Diálogos callejeros 4: Quiero, pero así no puedo

autobús - lluviaSeis de la tarde. Un autobús atestado de gente se arrastra con desgana por las calles de Madrid. Fuera llueve. Dentro, algunos pasajeros se quejan por lo excesivo de la calefacción. Al otro lado de los vidrios empañados  se intuyen los edificios monocordes del barrio de Carabanchel.

Ella lleva una gastada cazadora blanca, el pelo con las raíces más oscuras y restos de esmalte rojo en las uñas. Él, alto, desgarbado y con un bigotillo que roza lo ridículo, le acerca la boca sustanciosa a la oreja, en un intento por privatizar sus súplicas. Éstas, sin embargo,  logran reptar por encima de su improvisado cerco sin deshacerse en el camino, alcanzando los oídos de los no pocos curiosos que se afanan en fingir indiferencia.

– ¿Entonces cuándo?
– Uf, qué cansino. ¿Te lo tengo que volver a explicar?
– No. O bueno, no sé. Lo único que sé es que así no se puede vivir.
– ¿Y tú crees que para mí es fácil? ¿Crees que no quiero? Quiero, pero así no puedo tío, no puedo.
– Ya, cari, pero habrá que hacer algo. Toca adaptase, no queda otra. ¡Joder, qué se yo! En la ducha…
– ¿En la ducha? ¿Para que tu vieja vaya a tocarnos las pelotas a los dos minutos de empezar? En cuanto me tardo un poco porque me toca lavarme el pelo abre el grifo de la cocina para que el agua salga fría.
– No es como lo dices, es para ahorrar… No lo hace con maldad.
– Ya.
– Siempre podemos esperar a que la peña se quede dormida…
– ¿Y cuándo es eso? Tu viejo se despierta con cualquier cosa y tu hermano se pasa toda la puta noche estudiando. Ni siquiera sé para qué…
– Joder tía, colabora un poco.
– No, si yo colaboro. Todos los días me levanto y pongo buena cara, intentando olvidar que estamos durmiendo en un puto sofá. ¿Te parece poco?
– Ese es el problema, durmiendo. Tres meses y no hacemos más que dormir.
– Haberlo pensado mejor.
– ¿Estás de coña? ¿Qué opción teníamos?
– Eso no. Lo otro. Antes.
– ¿Eso también es mi culpa? Seguro que también será mi culpa que necesites un jodido hotel cinco estrellas para echar un polvo. Antes no te complicabas tanto.
– No se trata de eso, y si me escucharas no tendría que repetirte lo mismo por décima vez. No es que no tenga ganas, es que me supera. Así no puedo y ya está. ¿Sabes cómo me siento? Como esas viejas que van a ver a sus maridos a la cárcel y tienen que hacerlo entre mantas amarradas con trozos de cuerda, con todos ahí escuchando y haciéndose pajas a dos centímetros de distancia.
– ¿Y dónde coño es eso?
imagen secreto – No sé, en algunas cárceles lo hacen así. Lo vio en un documental.
– Cari, esta sequía es una cárcel. Pero tú tienes la llave de mi libertad…
– …
– Qué pasa. ¿No me quedó bonito?
– Joder tío, ¿no entiendes que necesito un poco de privacidad?
– Y yo necesito un poco de follar. Pero así va el mundo…

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15 pensamientos en “Diálogos callejeros 4: Quiero, pero así no puedo

  1. Debiste llamarlo: Sexo Post-Crisis. ¿Cuántas parejas estarán en esa situación? En algunos países latinoamericanos existe una solución: el hostal. Un hotel al paso, que se paga por horas, al cual puedes llegar en autobus o en coche. Buena comodidad a bajo precio. Todo aseado y bonito, incluido el digital, para un buen revolcón. Es un buen negocio, todo depende de cómo se lleve. Aunque pareciera que en la moderna España, el sexo es más conservador que en las tierras de sus hijos.

    • En mi país son conocidos como los moteles carreteros de toda la vida, jijiji 😉 Bueno, muchas veces de aseados tienen poco, pero a la hora de darle una alegría al cuerpo no hay para qué ponerse tan tiquismiquis, no?
      Y sí, muchas parejas se enfrentan a algo parecido, lamentablemente… De hecho al oir esa conversación me acordé todo el rato de una peli chilena, “El chacotero sentimental”, que en una de las historias q cuenta retrata la lucha de una pareja joven por encontrar un sitio donde echar un polvo tranquilos, para lo cual tienen q vencer ciertas reticencias (sobre todo ella) y buscarse la vida de formas más o menos ingeniosas… Y es q a veces no queda otra no más, sobre todo cuando vivir de “allegados” en casa ajena es la realidad del día a día, no una situación temporal o producto de una crisis concreta.
      Un abrazo!

  2. Un buen relato de eso no hay duda. Te tomas tu trabajo en serio, pues no basta con escuchar y transcribir, así que yo veo que el oficio de escritora lo llevas bien y nos metes a la historia como si uno fuera ese oído donde se cuenta todo y tú la boca que nos escribe todo. Debo decirlo, envidio tu capacidad para narrar y tu trabajo en pijamas

    Besos querida, estos nada tienen que ver con el relato, es por puro gusto

    • Uau, muchas gracias Carlos! En general, te diría que me tomo el blog en serio e intento ser respetuosa con el tiempo que mis visitantes le dedican, lo cual no quita que me divierta a mares con él. 😉 Ahora, no sé si te imaginas lo gratificante q es leer lo q me escribes. Sin duda compensa todo el tiempo y el mimo que le entrego a mi casa virtual!
      Besos y abrazos por puro gusto…

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