La danza del adiós

la danza del adiósCinco años y veintitrés días después se mirarán por última vez, casi de la misma manera en la que se miraron en aquel bar cuando todo comenzó: Como si supieran lo que está por ocurrir y no terminaran de creérselo.

Volverán a saltar al unísono hacia lo desconocido, aunque a diferencia de la primera vez no los unirá un abrazo. En cambio, se impulsarán el uno al otro en direcciones opuestas, con estudiados movimientos de bailarines, en una danza en la que nadie tenderá la mano a nadie porque tanto él como ella codiciarán para el otro la prisión que abandonan. Y así, volverán a cambiar el territorio, y pensarán nuevamente que “está todo bien”, sin recordar que eso antes ya lo hicieron, mientras marcan el número del colega de turno para comunicarle las novedades.

Ella llorará, pero sólo lo inevitable, porque muy temprano aprendió que él no la encontraba deseable con el rostro cubierto de lágrimas, y aunque estará preparada para dejar de sentirse deseada, no lo estará aún para tener la certeza de que es él quien ya no la desea.

El bostezará y mirará el reloj un par de veces, intentando revestir con una capa de tedio toda la pulpa del ‘nosotros’ que aún tendrá en carne viva.

Por supuesto, ninguno de los dos dirá nada trascendente, o tan siquiera que no haya sido dicho ya; toda su relación habrá sido un entrenamiento para llegar a ese instante. Y ninguno se permitirá recordar los buenos momentos, porque sabrán reconocer la inutilidad de semejantes evocaciones. Ambos pondrán devotamente sus dolores y esperanzas fallidas en el altar el olvido, y levantarán la resistencia como bandera. Él no le contará que le sobran sábanas, soledades y aire por la noche, y ella preferirá callar a reconocer que, pese a todo, estaría dispuesta a volver a intentarlo. Y así, escudados en el otro para justificar sus respectivos silencios, se despedirán como si nunca se hubieran amado, un gesto apenas, de esos que se deshacen con la primera llovizna.

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9 pensamientos en “La danza del adiós

  1. Es tan triste. Dos amantes tornados en desconocidos condenados a no tener paz, sólo un simulacro de convivencia. El amor reemplazado por la indiferencia y el desconocimiento.

    Becquer: ahí es a dónde va el amor cuando se olvida.

  2. Pingback: SOS relatos eróticos | Ava y el sexo

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