Yo lavo los platos, tú arreglas el coche, nosotros follamos

igualdad de géneroCuanto más igualitario es el reparto de las tareas domésticas, menos sexo. Esa es la conclusión, aunque se adorne y se suavice de mil maneras distintas (menos, pero no peor; menos pero el vínculo es más estable), a la que llegó un estudio publicado el año pasado y que ahora vuelve a instalarse con empeño y desconcierto renovados en webs y sobremesas gracias a un extenso artículo al respecto que salió el mes pasado en el New York Times.

Sí, habéis leído bien: Lo que el estudio afirma es que cuantas más tareas domésticas consideradas “tradicionalmente femeninas” (cocinar, aspirar, hacer la colada, cambiar pañales) realizan los hombres, menos frecuentes son las relaciones sexuales en la pareja. ¿Y el otro lado de la moneda? Nos ofrece resultados similares: En aquellas parejas en las que los hombres hacen labores supuestamente masculinas (sacar la basura, arreglar el coche, armar muebles o reparar las cañerías) el sexo tiene una frecuencia media de 17 veces al mes, 5 veces más que en aquellas relaciones en las que esto no ocurre.

Parece casi anecdótico, y las primeras reacciones tienden al humor. Bueno, las mías al menos. Como proclamar a los cuatro vientos que no me importaría lavar más platos si a cambio me tienen más contentita en otras lides (¡vamos, que si es por eso hasta soy capaz de ensuciarlos a propósito!), o hacer repasos de mis conocidos más “cromañones” en busca de ese ansiado prototipo de macho que “quiere siempre” [que yo quiero]. Por supuesto, si no sabe usar un taladro y pringarse bien los dedos con grasa de motor, queda descartado del Top 10 mental.

Pero el asunto no es nada gracioso, ni liviano. Porque lo que nos viene a decir este estudio es que, de alguna manera, a medida que crece la comunicación entre el hombre y la mujer, a medida que se abrazan los puntos de unión y se logra trascender las diferencias, más disminuye la libido. Que esas parejas “progres” que comparten las labores, que crían a sus hijos al “fifty-fifty” y se disputan el reinado de la cocina quedan muy bonitas en la foto, pero lo que es follar, follan menos. Y ojo, que no es lo mismo que poco, pero ya tiene tela. Porque ese menos es en relación a aquellas parejas que mantienen un reparto de roles más tradicional, donde la sola idea de que el macho de la casa lave los platos haría saltar, junto con los suspiros de rigor, una que otra lágrima de risa a la fémina que se afana tras los fogones.

Bueno, pasado el momento del pasmo vamos con los matices, que los hay… El estudio, importante es decirlo, se realizó en Estados Unidos. Así que convengamos en señalar que sólo es representativo… de lo que representa. Una sociedad occidental, entre tantas otras, con sus  características y particularidades a la hora de entender las relaciones de pareja.

Por otra parte, si bien se constata que dichas relaciones no son tan satisfactorias desde el punto de vista sexual, sí lo son desde el personal y emocional. Bueno, para mí es un poquillo como decir que 2+2 son 5, pero sigamos avanzando.

El estudio ha sido elaborado con datos recolectados hace ya un turro de años (en la década de los 90), y si bien eso podría parecer que invalida sus conclusiones, la autora del reportaje en el New York Times, que es psicoterapeuta de pareja, asegura que se trata de una realidad que se ve día a día en su consulta (Lori Gottlieb se llama, por cierto). Además, una de las autoras del estudio, Julie Brines, ofrece una teoría al respecto: La falta de “diferenciación sexual” que se produciría al no tener tareas definidas es la que generaría esa menor atracción sexual. Algo así como que la neutralidad de género nos está convirtiendo en seres sexualmente neutros. Es más, Brines va más allá y concluye que las parejas homosexuales tienden a escoger a compañeros distintos precisamente para mantener viva su conexión sexual, lo que no pasaría en las parejas de lesbianas, que buscan afinidades en la forma de entender la vida y en los gustos, y cuya vida sexual es menos frecuente e intensa (eso sí, aclarando que registran menos divorcios).

Entre las múltiples teorías surgidas al calor de este polémico estudio, la propia Brines adelanta un par: que nuestra sexualidad es emocional e inconsciente, y que nuestro deseo funciona por asociaciones aprendidas, siendo una de ellas la atracción por lo que es opuesta a nosotros. O sea, que la igualdad es muy bonita y necesaria para organizar la vida social, pero sus valores, simplemente, no se pueden trasplantar siempre a la cama. O más bien a nuestros deseos. Por ese colador no pasa lo políticamente correcto…

Pese a esta evidencia, algunas voces indignadas se alzan en Internet, reclamando que este tipo de estudios, que en el fondo vienen a decir que a las mujeres en su fuero más íntimo les gusta ser dominadas, ponen en riesgo esa precaria igualdad que empieza a asomarse hoy en día, y que tanta sangre, sudor y lágrimas (de féminas, en su mayoría) costó conseguir. Por otra parte, hay quien opina que “a mayor igualdad y presencia de las mujeres en los centros de decisión y de poder, más frecuentes son los intentos de teorizar sobre las desventajas de ese poder y esa igualdad”, sin contar con que la menor frecuencia de deseo sexual de las “parejas modernas” podría atribuirse más al cansancio que la vida diaria provoca en una pareja de nuestros días en la que ambos trabajan” que a un tema de falta de diferenciación por géneros.

Yo, de momento, no tengo opinión, ni de espanto ni de asentimiento científico, aunque sí me interesaría muchísimo conseguir más información sobre la calidad de las relaciones en aquellas parejas que comparten las labores de forma indiferenciada. Pero bueno, que mientras averiguo más por esos lares me propongo realizar mis propias y humildes “labores de investigación de campo” porque el rollo éste de los géneros me parece fascinante y siempre he peleado mucho por expandir los confines que el mío me marcaba. Pero claro, ya sabéis lo que me gusta a mí la tontería!!!

O sea, que como os decía al principio en coña, por probar que no se quede. Ahora, es altamente probable que al quinto día de lavar platos en soledad me termine aburriendo del experimento (para eso ya tengo al mio filio adolescente, que tiene muy muy claro esto de los roles) y decida cambiar el enfoque. Puede que entonces publique un nuevo post haciendo un llamado a las féminas del mundo para que nos unamos en una nueva cruzada pro-igualdad: Disponibilidad total cada vez que nuestro chico-progre coja una escoba o una bayeta. Y en cuanto a las labores de bricolaje y otros menesteres masculinos, eso se arregla fácil: Unas clases con Miley Cirus sobre manejo del martillo y a correr. O a correrse, que es la idea!

Fuentes utilizadas para elaborar este post:

Does a More Equal Marriage Mean Less Sex? (reportaje en el New York Times)

Iguales y ¿asexuados?: conflictos de la pareja moderna

Menos sexo en la pareja si los hombres hacen quehacer

Egalitarianism, Housework and Sexual Frequency in Marriage (link al PDF completo -en inglés- del estudio)

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28 pensamientos en “Yo lavo los platos, tú arreglas el coche, nosotros follamos

  1. Le das mucha credibilidad y rollo a esos estudios gringos. ¿Cuánta fue la muestra? ¿Cómo puede ser representativo de 300 millones? Ni de coña. ¿Y del resto del mundo? Donde hay muchísimo más machismo (Iberoamérica y Musulmanes) o donde la mujer, mientras más sumisa es, mejor (Oriente). Hace muchos años, dejé de creer en esos estudios. El único, relevante para su época, fueron los informes Kinsey. Pero, el resto, incluyendo a los famosos Master & Johnson son sólo referencias o pretextos para vender morbo en los periódicos.
    De mi experiencia, prefiero mil veces a la mujer igualitaria, a la compañera. Ni mi sirvienta ni mi ama. Y eso que no soy rojo, ni verde, ni azul. Simplemente, la vida enseña. Y dependiendo de las experiencias puedes llegar a eso.

    • Y tú le das mucha importancia a lo que yo escribo en mi blog, me parece a mí…
      De todas maneras, respondiendo a tu pregunta, el universo muestral del estudio es de 4.500 parejas, lo que puede considerarse como una cifra respetable desde el punto de vista sociológico (para un universo de 300 millones se considera que una muestra de 2.500 personas da un margen de error del 2%).
      En lo que respecta al resto del mundo, en cuanto pille estudios que hagan referencia a otros rincones del globo estaré encantada de publicarlos.
      De cualquier manera, y reconociendo por supuesto que planteas algunos asuntos a mi parecer muy acertados, espero que no hayas entendido mi texto como una defensa de la mujer-geisha. Eso habría sido leerlo con poca atención…

      • Hasta el momento pensé que tus posts merecían ser tomados con diligencia, pero si no es así, si da igual leer un Condorito; entonces, gasté tiempo valioso y corregiré ese error.

  2. Mi querida Lady Maof… tras leer tu reacción veo con gran claridad que no estás demasiado familiarizada con sir Humphrey Appleby… Ay, ay, ay.

    Besotes.

  3. Yo no me como la olla tanto. Por meterme en el catre lo que sea, si hay que compartir se comparte y si hay que quedarse en el sillón mirando el televisor me quedo. Y si estos principios no gustan, tengo otros.

  4. Pues me parece muy interesante y desde luego no me extrañan nada las conclusiones del estudio. Por experiencia, se que los conflictos a la hora de establecer roles en la pareja, afectan muchísimo a la líbido; la competencia entre los miembros de una relación, suele traducirse en problemas en la cama.
    Tengo amigos (me viene a la mente una pareja en especial) que a pesar de llevar una relación anodina y desigual, con una distribución “tradicional” de las tareas familiares, siguen disfrutando un sexo fabuloso que les mantiene unidos. Pienso que es muy sano repartir “tareas”, en una pareja cada miembro debe ser respetado y admirado por la labor que realiza y es necesario desear lo que no tenemos y es propiedad del otro, aquello que nos completa. Cuando pretendemos ser “iguales”, nos cargamos ese deseo, nos convertimos en amigos. A nadie le sorprende encontrarse consigo mismo, necesitamos la diferencia!. Desde luego, no apoyo ni comparto el modelo machista de la mujer “ama de casa” y el hombre “cazador de mamuts”, o mejor dicho, nunca si es por obligación. Cualquier reparto de roles elegido y consensuado por todos los integrantes de la relación es absolutamente válido y respetable y puede encender la chispa de la admiración y por ende del deseo. Y por cierto, a mi me gusta lavar platos, en serio!
    Hala, a repartirse!

    • A mí los resultados del estudio (a los que les suelo dar la credibilidad que merecen… es decir, llaman mi atención sobre determinados temas y me ponen en modo “observación” de mi realidad más cercana, o sea q me producen un ‘interés proactivo’ por decirlo así) no me resultaron nada cómodos, pero como bien señalas, tras meditarlo y “deglutirlo” un poco me pareció que el asunto tenía cierta lógica. De hecho mis reflexiones se fueron bastante por el lado de las tuyas, más que una igualdad “per se” creo que una pareja se enriquece más por la vía de complementarse, y que eso puede lograrse perfectamente sin reproducir modelos obsoletos y rígidos. O sea, si efectivamente este desdibujamiento de los roles de género está significando asimismo que se desdibuja el deseo, tal vez sea hora de plantearse nuevas maneras de dibujarlo, y colorearlo incluso, pero haciéndolo desde esta nueva realidad que habitamos y que tanto ha costado conseguir.
      “Nunca si es por obligación”… Me encantó eso!!! Nunca si es por obligación pero libremente si es lo que se quiere, que también desde el lado “progre” (que por cierto, considero “mi lado”) se ejerce presión y se pretende moldear la manera de vivir del prójimo…
      Un abrazote! Como siempre, un gusto recibirte en mi cueva y leerte 😉

  5. Me agrada tu postura de no tener postura.

    En relación a este estudio que a duras penas alcanza a ser representativo (debieron ser 150,000 parejas para tener un 10% de la población) tiene un sesgo muy importante (al menos eso me parece) ya que no se mencionan los extractos sociales a los que pertenece cada pareja, considerando solamente a lo que llaman “pareja promedio” de Estados Unidos y que definitivamente no representa al resto de la población.

    Por otro lado, los aspectos culturales de formación son fundamentales y no me refiero a una formación tradicional o vanguardista sino más bien de personalidad. El ser tolerante y adaptable es finalmente lo que marcará la aceptación de la alternancia de los roles y si ambos en la pareja se sienten cómodos y a gusto es lo que definitivamente dará la calidad en la relación, incluyendo la frecuencia de la intimidad, donde creo que es más importante la improvisación que los lineamientos. En la cocina existen infinidad de recursos para crearse momentos íntimos, al igual que en el patio o el garage, No creo que lavar los platos baje la libido o que arreglar el auto la aumente, cada pareja terminará por acomodarse de la mejor forma posible.

    ¿Quien cocina en el hogar moderno? Podría decir: El que llega primero. Pero agregaría: Dependiendo de la calidad de su relación.

    • jeje, gracias! No es por no “mojarme” q no tengo postura, simplemente que no sé qué pensar al respecto… De cualquier manera me pareció interesante el asunto que subyace al estudio, le di varias vueltas… y aún sigo dándoselas!!!
      Ahora, tengo entendido que para que un estudio sea representativo el porcentaje de población estudiado no requiere ser tan alto como el que propones (un 10% de la población es demasiado, obligaría a hacer estudios extensos, impagables y cuyo procesamiento de datos llevaría demasiado tiempo…. por eso en sociología se trabaja con porcentajes más bajos, q ya se consideran apropiados).
      Aún así, estoy muy muy de acuerdo con lo que dice el amigo Kurt más arriba: “Pon una conclusión y encontrarás el estudio apropiado”
      Creo que lo interesante de estos estudios no es tanto plantearse si representan a mucho o a pocos, sino si uno mismo se siente representado, si uno reproduce algunos de esos “comportamientos-tipo” que el estudio plantea, si dentro de uno se generan esas relaciones de causa-efecto que sociólogos o científicos observaron en otros, haya o no patrón de conducta… Por ahí al menos es por donde me enganchan a mí estos temas..
      Finalmente, me gustaría quedarme con una de tus frases, porque me parece acertadísima, y concuerdo totalmente contigo (de cualquier manera el estudio en cuestión no lo niega, de hecho se destaca que si bien la cantidad de sexo es menor, la calidad de las relaciones es mejor en las parejas con los roles menos claros): “El ser tolerante y adaptable es finalmente lo que marcará la aceptación de la alternancia de los roles y si ambos en la pareja se sienten cómodos y a gusto es lo que definitivamente dará la calidad en la relación”.
      Un abrazo!

  6. Pues como tenga yo que reparar un coche estamos apañaos! 😄
    No he leído todos los comentarios, si repito algo ya dicho… lo lamento, solo un apunte, a mi el informe me ha hecho retroceder a la infancia, y tengo 45 años… ¿porqué?
    Porque era entonces cuando existían esas: “labores típicas de la mujer”, “labores típicas del hombre”, hoy en día son los dos miembros de la pareja (si hay suerte, que el tema está jodido) los que tienen acceso al mercado laboral, esto debería promover un reparto de tareas igualitario en el hogar, la mujer ya no es “ama de casa” y el hombre ya no es el “chapuzas” (con más o menos maña) que era antes, ¿a cuantos hombres veis un sábado a la mañana con el capó del coche abierto “reparando” la junta de la culata? jajaja, esa estampa era muy habitual un sábado a la mañana cuando yo era crio, ahora el coche se lleva a un garaje, se paga religiosamente y listo…
    otro ejemplo: ¿quién cocina en casa? pues la cocina también ha dejado de ser una tarea “habitual” de la mujer, supongo que si uno de los dos tiene más maña o se desenvuelve mejor entre cazuelas, ese será quien se encargue del tema, los platos los friega el lavavajillas, el tema de llenarlo y vaciarlo tampoco es cosa de género sino de acuerdo… al igual que el aspirador, la lavadora… etc…
    Los muebles, ¿alguien piensa que un hombre es más capaz de montar una estantería de Ikea que una mujer o viceversa?
    Y así podemos seguir herramienta por herramienta, tarea por tarea… hasta llegar a la cama… lo mejor es deshacerla juntos pero bien deshecha, que al día siguiente no habrá pereza para volver a hacerla a medias…

    Los niños (cambiar pañales, prepararlos, llevarlos a la escuela o al bus, educarlos… etc… si a un padre le molesta cambiar el pañal de su hijo, salvo circunstancias muy personales, es una mierda de padre, y viceversa. si antes se hacía así era porque el hombre no estaba en casa, algunos durante la jornada laboral, y otros durante todo el día… Jetas como estos últimos que consideran a la mujer como la esclava que les recibe con la mesa puesta y la sopa boba, el periódico y las zapatillas de casa aún existen por desgracia… dudo que sus mujeres disfruten de sus meros desahogos sexuales, (cantidad no es calidad), en esos casos, y mientras la mujer se informa de como dejarlo de patitas en la calle como merece, siempre es bueno disfrutar del buen sexo que te puede ofrecer un amante, o dos o tres…según las necesidades de cada una… y el de casa, si alguna vez se porta bien, que se enfunde el condon, que seguro que va de putas… 😛

    Iba a hacer un pequeño apunte y me he enrollado jajaja (nótese cierto sarcasmo o mala leche que no pretende sino ofender a quien se sienta identificado XD)

    por cierto, ¿y las parejas con miembros del mismo sexo? ¿y las parejas que viven en hogares separados? ¿y los que vivimos solos? y…

    (¿Nunca habéis oido comentar a las abuelas (las que no lo dicen seguro que lo piensan) de hoy en día que, a pesar de que su vida tampoco ha sido un mar de lágrimas, miran con envidia (sana) a las jóvenes?, muchas de ellas no tuvieron la opcion de disfrutar libremente su sexualidad. (de desarrollar sus aficiones, su talento, de tantas cosas, ¿verdad? ¡Malditas religiónes!, ¡Malditas dictaduras! ¡Malditos dogmas! ¡malditos tabúes! ¡Malditos!

    • Buenas, mi estimado!
      El estudio no niega en ningún momento q las cosas hayan cambiado, no niega que exista una realidad como la que describes, donde las relaciones “igualitarias” son la tónica. Es más, reafirma la existencia de este tipo de relaciones. Y entonces, partiendo de esa base, lo q hace es plantear q eso está teniendo determinadas consecuencias en la forma en q esas parejas viven su sexualidad… Otra cosa es q las consecuencias no gusten, o q se ponga en tela de jucio la metodología, alcance o adecuación del estudio. Con todo ello estoy de acuerdo, sería la última en defender q las mujeres vuelvan a la cocina y los hombres al rol de proveedor exclusivo, líbreme el barbudo! Aún así, y vuelvo a decirlo, algunas de las conclusiones me parecen muy, muy interesantes, y me parece aconsejable no desoir lo que puede haber detrás si realmente queremos construir nuevas formas de relacionarnos q nos resulten satisfactorias y plenas en todos los ámbitos…
      Un abrazo de oso! Y muchísimas gracias por tu comentario 🙂

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