Segundo cumple, y acá seguimos

tarta 2 añosHoy mi blog cumple dos años. Y aunque toca hacer balance, no os voy a ofrecer esta vez una lista de los post más leídos, los más comentados y todo el rollo, ni tampoco de esas gráficas, estadísticas y cifras que nos alimentan el corazoncillo y el ego bloguero cada tanto al más puro estilo McDonald’s: Con deliciosa chatarra. No, simplemente os voy a contar cosillas, así sin mayor orden o estructura. Como vayan surgiendo.

El otro día un amigo al que no veía hace mucho me soltó de pronto, sin ningún tipo de aviso previo, la siguiente frase: “He leído tu blog” (insértese aquí la mirada intensa y circunstancial de rigor). Le pregunté si le molaba, y cuando estaba lista para inflarme cual pavo navideño, me encontré con la siguiente respuesta:
– Ya no lo leo.
– Ajajaja, vaya, que sincero. ¿Y eso?
– Son los relatos. No sirven.
– ¿No sirven? No entiendo…
– Eso, que no sirven.
– ¿Son aburridos? ¿Confusos? ¿No están bien estructurados? ¿Los personajes no son coherentes? ¿Les falta credibilidad?
– No, no es eso. Es que no sirven para hacerse pajas. Terminan todos en tragedia y entonces me da el bajón.

!!!!

La verdad es que más allá de la vanidad herida me descojoné con ganas, aunque el episodio también me hizo plantearme por unos instantes qué estoy persiguiendo con este blog. Para qué lado quiero llevar el carro…

Además de ser para mí un espacio de expresión creativa, me gustaría creer que también he logrado que éste sea un lugar en el que aprender -yo la primera- e intercambiar experiencias. Y poco más, que ya es muchísimo decir. Así que a quién le interese (tal vez debería incluir este párrafo en la pestañita de “Advertencia”), no,  este no es un blog para hacerse pajas. Ahora, si alguien se las hace con lo que lee aquí, os aseguro que no me ofende en lo más mínimo. Al contrario, me parece un plus de lo más estimulante y, más aún, hasta diría que me da bastante morbo formar parte, aunque sea de forma indirecta, de las actividades masturbatorias de algún prójimo o prójima. Pero eso es muy distinto a querer currármela para que un tío al que no he visto en mi vida se toque al otro lado de la pantalla…

Porque sí, esa es otra cosa que ocurre cuando escribes un blog de sexo. Que te llegan mensajes y mails por todas las vías posibles (las redes sociales definitivamente le pusieron campo a las puertas) de tíos ociosos -nunca una tía, al menos habría novedad- pretendiendo que les escribas guarradas ‘en directo’ porque “la tienen dura”. Ya, y yo no tengo un duro, pero me lo como solita…

Ya por último, quiero hablar de otra consecuencia que este blog ha traído a mi vida, y me vais a perdonar que no cierre con lo más bonito pero como os dije antes, hoy ando dispersa…

Como podéis imaginar, no soy la persona más discreta del mundo en lo que a mis propios asuntos se refiere, y en una serie de impulsos del momento di la dirección de este blog a varios amigos y conocidos, porque al fin y al cabo escribimos para que nos lean. Y aunque llegué a temer que eso me frenara a la hora de escribir con libertad, creo que la mayoría de las veces he conseguido sobreponerme a la sensación de que alguien mira por sobre mi hombro, y simplemente compartir lo que he querido con vosotros olvidando que entre el público se encuentran unas cuantas caras familiares. Pero lo que no fui capaz de prever fue el efecto que leerme podría tener sobre terceros. Y cómo eso podría afectar su relación conmigo.

Curiosamente en el caso de mi familia, que es donde yo tenía más reparos con el tema de la sobreexposición, nunca ha habido un problema. Al contrario, siempre me han apoyado, comparten mis links, me leen y hasta me dejan cosillas interesantes para que me sirvan de inspiración. Y así en la mayoría de los casos. Rollos míos, no pasa nada…

Hasta que pasa. Y aunque sean pocas, no por eso me han resultado menos significativas esas ocasiones. Porque si bien celebro el ser capaz de despertar sensaciones, no celebro cuando éstas se enquistan en sentimientos de temor y recelo, “porque ya no sé si voy a ser capaz de satisfacerte”, o porque “pareces saber demasiado”. Visto y oído más de una vez…

Pffffff 😦

Siempre que te cuelgan una etiqueta hay una pérdida, no se agrega nada, más bien se arranca un pedacito de uno de un pequeño mordisco…

Si alguien cree que sé demasiado es que no me ha leído bien. Con tantas dudas me pesan muy poquito las certezas y mi desastrosa vida sentimental sirve más para guión de sitcom de canal británico que para dar cátedra, por no mencionar que un abrazo calentito cuando la existencia se pone chunga me vale tanto o más -mucho más- que un buen cunnilingus. Pero bueno, no es que seamos libros más o menos abiertos, es que somos bibliotecas enteras, y habiendo tanto donde bucear sólo se conoce lo que realmente se quiere conocer. Al menos yo, de momento, sigo interesada en seguir explorando detrás del personaje que siempre somos para los demás, y en aprender asimismo de cada persona que me abra las puertas a ello.

(A menos que sea un noctámbulo ocioso y pajillero de esos que creen que lo que me falta por aprender en la vida son las dimensiones de su miembro y las dos o tres cosas que me haría con él).

Que paséis una muy muy feliz Nochevieja y lo dicho… acá seguimos!!!

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El sexo ‘al revés’

foto blog al revesMi señora madre, una persona con una inacabable capacidad de aprender cosas nuevas, es muy aficionada a compartir cada día en su muro del Facebook una variopinta colección de links que, por una razón u otra, llamaron su atención. Humor, drama, curiosidades sexuales, espiritualidad, cuidado del cuerpo… todo cabe en su casi infinita lista de intereses, y por ende en su elástico muro (y en el mío, que la buena mujer es muy de compartir, jejeje).

Pues bien, hace algunos días, visitando a saltitos el timeline de mis amigos y conocidos, me quedé pegada con un texto que había copiado mi madre con una serie de tips para combatir el alzheimer. Básicamente, lo que se decía ahí era que el mal de Alzheimer se puede prevenir simplemente cambiando algunas rutinas para estimular el lado derecho del cerebro. Dicha técnica mejoraría la concentración, y ayudaría a desarrollar la creatividad y la inteligencia. Se trata entonces de hacer “ejercicio cerebral” o  o “aeróbica de las neuronas” –la palabra oficial vendría a ser ‘neuróbica’- para mantener al cerebro ágil y saludable, creando nuevos y diferentes patrones de comportamiento y de las actividades de las neuronas del cerebro.

Lo central es que las prácticas elegidas cambien los comportamientos de rutina por otros desacostumbrados. Así, por dar algunos ejemplos, se mencionan los siguientes ejercicios neuróbicos, si bien el texto invita a echar a volar la imaginación y desarrollar ejercicios propios que sigan la línea de los propuestos:

– Usar el reloj en la muñeca contraria a la que normalmente se usa
– Cepillarse los dientes con la mano contraria a la habitual
– Caminar por la casa de espaldas
– Vestirse con los ojos cerrados
– Estimular el paladar con sabores diferentes
– Ver las fotos “cabeza abajo”
– Mirar la hora en el espejo
– Cambiar el camino de rutina para ir y volver a casa.

Después de pasarme un par de tardes caminando de espaldas por mi casa –es impresionante como parece existir todo un nuevo mundo cuando uno anda en modo ‘backwards’- y leyendo los mensajes de mi móvil con la pantalla dada vuelta, me puse a pensar en otros ámbitos de la existencia, fuera de la rutina más cotidiana (vestirse, lavarse los dientes, leer)  donde uno podría plantearse el desafío de hacer las cosas “al revés”… Y cómo no, me di de bruces con el inabarcable terreno de la sexualidad humana. Y dentro de éste, con el sexo.

Curiosamente, en medio de todas estas divagaciones, recibí un mail de lo más perturbador que incluía la siguiente frase: “El otro día, medio dormitando, soñé que cambiábamos los papeles y me esclavizabas. Me tenías de pie, esposado, cogido del pelo por detrás al tiempo que me sodomizabas sin contemplaciones”.

Voilá! Punto para mi cerebro derecho!!!

Alguna vez he dejado entrever aquí que lo mío no es el rollo dominatrix precisamente. Más bien asoman a mis fantasías machos recios y decididos, que saben qué hacer y dónde apretar, y que son capaces de contenerme con la sola fuerza de su mirada. Y aún entendiendo los muchos matices que puede llegar a tener una entrega, la mayoría de las veces lo que me apetece es saborear la contundencia metálica de su sentido más primitivo, el más basto. Sin embargo, fue leer esas palabras y sentir que mi imaginación comenzaba a galopar en sentido contrario al habitual. Y no os podéis imaginar lo que me he divertido haciendo de madame de Sade en mi trepidante cerebrito…

Ya tenemos un ejercicio para la lista entonces, el cambio de roles. Y ojo, que en la cama asumimos muchos roles, y no todos son tan obvios ni tan fáciles de intercambiar.

(Y por cierto, una “N. del A.” para mi estimado amigo sodomizable: cuando quieras, ¿eh?, que yo encantadísima de la vida me zambullo en tales experiencias. Pero ojo, que hay que meterse entero a la piscina, porque después no pienso conmoverme ante arrepentimientos ni melindres ni “no quiero estos” ni chorradas… u know, hay juegos que toca jugarlos en serio para que resulten más divertidos… jeje).

Ahora, si bien en este caso concreto ya me estoy visualizando camino al sex shop para equiparme con el traje de látex, el strap-on y todos los adminículos necesarios, creo que en general no se trata de pensar en ideas demasiado sofisticadas ni en cambios espectaculares para que los ejercicios funcionen también en el área sexual. De hecho, conversando anoche del tema con un amigo, no se demoró ni tres segundos en soltar su propia propuesta: empezar a tomar la iniciativa cuando no se tiene el hábito de hacerlo.

¿Y qué tal una sesión completa estando ambos con los ojos cerrados, por ejemplo? O tal vez en un entorno atípico, ligado a la propia historia. ¿Qué te gustan los flacos? Pues a buscar un gordito calentito y a ver qué tal. La cosa es enarbolar la bandera del cambio. Recuerdo incuso una noche en la que para mí fue toda una experiencia –y una sorprendentemente buena, además- un polvo largo, muy intenso y exclusivamente en la posición del misionero.

Bueno, hasta aquí llego yo porque en realidad mi idea era hacer de éste un post colaborativo. Así que os invito a dejar vuestras propuestas, sin importar si parecen tontas o descabelladas, que aunque probablemente no nos enteremos, siempre existe la posibilidad de contribuir a la felicidad de algún lector (o bloguero!) ávido de nuevas ideas.

Sofá, mantita y evasión…

otoño_1Llevo tanto tiempo metida en la cueva, desprendiéndome de hábitos y escamas para adaptarme a mis nuevos escenarios, que por poco me quedo con el gusto de no volver a asomar la nariz fuera. Hace frío fuera, y hay que buscarse la vida. Apetece más abrazarse a los afectos seguros e hibernar…

Pero ese es el problema, que cuando los procesos introspectivos se alargan más de la cuenta se corre el riesgo de transmutar esa introspección en evasión. La religión del sofá y la mantita ejerce una llamada poderosa, y por el contrario la vida real no nos permite apretar el botón de flash forward, por muy jodida que se ponga.

Sobra decir que es difícil, cuando se siente la necesidad de apagas las luces (aunque sólo sea por un poco de descanso hasta la próxima batalla), mantener al cuerpo emocionado con sus propios placeres, así como es difícil escribir sin hambre y pretender alimentar el entusiasmo de cualquiera.

Pero ya sabéis lo que dicen… no hay mal que dure cien años ni tonto que lo soporte!!!  Así que aquí me tenéis, dándole ya vueltas en la cabeza a un tema que me gustaría compartir con vosotros… Mañana o pasado como mucho, que ya tengo ganas de veros por acá. La idea original era escribirlo ahora y no perderme en tanto preámbulo, pero como que me dio sueño. Es lo que tiene sacarse la piel de abuelita después de tanto tiempo para ponerse el traje de lobo y sumergirse en un fin de semana surrealista e intenso… que se llega al domingo arrastrando las patitas, con la casa hecha un desastre y la resaca instalada en huesos y articulaciones. Así que un tecito caliente y al sobre con los pollitos para recargar las pilas, que el mundo sigue girando y ya me quiero volver a montar!

Dulces sueños 🙂