Conversaciones con Lucas I

Intento visualizarte tumbado en mi cama como tantas veces,

con la camiseta arremangada hacia arriba y la espalda demandando cariño.

Yo te tocaba con las yemas, para sentirte

y tú me pedías uñas.

Pero tu espalda es ahora ceniza envuelta en el beso eterno de la tierra,

carne y huesos renacidos en cristales grises

un recuerdo apenas

Y mi mano sigue siendo mi mano

dedos que tocan aire

que intentan dibujarte en el aire.

A veces vanos esfuerzos

Otras, un leve soplo capaz de contener tu propia y maravillosa levedad.

Tu único aroma.