íntimas, tanto para el inicio de éstas como para mantener el amor y el afecto cuando las parejas están separadas”, pero “lo que revela este estudio, y refleja el vídeo, es que actualmente la tecnología consume nuestras relaciones en un nivel mucho más profundo. Se ha adentrado en el dormitorio en más formas de las que imaginamos, a menudo con beneficios, pero también con desventajas para las relaciones que pueden ser potencialmente graves, ya que pueden causar frustración y tensión, e inmiscuirse en la actividad sexual”.

Y para los que buscáis una especie de conclusión, os dejo las palabras de Ukonwa Ojo, Head of Global Brand Equity en Durex: “Teniendo en cuenta que la tecnología juega un papel muy importante en nuestras vidas y relaciones, empezamos a explorar cómo podría utilizarse de una forma positiva para mejorar nuestras vidas sexuales; pero al hacerlo, descubrimos que la respuesta más efectiva era la más simple. Después de consultar a un gran número de expertos, realizar el estudio académico y llevar a cabo largas entrevistas cualitativas, la solución resultó ser simple: debemos desconectar para volver a conectar”.

Algunas citas de las entrevistas de Durham

“Cuando él se compró el primer iPhone, yo solía llamarle la tercera persona de nuestro matrimonio y la odiaba con pasión, solía sentarse entre nosotros, en realidad, no me gustaba… se ha convertido en un tercer brazo para muchas personas”.

“A veces estoy en Facebook y él en una aplicación deportiva mientras estamos en la cama; nos damos cuenta que, literalmente, estamos sentados juntos, pero vivimos en mundos distintos”.

“Puede que quiera sexo y él no se de cuenta de esto, porque él está distraído con su teléfono”.

“En los últimos meses, he tratado de prohibirle usar el teléfono en el dormitorio. Ahora estamos intentando usar el dormitorio solo para dormir y tener sexo”.

“Ella ama la tecnología, no voy a mentir, ella ama a su teléfono. A veces parece que tengo una relación con ella y su teléfono, ella ama a su teléfono y nunca se aleja de él”.

“Yo no he pospuesto la práctica sexual, he fingido un orgasmo para acelerarla y volver al trabajo”.

El estudio se elaboró en febrero de este año. Los participantes tenían entre 18 y 55. Todos eran heterosexuales y formaban una diversidad constitutiva en términos de clase, etnia, edad y nivel educativo. El informe completo se puede encontrar aquí (en inglés): http://dro.dur.ac.uk/14770/

También os dejo un enlace al video, para los que estéis interesados 🙂

Relatos eróticos para concursar

concurso dolce lovePara qué andamos con cosas. La gran mayoría de los lectores de blogs escribimos en blogs (no sé como coño aterriza el resto de la peña en estas páginas perdidas, pero ese ya es otro tema). O sea, que somos una tribu a la que le encanta teclear, y en este mundillo aún más particular de los blogs de sexo lo que se estila es “hacerle al relato erótico”. Yo la primera, claro.

Por eso, a falta de un post “de los míos” (la escasez de tiempo repercute directamente en mi capacidad creativa, vaya novedad) paso a ofreceros otro lapsus informativo, que estoy segura de que interesará a más de uno: un concurso de relatos eróticos.

El concurso es de Dolce Love, la misma empresa que está buscando asesoras de Tuppersex (si os interesa el tema, leer el post anterior, Dolce Love ‘calling‘) y va por su segunda edición. El premio no es para infartarse, 150 euros y la publicación del relato erótico en el Blog de la Doctora Miss Love, pero ya que haya vil metal de por medio es bastante para los tiempos que corren, y francamente… al final lo que más nos gusta es que nos lean!!! De hecho yo ya tengo un par de ideas para participar. Si consigo que me salga un relato digno lo compartiré con vosotros, aunque una vez finalizado el concurso, ya que el asunto tiene que ser inédito (haberlo sabido antes, puf!).

Los textos deben tener entre 300 y 3.000 palabras y pueden presentarse desde ya y hasta el 30 de noviembre, tiempo en el que, al recibo de cada uno de los relatos, se subirán a la red social de Facebook para que los seguidores de la marca puedan votar sus relatos eróticos favoritos y así salgan los finalistas del concurso.

Una vez finalizado el plazo se dejará un mes más (hasta el 31 de diciembre) para las votaciones, a fin de que todos tengan oportunidad de promocionar su relato y de conseguir que la gente lo lea. Tras ese tiempo, los doce relatos eróticos más votados pasarán a la final, y un jurado, compuesto por Venus O’Hara y la dirección de Dolce Love elegirá el relato ganador haciéndolo público el 15 de enero.

Eso sería. Si no sabéis por dónde empezar a tirar del hilo, aquí os copio unos ‘tips’ de Angie, responsable del concurso: “Tened en cuenta que la originalidad hará que vuestro relato sea más votado, así como la forma en que lo promocionéis vosotros”.

Bueno, creo que no me dejo nada en el tintero… salvo mi relato, jijiji, y por supuesto un link a las bases! 🙂

Mucha suerte, mis queridos competidores!!!

 

Periódicos viejos, tiempo de lectura y solidaridad pro aborto

pescados-envueltosDicen algunos que el periódico del día anterior sólo sirve para envolver pescado. Discrepo, y no sólo porque me encante discrepar…

Me gusta comprar el diario todos domingos. Cuando lo hago a veces recuerdo a mi abuelo, que lo compraba siempre, y no uno, sino que dos, para estar informado desde perspectivas distintas. Aunque claro, mi principal motivación es bastante práctica (que no productiva, os lo puedo asegurar): Mirar curros, a ver si por ahí salta la liebre y puedo abandonar a los crápulas explotadores que me exprimen actualmente.

Ahora, una vez visto el tema laboral (acto que suele destacar por su brevedad), muchas veces el diario se queda sin leer, porque los domingos son mis peores días, aquellos en los que intento encajar todo lo que no alcancé a hacer en la semana. Así que lo más habitual es que vayan a parar a una cesta que hay en el baño, donde termino depositando los diarios, periódicos, revistas y escritos varios –hasta documentos y cartas, si me apuran- que pretendo leer en algún momento de paz.

Ya, classy!

Bueno pues, estando el otro día en el baño por tiempo prolongado (poniendo mis piececitos en remojo, malpensados!) me puse a hojear uno de esos diarios semiolvidados que sobresalía entre el montón, un ejemplar de El País del 13 de julio. Y me encontré con una noticia que, si bien no fresca, podría llegar a ser utilísima. Así que os la copio, tal cual como fue publicada, para que, de aprobarse la ley nefasta, corra la voz. Y ya de paso, lo hago como un gesto de agradecimiento a estas almas solidarias que están dispuestas a echar una manito transfronteriza de ser necesario.

Por cierto, también la podéis leer en la fuente original; os dejo el link al final porque, cómo no, un simple copiar-pegar me llevó hasta ella en San Internet.

Y ya, no digo más que acá lo q importa es la noticia en sí, no lo que yo pueda opinar al respecto…

Apoyo para abortar en el extranjero

Voluntarias españolas de media docena de ciudades europeas ofrecerán alojamiento y asesoría

Las impulsoras de la Red Federica Montseny preferirían no haber tenido que crear la plataforma que está a punto de nacer. “Lo hemos pensado como una necesidad. Es la respuesta obligada a la agresión que supone la ley del aborto anunciada por el Partido Popular”, explica Candela Girón, una de las integrantes del grupo de Feminismos vinculado al Movimiento 15-M de Berlín. La idea es sencilla: si el Gobierno pone demasiadas trabas a las mujeres que quieran abortar, estas se verán obligadas a hacerlo en otro país. Y aquí es donde intervienen Girón y sus compañeras.

Una página web que el equipo de voluntarios está ultimando, y que presentarán la próxima semana, ofrecerá a las interesadas información sobre la interrupción del embarazo en los países donde haya gente dispuesta a colaborar. Por ahora, la red cubre Berlín, Bruselas, Lisboa, Londres y Viena. París, Burdeos y Stuttgart han mostrado su interés en sumarse al proyecto. Y los grupos del 15-M de México, Buenos Aires y Montevideo también han expresado un apoyo que en principio será solo simbólico, ya que parece poco probable que una española vaya a cruzar el Atlántico para abortar.

Esta plataforma nace como reacción a la reforma que el Gobierno está a punto de presentar y que amenaza con convertirse en la más restrictiva de la democracia. Todavía no están claros los detalles, pero sí es seguro que la iniciativa del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, acabará con la ley de plazos aprobada por los socialistas en la anterior legislatura. El punto más caliente del proyecto, y que ha despertado las críticas en el propio PP, es la inclusión o no de la malformación del feto como motivo para abortar. Las últimas informaciones sugieren que las mujeres podrían interrumpir su embarazo en este caso, aunque con más dificultades que con la ley aprobada en 1985.

Las militantes feministas quieren dar un apoyo integral a las mujeres que se vean obligadas a abortar lejos de casa. “Estaremos allí para lo que necesiten. Les ofreceremos alojamiento en casa de un voluntario, les ayudaremos con los trámites o haremos de traductores si lo necesitan. No queremos solo ofrecer información sobre las leyes del aborto en cada país. También acompañarlas si, por ejemplo, necesitan tomar una coca-cola y hablar con alguien”, explica Sara Jiménez rodeada de sus compañeros en una terraza berlinesa.

Todos ellos son jóvenes que abandonaron España forzados por la situación económica y la falta de perspectivas laborales. En Berlín, la red está formada por un núcleo de unas 25 personas, a las que se podrán sumar voluntarios que quieren ofrecer, por ejemplo, su casa o su tiempo para acompañar a las mujeres. En el resto de ciudades europeas el grupo es menos numeroso, pero las impulsoras confían en que vaya creciendo si se encuentran con muchas peticiones.

“Nuestra iniciativa tiene un doble objetivo. Por un lado, ayudar a las mujeres que lo necesiten por no tener recursos económicos o información para abortar en el extranjero. Pero además es una forma de intervenir en el debate político español. Nos hemos ido de nuestro país porque nos han forzado, pero eso no quiere decir que nos mantengamos al margen de lo que ocurre”, dice Jiménez. La red está formada por jóvenes españoles, pero para su puesta en marcha han recibido el apoyo de colectivos feministas de otros países. Las alemanas, por ejemplo, les asesoraron en el aspecto legal. “Aquí está castigado hasta con dos años de cárcel incitar al aborto si se hace con ánimo de lucro. Pero nosotros ni ganamos dinero con esto ni incitamos a nadie a abortar. Solo queremos ayudar a aquellas que hayan decidido libremente dar ese paso”, continúa la activista.

Los motivos que pueden llevar a una mujer a decidirse por una ciudad u otra son muy variados. “En Berlín, el viaje sería más complicado que, por ejemplo, a Lisboa. Pero la intervención no es cara. Oscila entre los 200 y los 400 euros. En cada caso intervendrán factores que no podemos prever”, explica Joan Ardiaca, de 26 años. La red sirve además como homenaje a Federica Montseny, una de las primeras mujeres europeas que alcanzaron el cargo de ministra. Esta dirigente anarquista redactó en 1936, cuando estaba al frente del Ministerio de Sanidad, el primer proyecto de ley para despenalizar el aborto en España. La iniciativa nunca entró en vigor. Su rápida salida del Gobierno y la guerra civil y posterior dictadura lo impidieron. Pero ese es el espíritu que hoy, casi 80 años después, quieren recoger las activistas españolas en Berlín y otras ciudades europeas.

Miembros de la red feminista Federica Montseny posan en Berlín la semana pasada (Júlia Soler para El País).

Miembros de la red feminista Federica Montseny posan en Berlín (Júlia Soler para El País).

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/07/12/actualidad/1405160549_284342.html

Yo lavo los platos, tú arreglas el coche, nosotros follamos

igualdad de géneroCuanto más igualitario es el reparto de las tareas domésticas, menos sexo. Esa es la conclusión, aunque se adorne y se suavice de mil maneras distintas (menos, pero no peor; menos pero el vínculo es más estable), a la que llegó un estudio publicado el año pasado y que ahora vuelve a instalarse con empeño y desconcierto renovados en webs y sobremesas gracias a un extenso artículo al respecto que salió el mes pasado en el New York Times.

Sí, habéis leído bien: Lo que el estudio afirma es que cuantas más tareas domésticas consideradas “tradicionalmente femeninas” (cocinar, aspirar, hacer la colada, cambiar pañales) realizan los hombres, menos frecuentes son las relaciones sexuales en la pareja. ¿Y el otro lado de la moneda? Nos ofrece resultados similares: En aquellas parejas en las que los hombres hacen labores supuestamente masculinas (sacar la basura, arreglar el coche, armar muebles o reparar las cañerías) el sexo tiene una frecuencia media de 17 veces al mes, 5 veces más que en aquellas relaciones en las que esto no ocurre.

Parece casi anecdótico, y las primeras reacciones tienden al humor. Bueno, las mías al menos. Como proclamar a los cuatro vientos que no me importaría lavar más platos si a cambio me tienen más contentita en otras lides (¡vamos, que si es por eso hasta soy capaz de ensuciarlos a propósito!), o hacer repasos de mis conocidos más “cromañones” en busca de ese ansiado prototipo de macho que “quiere siempre” [que yo quiero]. Por supuesto, si no sabe usar un taladro y pringarse bien los dedos con grasa de motor, queda descartado del Top 10 mental.

Pero el asunto no es nada gracioso, ni liviano. Porque lo que nos viene a decir este estudio es que, de alguna manera, a medida que crece la comunicación entre el hombre y la mujer, a medida que se abrazan los puntos de unión y se logra trascender las diferencias, más disminuye la libido. Que esas parejas “progres” que comparten las labores, que crían a sus hijos al “fifty-fifty” y se disputan el reinado de la cocina quedan muy bonitas en la foto, pero lo que es follar, follan menos. Y ojo, que no es lo mismo que poco, pero ya tiene tela. Porque ese menos es en relación a aquellas parejas que mantienen un reparto de roles más tradicional, donde la sola idea de que el macho de la casa lave los platos haría saltar, junto con los suspiros de rigor, una que otra lágrima de risa a la fémina que se afana tras los fogones.

Bueno, pasado el momento del pasmo vamos con los matices, que los hay… El estudio, importante es decirlo, se realizó en Estados Unidos. Así que convengamos en señalar que sólo es representativo… de lo que representa. Una sociedad occidental, entre tantas otras, con sus  características y particularidades a la hora de entender las relaciones de pareja.

Por otra parte, si bien se constata que dichas relaciones no son tan satisfactorias desde el punto de vista sexual, sí lo son desde el personal y emocional. Bueno, para mí es un poquillo como decir que 2+2 son 5, pero sigamos avanzando.

El estudio ha sido elaborado con datos recolectados hace ya un turro de años (en la década de los 90), y si bien eso podría parecer que invalida sus conclusiones, la autora del reportaje en el New York Times, que es psicoterapeuta de pareja, asegura que se trata de una realidad que se ve día a día en su consulta (Lori Gottlieb se llama, por cierto). Además, una de las autoras del estudio, Julie Brines, ofrece una teoría al respecto: La falta de “diferenciación sexual” que se produciría al no tener tareas definidas es la que generaría esa menor atracción sexual. Algo así como que la neutralidad de género nos está convirtiendo en seres sexualmente neutros. Es más, Brines va más allá y concluye que las parejas homosexuales tienden a escoger a compañeros distintos precisamente para mantener viva su conexión sexual, lo que no pasaría en las parejas de lesbianas, que buscan afinidades en la forma de entender la vida y en los gustos, y cuya vida sexual es menos frecuente e intensa (eso sí, aclarando que registran menos divorcios).

Entre las múltiples teorías surgidas al calor de este polémico estudio, la propia Brines adelanta un par: que nuestra sexualidad es emocional e inconsciente, y que nuestro deseo funciona por asociaciones aprendidas, siendo una de ellas la atracción por lo que es opuesta a nosotros. O sea, que la igualdad es muy bonita y necesaria para organizar la vida social, pero sus valores, simplemente, no se pueden trasplantar siempre a la cama. O más bien a nuestros deseos. Por ese colador no pasa lo políticamente correcto…

Pese a esta evidencia, algunas voces indignadas se alzan en Internet, reclamando que este tipo de estudios, que en el fondo vienen a decir que a las mujeres en su fuero más íntimo les gusta ser dominadas, ponen en riesgo esa precaria igualdad que empieza a asomarse hoy en día, y que tanta sangre, sudor y lágrimas (de féminas, en su mayoría) costó conseguir. Por otra parte, hay quien opina que “a mayor igualdad y presencia de las mujeres en los centros de decisión y de poder, más frecuentes son los intentos de teorizar sobre las desventajas de ese poder y esa igualdad”, sin contar con que la menor frecuencia de deseo sexual de las “parejas modernas” podría atribuirse más al cansancio que la vida diaria provoca en una pareja de nuestros días en la que ambos trabajan” que a un tema de falta de diferenciación por géneros.

Yo, de momento, no tengo opinión, ni de espanto ni de asentimiento científico, aunque sí me interesaría muchísimo conseguir más información sobre la calidad de las relaciones en aquellas parejas que comparten las labores de forma indiferenciada. Pero bueno, que mientras averiguo más por esos lares me propongo realizar mis propias y humildes “labores de investigación de campo” porque el rollo éste de los géneros me parece fascinante y siempre he peleado mucho por expandir los confines que el mío me marcaba. Pero claro, ya sabéis lo que me gusta a mí la tontería!!!

O sea, que como os decía al principio en coña, por probar que no se quede. Ahora, es altamente probable que al quinto día de lavar platos en soledad me termine aburriendo del experimento (para eso ya tengo al mio filio adolescente, que tiene muy muy claro esto de los roles) y decida cambiar el enfoque. Puede que entonces publique un nuevo post haciendo un llamado a las féminas del mundo para que nos unamos en una nueva cruzada pro-igualdad: Disponibilidad total cada vez que nuestro chico-progre coja una escoba o una bayeta. Y en cuanto a las labores de bricolaje y otros menesteres masculinos, eso se arregla fácil: Unas clases con Miley Cirus sobre manejo del martillo y a correr. O a correrse, que es la idea!

Fuentes utilizadas para elaborar este post:

Does a More Equal Marriage Mean Less Sex? (reportaje en el New York Times)

Iguales y ¿asexuados?: conflictos de la pareja moderna

Menos sexo en la pareja si los hombres hacen quehacer

Egalitarianism, Housework and Sexual Frequency in Marriage (link al PDF completo -en inglés- del estudio)

El día en que Michael Douglas abrió la boca

shutterstock_140828491El tema está en boca de todos, y nunca mejor dicho. Nuestro ex adicto al sexo favorito, el actor Michael Douglas, se convirtió sin pretenderlo en paladín de las brigadas anti-riesgo sexual al “confesar” hace un par de días al diario británico The Guardian que el cáncer de garganta que padeció fue provocado por el virus del papiloma humano, es decir, que fue adquirido a través del sexo oral. Al instante, ardieron las redes sociales (cada vez más proclives a combustionar ante los temas más variopintos, todo hay que decirlo), y mientras algunos celebraron la valentía de Douglas para poner el tema en la palestra y aportar con su mediática influencia a la visibilidad de un debate necesario, otros se escandalizaron por la facilidad con que ofrecía conclusiones médicas a un asunto más complejo de lo que aparenta. Su representante, como era de esperar, salió a decir que en realidad no dijo lo que dijo, que él sólo estaba alertando de los riesgos en general, rollo “servicio de utilidad pública”, pero que nunca afirmó que su cáncer en concreto fuera causado por el papiloma. The Guardian por su parte, para curarse en salud, colgó en su web el audio con la entrevista completa al actor, en la que puede oirse la siguiente frase cuando se le pregunta sobre su cáncer de garganta: “Sin querer ser demasiado específico, este cáncer particular es causado por el VPH (virus de papiloma humano), que de hecho viene del cunnilingus”.

¿Lo dijo, no lo dijo? Poco importa en realidad…

Lo que importa es el cunnilingus sí puede causar cáncer de garganta, aunque no sea en ningún caso su causa más probable (el tabaco y el alcohol ganan por goleada). Lo que importa es que el sexo oral, para ser libre de riesgos, debería evitar el contacto directo entre la boca y el órgano sexual (o sea, hablamos de comerse una polla con preservativo o un coño forrado en papel de plástico, para que nos vamos a andar con eufemismos). Lo que importa es que el virus del papiloma humano, entre otras ‘delicias’, se puede contagiar incluso cuando se utiliza preservativo de forma regular. Lo que importa es que un condón mal puesto, e incluso uno bien puesto, puede derivar en un embarazo no deseado. Lo que importa es que encontrarse en medio de un calentón de antología y no tener protección a mano puede traer consecuencias de por vida. Lo que importa es que no se puede meter un dedo en el culo y después meterlo en otro sitio sin habérselo lavado (y quien dice un dedo dice otras cosas). Lo que importa es que hasta dando un beso nos podemos contagiar alguna mierda rara. Lo que importa es que el sexo anal a lo bestia puede terminar en fisura. Y no sigo porque no me quiero deprimir.

El tema, al fin y al cabo, es que el sexo está lleno de peligros, y mirar para el lado no soluciona nada. Ahora, tampoco sirve desquiciarse con el asunto, después de todo la única opción absolutamente segura es la abstinencia, y si se piensa bien ni tanto, ya que entonces uno anda de mala leche, se deprime, no segrega todas las cosas espectaculares que se segregan durante el sexo, le bajan las defensas y se va al hoyo de todas maneras…

La conclusión, por obvia que sea, la dejo igual. Al final está en cada uno ver hasta qué punto está dispuesto a llegar, que riesgos corre y cuáles no y si le vale la pena lo que recibe a cambio. Podemos encontrar ejemplos extremos y deplorables en el mundo del porno, que paga mucho mejor a los actores dispuestos a rodar sin condón que a los escrupulosos (son los mineros del sexo, trabajadores cuyos salarios se incrementan de forma directamente proporcional a la inseguridad de la mina). En lo personal, cuando se trata de echar un polvo soy una talibana del método profiláctico, pero a la hora de entrar en asuntos bucales que no me vengan con chorradas. O sea, ya puede venir el mismísimo Michael Douglas a tocarme la puerta y decirme que por la boca muere el pez, que yo no renuncio al gustito de sentir una piel calentita y palpitante bajo mis labios. Así es la vida, con sus putadas y sus absurdos. De cualquier manera, lo comido y lo chupado no me lo quita nadie…

Los sucios trapitos sexuales del Vaticano

shutterstock_57746173Luchas de poder, malversaciones financieras, prostitución, relaciones homosexuales… Todo lo que siempre nos imaginamos que existía tras las bambalinas del vaticano está ahí. Ayer, la prensa nacional e internacional se despachó a gusto con la noticia de que tras la renuncia de Benedicto XVI al pontificado estaría la entrega de una investigación sobre la fuga de documentos robados de su despacho (el llamado caso ‘Vatileaks’) realizada por tres cardenales, de esos que tienen chorrocientos años y saben de lo que hablan.

Tan demoledor habría sido el informe que Benedicto XVI, al leerlo, se habría convencido de la necesidad de contar con un Papa más joven, con la energía suficiente para poder llevar a cabo una buena limpieza.

Como era de esperar, y según asegura el diario italiano ‘La Repubblica’, las turbiedades giran en torno al descarado incumplimiento del sexto y séptimo mandamiento: No cometerás actos impuros y no robarás. Vamos con los actos impuros entonces.

Entre otras cosas, el artículo de ‘La Repubblica’ recuerda como en 2010 salió a la luz un escándalo que involucraba a seminaristas que se prostituían y a un miembro de un coro vaticano que ejercía como proxeneta, entre otras lindezas.

La historia salió a la luz porque Angelo Balducci, entonces ‘gentiluomo’ del Papa y presidente del Consejo Nacional italiano de Obras públicas, estaba siendo investigado por corrupción. Al pincharle los jueces el teléfono se supo que hablaba frecuentemente con Chinedu Thiomas Eheim, un miembro del coro de la Reverenda Capilla Musical de la Sacrosanta Basílica Papal de San Pedro en el Vaticano que le ofrecía servicios sexuales con jovencitos, seminaristas incluidos.

“Sólo te digo que mide dos metros, pesa 97 kilos, tiene 33 años y es completamente ‘activo”, llegó a decir el miembro del coro a Balducci en una de las conversaciones interceptadas.

‘La Repubblica’ ha publicado que, según la investigación judicial, los encuentros tenían lugar en una villa a las afueras de Roma, en una sauna, en un centro estético, en el propio Vaticano y en una residencia universitaria. Esta última sería la residencia de Marco Simeon, directivo de la televisión estatal RAI que habría participado en una conspiración para expulsar al arzobispo Carlo María Vigano de la presidencia de la gobernación de la Ciudad del Vaticano, debido a sus intentos por introducir una mayor transparencia financiera. Simeon, a todo esto, es visto como alguien muy cercano al secretario de Estado cardenal Tarcisio Bertone, segundo oficial de mayor rango en el Vaticano.

Asimismo, se habla de la posible existencia dentro del Vaticano de un ‘lobby gay’. Según el artículo del diario italiano, se trataría de “una red transversal unida por la orientación sexual. Por primera vez la palabra ‘homosexualidad’ ha sido pronunciada, leída en voz alta de un texto escrito, en el apartamento de Ratzinger. Y por primera vez se ha hablado, aunque en latín, de la palabra chantaje: influentiam”.

Lo más chungo de todo este asunto no es descubrir que los curas tienen necesidades sexuales y que a más de uno les gusta montarse cada tanto una fiestecilla… Eso es algo que sabemos de sobra, y si no fuera más allá me parecería fantástico por ellos, de hecho estoy convencida de que si se aboliera el celibato la Iglesia podría recuperar parte de su dignidad, al estar menos a merced de las frustraciones y apetitos personales de sus representantes. El problema está en que para satisfacer esos apetitos al tiempo que se mantienen ocultos, muchas veces se elige el camino menos cristiano de todos, el del abuso de poder, el de forzar a alguien contra su voluntad, y no hablo sólo de la pederastia, la más abominable de sus manifestaciones. Porque también se puede forzar con guante de seda. Según dejaría entrever el informe entregado por los cardenales al Pontífice, varios de los integrantes de la red homosexual habrían participado en ella al ser “propensos a chantajes a raíz de sus orientaciones sexuales”.

¿Una verdadera telenovela en Vaticity? Yo diría más bien drama…

Sobre monjas pajilleras y la necesidad universal de correrse a gustito

shutterstock_75107572 Monjitas

Hace algunos días, atacada por una fiebre de limpieza pre-primaveral, estaba revisando un montón de diarios y revistas viejos cuando volví a encontrarme con una historia de lo más curiosa: La de las monjas pajilleras de mediados del siglo XIX, que en una de las máximas expresiones de caridad cristina que le conozco a la Iglesia se dedicaban a masturbar a soldados heridos en los hospitales. Probablemente muchos ya la conozcan, pero me parece una iniciativa tan loable que la comparto por si alguien aún no ha escuchado o leído nada al respecto.

Dice la historia (según algunos leyenda, yo me quedo con lo primero) que en el año 1847 el obispo de Andalucía decretó una dispensa autorizando la creación del “Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios” en Málaga. Estas “pajilleras de la caridad” eran mujeres (monjas y voluntarias) que masturbaban a los soldados heridos de los hospitales buscando así ofrecerles algún alivio en medio de su enfermedad. La idea surgió de Sor Ethel Sifuentes, fundadora del cuerpo de pajilleras, quien al percatarse de la ansiedad y mal humor que reinaba en el pabellón de heridos de un hospital  donde ejercía de enfermera, comenzó a masturbar a los pacientes sin distinciones de rangos: Todos, desde reclutas hasta oficiales, tenían derecho a su paja diaria. El cambio en el ánimo de los soldados no se hizo esperar.

La iniciativa tuvo tanto éxito que se fundaron más cuerpos de Pajilleras -el de la Reina, las del Socorro de Huelva, las Esclavas de la Pajilla del Corazón de María y, en tiempos de la guerra civil española, las de la Pasionaria-. Además, la idea también se implementó en México, Brasil y República Dominicana.

Como no todo puede ser perfecto, y como al parecer la sensación de que lo que se estaba haciendo no era “del todo correcto” resulta inevitable cuando se mezcla iglesia y sexo, las integrantes de los cuerpos debían utilizar un holgado vestido, que ocultaba del todo las formas de sus cuerpos, así como un velo de lino para taparse la cara, con lo que sólo se les podían ver las manos. Aún así, estoy segura de que más de algún soldado habrá lamentado la desaparición de tan caritativas féminas, ya que casi todos los cuerpos dejaron de existir después de la segunda guerra mundial.

¿Por qué me gusta tanto esta historia? Porque más allá de lo divertido o peculiar del asunto, nos recuerda que el sexo también se anhela desde un cuerpo (o mente) enfermo o mutilado, y que su ausencia puede ser una agonía en sí. Por eso, cuando alguien no está en condiciones de darse a sí mismo tan básica satisfacción, el asunto cobra tintes “humanitarios”.

Vale, es probable que pocos hoy en día estuvieran dispuestos a prestarse de forma tan desinteresada a producir placer en el prójimo. Pero creo que ya en el hecho de reconocer, y de alguna manera respetar, la necesidad de todos de sentir algún tipo de contacto, hay un avance importante.

Cuando yo era niña, una de mis mejores amigas vivía con su tío y una prima con discapacidad intelectual, la Totó. En aquella época la Totó, que se desenvolvía en el mundo como una niña pese a que su cuerpo hace muchísimo que era el de una mujer, tendría cerca de 40 años. Que se supiera  nunca había estado con un hombre, aunque probablemente eso se debía a que siempre iba acompañada por la calle. O sea, que es un dato casi anecdótico que poco y nada nos cuenta de ella, su mundo interno, sus anhelos y necesidades.

Pero un día que estaba en la casa de mi amiga, con 12 ó 13 años, fui testigo de una escena que se me grabó: El padre de la Totó había descubierto hace algún tiempo que la razón de las largas duchas de su hija eran masturbatorias. Decidido a terminar con semejante aberración, empezó a cronometrar el tiempo de las duchas: A los cinco minutos exactos (siete si era día de lavarse el pelo) apagaba el calentador de agua, para evitar así que su “niña” se dedicara a semejantes menesteres.  La cosa es que ese día la Totó no pudo más con la represión paterna, y junto con el agua fría le cayeron encima todas las ansias acumuladas, la rabia y los silencios de tantos años, ya que pocos segundos después de que su padre le apagara por enésima vez el calentador salió corriendo del baño, desnuda, tiritando y chorreando agua, mientras gritaba a viva voz “¡yo también tengo derecho, yo también tengo derecho por la mierda!”. Tan enajenada estaba que llegó hasta el patio y la vieron algunos vecinos, que inmediatamente comenzaron a reír, aunque la situación no tenía nada de graciosa. A mí me pareció una escena desgarradora, pero al mismo tiempo hermosa por su poder y su crudeza, por su capacidad de narrar una historia compleja y llena de matices, del modo en que son hermosas algunas escenas de películas terribles, que más allá del dolor nos dejan algo. Porque en su momento nos rozaron el alma, haciéndonos sentir compasión, y con ello no me refiero al sentido más estrecho de la palabra, como lástima, sino que como una de las expresiones más profundas del amor: padecer con alguien, ser capaz de ponernos en sus zapatos. Ver a la persona que hay detrás de la enfermedad y ofrecerle una mano aliviadora. Literal o figuradamente.