Su coño, mi coño, el de todas y todos…

imagen coño tapadoPensaba compartir este post con vosotros por Facebook y Twitter, pero una segunda lectura me convenció de que más bien merecía ser reblogueado (si bien por no ser un blog alojado en WordPress no me permite hacerlo por los cauces habituales, con lo que me toca recurrir al “copiar-pegar” de toda la vida).

El tema, como veréis, es bastante peliagudo (no en vano a los dos días de haberse publicado, su autora reportaba 76.000 visitas a ese post en concreto), pero está claro que sacarle el culo a la jeringa no es la manera de avanzar. Lo que sí os pido es que si alguien tiene ganas de hacer un aporte en los comentarios –ya sea en mi blog o en el blog de Diana-, que lo haga de forma educada y respetuosa…

Bueno, os dejo con el post en cuestión:

MI COÑO

Es bastante probable que a simple vista parezca que tengo un coño normal: tiene sus labios (internos y externos), su clítoris justo encima, su vagina en medio, su vello púbico (más del que me gustaría)… absolutamente nada con lo que sorprender al personal (con el gustazo que tiene que dar ser hermafrodita). Pero, desde mi punto de vista, mi coño tiene una particularidad bestial: es mío, y yo decido lo que entra y lo que sale de él.

Cuando una mujer es consciente de su sexualidad y de su cuerpo, que no es ni más ni menos que una parte importantísima de su vida, sabrá qué tiene que hacer con su coño. Del mismo modo en que aprendimos a no meter los dedos en los enchufes (sinceramente, no conozco ningún caso de muerte por choque eléctrico) o a no echar las piernas a la vía del tren, sabemos lo que hacer con nuestros órganos sexuales. Cualquier mujer inteligente, que sepa utilizar sus manos y sus piernas y alimentarse solita sabrá cómo utilizar su coño. Las mujeres, señor Ministro, no somos deficientes por defecto. Puede que usted haya tenido malas experiencias, pero le advierto que abusar de una persona deficiente no está bien visto. Ni siquiera en España.

Dicho esto, yo me considero una mujer competente, autónoma y lo suficientemente adulta como para saber si quiero procrear o no. Del mismo modo, considero que absolutamente todas las mujeres que conozco y con las que tengo relación: mis amigas, mis compañeras de trabajo, la dependienta del Zara, la de la gasolinera, la contable de mi padre, mi madre o mis cuñadas, están sobradamente capacitadas para saber qué hacer con sus respectivos coños. Lo cual, además, no deja de ser una decisión personal que de ninguna manera me afecta a mí. Bastante trabajo me da el mío (depilaciones, citologías, menstruaciones…) como para preocuparme del de la vecina.

Pero partiendo cómo partimos del principio de que la inmensa mayoría de la población española es medianamente inteligente me pregunto yo qué coño –con perdón- le importará a usted señor Ministro, a la Iglesia y a la panda de fachas que pasean carteles asquerosos mientras defienden guerras que matan a niños (de los carne y hueso), lo que sale de MI COÑO.

Porque yo follo con quien quiero, Alberto. Y cómo quiero. Como soy una mujer inteligente, utilizo métodos de anticoncepción que, dicho sea de paso, son una barrera contra las indeseables enfermedades de trasmisión sexual. Sepa también, que prácticamente ningún hombre –inteligente, a mi entender- con el que me he acostado se negaría a tener sexo sin protección la primera noche. Y que algunos hombres –inteligentes, por supuesto-, lo pidieron expresamente. Si yo, nublada por el calentamiento o por el amor que sentía hacia esa persona, hubiese cedido y hubiese aceptado mantener relaciones sin preservativo quizá me hubiese quedado embarazada. Quizá también me podría haber quedado embarazada con mi pareja, por haber jugado algún día más de la cuenta –las relaciones son un juego de dos, a mí la masturbación no suele embarazarme-, porque falló el método anticonceptivo –fallan, se lo aseguro- o porque esa persona me obligó a hacerlo. Afortunadamente, a mí no me ha pasado. Pero si me hubiese pasado, yo, mujer inteligente, hubiese querido abortar.

¿Sabe por qué? Tengo 27 años, he estudiado, soy profesional y NO quiero ser madre en estos momentos. Además, creo que tengo derecho a equivocarme como usted y como alguno de sus cuatro hijos, que, seguro, alguna vez debieron de haber practicado sexo sin haber convertido ese polvo en un ser humano.

Tengo derecho a abortar sin ser estigmatizada por ello y a hacerlo en las condiciones médico-sanitarias que se esperan de un país europeo en el año 2014. Tengo derecho a no joderme la vida porque un día algo salió mal y ni usted, ni mis padres, ni un cura, ni un psiquiatra ni el mismísimo Dios aparecido en la Tierra pueden negarme mi derecho a decidir lo que sale de MI coño.

Porque entonces, cuando yo y otras mujeres demos a luz, y en el hipotético caso de que todo saliese bien, tendrían usted y su gobierno que hacerse cargo de todos los hijos no deseados que llevan mala vida porque sus padres simplemente, no estaban preparados. O no podían darle un hogar. O no se conocían casi entre ellos. O no podían alimentarlos correctamente, o comprarles sus medicinas. Cosa, que, como bien sabrá, pasa cada día en España. Una nación que tiene el vergonzoso honor de tener a casi un 30 por ciento de la población infantil viviendo bajo el umbral de la pobreza, sólo por detrás de Bulgaria y Rumanía en el conjunto de los 27 países de la Unión Europea.

¿Sabe usted, señor Ministro, cuántos niños hay tirados ahora mismo en las calles de España? ¿O sin calefacción? ¿Y sabe los que comen todos los días lo mismo? ¿Se ha preocupado de conocer a aquellos que llevan los zapatos rotos al colegio? ¿Y a los que no han podido comprar un abrigo este año? ¿No le dan pena? A mí, sí. Lo que no me da pena es un embrión de pocas semanas que, sintiéndolo mucho señor Ministro, ni siente ni padece y que, efectivamente, podría convertirse en algo mucho más importante y entonces sí –y no antes- merecería toda su atención y la de su gobierno. Mientras tanto, amantes como son de la vida, deberían de preocuparse de que yo y el resto de las mujeres de este país tengamos una vida digna, estemos sanas y traigamos hijos deseados al mundo que tendremos que cuidar, inteligentemente, el resto de nuestras vidas.

A veces cuando lo escucho, señor Ministro, me hace sentir usted como mi gata. Le contaré que he tenido que esterilizarla porque la pobre no dejaba de traer hijos al mundo que no podía mantener, ni yo tampoco. Ella, simplemente, se acostaba con varones sin saber lo que hacía ni sus consecuencias. Tuvo dos partos múltiples. Como mi gata es un animal, si yo hubiese querido habría abandonado a todas esas crías, o las habría matado –qué más da, son gatos- Pero no hice eso, me preocupé de cuidar a cada uno de esos gatitos y de buscarles un hogar donde los quisiesen. Me preocupé, además, de llevar a mi gata al veterinario cuando enfermó después del parto –y de pagarlo-. Y después, me responsabilicé de que mi preciosa gata no volviese a quedarse embarazada otra vez. Porque no me gusta abandonar a los animales. Y menos, a las personas. Ojalá ustedes cuidasen a las ciudadanas de este país tanto como yo a mi gata.

Mi coño
Autora: Diana López Varela
Enlace: http://dianalopezvarela.blogspot.com.es/2013/12/mi-cono.html

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16 pensamientos en “Su coño, mi coño, el de todas y todos…

  1. No puedo estar más de acuerdo con Diana.
    No tengo coño, pero no puedo dejar de recordar la interrupción de un embarazo no deseado del cual fui responsable en un 50 %. Ocurrió hace muchos años y sin duda yo no estaba preparado para ser padre así como mi pareja de entonces tampoco lo estaba para la maternidad. No tengo ni idea de qué hubiésemos hecho entonces si hubiese estado en vigencia una ley tan retrógrada como la del… (iba a decir señor, pero como que no se corresponde con lo que pienso de este individuo) ministro Gallardón, pero me da que de una manera u otra el desenlace habría sido el mismo.
    La legislación vigente en ese momento nos permitió que lo único a lo que nos tuviésemos que enfrentar fuese a una inmensa tristeza que (al menos a mi) se te queda marcada de por vida, a nadie le gusta tener que abortar (solo puedo hablar desde mi experiencia, se que la de mi pareja fue sin duda mucho más amarga), pero al menos disfrutamos de unos servicios médicos de calidad y un asesoramiento psicológico que sin duda nos ayudó muchísimo. Hoy, este infame gobierno vuelve a condenar a innumerables mujeres a la clandestinidad, la insalubridad y el peligro de muerte, a la vez que la iglesia regresa con fuerzas renovadas blandiendo su discurso en contra de los anticonceptivos y a favor de las familias “como Dios manda”. Ya conocemos el estilo que se gastan, como aquello de multar con 700€ a los que buscan en la basura (como si bastase con prohibir la pobreza para que esta desapareciese…).
    No me gusta nada hablar de política y suelo ser bastante optimista, pero esto me supera.
    Abrazo!

    • No podrías haber dado más en el clavo mi amigo, ya que mencionas un par de temas sobre los que quería hablar aquí, en los comentarios (para no interferir más de lo necesario con las palabras de Diana en la parte del post) y que ya tenía punteados, así que tu reflexiones me vienen como anillo al dedo…
      Creer que porque se prohibe legalmente el aborto se va a dejar de abortar es de una ingenuidad que llega a ser espeluznante. Acá lo único que ocurre es que, al restringir el libre acceso al tema, éste permanece siendo un derecho exclusivamente al alcance de los que pueden pagárselo, sin importar en que orilla moral se esté plantado: Derecho a decidir o derecho a matar, da igual lo que cada cual piense; el tema de fondo es que con esta ley lo que existe ahora es una nueva herramienta para ejercer violencia sobre los que menos tienen. Y así, se abren dos caminos: abortar en algún país europeo q tenga legislaciones más “amables” (o bien en una clínica pija española con el asunto encubierto por una supuesta apendicitis), o hacerlo en la clandestinidad, con ¿profesionales? de dudosa procedencia y sin las mínimas condiciones necesarias. Eso es, realmente, lo único q se está decidiendo desde los casposos despachos del ministro: Que hay un segmento considerable de la población que deberá poner en riesgo su salud, e incluso su vida, para disfrutar del mismo derecho que otros compran con un puñado más gordo de euros.
      Y es allí, creo yo, donde debería centrarse el debate. Lo otro, las consideraciones morales, la convicción de que algo es bueno o malo, el “sentir” que hay o no hay vida en un feto de ocho semanas, pertenece a lo más interno de cada uno de nosotros, y es asimismo muy ingenuo pensar que dicha convicción puede ser alterada a través de argumentaciones del bando contrario (más o menos racionales, pero que pocas veces buscan el diálogo) o reprimida -por no de decir violada- por una ley impuesta por unos pocos.
      Y para terminar las reflexiones generales, si se quieren buscar aproximaciones más maduras al tema hay que dejar de lado ideas tan estrechas y absurdas como que abortar es una fiesta y que permitiendo el aborto se está fomentando que más y más mujeres elijan ese camino, o que el asunto se reduce a un tema de egoísmo que podría ser fácilmente solucionado dando al hijo en adopción… De verdad, ¡qué profundísima ignorancia!
      En algún momento -temprano- de mi vida tuve que tomar una decisión parecida a la que cuentas, con la diferencia de que tuve que afrontarla sin contar con el apoyo del otro 50%… Como en mi país el aborto era (y sigue siendo) ilegal, se me ofreció la opción de recurrir a una clínica privada disfrazando el tema de “enfermedad”. La cosa es que al tener una posibilidad real de optar (y no antes) fue cuando realmente me enfrenté al tema, desencadenándose en mí un proceso reflexivo muy muy personal, que finalmente me llevó a decidir continuar con mi embarazo. Sin embargo, ese proceso también me llevó a darme cuenta de que esa decisión no podía ser de nadie más que mía (y de mi pareja en caso de haber contado con su participación en el asunto, pero de absolutísimamente nadie más), que eso era algo que yo, y sólo yo, podía resolver, ya que sería mi vida la que cambiaría radicalmente, al tiempo que se ponía en mis manos la vida de otra persona, con toda la enormísima responsabilidad que eso conlleva (porque la decisión de no abortar no se acaba en el parto, y cuando las condiciones no son las óptimas es una elección tan difícil y poco liviana como la contraria, ya que ningún niño se merece nacer siendo no deseado, por imposición, que es muy distinto a “no planificado”). Y también me di cuenta de que, pese a que tuve que enfrentar una situación compleja a una edad temprana, en el fondo fui una privilegiada, y que la vida es muy injusta porque muchas no tuvieron lo que yo. Por eso defiendo a ultranza el que todas las mujeres tengan la oportunidad -el derecho- que yo tuve de decidir, pero decidir de verdad, con opciones reales y seguras. Lo demás es dictadura, aunque se lo quiera llamar “defensa de la vida”…
      Nada más que agregar, salvo agradecerte, como en otras ocasiones, la generosidad que tienes para compartir tus experiencias, que enriquecen mi blog y son siempre un aporte para mí y quienes lo leen.
      Un abrazo gordísimo!

  2. estoy y estamos de acuerdo muchos. Es una decisión personal de cada una y uno. es decir de la pareja.
    Creo que con in información y cultura no harían falta leyes de este tipo. pero en todo caso siempre debe ser una decisión personal de la preñada.

    Un abrazo.

  3. Pingback: Cumpleaños feliz, me deseo yo a mí… | Ava y el sexo

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