Un lunes cualquiera

salón ventanales luzEra una casa de esas para esperar dulcemente la muerte.
Con todo ya acabado.
Sin nada por hacer.
Cada cosa en su sitio, como una sinfonía visual.

Nada más entrar supo que muy pronto desearía pasar allí el resto de sus días. Comenzaba a necesitar la paz, y en esa casa se respiraba por todos los rincones. La claridad que entraba por sus grandes ventanales invitaba a la contemplación, no al movimiento. Y él estaba muy cansado.
Y luego estaba ella, de pie en el marco de la puerta, con un café humeante en la mano.
Un café y una promesa, de tantos ofrecimientos por cumplir.
Para él.

Encendió un cigarrillo, expectante. Ella, pese a su pulcritud, no le devolvió un gesto agrio. Ni siquiera vaciló. Simplemente le ofreció un cenicero.
Ya con eso deseó tocarla.
En su lugar dejó descansar las yemas de su mano izquierda sobre el brazo del sofá. Con suavidad. Era casi como posar sus dedos sobre ella. De alguna manera mujer y espacio eran todo uno allí. Ella era ese hogar, cada rincón, cada pared pura. Y él tenía maletas para deshacer.

No lo interrumpió mientras se bebía el café. Ni un gesto sutil para meterle prisas. Calor y silencio entraron en su cuerpo, inundándolo de sensaciones nacientes. Y al otro lado ya no había vacío, estaba ella con sus formas rotundas y el latido que se adivinaba entre sus pechos.

Se acercó para devolverle la taza. Un poco más. Sólo un poco…

– Te necesito- le murmuró al oído.
Ella titubeó, por primera vez.
– ¿Cómo dice?
– Que te necesito.
No fue una mirada larga, pero él pudo ver que ella entendía, y se sintió desnudo. No era muy listo para esas cosas, pero en ese momento comprendió lo que era traspasar lo evidente. Se lo había enseñado ella al leer en sus ojos, en un breve trayecto en que lo había cogido de la mano y lo había invitado a embriagarse con su luz.
– Te necesito- volvió a repetir, esta vez alto y claro.
– Ya, pero yo no- le contestó ella sacudiendo la cabeza, y de pronto su voz dejó de ser hermosa-. Salvo para que me cambie el router, claro. Así que hágame el favor de ponerse a trabajar de una vez, o tendré que llamar para pedir otro técnico.

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28 pensamientos en “Un lunes cualquiera

  1. un giro inesperado y hasta cierto punto denota ese humor negro que al parecer esta en ti como parte integral de esta historia, pero hay algo en ella, la casa o ella que se respiran como algo con más malicia, y es acaso la presencia de lo que ya no tiene remedio, es decir esa conjugación de ella y la casa son la muerte , pero en su estado tentador y mandan al carajo a todo el que no le toque aún, como sea ese humor tuyo a veces me pone a pensar en lo que pasa por tu mente…abrazos

    • uau, que punto de vista tan interesante, ella y la casa como antesala de la deseada muerte, no se me había ocurrido ir por esos derroteros pero podría haber resultado un relato archipotente… anda q si lo hubiéramos escrito entre los dos nos habría salido una joyita!

      • cariño tú eres un escritora potente que experimenta y se atreve, yo solo soy un intento de escritor que no deja de intentar, pero si te atreves y quieres, podemos intentar escribir algo juntos, algo no tan largo, qué dices?

        besos

          • no soy muy bueno para llevar cierta lógica o para escribir bajo ciertas reglas, escribo lo que me salga en el momento, ahora quien empieza, pues lo haré yo, no por falta de cortesía, ni mucho menos sino para ir calentando motores, la historia, en este instante ni yo se de que va a tratar, pero la empiezo (un parrafo cada uno es la mejor opción):
            Sin título aún

            El cielo estaba gris y el viento no se cansaba de acarrear nubes.
            Por desgracia yo no había notado que se había quitado el anillo de casada, era casi seguro que estaba pensando en iniciar una nueva vida. Ya no tomaba la píldora y me confesó que ahora usaba un diafragma. No fue sino un mes después de quitarse el anillo que me pidió que la acompañara a comprarse una baratija; un anillo con una piedra turquesa, pues ya se había cansado de andar con el dedo desnudo y sobre todo se sentía desprotegida. Me dijo que la próxima se mudaría a un lugar no muy lejano, sentí en ese instante que me rompía el corazón, luego agrego que no tenía por qué preocuparme, que lo hacía para darnos tiempo, para que yo pudiera reflexionar acerca de lo que estábamos haciendo, que ella había decido dejarlo todo porque deseaba pasar el resto de su vida a mi lado. Lo del diafragma fue porque le dije mil veces que yo no deseaba tener hijos y había decidido mudarse a la playa porque siempre le había dicho que yo deseaba vivir en un lugar así. Ella dijo; que me esperaría hasta que terminará el semestre, yo estaba dando clases de anatomía en una universidad de prestigio dudoso, pero a ella le importaba que hiciera cumplir mi palabra.

            posdata: tú me dices como y donde ir publicando estos retazos de historia

            • Amigo mío, primero que nada, mil perdones por la tardanza en contestar… Es tan poquito lo q me queda libre en la semana que al final me paso todo el finde ordenando la casa y respondiendo correos, y se me van quedando atrás cosas importantes…
              Se me ocurre que ambos podríamos publicar la historia en nuestros blogs… una vez finalizada. Y ahí explicamos que es un relato conjunto, y que cada cuál se pregunte qué partes son de quien… por ejemplo. Y para no arruinar la sorpresa, propongo q nos vayamos pasando los textos por correo, hasta que terminemos de escribirlo.
              Intentaré cumplir con mis deberes mañana! 😀
              Y por cierto, necesito tu correo para mandarte mi parte… te dejo el mío x si prefieres dármelo x interno: avamaof@gmail.com
              Jijiji, qué emocionante!!!
              Un abrazo 🙂

  2. ¿y que hubiera sucedido si ella le dice que si al técnico?, ¿follan todo el lunes? ¿que hubieran hecho?, ¿quien encima de quien?, ¿en la sala o en una habitación? ¿cual fue el motivo por el cual ella lo rechazo? disculpa el interrogatorio, pero me da curiosidad…

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