Cuerpos delatores, señales inconscientes y lenguaje no verbal de la seducción

El rollo éste del lenguaje no verbal de la seducción (corporal en su mayor parte) me fascina, como me fascina la grafología o la astrología. Porque a ratos me hace sentir poseedora de un conocimiento añadido sobre mí misma y sobre los otros –que en estos casos siempre es ‘el otro’–, y eso no suele ser desdeñable. El conocimiento tiene eso, que nos hace sentir seguros, nos da calma. Como nos la da cualquier herramienta que nos permita creer que podemos enfrentarnos de alguna manera, aunque sea desde nuestro insignificante rincón y armados con un palillo para los dientes, al caos que es la existencia. Lo predecible parece pacificarnos el espíritu, aunque muchas veces no sea más que un elixir que al beberlo se convierte en veneno para la libertad del mismo.

Pero bueno, que me voy por las ramas y no es la idea. Hablaba del lenguaje corporal, y de la tranquilidad que nos aporta manejar ciertos conceptos. Tranquilidad y poder, claro. O como apunta Pere Estupinyà en “S=EX²”, “dominar el lenguaje no verbal de la seducción es saber lanzar mensajes gestuales que se adentren en el inconsciente de la persona con quien queremos ligar, pero sobre todo saber interpretar sus señales de aceptación, rechazo, interés o cansancio que irá expresando durante la cita sin apenas darse cuenta. Si veis que ladea la cabeza vais bien, podéis pedir otra copa. Pero si notáis que poco a poco se va echando un poquito hacia atrás, mejor reaccionar rápido y sugerir cambiar de bar”. “Son y no son tonterías”, concluye Pere, tan rico él.

imagen lenguaje corporal 2Quienes se toman este tema con un poco de seriedad advierten que hay que distinguir entre “lo anecdótico, propio de revistas para adolescentes” y los comportamientos realmente consistentes en los flirteos de las sociedades occidentales. Todos los animales tienen signos específicos de cortejo y los humanos no somos una excepción. ¿Qué hay, entonces, detrás de esta insultante falta de originalidad en nuestros comportamientos? El sospechoso habitual, ni más ni menos: nuestro instinto de reproducción puro y duro, que tantos quebraderos de corazón nos provoca.

En un trabajo publicado en 1985 sobre el cortejo (para cuya elaboración se siguió  a 200 mujeres durante más de 100 horas en bares y centros de entretenimiento) Monica Moore elaboró un catálogo de 52 conductas femeninas que denotan interés, como mirar directamente a los ojos, acicalarse el pelo inconscientemente, sonreír, ladear la cabeza, tocarse de manera refleja el cuello o los labios, pedir ayuda e inclinar el cuerpo hacia delante. Pero lo que es más importante, se encontró con un hallazgo inesperado (siempre citando el libro de Estupinyà): “Lo que realmente predecía la aproximación masculina y el éxito del encuentro no era la belleza de la mujer, sino el número de señales que emitía. Monica se muestra contundente en este punto: ‘Lo hemos observado repetidamente, los hombres se interesan por las mujeres que dan más señales, no por las que en principio resultan más atractivas’. Es decir, que para que un hombre se acerque a una desconocida, una sonrisa o una mirada directa es muchísimo más eficiente que un vestido escotado o facciones más bellas”.

Y siguiendo con Moore: En dos tercios de las ocasiones es claramente la mujer quien da pistas al hombre para que se acerque a conversar. En realidad es ella la que da la señal. Cuando un chico da un paso –el ‘primer paso’ de toda la vida, vamos– casi siempre es precedido por invitaciones no verbales de la chica. O sea, y en otras palabras, más que tomar la iniciativa los chicos reaccionan al percibir una invitación inconsciente.

Llegados a este punto me pregunto si alguien habrá hecho un estudio serio sobre los signos de cortejo en encuentros homosexuales. De momento, mis barridos por Internet no han arrojado resultados satisfactorios. Vale que en muchos casos la cosa es tan directa que no son necesarias estas “artimañas” para llegar a las sábanas (ay, esa maravillosa practicidad que tiene el sexo gay a veces), pero pretender que no existe un ritual previo es quedarse muy cortos.

Y otra reflexión os dejo: Me parece que manejar mínimas nociones sobre este tema no sólo nos permite entender mejor lo que el otro nos está comunicando de forma no verbal (y si acaso hay una incongruencia con lo que nos transmite verbalmente, y por qué podría ser eso), sino también entender, y hasta cierto punto controlar, lo que nosotros mismos estamos comunicando. No se trata de reprimir las expresiones del nuestro cuerpo, se trata, además de comprendernos mejor, de evitar que hable en exceso por nosotros cuando no queremos. Ay, la traición de un cuerpo delator, quién no se ha visto en esas alguna vez…

Para evitar alargarme os dejo un ‘punteo’ de otras cosillas interesantes en torno a la comunicación no verbal que aparecen en el libro:

– La mirada continúa siendo su principal elemento, tanto de manera involuntaria como controlada.

– Los expertos observan muchas sutilezas en las señales no verbales de seducción, como esconder la panza y mantener la espalda recta, recolocarse la ropa y –en el caso de los hombres– posicionar el cuerpo de manera que cierre el campo visual de la mujer. Otras señales de interés típicas de chicos son: inclinarse hacia la mujer, gesticular airadamente, mover mucho las manos y asentir exageradamente con la cabeza.

– En cuanto a las chicas, nos delatamos cuando humedecemos los labios de forma involuntaria o torcemos un poco el cuello para mirar fijamente al macho que nos arranca los suspiros internos.

Obviamente, también resulta recomendable manejar un mínimo de información sobre aquellas temidas señales de rechazo, para al menos ser un rechazado digno en caso de encontrarnos en esos menesteres.

imagenlenguaje corporal 1Entre los clásicos de toda la vida nos encontramos con el infaltable bostezo (espontáneo, que si ya es del otro mejor ni hablar) y las continuas comprobaciones al móvil (el libro en realidad habla simplemente de comprobaciones pero yo me he permitido el adjetivo extra ya que, en los tiempos que corren, espantarse porque el galán de turno le echó una sola miradita roñosa al WhatsApp no parece la actitud más productiva).

Nuevamente Moore viene a nuestro rescate, esta vez con una lista de 17 actitudes asociadas al rechazo (y siempre en un contexto de primeras citas). La lista hace referencia a comportamientos observados en mujeres, si bien los hombres comparten varios de ellos. Entre las principales tenemos inclinar el cuerpo hacia atrás, cruzar los brazos, tocarse las uñas o mover los dientes. ¿Pensabais que era por nerviosismo? No, advierte Pere: “se encuentra incómoda y quiere escapar”. “Veréis que pronto empieza a desviar la mirada, las piernas se mueven inquietas, y no tardará en dejar de sonreír tan fácilmente como antes. Y si en un momento determinado empieza a llevar la contraria en temas banales en lugar de asentir, podemos interpretarlo como otra de las señales más claras de rechazo”.

Como conclusión más que obvia, el libro nos deja la siguiente: Los hombres menos exitosos a la hora de ligar identifican significativamente menos señales de cortejo que la media…

¡Qué! ¿Os parece ahora que son tonterías de las que estamos hablando?

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19 pensamientos en “Cuerpos delatores, señales inconscientes y lenguaje no verbal de la seducción

  1. señales que preceden a los que ligan (o no ligan según sea el caso), desde luego que las señales siempre están solo que algunos son/somos incapaces de leerlas y no hay escuela en donde te enseñen a vencer ese sexanafabetiso..

    besos querida

    • No hay escuela pero por suerte hay algunos buenos libros, jejeje!!!
      Yo creo q todo está en abrir bien los ojos. La mayoría de nosotros no solemos poner mucha atención a las señales externas (de los demás, del mundo… y mucho menos a las propias!), y la info q nos llega a nivel no consciente es muchísimo menos de la que podríamos obtener si sólo nos “espabiláramos” un poco.
      A mí me entretiene mucho poner en práctica estas pequeñas cosillas que voy aprendiendo.
      Besos y abrazos!

  2. Esa primera deducción es lógica. La belleza atrae, “llena el ojo”, llama la atención del macho cazador, pero para dar el primero paso, no basta. En el primer contacto visual, es IMPORTANTISIMO la reacción de la otra persona. Si hay indiferencia o se esquiva, pues de nada sirve seguir, es una batalla perdida antes de pelearla.
    Sobre la homosexualidad, en la serie “The L World” creo que escuche una explicación de cómo es el cortejo entre lesbianas. Tiene su ritual. Porque la lesbiana a veces debe distinguir a la hetero de la bi. En el caso del otro sector. Recuerdo que un amigo gay me dijo que ellos también tienen su propio código de cortejo. También la presencia es muy importante para ellos, pero como hay metrosexuales hetero, parece que ellos buscan otros “rasgos” más propios de ellos. No interactuo con la comunidad gay, pero me atrevo a decir que posiblemente sea cierta femeneidad (gay) o masculinidad (lesbiana), imperceptible para el hetero, pero clave para ellos. Es sólo una hipótesis.
    Señales no verbales mías: Mirada fija en el triángulo de la pasión: ojos-nariz-boca. Tratar de hablarle de costado, de manera que mi voz llegue directamente a una de sus orejas y modularla, énfasis de bajos y con lentitud. Se sabe que las mujeres no son visuales, pero son “multitasking”. Por tanto, si endulzas su oído, aunque ella esté con su PC o smartphone, no dejará de prestarte atención. No suelo mover las manos. Prefiero usarlas para acomodarle el cabello. Siempre hay un mechón cómplice. Ni asiento, ni sonrío. Las mujeres tienen su lado infantil presente durante la seducción, buscan complacer su “papá” y por tanto, no buscan tanto, la sonrisa hipocritona, sino que LAS ESCUCHEN y ENTIENDAN. Lo cual conlleva a saber acompañar la charla. Por allí, algún atrevimiento sorpresivo viene bien.
    Lo que he visto en las chicas limeñas, no diré de las españolas o de otras nacionalidades porque necesitaría un post propio, es que la timidez y sumisión de nuestra mentalidad, se imponen. Así que si una limeña, le interesas, bajará la mirada o cambiará de dirección (simulará no mirarte), pero después de unos segundos, volverá a mirarte, para saber si sigues allí. Lo que si es casi universal y siempre me pasa, es cuando juegan con su pelo, ensortijándolo o buscándole las puntas rotas. 99% de las mujeres que he conocido, lo hacen.
    Señales de rechazo: No mantener la mirada. Mirar el celular y se acabó el mundo. No reírse por tus chistes o hacer una mueca de inconformidad. O simplemente: “voy al baño”. Nunca la vuelves a ver. Hay mucha ilusión en la primera cita, por tanto, ambos están muy pendientes de las señales del otro. Así que algo no gusta, fácilmente se detectará y juzgará involuntariamente.

    • Yo interactúo bastante con la “comunidad gay” (vamos, q tengo amigos cercanos, lo otro no pasa de ser una frase muy bonita pero que dice ná…) y la verdad es q mi pregunta no va tanto al hecho de cómo se reconocen, sino cómo se cortejan. Sobre todo porque además de señales compartidas, existen otras que son propias de cada sexo, y ahí es cuando se me abre la curiosidad… Si es el hombre quién hace el primer movimiento, pero sólo de forma porterior al primer indicio de la mujer… ¿cómo se asumen esos roles en un encuentro de dos personas del mismo sexo? ¿Es aleatorio? ¿Tiene que ver con las preferencias que se darán después en la cama?
      Qué bien lo que dices de la voz y los énfasis en los bajos, porque eso no estaba en el libro y se me olvidó mencionarlo… Los hombres tienden a hacer su voz más grave y las mujeres a dulcificarla, efectivamente.
      En cuanto a eso de q las mujeres no son visuales… habemos excepciones! SIn embargo, es verdad que el final solemos priorizar otras cosas, pero acá hablamos de cortejo al fin y al cabo.
      Y lo de las chicas limeñas suena un poco aburridillo, no? Maigot, qué hacéis los chicos para sentiros estimulados entre tanta timidez y sumisión…
      En fin, q podría alargarme xq el tema da para mucho, pero me quedo con una frase para terminar… “Ni asiento, ni sonrío”… Ufff! Tiene que ser telita tener una cita contigo!!! 😮
      (ah, y en cuanto a eso de complacer al papá… demasiado freudiano para mi capacidad neuronal actual!!! Así q por ahora sólo dire: Ven papi, dámelo todo!)

      • Ni asiento, ni sonrío,
        pero igual me la tiro.
        En verso, sin esfuerzo.
        Posiblemente, aún en las parejas gay, alguien toma el papel activo. No hablo de los travestis-gay, que allí es explícito, pero no dudo que siempre existirá una o uno, que sea quien inicie.
        Si has leído mi post sobre la Mujer Peruana, pues podrás entender el problema. La excitación viene por ese lado y no es sólo nuestra. ¿Acaso en Oriente, la sumisión o timidez son muy valorados? A mi, no me gusta, pero es porque los españoles me cambiaron el chip.
        P.D: Mami, cuando quieras, donde quieras y por donde quieras. 😉

  3. Que pena, penita, pena, que no puedas ver mi lenguaje corporal ahora mismito, mientras pienso “por culpa, culpita (parezco Ned Flanders, coñito, con toda diminutivito), culpa de mi querida y adorada Ava, a la que, con todo el cariño, respeto y admiración que le profeso, le retorcería el cuello, he acabado por encargar el libro de Pere”.

    Esta mujer me va a llevar por el mal camino. O mejor incluso.

  4. Pues yo tengo otro tip de lo que las mujeres hacemos además de lo del pelo; la dirección hacia donde apuntan las piernas, más bien dicho las rodillas. Si la chiquilla en cuestión está sentada, usualmente con las rodillas juntas y apuntando hacia su interlocutor, es porque está interesada en él y/o en lo que dice. Por el contrario, si van en otra dirección, puede ser que esté esperando el momento preciso para salir corriendo. Bueno, y tema aparte es si las rodillas no están juntas, jajajajaj!!!

    • Es verdad! Otro tema interesante que se quedó fuera del tintero, gracias por mencionarlo! De hecho el asunto de las rodillas es uno de los más delatores… He leído por ahí que si una chica está sentada en una habitación con más de un chico, sus rodillas siempre apuntarán hacia el macho de sus preferencias (o en su defecto, el “menos peor”). Y bueno, que más de una vez me he sorprendido al descubrir la dirección insolente que estaban tomando mis propias rodillitas desvergonzadas :p

  5. UN PD PARA QUIEN HAYA TENIDO LA AMABILIDAD DE LLEGAR HASTA AQUÍ:

    Me escribió hace poco un amigo para hacerme un comentario sobre este post. Como no me gusta hacer cambios sustanciales en las entradas una vez que han sido publicadas y comentadas, utilizo este espacio, el único que se me ha ocurrido, para transmitiros el asunto que nos traíamos él y yo entre manos (otra cosa es que me obsesione a posteriori con cada palabra mal escrita o cada coma mal colocada que me voy encontrando por ahí, lo que me tiene editando una y otra vez chorradillas por el estilo).

    El tema es que mi amigo en cuestión me ha señalado, muy acertadamente, que al hablar del cortejo en los encuentros homosexuales me dejo fuera a la mitad del colectivo, ya que sólo hago referencia a la practicidad que muchas veces se atribuye al sexo entre hombres, dejándome fuera del tintero a las chicas…

    Creo, en realidad, que estaba haciendo algo peor… las estaba metiendo en el mismo saco del ‘sexo-exprés! Y aunque los estereotipos son útiles, también son peligrosos, sin contar con que, si de usar estereotipos se trata, el “aquí te pillo aquí te mato” no es precisamente el modelo que más parece estilarse entre lesbianas. Así que desde aquí reformulo mi pregunta: ¿Habrá diferencia en las señales que se observan en los rituales homosexuales, pese a su amplia gama de comportamientos a la hora de establecer relaciones?

    En fin, que al aire la lanzo. Qué más…
    🙂

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