Sobre el spanking, o la fascinación por los azotes

spankingAlguna vez he escrito algo, hasta ahora muy por encima, sobre mi fascinación por el spanking y en particular -porque hablamos de un ‘universo’ mucho más amplio de lo que puede parecer a primera vista- por las sensaciones físicas y mentales que acompañan al rol del spankee. Pero vamos por partes…

Spanking es el término inglés para referirse a los azotes o nalgadas, es decir, golpes dados con la mano o cualquier otro elemento complementario (cinturones, zapatillas, látigos, paletas de ping-pong, varas, cepillos de pelo y un largo etcétera) en los glúteos de otra persona con fines eróticos. Siguiendo con la terminología, el spankee es el que recibe los azotes, el spanker el que los da y el término spanko se referiría indistintamente a uno u otro (la única definición que he encontrado de spanko, palabra que aparece con bastante frecuencia en textos sobre la materia, es “una persona con un fetiche por los azotes, por lo general, aunque no exclusivamente sexual”). Además, no es lo mismo hablar de azotes disciplinarios que de eróticos, siendo los primeros bastante más dolorosos que los segundos, ya que su función es más educativa que placentera.

Hasta aquí los grandes rasgos, la superficie. Pinceladas básicas apenas, para aterrizar a los más despistados. Si os interesa documentaros más sobre el asunto, os recomiendo un blog fantástico y completísimo que no le hace el asco a ningún “subtema” que pueda surgir dentro de este universo (a mí algunos me superan, francamente) y que está en activo desde 2005, con permanentes actualizaciones de textos e imágenes: http://azotesynalgadas.blogspot.com.es/

Porque, como no, cuando hablamos de spanking (como de cualquier otra práctica sexual de esas con nombre en inglés y definición en la Wikipedia) las variaciones parecen ser infinitas. Hay quienes se permiten roles intercambiables, disfrutando de ambos (por lo general de uno más que del otro, pero aún así) y quienes tienen claro cuál es el suyo y no lo sueltan por nada. Algunos disfrutan de elementos accesorios al juego, como visitas al rincón o contar en voz alta y otros son exponentes de una práctica más “purista”, donde nada tiene sentido y todo sobra, salvo el sonido de una buena palmada chocando sobre la piel trémula. También están los que llevan el asunto hasta sus últimas consecuencias, ya sea porque lo viven casi como una religión (con temas de control y obediencia que traspasan las fronteras de los juegos de sábanas, si es que realmente existe tal frontera) o simplemente porque le cogen el gustillo y necesitan que les den cada vez más caña, y a poder ser in crescendo, como una droga… Pero la línea divisoria que a mí me parece más significativa en este tema es la que separa al spanko que se asume y disfruta con sus fantasías ‘erótico-disciplinarias’ del que no sale nunca, o al menos nunca del todo, del “armario vainilla” en el que se encuentra, y que  se conforma con unas palmaditas tibias cada tanto sin atreverse nunca a pedir (o dar) más, o más fuerte…

Vale, no soy experta en el tema ni manejo cifras, pero me atrevería a apostar que son muchos menos los que pertenecen al primer grupo que al segundo. Si bien es cierto que lo que vemos y oímos sobre las prácticas sexuales del prójimo es sólo la punta de iceberg, y que en la intimidad se hace mucho más de lo que se cuenta, tengo la sensación de que el gusto por ser azotado sigue siendo bastante más tabú que otras prácticas. Para empezar, porque cualquier cosa que huela mínimamente a violencia, a imponer la voluntad del fuerte sobre el débil, ya es políticamente incorrecto. Y aunque no se viva como algo malo por dentro (que muchas veces sí, lo que es aún más triste y complejo), sino como un juego erótico más, está aún muy lejos de gozar de aceptación social. Y así, la mayoría de los entusiastas del spanking callan para evitar que le cuelguen el cartelito de “perturbados sexuales”. Yo al menos, nunca me he encontrado con nadie que me cuente en una cena que le mola que le peguen en el culo, mientras que por otro lado la gente tiene cada vez menos reparos para hablar con el que se le sienta al lado (aunque sea en petit comité) de sexo anal o intercambios de parejas, por poner algunos ejemplos. Y es que, por decirlo más claro, las fantasías de azotes suelen ir acompañadas de un sentimiento de vergüenza que nada aporta.

En el blog que os mencionaba más arriba hay un post, “La negación de la evidencia”, en el que se hace referencia a “aquellas personas que viven conflictivamente sus fantasías de azotes”. Cuenta ahí su autor, Fer, que ha mantenido correspondencia con varios spankos, especialmente mujeres, y que “para ellas las fantasías de recibir nalgadas son un elemento perturbador de primer orden que les aporta sufrimiento y contradicción con su entorno social, especialmente con parejas con las cuales hay paz y armonía. Estas mujeres temen a su propio mundo interior. El desarrollo de sus fantasías puede, desde su propia perspectiva, subvertir todo el orden de su universo particular”. Y sigue: “Las fantasías sexuales no son algo que se pueda desligar de nuestra persona, sino que son de cierta forma, a mi manera de ver las cosas, la representación misma de nuestra persona y provocan mucho sufrimiento si quedan enfrentadas a otros aspectos más integradores de nuestras vidas”.

En los últimos párrafos, y a modo de consejo (muy sabio será, pero no por eso sencillo), el autor recomienda a quienes tienen “fantasías con deliciosos azotes eróticos y estas le resultan perturbadoras”, que se reconcilien consigo mismos “y, en todo caso, no enfrentar sus fantasías al resto de su vida y viceversa. Probablemente en muchos casos es importante compartir estas vivencias con otras personas y para esto Internet es maravilloso. Y por último, como decía Oscar Wilde, la mejor manera de evitar la tentación es caer en ella”.

¿Qué hay detrás de esa tentación en particular, de cualquier manera? ¿Por qué para algunos hay goce detrás de ciertos dolores, siendo que el cuerpo no está hecho supuestamente para disfrutarlos? ¿Hasta qué punto interviene el elemento físico y cuánto hay de seducción mental ante una situación cargada de simbologías? El spanking gusta a quienes gusta porque resulta excitante, y mucho, pero… ¿por qué resulta excitante?

He leído en algunos sitios la teoría de que los spankees son personas que fueron “disciplinadas físicamente” cuando niños y de alguna manera buscan repetir vivencias de la infancia, recrear relaciones con los progenitores, volver al nido. Los habrá, como hay de todo en la vida. Pero no es esa mi experiencia. A mí me daban sopa verde y me escondían la tele con llave, pero vamos, ¡es que ni tirones de pelo recuerdo! (y ya veis, he ahí otra cosa que según q contexto… jejeje!)

Supongo que, al fin y al cabo, no importa tanto entenderlo como aceptarse. Sobra decir que no todas las pulsiones internas son aceptables, pero para mí al menos el asunto está bastante claro: Lo es todo aquello que no haga daño -y daño no es sinónimo de dolor- y que respete la libertad y deseos del otro sin imponer los propios deseos y necesidades a través de la fuerza real -y real no es sinónimo de física-. Es decir, todo lo que quepa en el saco del mutuo consentimiento entre dos o más personas (y para no meterme en camisa de 11 varas agregaré aquello de “con una sexualidad ya formada”).

A modo de cierre, permitidme que os vuelva a copiar un extracto de un post del blog “Azotes y Nalgadas”, en este caso titulado “Narraciones del mundo vainilla”, si bien yo lo rebautizaría como “Breve test para saber si tienes un spanko escondido dentro de ti”. Podéis hacerlo si queréis, es sencillísimo, en realidad sólo tiene una pregunta: ¿Os sentís identificados con algo de lo que está escrito a continuación? Si la respuesta es sí, ya sabéis. Ah, y si no estáis seguros, acá os va una ayudita extra, algo así como un bonus track para el autoconocimento… ¿Os pone la foto con la que arranca este post? Ay, estimados míos, tal vez ya va siendo hora de darle otros usos a ese cinturón. Uno de mis elementos favoritos, por cierto, además de la mano…

Es tema común entre los spankos el hablar de sus experiencias previas a su entrada al Internet, cuando su afición spanka vivía en la clandestinidad y sus deseos y fantasías se veían pobremente satisfechos con imágenes fugaces que encontraban en la televisión, el cine o la literatura. Yo misma viví esa etapa con un eterno sentimiento de frustración.

Cuando te topabas con una escena de nalgadas, siempre era parcial, algo le faltaba o le sobraba, pero bastaba para alterarte el equilibrio hormonal y acelerarte los latidos del corazón. Era casi como quedarse a medias, como estar a punto de llegar al orgasmo y que alguna interrupción abrupta te lo impidiera.

La misma frustración te impulsaba a buscar escenas, se convertía casi en obsesión malsana y ojeabas cientos de revistas, libros y pasquines, mirabas cuanta película buena o mala ofrecieran por la televisión, en la que lejanamente suponías que podía haber una escena. Hay quien elegía las películas del viejo oeste, en donde, a veces, John Wayne o cualquier otro áspero vaquero, propinaba unos buenos azotes a alguna chica rejega o soberbia. Yo me inclinaba por las películas, programas o libros en donde se recreaba el ambiente escolar. Un buen internado inglés, por ejemplo, casi ofrecía una garantía de que habría, si no azotes, algún conato de ellos, que para ese entonces ya era algo.

(Y ya para terminar, y volviendo a la foto de marras, confieso que soy incapaz de recordar de dónde la saqué. La descargué hace tiempo, simplemente porque me moló, y al encontrármela ahora en una carpeta no pude evitar la tentación de usarla en este post. Me gustaría poder poner un link -se agradecen aportes si alguien la reconoce-, si bien al menos tiene una leyenda con el autor en la esquina inferior derecha).

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36 pensamientos en “Sobre el spanking, o la fascinación por los azotes

  1. Fantástico articulo Ava.
    En mi caso, me parece fascinante también lo que tu comentas, el juego psicológico. Pero reconozco que si bien otras formas de fuerzas si me parecen increiblemente excitantes, esta en concreto no me llama nada, nada.

    Lo dicho, articulo estupendo.

    Pandora

    • A mi me gustan casi todas según cuando y con quien, siempre que no entre en escena el componente “humillación”. Todo ese rollo de puta, zorra, guarra, arrodíllate ante mi, ahora te escupo la cara… uf, no gracias! Ni lo comparto ni lo entiendo, en lo personal siento q estos juegos no tienen por qué pasar por perder el respeto y el afecto que para mí debe haber entre dos personas que entran juntas a una cama (o coche o lo q sea!). Pero como ya dije, no creo que sea necesario compartir para respetar, ni entender para no juzgar… Aunque claro, cuando ya no se trata de lo q nos gusta a nosotros cuesta un huevo!!
      Un abrazo y mil gracias por tus palabras!

  2. Jajajajaj! Y vuelve a aparecer la tan recordada sopa verde!!!
    Y hablando del tema en cuestión, concuerdo en que el único límite está en respetar la libertad y los deseos del otro.
    Últimamente he descubierto que no era tan pacata como me imaginaba, pues lo que para mí es placentero y “normal” (o por lo menos aceptable) para otros es terrible, y claro, uno termina quedándose calladita y compartiéndolo no mas cuando tienes la suerte de encontrar a alguien como uno. Incluidos los perra, puta y escupos en la cara 😉

  3. En fin. Estos jueguecitos como que no me van mucho. Y me viene a la cabeza una historia que me paso en otra época. Digamos que mas movida.. En fin, soy un antiguo. Cuidate

    • Jajajaja, ves? lo que decía. Hasta ahora ningún comentario para decir “anda, sí, cómo me mola, sí que me va”… Los entusiastas callan, los demás emiten educadamente su opinión 😉
      Y por cierto, me dio curiosidad esa historia, jijiji…
      Hasta pronto, amigo-antiguo!

  4. En fin, dicho educadamente que me parece una gilipollez, ahí va la historia……

    Tendría poco mas de 20 años y era un tipo agradable de mirar. Trabajaba en una discoteca de verano de las situadas en la costa. en la. Un sitio lleno de teutones y teutonas, cuya principal misión en la vida, parecía beber hasta perder el sentido.

    Y alli, estaba yo ensayando miradas como eterno aprendiz de seductor. Extendiendo la red que por lo general se limitaba a mujeres en proyecto. Vamos de una edad e inexperiencia parecidas a la mía. Pero con las mismas ganas de conseguirlo todo y al instante.

    Total que para sorpresa una mujer de cuerpo escultural se fija en mi. Y cuando digo mujer, me refiero a mas de treinta llevados como lo haría una diosa. Feliz y creyéndome el amo del calabozo, nos vamos a su apartamento devorándonos por el camino.

    Cuando llegamos me dice que espere. Lo hago con impaciencia propia del momento, mientras ella desaparece en otra habitación. Cuando regresa, esta vestida de cuero y con un látigo. En fin, podría decir otra cosa, pero de lo que me entraron ganas es de salir corriendo.

    Total, que las ganas de sacar a pasear eso que tenemos entre las piernas, puede mas que mi primera impresión. Y….pues hacemos de la capa un sayo y a torear ese mihura que se presenta como sucubo del diablo.

    Empieza a jadear y a moverse como gata en celo. Y me pide que la de con el látigo, me rió y la doy suavemente. Me pide mas gritando y bueno. En ese momento pues seguramente habría que fantasear y tal. Pero uno no esta hecho para eso y tira las nueve colas y la manda al carajo.

    Ella en silencio, agarra con fuerza el látigo del suelo y me golpea en la espalda. Fuerte, realmente fuerte. Uno esta educado en colegio de pago. Pero bueno, por muy escultural que sea, con el látigo a mi no me arrea. Y sea políticamente correcto o no. Le suelto un bofetón de los que duelen.

    Empieza a sangrar y yo claro me acojono. Ella suspira y jadea, Desatada me pide mas y que la penetre como una zorra. De tal manera grita que oigo, abrirse la puerta de algún vecino alarmado.. Tócate las narices pienso, mientras esta vez si hago caso a mi primer instinto y me largo de allí.

    Antes de irme me vuelvo y esta metiéndose algo en su lugar mas oscuro. Sigue jadeando y se retuerce. Me quedo mirando un momento y me entra la risa. Ella chilla y lanza algo. Cierro la puerta y desaparezco, no sin antes ver al vecino que abrio la puerta que me interroga con la mirada……

    Termino en un antro de esos que abren a horas inmobles. Regentado por un travestí a quien siempre terminaba contándole mis penas. Cuando acabo de soltar todo, me dice….Es que somos todas unas zorras. Pero si tu eres un tío, le contesto yo…… Por eso corazón, por eso mismo me responde. Y, con tan intrigante frase se termino la noche y esta historia que hasta te he novelado. Cuídate.

    • ajajajajja, madre mía, qué miedo!!!
      Yo que me las doy de osada en la vida, te aseguro que me demoro tres segundos en dar la vuelta y salir corriendo… O sea, nada más ver aparecer al pavo en plan “cuero y látigo” ya me tienes pies en polvorosa, por muy “buenorro” que esté…
      Y vale, no pasa de ser una anécdota, pero una muy bien contada 😀 Muchas gracias por compartirla acá.
      Besos!

      PD: Por cierto, eso de “esta metiéndose algo en su lugar mas oscuro….” genial!!! Me encantó la frase…

  5. Hola Ava~ Me parece genial y muy interesante el post… El tema del Spanking es complejo… Unas nalgadas son algo aceptable y hasta excitante… Pero en este punto me parece que entramos en un juego que no es perverso sino tal vez denigrante… Bueno a mi el sadomasoquismo me da esas impresiones y no me atrae sino todo lo contrario. Pero entiendo que pueda gustar aunque personalmente me resulta too heavy! 😛 Un abrazo para vos. Aquileana 😀

    • Hola Aquileana!!!
      A mi lo q me mola es esencialmente el dolor… no a saco, pero sí ese dolor q se convierte en algo rico, muy rico, y esos remolinos parecidos al vértigo que se forman abajo al saber que uno está “a merced” de otro. Todo el resto de parafernalia, las reglas, las etiquetas… no, no es lo mio tampoco. Sin embargo, coqueteando con cosas que finalmente no me van, he conseguido disfrutar aún así algunos de sus aspectos, y entender por q otros se dejan seducir…
      Un abrazo gordo y gracias por la visita! 😀

  6. Un tema simpático el de los azotes, aunque nunca lo elevaría a la categoría de fascinación. Para mi es un aditamento, un adorno, una pincelada al nivel de ciertas caricias, el lenguaje obsceno o un sorpresivo cambio de ritmo. Gracias a tu informe ahora se que soy más Spanker que Spankee, aunque no creo que llegue a la categoría de lo uno ni de lo otro, más bien una especie de “cocinillas” del tema.
    Ah, y la foto de arriba me pone… aunque me lleva más bien a imaginar un buen mordisco 🙂

    • Ajajajaja, genial, genial, genial el comentario del mordisco!!! De hecho mola tanto que he decidido otorgarte el “The Best Wolfie Teletubbit Chupilupi WordPress Comment Award”… lo acabo de inventar, sí, pero qué más da? De hecho mola más así, ya q puedes considerarte el ganador fundacional…

      ¿Hablando un pelín más en serio? Tenía cierta preocupación, o inquietud (sólo porq no he podido encontrar una palabra más apropiada) por lo que me podía encontrar en un comentario tuyo a este post. Jamás reprobación, por supuesto, pero tal vez un educado y más que coherente… disentimiento? No sé por qué, me habré quedado con algo de algún comentario anterior, algo de q no te gustaba q te ‘hicieran pupa’…
      Acá intento escribir sin filtros, sin dejarme dirigir por lo q piensen o puedan pensar los demás… Pero eso no significa q no me importe lo q piensen algunos “demases”, porque son personas q aportan opiniones con sustrato y que valoro mucho 🙂
      Un abrazo

      • Como mola!!! ¡¡¡Tengo un Wolfie Teletubbit Chupilupi!!! 😛 Me has dejado el ego como una pelota de playa!!
        Ava, espero de verdad que sigas escribiendo sin filtros, es precisamente por eso que me encanta lo que escribes. Claro que disentiré, una y mil veces, sería muy aburrido coincidir en todas y cada una de las opiniones o los gustos. El sexo es un terreno tan complejo que admite infinitas interpretaciones y me resulta absolutamente comprensible (y hasta envidiable) tu fascinación por el tema; yo por mi parte soy poco más que un simple “usuario” que, eso si, disfruta plenamente con un gran número de los juegos que propones.
        Por norma no me gusta hacer ni que me hagan pupa, eso es cierto. No encuentro excitación alguna en la dominación, humillación o agresión de ningún tipo, pero también es incontestable el hecho de que los puntos erógenos de nuestros cuerpos pueden ser excitados de mil maneras y en infinitos grados distintos. Fundamentalmente son la imaginación y nuestros fantasmas (de los dos implicados) los que marcan la diferencia entre un doloroso golpe y un estallido de sensaciones que nos hacen perder los límites de nuestro físico.
        Para mi el sexo es esencialmente un acto de comunicación, una conversación corporal. Me encantan las conversaciones serenas, sinceras, interesantes, sin reloj… y en las que aprendo algo. Me gusta que mi interlocutora me sorprenda, que tome la palabra con opinión propia y también que sepa escuchar y admita opiniones distintas. Una conversación con un cacho de carne no tiene ningún interés, por muy perfectas que sean sus dimensiones.
        En fin, siempre intento acercarme a tu blog sin prejuicios ni expectativas. Valoro el esfuerzo invertido en cada post y como a mi también “me importa” lo que tú piensas, siempre intento darle “una vuelta de más” a cada respuesta.
        Un abrazo de oso.

  7. Me gusta cómo has explicado el tema. Muy interesante. Hay algo que dices que es muy importante “no importa tanto entenderlo como aceptarse”. Como uno no entiende porqué le gusta más el chocolate que la fresa. O ni si quiera se pregunta porqué le gusta una cosa u otra. En el sexo debería ser igual. No hace falta racionalizarlo todo.
    Hay algo importante, como en todo, encontrar a la persona que te entienda y que sea parecida a ti. Si no le pasará como a “plared” y su historia, que realmente visto desde fuera es para salir corriendo. Pero si esa “señora loca” hubiera buscado en el lugar adecuado, hubiera encontrado a alguien afín a ella. Seguro.
    Y tanto el spanking como en el Bdsm o en las D/s lo que prima ante todo es la seguridad y el consenso. Nada está mal,ni nada es humillante, ni nada es feo ni denigrante, si las DOS personas están de acuerdo y es lo que les gusta.
    El problema se da cuando nada se habla. Y sinceramente, las parejas poco hablan de lo que les gusta y de lo que no en lo relativo al sexo.
    Me gustó mucho tu entrada.
    Ah! a mi me gustan los azotes…¿porqué? no sé…el dolor mezclado con la excitación de que quién te azota. La confianza que depositas en la otra persona .
    Hay un montón de sensaciones. Todas buenas. Puedo decir que es totalmente desestresante. jejej
    Muchos besos

    • Y a mi me gustó mucho tu comentario!!! Probablemente porque no pueda estar más de acuerdo con cada una de las cosas que dices en él, jejeje…
      A veces no se habla por vergüenza. Otras porque la reacción del otro no está a la altura de la confianza depositada. Pero en realidad las dos cosas tienen solución! 🙂
      Muchos besos también para ti y gracias por pasarte!!!

  8. No conozco ninguna practica o juego erotico mas excitante que el spanking a la par que adictivo. He tenido la suerte de practicarlo en varias ocasiones y es toda una experiencia. Os animo a tod@s a que lo probeis.
    Por cierto si alguna chica de la zona de Madrid quiere charlar en privado sobre el tema, puede escribirme aqui: vidaspank@hotmail.com

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