Perdón que me queje…

fondo ava con filtroHay momentos en los que siento que ruedo en una bola de nieve que ya es tiempo de detener. Que en mi búsqueda de experiencias interesantes y variadas, en mis permanentes intentos de amplitud a la hora de analizar -y justificar- a las personas y las situaciones se me ha ido olvidando lo simple en el camino. O más bien se me han perdido los caminos directos.

Y el problema con los otros caminos que quedan, los indirectos, es que en ellos transitan almas indirectas, que no es lo mismo que decir ricas, complejas, ni tan siquiera oscuras. No. Hablo de almas de alguna manera retorcidas, avariciosas de sí mismas, que no permiten llegar porque han borrado sus mapas y dibujado otros falsos. Evidentemente, el riesgo de perderse existe. El absurdo ofrece extrañas tentaciones a las mentes enmarañadas y ávidas.

En ocasiones quisiera resetearme, y aunque me parece que la opción de suturar la inocencia perdida como si fuera un himen no está en el menú, siempre me queda la de reconvertirme en una chica “muy chica”. De esas que pegan bofetadas de telenovela y siempre esperan ser invitadas, consentidas e incluso obedecidas en todo por el simple hecho de haber nacido con ovarios. Debe ser muy liberador no intentar reaccionar de forma evolucionada ante cada situación que la vida nos pone delante y contar con unas cuantas fórmulas estándar para ir saliendo del paso. “Si no me viene a recoger con coche y a la puerta no voy”.  “Si no me trae flores todos los domingos no se está ganando mi amor”. “Si no sé cómo conseguir lo que quiero lamo un martillo”. Lo del martillo, por cierto, sirve también para resolver discusiones peliagudas y para poner clavos. Aunque esto último seguro que ya lo sabíais…

Sé que desvarío un poco. O más bien exagero con fines autodidactas, la cosa es que nunca podré ser eso que digo ansiar, que sería la primera asqueada con el resultado. Pero veces es bueno recordar que no todo es aprendizaje. A veces el aprendizaje está en saber patalear a tiempo, en escupir directamente en el ojo del otro, y no hacerlo es simplemente una forma de transigir, pero en el mal sentido de la palabra: Poniendo lo que no se puede poner de uno mismo sobre la mesa de negociación.

No quiero más negociaciones. No quiero seguir dejándome pedacitos de Ava en el trayecto. Quiero besos, abrazos y sonrisas transparentes. Quiero sentir un latido real al otro lado de la piel que me acoge y tirar por la ventana los colgajos que van dejando los amores robotizados, igual como las chicas “muy chicas” arrojan las pertenencias del ex de turno cuando éste les toca las narices. En una de esas termino descubriendo que tirar algo por la ventana es mejor que meditar, más llano y efectivo. Voy a hacer el ensayo y os lo cuento…

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23 pensamientos en “Perdón que me queje…

  1. No hay falsos caminos. Son desvíos, senderos, callejones todo lo más. Falsos, sí.
    Normalmente son la defensa de un/a cobarde (o de algo peor). Dependiendo del trayecto, es una cosa u otra.

    Lo importante, amiga mía, es que no te desvíes tú de tu camino. Porque, para muchos entre los que me incluyo, caminar sin Ava por este largo y sinuoso paseo no sería lo mismo. Tal vez ni paseo siquiera.

    Si te vale un beso y un abrazo de un pandatolondrado, ahí van unos cuantos.

    A vuestros pies,
    Un panda llamado J.

  2. Leído con atención, he visto reflejados pensamientos de antaño. Los caminos retorcidos fueron lugares donde me emboscaba para urdir vivencias que parecían ser de otro mundo. Pero sólo había personajes con su papel mal aprendido, actores mediocres que lo intentaban ante un casting exigente. Hastío y sumas y siguen.
    Sólo cuando salí a campo abierto,’sólo cuando mostré mis armas, sólo cuando creí en los caballeros leales de uno y otro sexo, encontré. Las respuestas a todas las preguntas que hoy haces. Me enseñaron que había más retos sin mundos oscuros y que los que yo buscaba serían llevados más arriba de lo que imaginé.
    Por eso, ahora, cuando leo tanta sombra de Grey, suspiro y sonrió. Y no dejo de pensar que he visto más perversión, riesgo y aventura, en unos limpios ojos azules, que en la mayoría de los relatos con los que muchos se hacen pajas, incluso mentales.
    Me gustó leerte

    • Eso es! 🙂 De eso estaba hablando precisamente, más allá de los sarcasmos y las imágenes fáciles. No de deseos de revancha sino que de renovación…
      Muchas gracias Kurt, por tus palabras y por la atención con la que has leído las mías… Creo que sería justo decir que me has calado!
      Ahora, dicho lo dicho… clamo al cielo poder morir disfrutando de las delicias de un látigo bien manejado por una mano firme y unos ojos limpios! 😉

  3. No lo podías describir mejor, querida Ava. Me he identificado palabra por palabra. A veces yo también pienso que tirarlo todo por la ventana puede ser la solución, una solución mucho más efectiva que tantas reflexiones que a nada conducen. Pero mientras ponemos orden en nuestras cabezas, sobre todo yo….sigamos dando guerra, cuánta más mejor. 😉
    Un besazo

    • Jeje, uno de mis visitantes me comentó por Twitter q le parecía q tan sólo estaba teniendo una pataleta… Tal vez, pero una de lo más productiva! 😉 Digamos q he visto una pequeña luz y creo q es tiempo de enmendar algunos pasos… y permitirme ciertas ‘terapias’ de limpieza x el camino!!!
      Un beso gordo!

  4. La lucidez es dura, amiga mía. Yo también echo de menos a veces ser un macho al uso, pero no creo que me satisficiera más de diez minutos. Cruzar la puerta del autoconocimiento no tiene vuelta atrás, la única vía es aceptarse totalmente (tanto a uno mismo como a los demás) y dejarse de juicios y prejuicios (qué fácil parece, no?).
    Qué retorcidos somos, joder.

  5. Describiste a la última coca-cola del estadio, a la chica con sueños de grandeza por su belleza o actitud seductora, a la que dice que es muy valiosa y ladea utilitariamente su lealtad de papel. Describiste a la frívola y visceral que contrasta con una mujer real que desea sentirse amada de verdad en el día a día y no con vacías fantasías románticas en un contexto de consumo y de esnobismo.

    No lo veo como queja. Para mi, es más bien la descripción de los síntomas del síndrome de actualidad que también es aplicable a los hombres en las relaciones MH, como si cualquiera de la pareja fuese un trofeo de caza para exhibirlo sobre la chimenea… junto con los demás…

    Como siempre un gusto leerte.
    Saludos
    🙂

    • Recuerdo un tiempo en que se utilizaba mucho ese término, el de “mujer-trofeo”. Ahora se oye menos, pero lamentablemente sigue ocurriendo con frecuencia.
      Un abrazo Ben, y muchas gracias por tu comentario! 😀

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