Sobre la trascendencia y el sexo ‘de puta madre’

Inocente de mí, hace un par de semanas lancé una “llamada de auxilio” a través de este blog, poseída por una de mis crisis de sequía creativa. Pensé que me estaba haciendo la vida más fácil, sin imaginar siquiera los berenjenales en los que habría de meterme.

Y es que claro, con el calibre de las propuestas recibidas, como la que aportó el amigo Ducrein, a ver quién se saca un post de la manga en media horita…

Pero antes de que me líe más, os dejo con sus palabras:

http://www.planetaholistico.com.ar/Tantra.htm¿Qué te parece hablar del sexo como paradigma de autoconocimiento y desarrollo personal y, por añadidura, transpersonal? Siempre he pensado que nos solemos quedar en la superficie, que solo rascamos la punta del iceberg y aprovechamos una parte ínfima de todo lo que nos brindan las relaciones sexuales como herramienta. Durante un acto sexual nos encontramos mucho más dispuestos a vaciar nuestra mente, trascender el ego y conectar con nuestra esencia, así que en cierto modo es una pena que todo se quede en un viaje en montaña rusa del cual solo recordamos que ‘nos lo pasamos muy bien’.

Desde que la leí esta propuesta me guiñó un ojo, pero también desde el primer momento me exigió respeto. “No me vayas a pasar por encima”, me advirtió. “Soy un tema importante”. Y así ha estado desde entonces, dando por saco, metiéndose en mi cabeza el temita de marras. El sexo como vía a la trascendencia… ¡Uf, tela! ¿Cómo voy a ser tan cutre de escribir un post intrascendente sobre la trascendencia?

Pensé entonces en documentarme muy mucho, buscar qué dicen los expertos sobre el Tantra, el camino del Tao y todo eso, pero pensé que os podría aburrir. Y aburrirme yo de paso, que es peor (para mí al menos…).

Probablemente ahí esté el problema, el primer problema. Esa tendencia a dividir el mundo siempre en blancos y negros, a nadar con tanta gracia entre dicotomías pero ahogarnos en las sutilezas: chicos malos vs chicos buenos. Polvazo vs sexo de abuelitos. Diversión vs aburrimiento.

Pero no me quiero ir por ahí, no todavía. Retomaré la idea más adelante…

Como es habitual, entonces, voy a hablar de mis propias experiencias, de lo que he vivido, y de cómo el tema propuesto aterriza en mí.

Como os conté en el post anterior, para mi primera vez elegí (si es que se puede hablar de elegir, al menos a nivel consciente, cuando alguien irrumpe en tu vida con esa contundencia) a un personaje bastante peculiar. Y de alguna manera siento que ese arranque me llevó a configurar una suerte de camino en el que la sexualidad se fue volviendo un elemento cada vez más importante en mi vida. No de la mano de quien me acompañó en esa primera experiencia pero sí, en gran parte, a raíz de lo vivido con él. Antes de Ismael el sexo era un deseo eternamente embrionario, una vibración poderosísima a la que no tenía intención alguna de darle cauce. Más bien todo lo contrario.

Novios oficiales no tuve ninguno, pero sí unas cuantas relaciones sin el cartelito. Chicos que me llegaron a gustar muchísimo, que me despertaron mareas dentro de las entrañas, que me llevaron a fantasear. Pero en cuanto mis escarceos adolescentes amenazaban con volverse más carnales, cuando veía en ansia de fusión en los ojos del otro, ponía los pies en polvorosa sin más explicaciones que “lo siento, no sé qué me pasa, ya no quiero estar contigo”.

Probablemente tengan mucho que ver los episodios de incesto que sufrí en la infancia, aunque en ese tiempo no podía verlo ya que tenía los recuerdos bloqueados. No entendía qué me pasaba, y desde mi turbación y mi rabia le reclamaba al cosmos mi derecho a estirar el brazo y coger la deseada manzana de ese árbol que me estaba prohibido. Y entonces apareció Ismael, y mi necesidad de no alejarlo me invitó a cerrar los ojos y saltar al vacío.

Y salté, con el estómago revuelto, el anhelo furioso y la confusión en carne viva.

Desde ese día hasta hoy hay tanto aprendizaje, tantas vueltas, tantas personas importantes, tantas historias, tanto disfrute y crecimiento interno…  Tal vez porque tras esa experiencia me resultara más natural dar otros saltos, abrir otras puertas -mentales y del interior- que querían permanecer cerradas.

Por supuesto que ha habido estancamientos, retrocesos, polvos “puaj”, momentos mezquinos de mi parte, miedos que en algún momento vencieron, complejos, frustraciones y fraudes… no pretendo decir que siempre me lo he pasado de puta madre ni mucho menos, aunque muchas veces sí me lo he pasado de puta madre, jejeje. Lo que quiero decir es que si tenemos en cuenta las definición de trascender (empezar a ser conocido o sabido algo que estaba oculto; extender o comunicarse los efectos de unas cosas a otras, produciendo consecuencias; ir más allá, sobrepasar cierto límite) definitivamente he trascendido a través del sexo.

Ahora, pese a ello nunca me ha abandonado la sensación de que hay un “todavía más” que no estoy alcanzando, niveles más elevados de unión y abandono de uno mismo que se me escapan, capas más profundas en las que rascar. Sin duda he ido más allá de mi misma, y en mi balance hay mucho más que el goce de la carne y el vórtice de un buen orgasmo, pero no sé si me atrevería a hablar de crecimiento espiritual así con mayúsculas… Y aquí ya me empiezo a liar, porque hablo de temas que no tengo claros, que no están resueltos. Así que ni modo… post multicéfalo para vosotros!!!

¿Ha de ser el sexo dulce o amoroso para conectarnos con estados más elevados de consciencia? Y por el contrario, ¿Qué energías de las que no somos conscientes entran en escena en los juegos de poder y dominación, por ejemplo?

Es curioso, pero me resulta difícil meter en un mismo saco la etiqueta de “sexo trascendente” con la de “me lo pasé de puta madre”. ¿Cómo elevarse espiritualmente a través del sexo cuando el orgasmo que se está teniendo es más por asfixia que por amor? ¿Cómo sentirse “espiritual” en medio de una lluvia dorada o cuando el cuerpo pide azotes?

No es un tema menor, o al menos no para mí. Tengo muchísimo más resuelto lo que me ocurre cuando las energías amorosas son las protagónicas. No necesito que me expliquen lo que me pasa cuando me pierdo en la cadencia de un hombre afectuoso –en ningún caso una experiencia menor para quien os escribe, incluso me atrevería a decir que más deseada por menos frecuente– eso lo hemos aprendido casi todos desde pequeños. Lo que no hemos aprendido tantos es que somos una enorme bola de contradicciones con dos piernas.

ositos cariñositosA veces, cuando algún simplista de turno me suelta la típica fracesita de “mejor búscate un hombre bueno”, caigo a mi vez en la pregunta-trampa de si podría pasarme la vida con un osito cariñosito, teniendo sexo “tierno”. O sea, un tío suave, dulce, preocupado por mí, sano internamente y toda esa vaina; que no pegue, no azote, no muerda (o no fuerte), que no diga guarradas y no abandone nunca los límites del respeto y la decencia en el trato. No ayuda mucho que en mi cabeza se dibuje la figura de un Manolito Gafotas en versión cuarentona, medio pelado y de dedos cortos y sudorosos, poco dado a las artes amatorias.

Pero como ya os dije hace unos cuantos párrafos, creo que el problema se limita al ansia por ponerle nombres y categorías a todo, por andar colgando cartelitos. Yo la primera… Porque ni soy Manolita Gafotas ni soy una zorra malvada destruye corazones, y no veo por qué los demás tienen que ir por la vida de blanco o negro cuando yo no lo hago. Si es que al final todos somos surtidísimamente iguales…

Recuerdo que en mi penúltimo año de colegio tuvimos una profesora de música que era mega hippie, hablaba de la reencarnación y nos enseñaba técnicas de relajación y meditación. Duró menos que un suspiro (colegio de monjas rancias y madres histéricas, no necesito decir más), pero alguna semilla se dejó plantada por ahí. Fue mi caso al menos, ya que esas sesiones de meditación eran como pequeños viajes al centro del cosmos, cuyos efectos se derramaban primero en mi cuerpo y después en mi espíritu dejándome transformada… Como si se me ofreciese una gran manta hecha de estrellas en la que ponerme a resguardo del gran caos de la existencia.

Las clases de música eran los viernes por la tarde, y al salir del cole flotando de espiritualidad zen me iba a juntar con mi grupo de amigos, todos ellos unos heavys recalcitrantes que no perdonaban recital o convocatoria que les cayera entre manos. Y ahí estaba yo, dominada por “la música de Satán”, en trance rockero y con las neuronas en éxtasis espiritual tras cada sesión de headbanging, preguntándome cómo era posible que me gustara tanto empujar hombretones y dejarme poseer por gruñidos cavernarios y al mismo tiempo ser capaz de dejarme seducir por las deliciosas sutilezas de la quietud y el silencio. No llegué a entenderlo, pero sí comprendí que ambas eran para mí vías muy efectivas de catarsis.  Ambas experiencias, al fin y al cabo, me purificaban, y permitían que mi cuerpo, mi mente, mi espíritu y mis emociones entraran en comunión. Y lo mejor de todos, la suma de ambas era muchísimo más de lo que cada parte aportaba por separado.

La posible solución del dilema: Respira como te salga de los cojones

Bueno, y ahora os tengo el “momento erudito” del post. Con subtítulo y todo, así los que quieren huir que sepan que pueden hacerlo en este instante. Va de sexo tántrico, por si las moscas, y es largo, pero lo dejo así porque hay partes fantásticas que me parecen escritas para aclarar mis dudas. Y aunque no haya sido realmente así… mola!

Reconozco que he soltado al principio que no quería ponerme muy académica y aburrir, pero aún así no pude resistir la tentación de husmear un poquito en la web, a ver qué decían al respecto “los que saben”. Y como no, he vuelto a caer en brazos de mi amigo “Posho” (sus herederos ya se forran lo bastante como para que yo ayude a engrosarles la cuenta, jeje), que aunque me cae más o menos no más, habla cosas coherentes (y otras menos, pero ese es otro tema).

http://ruizilhao.wix.com/portraits-caricatures#!caricaturesSegún Posho, el Tantra es la ciencia de transformar los amantes ordinarios en almas gemelas (en otra parte del texto lo define como “el camino natural hacia Dios”). Para él, el Tantra ha de ser absorbido, “no es una técnica para ser aprendida”.

Dice el de las barbas: “Cuando estés haciendo el amor no controles. Entra en el descontrol, entra en el caos. Será terrible, espantoso, porque será una especie de muerte. Y la mente dirá: ‘¡Control!’. Y la mente dirá: ‘Salta y mantén el control, de lo contrario te perderás en el abismo’. No escuches a la mente, piérdete. Abandónate a ti mismo y sin ninguna técnica llegarás a tener una experiencia intemporal. No habrá dos en la experiencia intemporal: habrá unidad”.

El objeto es llegar a ser completamente instintivo, tan fuera de la mente “que nos fusionemos con la naturaleza suprema”. Esa es la definición tántrica de nuestra sexualidad: “El retorno a la absoluta inocencia, a la absoluta unidad”. Así, la mayor excitación sexual de todas “no es una búsqueda de la excitación, sino una espera silenciosa: En relajación completa, sin motivo alguno. Uno es consciencia. Está satisfecho pero no es una satisfacción por algo. Y entonces hay una gran belleza, una gran bendición”.

Ahora, Posho advierte que “si eres demasiado técnico te perderás el misterio del Tantra”. Aquel que está basado en técnicas es “pseudo-tantra” porque si las técnicas están ahí el ego estará ahí, controlando. “Entonces estarás haciéndolo, y hacer es el problema. El Tantra tiene que ser un no-hacer; no puede ser técnico. Puedes aprender técnicas para que el coito sea más largo, pero estás controlando. No será salvaje y no será inocente, y tampoco será una meditación .Será de la mente. Esto es técnica, no Tantra”.

Es entonces algo que “no se guía por la cabeza sino por la relajación en el corazón”, y aunque muchos libros han sido escritos sobre el tema, el Tantra real no se puede escribir, no se puede pensar. “Tiene que ser absorbido”. ¿Y cómo?: transformando nuestro enfoque.

(Y estos párrafos que siguen ya son literales, porque me han gustado tanto que no he querido meterles ‘tijera’…)

“Reza con tu mujer, canta con tu mujer, juega con tu mujer, baila con tu mujer, sin idea alguna de sexo. No vayas pensando: ‘¿Cuándo nos vamos a ir a la cama?’. Olvida todo al respecto. Haz alguna otra cosa y piérdete en ello. Y algún día el amor surgirá de ese estar perdido. De repente verás que estás haciendo el amor y tú no lo estás haciendo. Está sucediendo, y estás poseído por ello. Entonces tienes tu primera experiencia del Tantra, poseído por algo más grande que tú. Estabas bailando o estabas cantando en unión o coreando juntos o rezando juntos o meditando juntos, y de repente te das cuenta que los dos se han movido hacia un nuevo espacio. Y tú no sabes cuando has empezado a hacer el amor; tú no lo recuerdas siquiera. Entonces tú estás siendo poseído por la energía del Tantra. Y entonces por primera vez percibirás una experiencia de carácter no técnico”.

“El Tao tiene su propio Tantra. Nunca se divide en lo inferior y lo superior, esa es su belleza. En cuanto divides la realidad en lo inferior y lo superior te estás volviendo esquizofrénico. En cuanto dices que algo es sagrado y algo es profano te has dividido. En cuanto dices que algo es material y algo es espiritual te has dividido, has dividido la realidad. La realidad es una. No hay ni materia ni espíritu. La realidad es una, aunque se exprese a sí misma de muchas formas. Lo espiritual no es más alto y lo material no es más bajo; ellos están en el mismo nivel. Esa es la actitud del Taoísmo. La vida es una. La existencia es una”.

“La primera cosa en el Tao es abandonar la dualidad. El sexo no es más bajo y samadhi no es más elevado. Samadhi y sexo son expresiones de la misma energía. No hay nada loable respecto al Samadhi y no hay nada condenable respecto al sexo. La aceptación del Tao es total, absoluta. No hay nada equivocado respecto al cuerpo, y no hay nada hermoso respecto al espíritu – los dos son hermosos. El Diablo y Dios son uno en el Tao, cielo e infierno son uno en el Tao, bueno y malo son uno en el Tao – esta es la mayor comprensión de la no-dualidad. No hay condena ni preparación. ¿Prepararse para qué? Uno simplemente tiene que relajarse y ser”.

Para los valientes que habéis llegado hasta aquí, y por si os lo estabais preguntando, Santa Wikipedia define samadhi como “un estado de conciencia de ‘meditación’, ‘contemplación’ o ‘recogimiento’ en la que el meditante siente que alcanza la unidad con lo divino”.

Y no, no hay premio… salvo el placer de una buena lectura, jejeje. O de una lectura al menos. Para cualquier queja, pedid una hoja de reclamación a un teletubbie. Y después me contáis de cuál estáis fumando! 😉

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37 pensamientos en “Sobre la trascendencia y el sexo ‘de puta madre’

    • Y a mi me ha gustado mucho este primer comentario, todo un derroche tecnológico que me emociona y valoro millones 😀
      Y por cierto, fantástico nombre!!!!
      Abrazote transoceánico ❤

  1. Reconozco que soy muy poco espiritual, y me da mucha pereza ir etiquetando cada actuación. Confío en la intuición y en que la gente sea libre para hacer y dejarse llevar. Todo un romántico, ¿verdad? Intensa reflexión, Ava. Ahora me voy a trabajar pensando en todo esto… Seguro que antes de la tarde llego a alguna conclusión (o no, who knows?)
    Saludos astures.

    • Pues confiar en la intuición y dejarse llevar es precisamente el lado “espiritual” de todo esto, jeje, o al menos así lo veo yo. Menos gurú, menos libro de texto y más cerrar los ojos y saltar, aunque sea para un misionero de 3 minutos. Todo vale, todo es rico, todo tiene cabida.
      Jeje, qué lindo suena, no? si tan sólo ponerlo en práctica no fuera ya, de por sí, un trabajo mental…
      :O

      • Tienes razón. Visto así suena mucho más sencillo. Quizá tendríamos que dejar más paso a la intuición, a lo que sentimos que hacer caso a las cortapisas morales que nos frenan cada día. Y sí, la puesta en práctica, en ocasiones, se ve muy coartada por pensamientos que nos impiden dar el paso definitivo. Confiemos en la mera intuición, es un buen ejercicio a seguir.

  2. Me sient oorgulloso de leer esta reflexión, porque tengo la sensación de que has puesto los puntos sobre las íes a ciertos temas que te agobiaban considerablemente.

    Eso sí, preciosa la imagen de los ositos… ni uno panda… ya, ya…

    Besotes

    • Gracias mi orgulloso amigo!
      Sin duda -y ahora me pondré un pelín seria, algo no muy habitual en mis comentarios a tus comentarios- que he crecido junto con este blog, que me he planteado preguntas a las que antes ni les había dado forma y q me he sacado unos cuantos agobios de encima, entre otras cosillas…
      Ahora sólo me falta pillar cacho, ajajajaja!
      (y no, vives muuuu muuu lejos!)
      😉

  3. Ay! Que me tocó harto este post, tal vez por lo que habíamos estado conversando previamente…
    Ya decían las abuelitas (aunque dudo que lo hayan dicho las nuestras) que las mujeres debían ser unas damas en la mesa y unas putas en la cama. Pues yo creo que los hombres deben ser unos ositos en la vida y unos Nachos Vidales cualquiera en la cama. Y para mí el osito no es el meloso lamebotas baboso, no no nooooo!!!! El osito es el que, como dice el Posho famoso ese, canta contigo, juega contigo, conversa contigo… Cuando encuentras ese personaje que cumple esos dos aspectos, que te permite olvidarte de las reglas y se olvida a la vez de las reglas, que no se pregunta si está siendo muy agresivo, que no hace que te cuestiones si estás siendo muy guarra, donde no necesitan acordar nada porque la imaginación fluye libremente y los deseos se satisfacen sin ningún tipo de traba y la química se da para que pasen 10, 30, 60 minutos o más de sexo de puta madre, o un quickie delicioso de 3 minutos escondidos en algún lugar ultra público… pues entonces estás cagada porque seguramente ya te enamoraste de ese osito. Pero parece que me fui para otro lado…

    • Ajajajajajajajaja, amiga mía, cuidadín q te caes a la jaula de los osos y después no hay cómo salir, y te comen la patita!!! 😉
      Y sí, estoy muy de acuerdísimo contigo. De hecho estoy en pleno proceso de redibujar esa imagen mental, juntando referentes alternativos y abriendo las antenas… Ya te contaré q tal!
      Y te he dicho q te quiero muuy muuy muuuucho!!!?

  4. Yo creo que está bien planteado el tema por tu parte, muy bien. No sé si se trata del trascender, precisamente. Me parece que estás expresando el muy humano deseo de tener todo, el éxtasis y el amor en el mismo momento y en el mismo lugar. Pero no creo sea posible racionalizar al respecto, incluso el amigo Osho expresa siempre la dicotomía entre la mente y la emoción. Yo estoy convencido que es posible conjugar todo eso que yo llamo éxtasis y amor. Los más terrestres podremos llegar a ese estado de plenitud amorosa únicamente si logramos encontrar a la persona adecuada. Seguramente los espirituales podrán llegar a través de los caminos del tantra y esas cosas desconocidas y hermosas. Mientras tanto vivamos y aprendamos, no hay otra posibilidad.
    Saludos

    • Exactamente Pablo, para eso estamos, para vivir y aprender, rodeados de otros igual de confundidos y liados q nosotros…
      Lo q sí, creo q la primera persona adecuada que hay q encontrar es uno mismo, o al menos así lo vivo yo. Verse, conocerse, entenderse, quererse. Se dice rápido, pero es un trabajazo!
      En cuanto a los “espirituales”, que les den, jejeje… que algunos son un pelín lateros! 😉
      Y sí, cuanta razón tienes… Al final lo queremos todo, la paz y la aventura, la seguridad y la emoción… SUpongo que así es desde q el mundo es mundo y así seguirá siendo, y sea posible o no, probablemente tendrías q dejarnos de racionalizar al respecto, cerrar los ojos y disfrutar!
      Un abrazo y gracias x la visita!!!

  5. Tremendo post!!
    La verdad es que sabía que no ibas a pasar por encima del tema de puntillas, lo tenía asumido (esa mala costumbre de tener expectativas…), por eso te lo propuse. Ahora a ver si doy yo la talla con el mío, jejeje.
    Como bien dices, nos encanta poner etiquetas opuestas a las cosas. Curiosamente, siempre me ha parecido que no hay nada más aburrido que el virtuosismo vacío. Ya que hablas de Rock duro, para que se me entienda, no soporto la estéril velocidad gratuita de Steve Vai mientras adoro la suciedad, la honestidad y el amor por el riesgo de Jimmy Page. No se por qué extraña razón, los malabarismos sexuales (ojo, que a veces me gustan y mucho) llevados a ciertos extremos me resultan una auténtica memez. Me encanta la definición de Tantra de Shosho, ese “no pensar” (hace poco te respondía a no recuerdo qué post con un “Hay que pensar menos, coño!” y era exactamente a esto a lo que me refería) da cabida absolutamente a TODO. Tenemos grabados a fuego unos condicionamientos culturales que no hacen más que jodernos (esta vez de mala manera y sin ninguna gracia), clasificando cualquier movimiento instintivo como depravación y obligándonos a ocultar todo deseo que no entre dentro de unos cánones de normalidad. Cuánta razón tiene el risueño barbudo cuando dice que el espíritu no está por encima del físico ni por debajo de él, solo hay algo que nos distrae de esta obviedad y es “la mente”. Contrariamente a lo que creemos la mente rara vez piensa, se limita a echar mano de archivos y enseñanzas inculcadas, compara el momento presente con algún momento parecido del pasado y nos hace reaccionar de la misma manera que lo hicimos entonces (o de la forma en que alguien nos enseñó a reaccionar). Si conseguimos vaciar esa mente y enfrentarnos a cada situación con el disco duro en estado virgen, imagínate a donde podríamos llegar sexualmente! Como puedes imaginar esto no tiene nada que ver con el “sexo tierno” del que hablas, cualquier persona mentalmente libre no se parecerá en nada (o quizás si, pero esta vez será su esencia la que estará actuando) al osito de mimosín que retratas. Y por supuesto que uno puede hallarse en absoluta comunión energética, espiritual, consciente… mientras azota, muerde, asfixia, acaricia, amasa, penetra, araña, mea, lame, escupe, traga, canta o cualquier cosa que se te ocurra, solo existe una condición, realizar cualquiera de estas acciones sin la necesidad de etiquetarla. En el momento en que le das nombre a lo que haces, estás predisponiendo a tu mente para que juzgue lo que haces.
    No se por qué, pero no me imagino al bueno de Shosho aburriéndose o aburriendo a quien sea en la cama…
    Hace tiempo te leí creo recordar una entrada en la que hablabas de un libro de Mantak Chia (no recuerdo si era El hombre multiorgásmico, la mujer multiorgásmica o la pareja idem). Chia es un nos muestra una serie de técnicas que si practicamos habitualmente nos harán mejorar de forma espectacular nuestra salud y resistencia sexuales y por ende nuestra experiencia como amantes . Existe un tratado de medicina taoísta en el que se relacionan un montón de enfermedades para las cuales prescriben las relaciones sexuales como tratamiento. La descripción del número de actos sexuales que se recomiendan al día, los horarios, posturas y demás, es absolutamente sorprendente. Esto nos da una idea de la importancia que el taoísmo le ha dado al sexo desde hace miles de años y derriba el mito de que el sexo taoísta es un acto aburrido durante el cual dos pánfilos inmóviles intercambian energía a través de sus chacras hasta que se convierten en pavo real.
    Como tú se poco de este tema, pero si sé que me encantaría ir más allá, tengo claro que el sexo puede ser una herramienta de autoconocimiento invaluable porque nos pone en una disposición física muy difícil de alcanzar en otro contexto. Intento meditar a diario y cada vez encuentro más cosas en el vacío; así como también intento realizar las tareas más dispares sin pensar, tales como conducir, hacer música, ducharme, pasear… es sorprendente la inspiración que reside en esta ausencia de pensamiento.
    Hay un libro precioso de David Lynch, el director de cine, que se llama “Pescar el pez dorado”. Lynch es un acérrimo defensor y practicante de la “meditación trascendental”. A mi este tipo de meditación no me interesa demasiado ya que se trata de una técnica creada por un tal Maharishi Mahesh Yogi, un gurú de larga barba blanca que no me da muy buena espina, pero se trata de meditación al fin y al cabo. Lynch usa la metáfora de la pesca relacionándola con el acto creativo. Cuenta cómo los peces más suculentos, los más especiales (las creaciones más sinceras, las obras de arte más hermosas, las más trascendentes), se hallan en aguas profundas (en la profundidad de la conciencia, en la mente calma, sin discurso ni juicio). Así, pienso que los mejores polvos seguro que nos esperan en el vacío de la mente, en ese “abrazo al caos” del que nos habla Shushi. Y esos polvos, nos pueden transportar a lugares muy pero que muy elevados.
    Hala!
    Me he pasado tres pueblos…

    • Amigo mio, si no tuvieras ya tres blogs te diría q montaras uno solamente con los comentarios q tan generosamente has ido regalando en el mío, te garantizo un éxito seguro!!!
      Lo único malo es q si algún día -sí, cuando las vacas vuelen!- este blog me da pasta tendré que repartir parte de mis beneficios contigo, porque ni modo… Por cierto, ¿tienes representante o tratamos directamente el asunto? 😉
      Ahora, ya más en serio, brutales tus reflexiones! Poco que agregar, salvo q estoy taaan de acuerdo… Si acaso podría ahondar en ellas, ir desgranando cada una de esas perlitas q soltaste, pero así me eternizo y hasta yo termino desertando de este blog, jejeje!
      Lo q sí voy a decir es q a mí los “malabarismos sexuales” no me chirrían tanto x lo extremo de las posturas o situaciones como por aquello que los motiva… o sea, me gustan cuando surgen del juego, cuando no se busca tanto un resultado como una forma más de divertirte y compartir. Cuando son una exhibición del ego, cuando a través de ellos se quiere expresar lo guay que se es (“te voy a dejar loco, no te vas a poder olvidar de mi después de este polvazo,”) son ‘virtuosismo vacío’ como bien dices. Por supuesto, q tire la primera piedra el q esté libre del pecado de la soberbia sexual, yo no, por más q intente estar atenta a esos comportamientos nefastos…
      Y el libro del que hablaba en el post q mencionas es “La mujer multiorgásmica”… un libro, aprovecho q decir, q es muchísimo más q un manual de técnicas y ejercicios. Para mí al menos fue una puerta de entrada a mi interior, algo curativo… y ejercicios hice muy poquitos, fue más q nada entender ciertas cosas, cambiar alguno “chips” producto de abrir la mirada, reflexionar, conectar con el cuerpo a través de vías propias…
      Ay amigo, el “vacío de la mente” dices, el “abrazo al caos”. Ese es el verdadero nirvana, el paraíso posible, el santo grial! Y el sexo, claro, es una fantástica oportunidad para jugar a no pensar 😀

  6. ¿Cuando practico sexo hago todo eso y no me ha estallado la cabeza? ¡No me lo puedo creer! Espero olvidarlo pronto pues si soy consciente de ello creo imposible que el pajarito se anime a volar

  7. Ava! grande el post! Me he quedado con las ganas de que nos contaras tu experiencia tras tratar de aplicar todo lo que Posho dice … o de no tratar de aplicarlo y perderte… no me queda del todo claro 😉 aunque seguro q con palabras es un pelín complicado 😉 gracias!

    • Muchas gracias nena! Ya te cuento cuando experimente a cabalidad eso de perderme en las mieles del sexo… De momento me faltan candidatos para esa parte del proceso!
      De cualquier manera, suelo intentar poner el cerebro en off cuando estoy en esos menesteres (o bien cuando me masturbo), lo que no significa que me resulte, claro! 😉
      Abrazote

  8. Pingback: El erotismo y la sensualidad en la música (una introducción) | Notas de hierba

  9. Me gusta leerte y es curioso ya que el sexo en realidad me importa un pimiento. Vamos que lo valoro lo justo y no esta entre mis prioridades mas acuciantes y nada en mi vida gira alrededor de el. Simplemente es algo que esta ahi, a veces divertido y muchas un compromiso

    Imagino que esto sera un cumplido, ya que sin interesarme, me suelo tragar tus reflexiones y las encuentro sumamente atrayentes. Cuidate

    • Ajaja, cómo me descojono a veces con tus comentarios!!!
      Me encantan, tienen una franqueza de lo más refrescante y aportan un más que necesario punto de vista alternativo…
      y por cierto, sí que es un cumplido 😀

  10. Genial.
    Hace tiempo que he descubierto que hasta que en el sexo hay la posibilidad de estar solo con tu pareja pero con ella he vividos desenfrenos estupendos que me han hecho seguirla como perrito faldero.
    El sexo debe ser imprevisible y las fantasías cumplirlas a ser posible.
    Como siempre Ava llenas de realidad el buen hacer de practicar sexo.

    Un besazo

  11. Pingback: El erotismo y la sensualidad en la música (una introducción) -posteado originalmente en “Notas de hierba” – El jardín sonoro

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