En la cama VI: La caída

Es increíble todo lo que cabe en unos pocos segundos. Una vida entera cabe, y eso ya es mucho decir, sobre todo si se ha vivido una como la mía. Extiendo los brazos, porque aún me da tiempo a hacerlo, y cierro los ojos…

Hace frío hoy.

New York

¿Por qué regresar a Nueva York?

Porque aquí comenzó nuestra historia realmente, aquí fui feliz. Fuimos felices.

Desde un principio sus calles nos aceptaron como lo que éramos.

En ellas nos reímos, lloramos, celebramos la enorme dicha de traer al mundo un hijo sano. Aquí dio Andresito sus primeros pasos.

También es cierto que esta ciudad me quitó a Andrés, pero hoy he venido a que me lo devuelva. No quiero nada más.

Bueno, sí. Me gustaría volver a abrazar a mi hijo.

Ver amor en sus ojos por última vez.

Me gustaría que nunca hubiésemos cogido ese avión los dos para ir al funeral de Manolo, o al menos que Manolo no le hubiese dejado esa carta, esa jodida carta.

De cualquier manera, me gustaría que hubiese sabido entender, perdonar.

Pero él tampoco tuvo tiempo. Los recuerdos de nuestra felicidad eran demasiado lejanos. Andrés se fue muy pronto.

Me gustaría saber dónde está ahora, qué hace con su vida. Si aún me odia. Al menos su padre se libró de esa amargura. Nunca sabrá cómo quema.

Su padre. Mi hermano. Como ansío estrecharlo entre mis brazos. Aún ahora, cuando creí que ya no sería capaz de desear nada, su ausencia me lame la piel hasta gastarla.

¿Tendré que rendirle cuentas a alguien? No lo sé. ¿Cómo se pagan los orgasmos prohibidos? ¿Se perderá su sabor en mi boca? ¿Será el olvido mi penitencia?

Estoy llegando casi…

New York

Siempre pensé que el rostro de Andrés sería lo último que vería. No el rostro del Andrés enfermo, agónico, derrotado. No. El rostro de mi Andrés, ese que aún tenía fuerzas para adorarme, el que lo desafió todo conmigo. El único hombre que he amado en la vida. Pero no. Es mi propio rostro lo que veo, y por todas partes pavimento. Eso y la sangre, oscura y densa, saliendo de mi cuerpo. Yo ya estoy fuera, así que no siento dolor. Tampoco paz en todo caso. No hay nada, ni siquiera las cuatro letras de esa palabra: n a d a. Si aún pudiera pensar, pensaría que me he equivocado, y mucho: Andrés no está aquí. Afortunadamente, ya no puedo hacerlo.

 

 

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20 pensamientos en “En la cama VI: La caída

  1. Tu habilidad para dejarme perplejo, en suspenso y preguntándome cosas, amén de tu capacidad para putear a tus personajes sin piedad, empiezan a alcanzar cotas épicas, my dear.

    Luego más.

  2. Haaaaalaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!
    Madre mía, qué tragedia!!
    Menos mal que se lo pasaron bien en el capítulo anterior…
    El destino implacable del que es imposible escapar… parece una novela de Hardy! En serio, me hace pensar en Tess. Todos y cada uno de los personajes arrastran su propia cruz para siempre, empezando por la indiscreta madre y terminando por Andresito (es imposible augurarle mucha felicidad en su vida con sus antecedentes parentales). Me sorprende esa criminalización del sexo (¿cómo se pagan los orgasmos prohibidos?), también es muy del XIX inglés estigmatizar a los personajes por sus “errores” carnales.
    Me ha encantado de principio a fin, Ava. Escribes de la hostia (necesitaba meter un taco entre tanta pedantería) y la publicación “por entregas” empieza a gustarme.
    Más!!!

    • Ay mi madre, acabo de caer en que se me olvidó anteponer la “y” al número romano en el título, para q mis amables lectores se enteraran de que éste era el último capi de la serie… c’est fini! Aunque bueno, tampoco tendría mucho por dónde seguir con la pobre Eva hecha puré en el pavimento, a menos que le diera voz al sufrido Andresito..
      Porque sí, yo también me lo imagino poco alegre al muchacho, sobre todo después de q su madre se arrojara de un rascacielos tras múltiples intentos por obtener su perdón… ufff, ese ni con 40 años de psicoanalisis desenreda la madeja q debe tener en la cabeza!!!
      En cuanto a lo de la criminalización del sexo, tiene que ver con que finalmente sí tuvieron que pagar por su “crimen”, por más que ellos se negaran y se resistieran a sentirse “criminales”. Sobre todo ella que perdió a su hijo forever and ever (lo único q le quedaba tras la enfermedad de Andrés) cuando éste se enteró de la verdad.
      Ajajajaja, vaya telenovela, no??? Muy del XIX inglés como señalas, aunque también estoy tentada a decir q está emergiendo en mí una Corín Tellado del siglo XXI, más subidita de tono (y bastante peor pagada!!!) q la original :p
      En fins… Ya sacaré a pasear mi lado literario nuevamente, en cuanto me permita unos cuantos post de autorreferencia, q ya me están haciendo falta, jeje.
      Por mientras… un abrazote gordo, como siempre!!!

  3. WOW!!! Flipando estoy querida Ava, fli-pan-do!!! No me esperaba este final para nada, tampoco tengo que esperaba; peeero uffff… me has dejado los pelos de punta.

    Eres maravillosa escribiendo, me ha encantado la historia y esperaré a tu siguiente entrega con ansia.

    Besooos

    • Jijiji, parece que os gustan los golpes de efecto!!! 😉
      Me siento muy agradecida de leer tantas cosas lindas, en serio. Toda mi verborrea y mi capacidad narrativa se vuelve humo cuando toca expresar mi emoción ante estas cosas y agradecer, pero se va todo a mi corazoncillo!
      Un abrazote 🙂

    • Ajajaja, sí, a Hester le fue mejor que a Eva al final… aunque bueno, tampoco es que se haya llevado un trofeo a casa, que el lolito de Hester (me lo callo para evitar “spoilers”) era medio pelele en verdad… por no decir entero!!!

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