Experiencia “Puf”

puf 1Sí, lo confieso, lo hice. Más que porque me gustara la idea en sí (decenas de reparos, tontos y menos tontos, venían a mi cabeza cada vez que me planteaba el tema), por mi emperramiento en beber de muchas aguas, en probar antes de decir no gracias, en coleccionar nuevas aventuras aunque de entrada parezcan algo surrealistas, frikis o incluso loosers.

Lo hice. Por curiosidad. Por aburrimiento. Por tener algo que contaros. Porque lo que suma no resta. Porque me aparecieron unos cuantos cheerleaders en el camino, encantados ante la posibilidad de vivir una nueva experiencia… vicaria, pero experiencia al fin y al cabo. Es curioso, todos te animan pero casi nadie lo ha hecho o piensa hacerlo.

Total, que me creé un perfil en una de esas páginas para conocer gente. Vamos a llamarla “Puf”, aunque el nombre no sea precisamente un alarde de imaginación. Pero como que da igual, porque la palabra le va como anillo al dedo. Puf entonces…

Mi experiencia en Puf duró menos de dos semanas, y todo ese tiempo se vio movilizada por ese potente motor que llamamos culpa. Culpable de hacerlo sin fe. Culpable de no contestar a todas las solicitudes, mensajes, toques, guiños, listas y noséquémases que iban proliferando como hongos en mi buzón de correo. Culpable de inventarme una excusa tonta para no salir a tomarme unas cañas con el gordito angustiosamente simpático de los catorce mensajes. Culpable de reírme de los que me escribían “hola presiosa” o “haber cuando quedamos”. Culpable de salir huyendo de una conversación cuando el tío me confesó que se sentía deprimido y solo y que hace tres años que no echaba un polvo porque nadie le paraba bola.

Nada como Puf para sentirte como una grandísima hija de puta. ¡Qué satisfacción garantizada ni que niño muerto! Maldad garantizada. Partiendo por la propia.

puf 3Es verdad que empecé con cero fe. No tanto en la fauna humana que me podía encontrar como en el sistema en sí, en entrar en un juego que se maneja con los códigos de un supermercado, en este caso de de kilos y alturas. Porque frente a ti no tienes personas sino tallas de ropa y colores de ojos, acompañados de unos cuantos datos a duras penas personales, jirones de información supuestamente valiosa del tipo “tienes coche” o “te gustan los niños”. Pero aún así le puse empeño. Ya sabéis, por eso de vivir las experiencias a cabalidad. Demasiado empeño diría yo…

La cosa es que a los cinco minutos tenía un aluvión de mensajes reclamando contestación. Algunos podréis pensar que las fotos tenían trampa, pero prometo que no. De hecho, descarté de entrada “las mejores”, porque no quería verme más radiante que en mi día promedio, igual como jamás usaría sujetadores con relleno y no cuento en mi colección con ningún “push-up”: Lo que hay es lo que ves, no quiero que nadie se sienta estafado a la hora de la verdad.

Habrá sido la intro entonces, porque esa sí que me la curré. Y así, con unas cuantas frases, aterricé en esa tierra de ilusiones y hambres contenidas como la más maja entre las majas. La más open mind. Densa pero ligera, sofisticada pero sin perder lo simple, cosmopolita pero accesible. Y por supuesto, con un infaltable toque de humor.

El problema es mantenerse a la altura de la imagen que uno tiene de sí mismo –la “ficha” en ese caso- más allá del buen rollo inicial y la declaración de intenciones. Lo cual parece fácil al principio. Pero claro, es como cuando participas en un reallity (a este paso pocos moriremos sin haber estado en uno). Empiezas mostrando lo mejor de ti y a los dos minutos ya estás arrancando ojos a diestra y siniestra y descuerando a tu ex mejor amigo con tu archirrival. La naturaleza humana, que tiene estas cosillas…

puf 4Tampoco es fácil en todo caso mantener una actitud abierta y querer ir a lo profundo del ser cuando un tío te manda una foto en zunga de leopardo o cuando otro aparece en su perfil muy sonriente con su mujer y sus hijos (¡historias reales!). Otras para la colección son: borracho en un garito, mostrando “tableta” al espejo del baño, abrazado a dos rubias tetonas, apuntando a la cámara con una pistola de juguete y con cara de suicidio inminente. Por no hablar de las fotos troceadas (ojos, pedazos de cara, pies sin dueño, una mano con una sonrisa dibujada…) y las directamente falsas (el hermano menor de Brad Pitt en foto de estudio, vestido de Armani y buscando el amor en Puf… yaaa!).

Es que además está el tema de los filtros. Puedes poner los que quieras para buscar gente (incluso nivel de ingresos o de estudios) pero no para ser buscado. Y da igual que pongas que no te interesan los casados y los abuelitos, que uses mayúsculas e íconos con caritas de espanto. Igual te escriben, por si las flies. Porque pareces tan simpática…

Y claro, también hablamos de un sitio donde llega mucha gente que se siente sola. Y que lo que están buscando es de alguna manera solucionar su vida, encontrar una llave a una felicidad que se resiste, a un futuro menos triste, que se visualiza más habitable y mejor por el hecho de estar en compañía. Pero eso de ser una llave para alguien es demasiada responsabilidad. Además de un coñazo.

puf 2¿Qué haces entonces cuando tienes 50 mensajes de 50 tíos que no te parecen atractivos en lo absoluto pero que se nota que han hecho un esfuerzo por presentarse, decir algo amable, parecer graciosos y ganarse una oportunidad? ¿Qué hacer en una tierra de solitarios cuando no te seduce la soledad? En mi caso, sentirme como la mierda.

Sé que otros lo viven con más liviandad, que muchas veces me enrollo más de la cuenta, y que no arrastré a nadie al suicidio con mi indiferencia cibernética. Pero aún así en mi conciencia se balanceaba más de un ahorcado virtual, sobre todo en el caso de los que andaban pregonando su abandono como doloroso cartel de presentación. ¡Cuánto peso para algo que empezó como un intento de diversión!

Igual me habría molado llegar a la parte del “cara a cara” con alguien. Son tan poco habituales las citas hoy en día (yo al menos tengo muy pocas a mi haber) que más que rancias yo diría que comienzan a tener el encanto de lo vintage. No es que haya notado su ausencia pero supongo no soy del todo inmune a tanta peli y serie gringa que me tragué en mis años adolescentes. Que te abran la puerta del coche y te muevan la silla para que te sientes no está tan mal después de todo. Es más, puedo vivir perfectamente con ello.

puf 5Creo que sólo por eso, por la curiosidad de esa cita potencial con alguien potencialmente interesante, que no huí a los dos días y aguanté un puñado más. A ver si alguno me hacía levantar una ceja con el poder de un par de párrafos. Pero definitivamente Puf no es país para poetas. Ni para corazones culposos, ya que estamos…

Hay un smartphone entre mis sábanas…

pantallazo durexHace algunas semanas llegó a mi curro un correo de Durex, con el link a un “emotivo” video (yo más bien diría cebollón) que supuestamente revelaría una “esperada tecnología para smartphones que podría cambiar para siempre nuestra vida sexual”.

El video en sí, con su respuesta iluminadora al final del mismo (totalmente predecible por lo demás), no me interesa mayormente, pero sí quería compartir con vosotros algunos de los datos de un estudio de la Universidad de Durham que se ha lanzado junto con la campaña de Durex, porque si bien no me sorprenden, no por ello dejan de resultar alarmantes. Eso sí, hay algunas salvedades que es preciso mencionar, como que sólo se entrevistó –en profundidad- a 30 personas, todas ellas viviendo en Inglaterra (un país no precisamente conocido por las pasiones desatadas de sus habitantes) y que en todos los casos se trataba de relaciones de, al menos, un año. Ahora, para liarla un poco más con los datos, yo agregaría que Inglaterra tampoco es de los países con mayor penetración de dispositivos móviles en su entorno (en Europa España gana por goleada de hecho), por lo que la situación puede ser más preocupante en otros sitios. Aunque para pajas fronterizas ya tenemos a nuestros queridos políticos…

En fin, hechas ya las aclaraciones pertinentes, lo que el documento revela, o mejor dicho pone en cifras, es que “el uso generalizado de la tecnología está impactando seriamente a la frecuencia con la que tenemos relaciones sexuales, incluso llegando a cortar el coito y causando tensión en las relaciones”.

Los investigadores del Centre for Sex, Gender and Sexualities de Durham revelaron que el 40% de los encuestados han pospuesto la práctica sexual a causa de la tecnología, principalmente por el uso de smartphones y tablets. Otros, en cambio, comentaron que intentan ir deprisa durante el acto sexual para poder tener tiempo de responder a los mensajes de sus smartphones. Además, un tercio de las parejas entrevistadas admitió que han interrumpido su relación sexual para contestar al teléfono.

Para Mark McCormack, co-director del Centre for Sex, Gender and Sexualities en la Universidad de Durham, “la tecnología ha revolucionado nuestras vidas y los smartphones son ahora esenciales para la organización de nuestras relaciones íntimas, tanto para el inicio de éstas como para mantener el amor y el afecto cuando las parejas están separadas”, pero “lo que revela este estudio, y refleja el vídeo, es que actualmente la tecnología consume nuestras relaciones en un nivel mucho más profundo. Se ha adentrado en el dormitorio en más formas de las que imaginamos, a menudo con beneficios, pero también con desventajas para las relaciones que pueden ser potencialmente graves, ya que pueden causar frustración y tensión, e inmiscuirse en la actividad sexual”.

Y para los que buscáis una especie de conclusión, os dejo las palabras de Ukonwa Ojo, Head of Global Brand Equity en Durex: “Teniendo en cuenta que la tecnología juega un papel muy importante en nuestras vidas y relaciones, empezamos a explorar cómo podría utilizarse de una forma positiva para mejorar nuestras vidas sexuales; pero al hacerlo, descubrimos que la respuesta más efectiva era la más simple. Después de consultar a un gran número de expertos, realizar el estudio académico y llevar a cabo largas entrevistas cualitativas, la solución resultó ser simple: debemos desconectar para volver a conectar”.

Algunas citas de las entrevistas de Durham

“Cuando él se compró el primer iPhone, yo solía llamarle la tercera persona de nuestro matrimonio y la odiaba con pasión, solía sentarse entre nosotros, en realidad, no me gustaba… se ha convertido en un tercer brazo para muchas personas”.

“A veces estoy en Facebook y él en una aplicación deportiva mientras estamos en la cama; nos damos cuenta que, literalmente, estamos sentados juntos, pero vivimos en mundos distintos”.

“Puede que quiera sexo y él no se de cuenta de esto, porque él está distraído con su teléfono”.

“En los últimos meses, he tratado de prohibirle usar el teléfono en el dormitorio. Ahora estamos intentando usar el dormitorio solo para dormir y tener sexo”.

“Ella ama la tecnología, no voy a mentir, ella ama a su teléfono. A veces parece que tengo una relación con ella y su teléfono, ella ama a su teléfono y nunca se aleja de él”.

“Yo no he pospuesto la práctica sexual, he fingido un orgasmo para acelerarla y volver al trabajo”.

El estudio se elaboró en febrero de este año. Los participantes tenían entre 18 y 55. Todos eran heterosexuales y formaban una diversidad constitutiva en términos de clase, etnia, edad y nivel educativo. El informe completo se puede encontrar aquí (en inglés): http://dro.dur.ac.uk/14770/

También os dejo un enlace al video, para los que estéis interesados 🙂

El sexo ‘al revés’

foto blog al revesMi señora madre, una persona con una inacabable capacidad de aprender cosas nuevas, es muy aficionada a compartir cada día en su muro del Facebook una variopinta colección de links que, por una razón u otra, llamaron su atención. Humor, drama, curiosidades sexuales, espiritualidad, cuidado del cuerpo… todo cabe en su casi infinita lista de intereses, y por ende en su elástico muro (y en el mío, que la buena mujer es muy de compartir, jejeje).

Pues bien, hace algunos días, visitando a saltitos el timeline de mis amigos y conocidos, me quedé pegada con un texto que había copiado mi madre con una serie de tips para combatir el alzheimer. Básicamente, lo que se decía ahí era que el mal de Alzheimer se puede prevenir simplemente cambiando algunas rutinas para estimular el lado derecho del cerebro. Dicha técnica mejoraría la concentración, y ayudaría a desarrollar la creatividad y la inteligencia. Se trata entonces de hacer “ejercicio cerebral” o  o “aeróbica de las neuronas” –la palabra oficial vendría a ser ‘neuróbica’- para mantener al cerebro ágil y saludable, creando nuevos y diferentes patrones de comportamiento y de las actividades de las neuronas del cerebro.

Lo central es que las prácticas elegidas cambien los comportamientos de rutina por otros desacostumbrados. Así, por dar algunos ejemplos, se mencionan los siguientes ejercicios neuróbicos, si bien el texto invita a echar a volar la imaginación y desarrollar ejercicios propios que sigan la línea de los propuestos:

– Usar el reloj en la muñeca contraria a la que normalmente se usa
– Cepillarse los dientes con la mano contraria a la habitual
– Caminar por la casa de espaldas
– Vestirse con los ojos cerrados
– Estimular el paladar con sabores diferentes
– Ver las fotos “cabeza abajo”
– Mirar la hora en el espejo
– Cambiar el camino de rutina para ir y volver a casa.

Después de pasarme un par de tardes caminando de espaldas por mi casa –es impresionante como parece existir todo un nuevo mundo cuando uno anda en modo ‘backwards’- y leyendo los mensajes de mi móvil con la pantalla dada vuelta, me puse a pensar en otros ámbitos de la existencia, fuera de la rutina más cotidiana (vestirse, lavarse los dientes, leer)  donde uno podría plantearse el desafío de hacer las cosas “al revés”… Y cómo no, me di de bruces con el inabarcable terreno de la sexualidad humana. Y dentro de éste, con el sexo.

Curiosamente, en medio de todas estas divagaciones, recibí un mail de lo más perturbador que incluía la siguiente frase: “El otro día, medio dormitando, soñé que cambiábamos los papeles y me esclavizabas. Me tenías de pie, esposado, cogido del pelo por detrás al tiempo que me sodomizabas sin contemplaciones”.

Voilá! Punto para mi cerebro derecho!!!

Alguna vez he dejado entrever aquí que lo mío no es el rollo dominatrix precisamente. Más bien asoman a mis fantasías machos recios y decididos, que saben qué hacer y dónde apretar, y que son capaces de contenerme con la sola fuerza de su mirada. Y aún entendiendo los muchos matices que puede llegar a tener una entrega, la mayoría de las veces lo que me apetece es saborear la contundencia metálica de su sentido más primitivo, el más basto. Sin embargo, fue leer esas palabras y sentir que mi imaginación comenzaba a galopar en sentido contrario al habitual. Y no os podéis imaginar lo que me he divertido haciendo de madame de Sade en mi trepidante cerebrito…

Ya tenemos un ejercicio para la lista entonces, el cambio de roles. Y ojo, que en la cama asumimos muchos roles, y no todos son tan obvios ni tan fáciles de intercambiar.

(Y por cierto, una “N. del A.” para mi estimado amigo sodomizable: cuando quieras, ¿eh?, que yo encantadísima de la vida me zambullo en tales experiencias. Pero ojo, que hay que meterse entero a la piscina, porque después no pienso conmoverme ante arrepentimientos ni melindres ni “no quiero estos” ni chorradas… u know, hay juegos que toca jugarlos en serio para que resulten más divertidos… jeje).

Ahora, si bien en este caso concreto ya me estoy visualizando camino al sex shop para equiparme con el traje de látex, el strap-on y todos los adminículos necesarios, creo que en general no se trata de pensar en ideas demasiado sofisticadas ni en cambios espectaculares para que los ejercicios funcionen también en el área sexual. De hecho, conversando anoche del tema con un amigo, no se demoró ni tres segundos en soltar su propia propuesta: empezar a tomar la iniciativa cuando no se tiene el hábito de hacerlo.

¿Y qué tal una sesión completa estando ambos con los ojos cerrados, por ejemplo? O tal vez en un entorno atípico, ligado a la propia historia. ¿Qué te gustan los flacos? Pues a buscar un gordito calentito y a ver qué tal. La cosa es enarbolar la bandera del cambio. Recuerdo incuso una noche en la que para mí fue toda una experiencia –y una sorprendentemente buena, además- un polvo largo, muy intenso y exclusivamente en la posición del misionero.

Bueno, hasta aquí llego yo porque en realidad mi idea era hacer de éste un post colaborativo. Así que os invito a dejar vuestras propuestas, sin importar si parecen tontas o descabelladas, que aunque probablemente no nos enteremos, siempre existe la posibilidad de contribuir a la felicidad de algún lector (o bloguero!) ávido de nuevas ideas.

En busca del orgasmo perdido

orgasmo_recurso 2

Escribir este post es una deuda que tengo pendiente hace muchísimo tiempo con una amiga, pero cada vez que me disponía a intentarlo algo me frenaba, como si la tarea me quedara demasiado grande, como si se tratara de enfrentarse a una vaca sagrada. Después de todo, ¿qué coño puedo saber yo acerca del orgasmo, así en mayúsculas? Sí, vale, tengo orgasmos, pero muy rara vez durante el sexo (a menos que yo misma colabore directamente en el proceso), y muchas veces me quedo con la sensación de que al asunto le faltó punch, que estuvo bien pero podría haber sido mucho mejor… Eso sin contar con que durante muchísimos años decir orgasmo era para mí lo mismo que decir aguja, siendo mi cuerpo un enorme pajar donde la búsqueda no parecía terminar nunca.

Pero bueno, no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, así que estimados míos, he aquí el tema que nos traemos entre manos, desde mi humilde perspectiva.

Decía mi amiga lo siguiente en su mensaje: Quería sugerirte  algún artículo que hable del orgasmo. Hay tantas mujeres que creen haberlo sentido y como es algo tan intangible a veces ni lo conocen. Es difícil de explicar el “como es”.

Sin duda que es difícil porque no existe ‘un’ orgasmo femenino, el asunto se puede manifestar de muchas maneras: Siguiendo los patrones del masculino por ejemplo (excitación, plataforma, orgasmo, resolución), teniéndolo en “línea recta”, con varios picos de éxtasis, tal vez encadenando uno tras otro o en espiral… Ahora, si hay algo que sí está claro en esta tierra de sombras y piruetas es que cuando se tiene un orgasmo se sabe. Y ahí no hay más vuelta que darle.

Me lo explicó una prima con todas sus letras –y su habitual dosis de humor ‘barriobajero’- hace muchísimos años cuando yo nadaba con desesperación en los mares de la anorgasmia pero no me quería convencer de ello y a cada saltito, zumbido o sensación rica trataba de colgarle el cartelito de ‘orgasmo soft’: “Eso es como tirarse un pedo –me dijo-. Da igual si es más grande o más chico, siempre te enteras”.

Lo he dicho ya en algún otro post, pero lo vuelvo a repetir ahora: Uno de los mejores métodos de encontrarse con el orgasmo perdido es la masturbación. Un ambiente relajado, tiempo libre y a explorar. Porque claro, si ni siquiera una sabe dónde tocar para ver estrellitas, cómo esperar que lo sepa nadie más. Y otra cosa, la actitud tiene que ser constructiva. Algo así como buscar con alegría y sin esperar resultados, que de lo contrario pasa algo parecido a lo del gatillazo, mientras más se intenta mayor es el desastre, y mientras tanto una se queda sin dedos y con una irritación de la hostia (en el cuerpo y en la cabeza, buff!).

No se trata de ponerse ahora a elaborar el decálogo del buen orgasmo, ni de ser tan ingenua como para pensar que con una lista de tips bienintencionados cualquiera puede alcanzar sus cimas… A veces influyen factores físicos, otras veces hay traumas profundamente arraigados que no se superan solamente con buena voluntad. Sin embargo, sí puedo hablar de mi propia experiencia y de las cosas que a mí me han servido. Cuando hay terceros involucrados vuelvo a lo dicho, o intervengo yo misma en el proceso –timideces fuera!- o saco el manual de instrucciones, el mapa y las riendas, intentado oscilar con elegancia entre la sugerencia y la exactitud. A algunos les mola eso de compartir información, pero no siempre tanta directriz es algo bien recibido. De todas maneras no suelo comerme el coco con ese tema, y cuanto más me relajo más me encuentro con sorpresitas, como una vez que me corrí sólo con que me apretaran los pezones. Y es que muchas veces un buen manejo del in crescendo puede ser el único mapa que se necesita hacia la felicidad.

Ahora, sí que tengo algunos truquillos cuando somos mi orgasmo y yo contra el mundo, sin pollas enhiestas en el panorama. Como volver a empezar cuando siento que se me escapa. Detenerme, respirar profundo, volver a sentir el cuerpo, partir de nuevo, de cero. Sin pensar en que tengo prisa, en que quiero ya, que estaba tan cerquita, que me falta tiempo para tanta parafernalia… O como buscar otros caminos para ganar intensidad, porque a veces las fórmulas seguras, las vías conocidas y habituales, garantizan el resultado, pero ese resultado no pasa de ser un mero desahogo físico. Y algo tan simple como tocarse en otros sitios, o con movimientos nuevos, puede derivar en resultados sorprendentes. No siempre, claro, pero en algún momento…

Y aún a riesgo de quedar como una hippie loca que le aúlla a la luna, meditar unos minutos antes y dirigir mis energías hacia el vientre suele hacer maravillas. O reír durante algunos minutos, así a lo tonto, con ganas, sin razón, con la boca abierta y después cerrada. De lo que se trata es de irse “para dentro”, conectar con uno mismo, con sus sensaciones y cómo éstas se van ramificando. Salir de la cabeza y volverse puro cuerpo flotando en su propio universo.

Un cuerpo que, por cierto, hay que querer. Otro básico del buen orgasmo. Ya sea en compañía o en soledad, es escaso el disfrute que se puede obtener si se piensa más en que a una le cuelga un michelín del tamaño del Titanic que en las cosquillitas que se están produciendo “ahí abajo”.

Y ya lo último: Alguna vez me ha pasado que, como mi primer orgasmo es el que más se tarda y de ahí en adelante los demás son pan comido, me engolosino demasiado y la cosa termina cayendo por su propio peso. O sea, he tenido un par de orgasmos espectaculares pero en cuanto salgo de uno ya quiero otro, como si el placer ya trajera aparejada la necesidad, y sigo y sigo y sigo, y cada uno de los que vienen después es más chiquito que el otro, llega menos dentro, hasta que la cosa se desinfla, hasta que ya tengo que parar simplemente porque tengo todo anestesiado de tanto frotamiento frenético y ya me sube la mala leche. Así que pregunto, porque siempre es tan bonito sentirnos identificados con el prójimo… ¿a alguien más se le han gastado los orgasmos por glotonería o sí que soy media bicho raro?

Relatos eróticos para concursar

concurso dolce lovePara qué andamos con cosas. La gran mayoría de los lectores de blogs escribimos en blogs (no sé como coño aterriza el resto de la peña en estas páginas perdidas, pero ese ya es otro tema). O sea, que somos una tribu a la que le encanta teclear, y en este mundillo aún más particular de los blogs de sexo lo que se estila es “hacerle al relato erótico”. Yo la primera, claro.

Por eso, a falta de un post “de los míos” (la escasez de tiempo repercute directamente en mi capacidad creativa, vaya novedad) paso a ofreceros otro lapsus informativo, que estoy segura de que interesará a más de uno: un concurso de relatos eróticos.

El concurso es de Dolce Love, la misma empresa que está buscando asesoras de Tuppersex (si os interesa el tema, leer el post anterior, Dolce Love ‘calling‘) y va por su segunda edición. El premio no es para infartarse, 150 euros y la publicación del relato erótico en el Blog de la Doctora Miss Love, pero ya que haya vil metal de por medio es bastante para los tiempos que corren, y francamente… al final lo que más nos gusta es que nos lean!!! De hecho yo ya tengo un par de ideas para participar. Si consigo que me salga un relato digno lo compartiré con vosotros, aunque una vez finalizado el concurso, ya que el asunto tiene que ser inédito (haberlo sabido antes, puf!).

Los textos deben tener entre 300 y 3.000 palabras y pueden presentarse desde ya y hasta el 30 de noviembre, tiempo en el que, al recibo de cada uno de los relatos, se subirán a la red social de Facebook para que los seguidores de la marca puedan votar sus relatos eróticos favoritos y así salgan los finalistas del concurso.

Una vez finalizado el plazo se dejará un mes más (hasta el 31 de diciembre) para las votaciones, a fin de que todos tengan oportunidad de promocionar su relato y de conseguir que la gente lo lea. Tras ese tiempo, los doce relatos eróticos más votados pasarán a la final, y un jurado, compuesto por Venus O’Hara y la dirección de Dolce Love elegirá el relato ganador haciéndolo público el 15 de enero.

Eso sería. Si no sabéis por dónde empezar a tirar del hilo, aquí os copio unos ‘tips’ de Angie, responsable del concurso: “Tened en cuenta que la originalidad hará que vuestro relato sea más votado, así como la forma en que lo promocionéis vosotros”.

Bueno, creo que no me dejo nada en el tintero… salvo mi relato, jijiji, y por supuesto un link a las bases! 🙂

Mucha suerte, mis queridos competidores!!!

 

Dolce Love ‘calling’

dolce love 2No soy muy amiga de los post “promocionales”, y al escribir esta frase me parece a mí que tampoco soy muy amiga de la originalidad… pero bueno, estoy segura de que podré sobrevivir a semejantes pecados domingueros, al fin y al cabo se trata de información útil que a más de una (y uno, quien sabe) le podría interesar.

Hace algunos días me llamó una chica muy maja de Dolce Love, una empresa distribuidora de artículos eróticos y lencería sexy. Sé que muchos de mis colegas blogueros morirían de la emoción con una llamada así, pero yo más bien temía el día en que alguien me ofreciera escribir sobre determinada marca o producto, porque no sabía hasta qué punto sería capaz de contar que tal vibrador no me hizo ni cosquillas, o que cual lubricante, supuestamente súper chupi, en realidad raspa como lija…   Ya sabéis, el rollo del periodista ético y la temida frontera del averno de la publicidad. Bueno, eso por un lado, por el otro está mi mal entendido concepto de la buena educación, que en ocasiones hasta me ha llevado a repetir polvos mediocres por no hacer sentir mal al poco esforzado ejemplar de turno.

Pero para mi tranquilidad moral la chica en cuestión, Angie, no quería que le hiciera publi a ningún producto, más bien quería que los conociera, en general, a ver si había algo que me interesara contar. Y en efecto, así fue. Porque se trata de una buena noticia, o algo así. Y qué queréis que os diga, con que le sirva a una sola persona ya habrán valido la pena mis devaneos ‘sexistenciales’…

Resulta que los de Dolce Love ofrecen curro. De asesora Tuppersex, para ser más exactos. O sea, como las tías esas de Avon, sólo que en lugar de ir de puerta en puerta se montan grupos de colegas, y en lugar de vender cosméticos se reparte felicidad en forma de geles, lencería y juguetitos. Cada cual tiene que buscarse sus propios grupos, claro, pero me explicaron que desde la central de Dolce Love también “pasan gente” para ayudar a incrementar las ventas, y de todas maneras no hay un mínimo de reuniones a organizar. Además, ofrecen un asesoramiento constante y envío de los productos entre 24 y 48 horas desde que se hace el pedido. Y recientemente han implementado un servicio de tiendas online para que las asesoras también puedan vender sus productos a través de una página propia.

Obviamente no es necesario ser una experta, pero sí hay que contar con ciertas cualidades, como facilidad de comunicación, don de gentes, soltura para tratar temas de sexo y esas cosas… Pero eso casi sobra decirlo, no creo que nadie piense que sea un curro para alguien que necesita persignarse o soltar una risita nerviosa cada vez que escucha la palabra follar.

¿Alguna se ha entusiasmado? Por si las flies, os dejo linkeado el blog de las asesoras Tuppersex, el formulario de solicitud y los datos directos de contacto para aquellas a las que se les ha despertado el espíritu emprendedor: trabajotuppersex@dolcelove.es o en los teléfonos 910108557 y 622263544.

Periódicos viejos, tiempo de lectura y solidaridad pro aborto

pescados-envueltosDicen algunos que el periódico del día anterior sólo sirve para envolver pescado. Discrepo, y no sólo porque me encante discrepar…

Me gusta comprar el diario todos domingos. Cuando lo hago a veces recuerdo a mi abuelo, que lo compraba siempre, y no uno, sino que dos, para estar informado desde perspectivas distintas. Aunque claro, mi principal motivación es bastante práctica (que no productiva, os lo puedo asegurar): Mirar curros, a ver si por ahí salta la liebre y puedo abandonar a los crápulas explotadores que me exprimen actualmente.

Ahora, una vez visto el tema laboral (acto que suele destacar por su brevedad), muchas veces el diario se queda sin leer, porque los domingos son mis peores días, aquellos en los que intento encajar todo lo que no alcancé a hacer en la semana. Así que lo más habitual es que vayan a parar a una cesta que hay en el baño, donde termino depositando los diarios, periódicos, revistas y escritos varios –hasta documentos y cartas, si me apuran- que pretendo leer en algún momento de paz.

Ya, classy!

Bueno pues, estando el otro día en el baño por tiempo prolongado (poniendo mis piececitos en remojo, malpensados!) me puse a hojear uno de esos diarios semiolvidados que sobresalía entre el montón, un ejemplar de El País del 13 de julio. Y me encontré con una noticia que, si bien no fresca, podría llegar a ser utilísima. Así que os la copio, tal cual como fue publicada, para que, de aprobarse la ley nefasta, corra la voz. Y ya de paso, lo hago como un gesto de agradecimiento a estas almas solidarias que están dispuestas a echar una manito transfronteriza de ser necesario.

Por cierto, también la podéis leer en la fuente original; os dejo el link al final porque, cómo no, un simple copiar-pegar me llevó hasta ella en San Internet.

Y ya, no digo más que acá lo q importa es la noticia en sí, no lo que yo pueda opinar al respecto…

Apoyo para abortar en el extranjero

Voluntarias españolas de media docena de ciudades europeas ofrecerán alojamiento y asesoría

Las impulsoras de la Red Federica Montseny preferirían no haber tenido que crear la plataforma que está a punto de nacer. “Lo hemos pensado como una necesidad. Es la respuesta obligada a la agresión que supone la ley del aborto anunciada por el Partido Popular”, explica Candela Girón, una de las integrantes del grupo de Feminismos vinculado al Movimiento 15-M de Berlín. La idea es sencilla: si el Gobierno pone demasiadas trabas a las mujeres que quieran abortar, estas se verán obligadas a hacerlo en otro país. Y aquí es donde intervienen Girón y sus compañeras.

Una página web que el equipo de voluntarios está ultimando, y que presentarán la próxima semana, ofrecerá a las interesadas información sobre la interrupción del embarazo en los países donde haya gente dispuesta a colaborar. Por ahora, la red cubre Berlín, Bruselas, Lisboa, Londres y Viena. París, Burdeos y Stuttgart han mostrado su interés en sumarse al proyecto. Y los grupos del 15-M de México, Buenos Aires y Montevideo también han expresado un apoyo que en principio será solo simbólico, ya que parece poco probable que una española vaya a cruzar el Atlántico para abortar.

Esta plataforma nace como reacción a la reforma que el Gobierno está a punto de presentar y que amenaza con convertirse en la más restrictiva de la democracia. Todavía no están claros los detalles, pero sí es seguro que la iniciativa del ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, acabará con la ley de plazos aprobada por los socialistas en la anterior legislatura. El punto más caliente del proyecto, y que ha despertado las críticas en el propio PP, es la inclusión o no de la malformación del feto como motivo para abortar. Las últimas informaciones sugieren que las mujeres podrían interrumpir su embarazo en este caso, aunque con más dificultades que con la ley aprobada en 1985.

Las militantes feministas quieren dar un apoyo integral a las mujeres que se vean obligadas a abortar lejos de casa. “Estaremos allí para lo que necesiten. Les ofreceremos alojamiento en casa de un voluntario, les ayudaremos con los trámites o haremos de traductores si lo necesitan. No queremos solo ofrecer información sobre las leyes del aborto en cada país. También acompañarlas si, por ejemplo, necesitan tomar una coca-cola y hablar con alguien”, explica Sara Jiménez rodeada de sus compañeros en una terraza berlinesa.

Todos ellos son jóvenes que abandonaron España forzados por la situación económica y la falta de perspectivas laborales. En Berlín, la red está formada por un núcleo de unas 25 personas, a las que se podrán sumar voluntarios que quieren ofrecer, por ejemplo, su casa o su tiempo para acompañar a las mujeres. En el resto de ciudades europeas el grupo es menos numeroso, pero las impulsoras confían en que vaya creciendo si se encuentran con muchas peticiones.

“Nuestra iniciativa tiene un doble objetivo. Por un lado, ayudar a las mujeres que lo necesiten por no tener recursos económicos o información para abortar en el extranjero. Pero además es una forma de intervenir en el debate político español. Nos hemos ido de nuestro país porque nos han forzado, pero eso no quiere decir que nos mantengamos al margen de lo que ocurre”, dice Jiménez. La red está formada por jóvenes españoles, pero para su puesta en marcha han recibido el apoyo de colectivos feministas de otros países. Las alemanas, por ejemplo, les asesoraron en el aspecto legal. “Aquí está castigado hasta con dos años de cárcel incitar al aborto si se hace con ánimo de lucro. Pero nosotros ni ganamos dinero con esto ni incitamos a nadie a abortar. Solo queremos ayudar a aquellas que hayan decidido libremente dar ese paso”, continúa la activista.

Los motivos que pueden llevar a una mujer a decidirse por una ciudad u otra son muy variados. “En Berlín, el viaje sería más complicado que, por ejemplo, a Lisboa. Pero la intervención no es cara. Oscila entre los 200 y los 400 euros. En cada caso intervendrán factores que no podemos prever”, explica Joan Ardiaca, de 26 años. La red sirve además como homenaje a Federica Montseny, una de las primeras mujeres europeas que alcanzaron el cargo de ministra. Esta dirigente anarquista redactó en 1936, cuando estaba al frente del Ministerio de Sanidad, el primer proyecto de ley para despenalizar el aborto en España. La iniciativa nunca entró en vigor. Su rápida salida del Gobierno y la guerra civil y posterior dictadura lo impidieron. Pero ese es el espíritu que hoy, casi 80 años después, quieren recoger las activistas españolas en Berlín y otras ciudades europeas.

Miembros de la red feminista Federica Montseny posan en Berlín la semana pasada (Júlia Soler para El País).

Miembros de la red feminista Federica Montseny posan en Berlín (Júlia Soler para El País).

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/07/12/actualidad/1405160549_284342.html

Por qué amamos, por qué engañamos


Conferencia de la antropóloga Helen Fisher que habla del amor y analiza su evolución, sus fundamentos bioquímicos y su importancia social. Os la recomiendo muy mucho 🙂 Vale que la mujer no derrocha encanto escénico, pero plantea unas reflexiones de lo más sustanciosas…

(Por si no se ve bien el video -parece que da problemas en algunos navegadores- os dejo el link al original, sólo hay que hacer clic aquí. Tenéis que seleccionar los subtítulos eso sí…)

Yo lavo los platos, tú arreglas el coche, nosotros follamos

igualdad de géneroCuanto más igualitario es el reparto de las tareas domésticas, menos sexo. Esa es la conclusión, aunque se adorne y se suavice de mil maneras distintas (menos, pero no peor; menos pero el vínculo es más estable), a la que llegó un estudio publicado el año pasado y que ahora vuelve a instalarse con empeño y desconcierto renovados en webs y sobremesas gracias a un extenso artículo al respecto que salió el mes pasado en el New York Times.

Sí, habéis leído bien: Lo que el estudio afirma es que cuantas más tareas domésticas consideradas “tradicionalmente femeninas” (cocinar, aspirar, hacer la colada, cambiar pañales) realizan los hombres, menos frecuentes son las relaciones sexuales en la pareja. ¿Y el otro lado de la moneda? Nos ofrece resultados similares: En aquellas parejas en las que los hombres hacen labores supuestamente masculinas (sacar la basura, arreglar el coche, armar muebles o reparar las cañerías) el sexo tiene una frecuencia media de 17 veces al mes, 5 veces más que en aquellas relaciones en las que esto no ocurre.

Parece casi anecdótico, y las primeras reacciones tienden al humor. Bueno, las mías al menos. Como proclamar a los cuatro vientos que no me importaría lavar más platos si a cambio me tienen más contentita en otras lides (¡vamos, que si es por eso hasta soy capaz de ensuciarlos a propósito!), o hacer repasos de mis conocidos más “cromañones” en busca de ese ansiado prototipo de macho que “quiere siempre” [que yo quiero]. Por supuesto, si no sabe usar un taladro y pringarse bien los dedos con grasa de motor, queda descartado del Top 10 mental.

Pero el asunto no es nada gracioso, ni liviano. Porque lo que nos viene a decir este estudio es que, de alguna manera, a medida que crece la comunicación entre el hombre y la mujer, a medida que se abrazan los puntos de unión y se logra trascender las diferencias, más disminuye la libido. Que esas parejas “progres” que comparten las labores, que crían a sus hijos al “fifty-fifty” y se disputan el reinado de la cocina quedan muy bonitas en la foto, pero lo que es follar, follan menos. Y ojo, que no es lo mismo que poco, pero ya tiene tela. Porque ese menos es en relación a aquellas parejas que mantienen un reparto de roles más tradicional, donde la sola idea de que el macho de la casa lave los platos haría saltar, junto con los suspiros de rigor, una que otra lágrima de risa a la fémina que se afana tras los fogones.

Bueno, pasado el momento del pasmo vamos con los matices, que los hay… El estudio, importante es decirlo, se realizó en Estados Unidos. Así que convengamos en señalar que sólo es representativo… de lo que representa. Una sociedad occidental, entre tantas otras, con sus  características y particularidades a la hora de entender las relaciones de pareja.

Por otra parte, si bien se constata que dichas relaciones no son tan satisfactorias desde el punto de vista sexual, sí lo son desde el personal y emocional. Bueno, para mí es un poquillo como decir que 2+2 son 5, pero sigamos avanzando.

El estudio ha sido elaborado con datos recolectados hace ya un turro de años (en la década de los 90), y si bien eso podría parecer que invalida sus conclusiones, la autora del reportaje en el New York Times, que es psicoterapeuta de pareja, asegura que se trata de una realidad que se ve día a día en su consulta (Lori Gottlieb se llama, por cierto). Además, una de las autoras del estudio, Julie Brines, ofrece una teoría al respecto: La falta de “diferenciación sexual” que se produciría al no tener tareas definidas es la que generaría esa menor atracción sexual. Algo así como que la neutralidad de género nos está convirtiendo en seres sexualmente neutros. Es más, Brines va más allá y concluye que las parejas homosexuales tienden a escoger a compañeros distintos precisamente para mantener viva su conexión sexual, lo que no pasaría en las parejas de lesbianas, que buscan afinidades en la forma de entender la vida y en los gustos, y cuya vida sexual es menos frecuente e intensa (eso sí, aclarando que registran menos divorcios).

Entre las múltiples teorías surgidas al calor de este polémico estudio, la propia Brines adelanta un par: que nuestra sexualidad es emocional e inconsciente, y que nuestro deseo funciona por asociaciones aprendidas, siendo una de ellas la atracción por lo que es opuesta a nosotros. O sea, que la igualdad es muy bonita y necesaria para organizar la vida social, pero sus valores, simplemente, no se pueden trasplantar siempre a la cama. O más bien a nuestros deseos. Por ese colador no pasa lo políticamente correcto…

Pese a esta evidencia, algunas voces indignadas se alzan en Internet, reclamando que este tipo de estudios, que en el fondo vienen a decir que a las mujeres en su fuero más íntimo les gusta ser dominadas, ponen en riesgo esa precaria igualdad que empieza a asomarse hoy en día, y que tanta sangre, sudor y lágrimas (de féminas, en su mayoría) costó conseguir. Por otra parte, hay quien opina que “a mayor igualdad y presencia de las mujeres en los centros de decisión y de poder, más frecuentes son los intentos de teorizar sobre las desventajas de ese poder y esa igualdad”, sin contar con que la menor frecuencia de deseo sexual de las “parejas modernas” podría atribuirse más al cansancio que la vida diaria provoca en una pareja de nuestros días en la que ambos trabajan” que a un tema de falta de diferenciación por géneros.

Yo, de momento, no tengo opinión, ni de espanto ni de asentimiento científico, aunque sí me interesaría muchísimo conseguir más información sobre la calidad de las relaciones en aquellas parejas que comparten las labores de forma indiferenciada. Pero bueno, que mientras averiguo más por esos lares me propongo realizar mis propias y humildes “labores de investigación de campo” porque el rollo éste de los géneros me parece fascinante y siempre he peleado mucho por expandir los confines que el mío me marcaba. Pero claro, ya sabéis lo que me gusta a mí la tontería!!!

O sea, que como os decía al principio en coña, por probar que no se quede. Ahora, es altamente probable que al quinto día de lavar platos en soledad me termine aburriendo del experimento (para eso ya tengo al mio filio adolescente, que tiene muy muy claro esto de los roles) y decida cambiar el enfoque. Puede que entonces publique un nuevo post haciendo un llamado a las féminas del mundo para que nos unamos en una nueva cruzada pro-igualdad: Disponibilidad total cada vez que nuestro chico-progre coja una escoba o una bayeta. Y en cuanto a las labores de bricolaje y otros menesteres masculinos, eso se arregla fácil: Unas clases con Miley Cirus sobre manejo del martillo y a correr. O a correrse, que es la idea!

Fuentes utilizadas para elaborar este post:

Does a More Equal Marriage Mean Less Sex? (reportaje en el New York Times)

Iguales y ¿asexuados?: conflictos de la pareja moderna

Menos sexo en la pareja si los hombres hacen quehacer

Egalitarianism, Housework and Sexual Frequency in Marriage (link al PDF completo -en inglés- del estudio)

Cuerpos delatores, señales inconscientes y lenguaje no verbal de la seducción

El rollo éste del lenguaje no verbal de la seducción (corporal en su mayor parte) me fascina, como me fascina la grafología o la astrología. Porque a ratos me hace sentir poseedora de un conocimiento añadido sobre mí misma y sobre los otros –que en estos casos siempre es ‘el otro’–, y eso no suele ser desdeñable. El conocimiento tiene eso, que nos hace sentir seguros, nos da calma. Como nos la da cualquier herramienta que nos permita creer que podemos enfrentarnos de alguna manera, aunque sea desde nuestro insignificante rincón y armados con un palillo para los dientes, al caos que es la existencia. Lo predecible parece pacificarnos el espíritu, aunque muchas veces no sea más que un elixir que al beberlo se convierte en veneno para la libertad del mismo.

Pero bueno, que me voy por las ramas y no es la idea. Hablaba del lenguaje corporal, y de la tranquilidad que nos aporta manejar ciertos conceptos. Tranquilidad y poder, claro. O como apunta Pere Estupinyà en “S=EX²”, “dominar el lenguaje no verbal de la seducción es saber lanzar mensajes gestuales que se adentren en el inconsciente de la persona con quien queremos ligar, pero sobre todo saber interpretar sus señales de aceptación, rechazo, interés o cansancio que irá expresando durante la cita sin apenas darse cuenta. Si veis que ladea la cabeza vais bien, podéis pedir otra copa. Pero si notáis que poco a poco se va echando un poquito hacia atrás, mejor reaccionar rápido y sugerir cambiar de bar”. “Son y no son tonterías”, concluye Pere, tan rico él.

imagen lenguaje corporal 2Quienes se toman este tema con un poco de seriedad advierten que hay que distinguir entre “lo anecdótico, propio de revistas para adolescentes” y los comportamientos realmente consistentes en los flirteos de las sociedades occidentales. Todos los animales tienen signos específicos de cortejo y los humanos no somos una excepción. ¿Qué hay, entonces, detrás de esta insultante falta de originalidad en nuestros comportamientos? El sospechoso habitual, ni más ni menos: nuestro instinto de reproducción puro y duro, que tantos quebraderos de corazón nos provoca.

En un trabajo publicado en 1985 sobre el cortejo (para cuya elaboración se siguió  a 200 mujeres durante más de 100 horas en bares y centros de entretenimiento) Monica Moore elaboró un catálogo de 52 conductas femeninas que denotan interés, como mirar directamente a los ojos, acicalarse el pelo inconscientemente, sonreír, ladear la cabeza, tocarse de manera refleja el cuello o los labios, pedir ayuda e inclinar el cuerpo hacia delante. Pero lo que es más importante, se encontró con un hallazgo inesperado (siempre citando el libro de Estupinyà): “Lo que realmente predecía la aproximación masculina y el éxito del encuentro no era la belleza de la mujer, sino el número de señales que emitía. Monica se muestra contundente en este punto: ‘Lo hemos observado repetidamente, los hombres se interesan por las mujeres que dan más señales, no por las que en principio resultan más atractivas’. Es decir, que para que un hombre se acerque a una desconocida, una sonrisa o una mirada directa es muchísimo más eficiente que un vestido escotado o facciones más bellas”.

Y siguiendo con Moore: En dos tercios de las ocasiones es claramente la mujer quien da pistas al hombre para que se acerque a conversar. En realidad es ella la que da la señal. Cuando un chico da un paso –el ‘primer paso’ de toda la vida, vamos– casi siempre es precedido por invitaciones no verbales de la chica. O sea, y en otras palabras, más que tomar la iniciativa los chicos reaccionan al percibir una invitación inconsciente.

Llegados a este punto me pregunto si alguien habrá hecho un estudio serio sobre los signos de cortejo en encuentros homosexuales. De momento, mis barridos por Internet no han arrojado resultados satisfactorios. Vale que en muchos casos la cosa es tan directa que no son necesarias estas “artimañas” para llegar a las sábanas (ay, esa maravillosa practicidad que tiene el sexo gay a veces), pero pretender que no existe un ritual previo es quedarse muy cortos.

Y otra reflexión os dejo: Me parece que manejar mínimas nociones sobre este tema no sólo nos permite entender mejor lo que el otro nos está comunicando de forma no verbal (y si acaso hay una incongruencia con lo que nos transmite verbalmente, y por qué podría ser eso), sino también entender, y hasta cierto punto controlar, lo que nosotros mismos estamos comunicando. No se trata de reprimir las expresiones del nuestro cuerpo, se trata, además de comprendernos mejor, de evitar que hable en exceso por nosotros cuando no queremos. Ay, la traición de un cuerpo delator, quién no se ha visto en esas alguna vez…

Para evitar alargarme os dejo un ‘punteo’ de otras cosillas interesantes en torno a la comunicación no verbal que aparecen en el libro:

– La mirada continúa siendo su principal elemento, tanto de manera involuntaria como controlada.

– Los expertos observan muchas sutilezas en las señales no verbales de seducción, como esconder la panza y mantener la espalda recta, recolocarse la ropa y –en el caso de los hombres– posicionar el cuerpo de manera que cierre el campo visual de la mujer. Otras señales de interés típicas de chicos son: inclinarse hacia la mujer, gesticular airadamente, mover mucho las manos y asentir exageradamente con la cabeza.

– En cuanto a las chicas, nos delatamos cuando humedecemos los labios de forma involuntaria o torcemos un poco el cuello para mirar fijamente al macho que nos arranca los suspiros internos.

Obviamente, también resulta recomendable manejar un mínimo de información sobre aquellas temidas señales de rechazo, para al menos ser un rechazado digno en caso de encontrarnos en esos menesteres.

imagenlenguaje corporal 1Entre los clásicos de toda la vida nos encontramos con el infaltable bostezo (espontáneo, que si ya es del otro mejor ni hablar) y las continuas comprobaciones al móvil (el libro en realidad habla simplemente de comprobaciones pero yo me he permitido el adjetivo extra ya que, en los tiempos que corren, espantarse porque el galán de turno le echó una sola miradita roñosa al WhatsApp no parece la actitud más productiva).

Nuevamente Moore viene a nuestro rescate, esta vez con una lista de 17 actitudes asociadas al rechazo (y siempre en un contexto de primeras citas). La lista hace referencia a comportamientos observados en mujeres, si bien los hombres comparten varios de ellos. Entre las principales tenemos inclinar el cuerpo hacia atrás, cruzar los brazos, tocarse las uñas o mover los dientes. ¿Pensabais que era por nerviosismo? No, advierte Pere: “se encuentra incómoda y quiere escapar”. “Veréis que pronto empieza a desviar la mirada, las piernas se mueven inquietas, y no tardará en dejar de sonreír tan fácilmente como antes. Y si en un momento determinado empieza a llevar la contraria en temas banales en lugar de asentir, podemos interpretarlo como otra de las señales más claras de rechazo”.

Como conclusión más que obvia, el libro nos deja la siguiente: Los hombres menos exitosos a la hora de ligar identifican significativamente menos señales de cortejo que la media…

¡Qué! ¿Os parece ahora que son tonterías de las que estamos hablando?

Guía lésbica para comer coños

Terminamos con este post la “trilogía”, esperando haber contribuido en algo a la profunda necesidad de conocimiento del ser humano. ¡Que los disfrutéis! Ava.

La habitación prohibida

El Orgullo Gay se acerca, y después de los dos post anteriores, de como comer pollas y como comer un coño no podía dejar pasar esta perlita escrita por una lesbiana, que sabe lo que se dice, para la revista Vice y simplifica en 3 simples pasos las claves de como comer un coño (los chicos 9 pasos y 3 anexos… no digo más). Espero que lo disfrutéis y si es en compañía mejor 😉

1) Tú eres la jefa

Cuando vi mi primera vagina, a parte de la mía, claro, flipé. En realidad, una vagina no es algo muy bonito, y ahí abajo pasan un montón de cosas. Tuve que hacer un verdadero esfuerzo mental, personal y físico (como dolor de cervicales, quedarme dormida mientras lo hacía, matarme haciéndolo y querer llorar cuando ves que a la persona le está costando la vida correrse) para hacerlo como es debido…

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Como comer un coño

Y seguimos con La Habitación Prohibida, esta vez para adentrarnos en las técnicas de un buen cunnilingus… Bueno, este post tiene un tono un poco más “rancio” y que me gusta menos, pero pensé que valía la pena compartirlo porque tiene cosas para no perderse. Como aquello de que “si dos manos caen súbitamente del cielo y empiezan a levantarte, significa que te han echado de la partida. Te dirá que nunca se corre con el sexo oral, pero lo que realmente pasa es que chupas por chupar. Dile, de buena forma, que lo entiendes y analízalo todo”. Pues sí…

La habitación prohibida

Si ayer os dejaba con una completa y graciosa guía para comer pollas, gentileza de la revista Vice, no iba a dejar de lado la réplica para los coños. A si que os dejo una guía destinada a que los chicos aprendan a comérnoslo bien, os recomiendo que la leáis, tiene una visión algo machista a veces, aunque creo que eso es para empatizar con el lector y que no se crea que es una clase de ciencias, pero seguro que os echáis unas risas y quien sabe, quizás alguien pueda aprender algo…

Y si pasas de la versión masculina puedes visitar el post de la Guía lésbica para comer coños, también de la revista Vice.

Sacado del archivo: Guía Vice para comer coños

1. NO TE ARRASTRES
No bajes al pilón al menos que ya estés abajo. Al contrario que una felación, un cunnilingus no…

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Guía ‘Vice’ para comer pollas

Espectacular! No he encontrado, en mis innumerables paseos por la web, una guía de este tipo que cuente mejor los tejemanejes de una buena mamada, con tanta gracia y desparpajo…
Y por cierto, os recomiendo el blog. Siempre tiene cosillas interesantes 🙂

La habitación prohibida

Os dejo con una completa guía que ha elaborado Linda Gondelle, en la revista ‘Vice’, muy recomendable si no la conoceis, muy graciosa y con algún truquillo a tener en cuenta…

Hacer una felación de ensueño es un arte que no dominé hasta que tuve unos veinticinco años. Antes estaba muy perdida, normalmente iba borracha cuando lo hacía y a menudo me quedaba pensando por qué me salía mal. Tenía la ilusión, la concentración y la actitud necesaria pero también tenía la dentadura salida y bebía mucha mierda. En esa época iba al instituto. Entonces conocí a Yves, el típico novio que se tiene a esa edad, que es mayor que tú. Nació y creció en Montreal, estaba acostumbrado a que le hicieran unas mamadas de lujo. Desde entonces, he (cito textualmente) “meneado”, “dominado” y “paralizado” algunas de las mejores pollas de la costa de Mississippi. Ahora te contaré…

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El cuerpo de las mujeres (Il corpo delle donne)

El cuerpo de las mujeres_PantallazoEl cuerpo de las mujeres (Il corpo delle donne)
Documental
24:24 minutos.

Qué sería de mí y de este blog sin esos maravillosos amigos que cada tanto me aportan sus ideas, sugerencias, descubrimientos y links varios con los que logro nutrir de material a este alter ego loco que a veces me atormenta. En esta ocasión, los agradecimientos particulares son para mi amigo Thomas, que me dejó esta joyita que comparto más abajo.

No me quedaré a comentar el video porque hoy tengo prisa… Ya sabéis, Madrid vuelve a enfundarse sus banderas multicolores para celebrar el orgullo gay, y mis mejores amigos, que están a días de ‘darse el sí’, han elegido el desfile como escenario de su particular despedida de solteros… Así que provecho desde acá de decirles que los amo con toda el alma, y que no les deseo felicidad porque esa ya les sobra, pero sí mucho éxito en sus proyectos de chicos serios.

Y volviendo con el documental, tenedle un pelín de paciencia, que compensa. A mí al menos, al principio me pareció livianito, pero a los pocos minutos me di cuenta de que contiene reflexiones de esas que han escarbado y quitado capas antes de coger forma, ni obvias ni livianas, a lo que se suma una sucesión de vértigo de imágenes de soterrada violencia que culmina en una última estampa dantesca, tan potente que una desazón rebelde se me estampó en las entrañas, como un escupitajo de botox perforando la conciencia.

Antes del video os dejo con una cita, a modo de “tentempié” 🙂

“Si las caras no muestran más su vulnerabilidad, ¿dónde podemos encontrar las razones de la comprensión, la exigencia de sinceridad, la necesidad de respuesta sobre las cuales se funda la cohesión social? Entonces no hagamos el lifting a nuestra cara, sino a nuestras ideas, y así descubriremos que muchas ideas que han madurado en nosotros mientras veíamos cada día en la televisión el espectáculo de la belleza, de la juventud, de la sexualidad y de la perfección corpórea, en realidad sirven para esconder a nosotras y a los otros la calidad de nuestra personalidad. Tal vez esta es la parte de nosotras a la que no le hemos prestado atención, porque desde la infancia nos han enseñado que aparecer es más importante que ser, corriendo así el riesgo de morir desconocidas por nosotras mismas y por los demás”.

Ah, y por favor, no os perdáis al gilipollas del minuto 20.41 e indignaos conmigo, que cuando menos se merece un par de huevos podridos estrellados contra las ventanas de su casa… Uffff!!! (Como diría mi queridísima prima Aurora, a ese hay que hacerle un buen “bowling”!)

Y bueno, ya que sigo acá, os dejo una última cita:

“¿Se puede permitir que nos introduzcan debajo de una mesa de plexiglás? ¿Se puede hacer de patas de mesa, pasar el tiempo acurrucada ahí abajo manteniendo la superficialidad del juego sin que en alguna recóndita parte de nuestro cuerpo se produzca una herida? ¿Y nosotros que estamos al otro lado de la pantalla, qué sentimos? En la tele hay un hombre que está poniendo a una mujer debajo de una mesa…”

Un striptease, por favor

<a href="http://www.flickr.com/photos/14903578@N06/3906664713/">Tyler Durdan_</a> via <a href="http://compfight.com">Compfight</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.0/">cc</a> Me pasa por no ir directo al grano. Por buscarle la “quinta pata al gato”, como decía la Elenita cuando yo era niña. Sabia ella, también decía mucho eso de “el que busca siempre encuentra”, una frase de lo más apropiada para el asunto que me traigo entre manos.

Hace algunos días, estando en la cama con un chico con el que últimamente me ha dado por irme a la cama (¡y a la ducha, y al sofá y a donde toque!), le solté la clásica pregunta de qué le gustaba en el sexo, para yo poder darle en el gusto. Confieso que al hacerlo no me movía tanto el altruismo erótico como el deseo de que me devolviera la pregunta y así poder plantearle un par de cosillas que me estaban apeteciendo. Sé que la cosa directa puede ser más funcional, pero tal como comentaba en el post anterior eso no siempre es tan fácil, por más disposición que haya, y al no sentirme muy segura del terreno que pisaba elegí ese recoveco por camino. “Total –pensé-, qué le puede apetecer que a mí no me guste. No es de los más hardcore, así que dudo que me salga con que se pone como una moto estrangulando mujeres hasta el éxtasis o que le va la lluvia dorada”.

– Me gustan los stripteases-, fue la automática respuesta.

Me quedé frita, como dicen mis amigos los Chamos. Veamos, yo estaba de lo más dispuesta a lanzarme a la aventura, pero no me esperaba eso. Probablemente porque nunca me había tocado. O sea, en esas lides soy una virginal y cándida doncella, jamás nadie ha perforado mi himen “striptisero”. Pese a ello puse mi mejor expresión de gata en celo, solté un par de mmmms para sugerir que la idea me parecía fascinante y aparqué las preocupaciones para más tarde. Total, todo es ponerse, dicen por ahí. Además, siempre se puede sacar un post de la experiencia 😉

 Paso 1: Elegir la canción.

No sirve cualquiera, sobra decirlo. Descartada de entrada la típica de Kim Bassinger en Nueve Semanas y Media, demasiado presente en el imaginario colectivo como para no sentirme una imitación barata de la rubia soñada de los 90 en versión Pocahontas trasnochada. Descartadas también aquellas demasiado “punchi-punchi” o que por su ritmo trepidante requieran excesivas demostraciones gimnásticas. No me salían ni en el colegio y me van a salir ahora, chorrocientos años después, pfff. Además, nada menos sexy que un baile erótico que termine con un batacazo y una pierna torcida. Finalmente, se caen de la lista las demasiado lentas ya que tienden a generar movimientos de culebra que no llevan a ninguna parte, sin contar con que no son las más aptas para el momento estrella de “me abro la camisa con fanfarria y lo dejo flipando”.

By Exey Panteleev (Flickr: Striptease) [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons

Paso 2: Elegir la ropa.

Los taconazos se ven muy bonitos en la tele, pero a menos que exista un hábito de uso se recomienda evitar alturas excesivas, sobre todo si no se cuenta con un caño de dónde agarrarse cuando una se ha puesto demasiado entusiasmo en un movimiento. La idea es verse sexy, no tambaleante y ridícula. Por razones lógicas quedan también prohibidas las bragas de abuelita, los sujetadores porfiados, las medias que estrangulan el michelín (rollito), las camisetas cerradas, los pantalones que te van a hacer saltar en un pie cuando te los estás sacando y los calcetines de futbolista. Se recomienda una camisa con botones de clip, falda o pantalón corto que se quite fácil, sujetador con cierre delantero y algún elemento para jugar, como una corbata. O mejor un sombrero, accesorio sumamente útil cuando se quiere retrasar más aún el momento de destapar las “sorpresas” del cuerpo humano. Porque al fin y al cabo en eso consiste el tema, ¿no? En demorar el festín y hacer sentir al otro que nunca ha visto lo que tantas veces ha visto, que tiene que esperar para tocar, que tiene un regalo sin abrir, nuevito y sólo para él, ahí esperando. Y claro, hacerlo sentirse deseado, muy deseado.

Paso 3: Elegir una cara de guarra

Siguiendo con la idea anterior, mientras más cara de guarra pongas, mejor, del tipo “esto es todo para ti papi, porque me tienes como una moto”. Y si se pueden lograr distintas versiones de la expresión, tanto mejor. O sea, y a mi parecer, ahí está el meollo del asunto, véndele eso y casi que va a dar igual cómo bailes… Siempre y cuando, insisto, el show no termine con un costalazo magistral y la bailarina toda despatarrada en el suelo. Porque si puede haber algo peor que caerse en medio de una performance de ese tipo es caerse frente al galán con cara de porno-star. Uf, papelón…

Paso 4: Ensayar frente al espejo.

Parece fácil, pero también aquí hay que tener en cuenta ciertas recomendaciones:

– No hay que documentarse de forma excesiva. Demasiadas imágenes de Jessica Alba o Demi Moore calentando la temperatura pueden terminar afectando la autoestima, sobre todo si se pertenece a la inmensa mayoría de los “normalitos”. Si tampoco se sale ganando en agilidad, la comparación definitivamente no será favorable. Mejor coger unas pocas ideas y apelar a la capacidad de innovación.

– Hay que tener cierto sentido del ridículo y estar dispuesta a no sentirse perturbada al ser una misma la destinataria de las caras de guarra mencionadas en el paso 4. Sonreír ayuda, si la del espejo te sonríe y se lo está pasando bien, tú también!

– Evitar las luces excesivas y los focos delatores.

– Elegir un momento apropiado. Empezar las contorsiones cinco minutos antes de que tu hijo llegue del cole o cuando has tenido un día de los mil demonios no parece lo más recomendable.

– Un poquito de por favor: Vale que nadie más está mirando, pero una depiladita básica puede evitar que una se auto-mate las pasiones en el camino.

– Un consejillo final, no nacido de mi experiencia directa pero casi: Si lo suyo no es el equilibrio y no tiene el espejo fijado a la pared… guarde las distancias!!! No importa lo hot que se esté encontando en ese momento, un exceso de entusiamo no vale siete años de mal sexo…