Cumpleaños feliz, me deseo yo a mí…

to blow or not to blow (peq)Hoy es un día de hacer balance, y en mi caso de doble balance porque hace exactamente un año que empecé con este blog. Un año ya, qué rápido se dice…

Tendrán que saber disculpar eso sí que tome la vía fácil, que eche mano a cifras, gráficos y otros datos que dicen tanto sin decir nada en lugar de ofreceros una revisión interna, profunda y descarnada –de esas que tanto me cuestan escribir pero que tan contentita me dejan cuando le doy al botoncito de publicar- de lo que ha significado este blog para mí en su primer año de existencia: Hoy, como muchos (afortunados somos, y que poco nos damos cuenta) me reúno a celebrar Nochevieja con mi familia y amigos, por lo que no me sobra el tiempo para entregarme a sesudas reflexiones internas y actos de impudicia extrema por el bien social.

Hoy quiero decir cosas sueltas, las que me vayan saliendo, las que me surjan en estos minutos que he apartado de este día avaro para compartir con vosotros. Decir, por ejemplo, que me sigue faltando mi hermanita en nuestra mesa, mucho mucho (aunque al parecer ya no lee mi blog porque nunca contesta a estas alusiones cebollonas que hago de ella, jeje!). O que esto empezó como un proyecto para un curso que estaba haciendo de community manager, y que claramente se me fue de las manos… así que lo dejé ir y me fui con él, permitiéndole crecer más allá de lo sospechado y/o planificado, aunque a veces me asuste un poco todo lo que estoy vomitando por ahí y las consecuencias que podría tener. Pero después sacudo la cabeza y digo “bah, la vida es para vivirla, para sentirse a gusto con uno mismo, para conectar”. ¡Así que salud por eso!

No puedo evitar asimismo unos instantes de narcisismo bloguero y ofreceros un pequeño ranking de las cinco entradas más leídas este año. Se podría decir que las más antiguas juegan con ventaja, pero no es así, probablemente porque en un principio no las leía ni yo.

Total, que las entradas son:

Sobre mí (ehhh, que sois unos curiosillos!)
Mi vecina la gritona (responsabilidad casi exclusiva de Google!)
Sobre monjas pajilleras y la necesidad universal de correrse a gustito (un bulo de lo más productivo con un final para la reflexión…)
Su coño, mi coño, el de todas y todos… (recién salido del horno)
Relatos eróticos: Hambre (muy personal y en envase literario)

En cuanto a los países de procedencia de mis lectores, los más generosos en clics son (también siguiendo un orden descendente):

España
México
Chile
Estados Unidos
Argentina

Además, contaros que el blog que más visitas le ha regalado al mío es el de mi buen amigo Dark (http://silverdark.bligoo.es/), un escritor de relatos eróticos que cada tanto me hace sonrojar y que os recomiendo a ojos cerrados para entrar en calorcillo al tiempo que se descubren personajes con muchas capas y poca ropa.

Por último, compartir que este blog ronda ya las 20.000 visitas (¿Es mucho? ¿Poco? ¡Para mí es una montaña!) y que pese a los muchos suspiros agónicos y las horas de sueño que me ha robado, celebro su existencia la primera, porque sin él no estarías vosotros aquí. En mi vida, de alguna manera…

Un abrazo enorme y que tengáis una espectacular entrada en 2014!!! 😉

Ava

Su coño, mi coño, el de todas y todos…

imagen coño tapadoPensaba compartir este post con vosotros por Facebook y Twitter, pero una segunda lectura me convenció de que más bien merecía ser reblogueado (si bien por no ser un blog alojado en WordPress no me permite hacerlo por los cauces habituales, con lo que me toca recurrir al “copiar-pegar” de toda la vida).

El tema, como veréis, es bastante peliagudo (no en vano a los dos días de haberse publicado, su autora reportaba 76.000 visitas a ese post en concreto), pero está claro que sacarle el culo a la jeringa no es la manera de avanzar. Lo que sí os pido es que si alguien tiene ganas de hacer un aporte en los comentarios –ya sea en mi blog o en el blog de Diana-, que lo haga de forma educada y respetuosa…

Bueno, os dejo con el post en cuestión:

MI COÑO

Es bastante probable que a simple vista parezca que tengo un coño normal: tiene sus labios (internos y externos), su clítoris justo encima, su vagina en medio, su vello púbico (más del que me gustaría)… absolutamente nada con lo que sorprender al personal (con el gustazo que tiene que dar ser hermafrodita). Pero, desde mi punto de vista, mi coño tiene una particularidad bestial: es mío, y yo decido lo que entra y lo que sale de él.

Cuando una mujer es consciente de su sexualidad y de su cuerpo, que no es ni más ni menos que una parte importantísima de su vida, sabrá qué tiene que hacer con su coño. Del mismo modo en que aprendimos a no meter los dedos en los enchufes (sinceramente, no conozco ningún caso de muerte por choque eléctrico) o a no echar las piernas a la vía del tren, sabemos lo que hacer con nuestros órganos sexuales. Cualquier mujer inteligente, que sepa utilizar sus manos y sus piernas y alimentarse solita sabrá cómo utilizar su coño. Las mujeres, señor Ministro, no somos deficientes por defecto. Puede que usted haya tenido malas experiencias, pero le advierto que abusar de una persona deficiente no está bien visto. Ni siquiera en España.

Dicho esto, yo me considero una mujer competente, autónoma y lo suficientemente adulta como para saber si quiero procrear o no. Del mismo modo, considero que absolutamente todas las mujeres que conozco y con las que tengo relación: mis amigas, mis compañeras de trabajo, la dependienta del Zara, la de la gasolinera, la contable de mi padre, mi madre o mis cuñadas, están sobradamente capacitadas para saber qué hacer con sus respectivos coños. Lo cual, además, no deja de ser una decisión personal que de ninguna manera me afecta a mí. Bastante trabajo me da el mío (depilaciones, citologías, menstruaciones…) como para preocuparme del de la vecina.

Pero partiendo cómo partimos del principio de que la inmensa mayoría de la población española es medianamente inteligente me pregunto yo qué coño –con perdón- le importará a usted señor Ministro, a la Iglesia y a la panda de fachas que pasean carteles asquerosos mientras defienden guerras que matan a niños (de los carne y hueso), lo que sale de MI COÑO.

Porque yo follo con quien quiero, Alberto. Y cómo quiero. Como soy una mujer inteligente, utilizo métodos de anticoncepción que, dicho sea de paso, son una barrera contra las indeseables enfermedades de trasmisión sexual. Sepa también, que prácticamente ningún hombre –inteligente, a mi entender- con el que me he acostado se negaría a tener sexo sin protección la primera noche. Y que algunos hombres –inteligentes, por supuesto-, lo pidieron expresamente. Si yo, nublada por el calentamiento o por el amor que sentía hacia esa persona, hubiese cedido y hubiese aceptado mantener relaciones sin preservativo quizá me hubiese quedado embarazada. Quizá también me podría haber quedado embarazada con mi pareja, por haber jugado algún día más de la cuenta –las relaciones son un juego de dos, a mí la masturbación no suele embarazarme-, porque falló el método anticonceptivo –fallan, se lo aseguro- o porque esa persona me obligó a hacerlo. Afortunadamente, a mí no me ha pasado. Pero si me hubiese pasado, yo, mujer inteligente, hubiese querido abortar.

¿Sabe por qué? Tengo 27 años, he estudiado, soy profesional y NO quiero ser madre en estos momentos. Además, creo que tengo derecho a equivocarme como usted y como alguno de sus cuatro hijos, que, seguro, alguna vez debieron de haber practicado sexo sin haber convertido ese polvo en un ser humano.

Tengo derecho a abortar sin ser estigmatizada por ello y a hacerlo en las condiciones médico-sanitarias que se esperan de un país europeo en el año 2014. Tengo derecho a no joderme la vida porque un día algo salió mal y ni usted, ni mis padres, ni un cura, ni un psiquiatra ni el mismísimo Dios aparecido en la Tierra pueden negarme mi derecho a decidir lo que sale de MI coño.

Porque entonces, cuando yo y otras mujeres demos a luz, y en el hipotético caso de que todo saliese bien, tendrían usted y su gobierno que hacerse cargo de todos los hijos no deseados que llevan mala vida porque sus padres simplemente, no estaban preparados. O no podían darle un hogar. O no se conocían casi entre ellos. O no podían alimentarlos correctamente, o comprarles sus medicinas. Cosa, que, como bien sabrá, pasa cada día en España. Una nación que tiene el vergonzoso honor de tener a casi un 30 por ciento de la población infantil viviendo bajo el umbral de la pobreza, sólo por detrás de Bulgaria y Rumanía en el conjunto de los 27 países de la Unión Europea.

¿Sabe usted, señor Ministro, cuántos niños hay tirados ahora mismo en las calles de España? ¿O sin calefacción? ¿Y sabe los que comen todos los días lo mismo? ¿Se ha preocupado de conocer a aquellos que llevan los zapatos rotos al colegio? ¿Y a los que no han podido comprar un abrigo este año? ¿No le dan pena? A mí, sí. Lo que no me da pena es un embrión de pocas semanas que, sintiéndolo mucho señor Ministro, ni siente ni padece y que, efectivamente, podría convertirse en algo mucho más importante y entonces sí –y no antes- merecería toda su atención y la de su gobierno. Mientras tanto, amantes como son de la vida, deberían de preocuparse de que yo y el resto de las mujeres de este país tengamos una vida digna, estemos sanas y traigamos hijos deseados al mundo que tendremos que cuidar, inteligentemente, el resto de nuestras vidas.

A veces cuando lo escucho, señor Ministro, me hace sentir usted como mi gata. Le contaré que he tenido que esterilizarla porque la pobre no dejaba de traer hijos al mundo que no podía mantener, ni yo tampoco. Ella, simplemente, se acostaba con varones sin saber lo que hacía ni sus consecuencias. Tuvo dos partos múltiples. Como mi gata es un animal, si yo hubiese querido habría abandonado a todas esas crías, o las habría matado –qué más da, son gatos- Pero no hice eso, me preocupé de cuidar a cada uno de esos gatitos y de buscarles un hogar donde los quisiesen. Me preocupé, además, de llevar a mi gata al veterinario cuando enfermó después del parto –y de pagarlo-. Y después, me responsabilicé de que mi preciosa gata no volviese a quedarse embarazada otra vez. Porque no me gusta abandonar a los animales. Y menos, a las personas. Ojalá ustedes cuidasen a las ciudadanas de este país tanto como yo a mi gata.

Mi coño
Autora: Diana López Varela
Enlace: http://dianalopezvarela.blogspot.com.es/2013/12/mi-cono.html

El típico post navideño, vamos…

AvaVale, no estoy disfrazada de “mamá Noel”, pero al menos mi atuendo es de celebración, y al fin y al cabo eso es hoy, un día para estar arropaditos y celebrar el cariño entre los seres humanos.

Así que, mis estimados, creáis en lo que creáis, os deseo una muy feliz navidad y espero que os sobren las risas y el placer –en sus múltiples variantes- en estas fiestas y que tengáis la suerte de disfrutarlas en excelente compañía. Por mi parte no me puedo quejar, soy una afortunada, aunque si estuviera aquí mi hermana el asunto ya habría rozado la perfección…

(Lobyu sis!!!).

Y bueno chicos, éste es mi regalito para vosotros hoy, o al menos para los más curiosos (a sugerencia de Mr. Chatterley, asiduo lector de este blog): Yo en versión yo misma. Puede que no haya tirado toda la carne a la parrilla, pero qué queréis… ¡soy tímida!

(Sí, ya, claro, segurito…)

¡Abrazotes navideños!

Loving Erika Lust! (o por qué creo que Erika no hace porno para mujeres)

Para los que aún no lo sabéis, Erika Lust, cuyo nombre real es Erika Hallqvist, es una ‘guiri’ (Estocolmo, 1977) afincada en Barcelona, cientista política especializada en Derechos Humanos y Feminismo, que se ha hecho conocida por revolucionar el mundo de la pornografía con una propuesta en la que prima el componente artístico y que juega con situaciones más cotidianas y reconocibles que las de una “gang bang”, por ejemplo. Ahora, pese a que su trabajo se decanta por la sugerencia antes que por la evidencia, no escatima en momentos de sexo explícito, siempre dentro de la unicidad creativa de la obra.

En un mundo hambriento de etiquetas, el trabajo de Erika –quien escribe, dirige y produce sus propios filmes- ha sido rápidamente bautizado como “porno para mujeres” o incluso “porno feminista”. Un cartel sin duda llamativo, y bastante funcional a la hora de propagar la buena nueva: Existe algo distinto a lo ya visto, algo que se contrapone al porno tradicional de gemidos plásticos y carencia argumental que tan poco atrae a las féminas. Sin embargo, es una visión con la que no concuerdo.

Primero, porque he conocido a unas cuantas congéneres consumidoras habituales del “porno de toda la vida”, por lo que si seguimos por ese camino tendríamos que rebautizarlo como “porno para casi todos los hombres y no pocas mujeres”, o algo así. Yo misma, en varias ocasiones, he visto pelis o videos (acompañada o no) que cumplieron a la perfección sus objetivos, y dudo mucho que sea una excepción a la regla.

Ahora, no es esa mi razón de peso para convertir este post en un alegato contra la percepción (a mi juicio errónea) de que Erika hace cine de género. Porque así como conozco a féminas que no tienen ningún problema en disfrutar de una sesión del clásico ‘mete-saca’ en pantalla, también podría mencionar a unos cuantos chicos que han caído rendidos ante los encantos de la directora sueca.

Es cierto que al porno tradicional, enquistado en sus propias fronteras, le iba quedando poco que ofrecer a sus espectadores. Y probablemente muchos –hombre y mujeres- han continuado consumiéndolo simplemente por no contar con una alternativa más satisfactoria. ¿Por qué entonces cuando ésta llega pretendemos limitarla a un grupo concreto? ¿Por qué damos por supuesto que la otra parte de la población humana no tiene lo que hace falta para disfrutar de un porno más sutil, evocador y con capacidad para integrar distintos elementos y crear historias? A mí, en lo personal, me parece un insulto hacia los hombres.

Por jugar con una imagen un poco burda, plantear una división así de artificial (reforzando la dañina idea de que la sexualidad es un compartimento estanco y que estamos destinados a existir en un mundo binario donde a hombres y mujeres les corresponde una lista predeterminada de características y tendencias) es como decir que el cine comercial de Hollywood es cine para tíos y el cine arte europeo es de tías porque son más “sensibles”.

¡Ay, mis benditos cromañones, qué mal se os trata a veces!

Erika Lust¿Y entonces, qué nombre le ponemos? ¿Porno para personas que disfrutan del erotismo más allá de la genitalidad? ¿Porno del siglo XXI? ¿Necesita un nombre realmente? ¿Qué tal entonces el porno de Erika? ¿No hablamos acaso del cine de Hitchcock o de Woody Allen? Pues me parece a mí que nuestra catalana adoptiva ha hecho méritos suficientes como para considerarla una precursora en su ámbito, o una “disruptora” si lo preferís (del latín dirumpo: destrozar, hacer pedazos, romper, destruir, establecer discontinuidad).

En fin, que era eso, básicamente, lo que quería decir hoy. En un principio pensé en hacer de esta entrada una oda a mi amiga Erika, y contaros por qué me encanta y me tiene rendida a sus pies. Sin embargo, hay información de sobra en Internet sobre las particulares características de su trabajo, así como unos cuantos cortos y no tan cortos (casi ninguno en Youtube eso sí, no perdáis el tiempo por ahí) como para que yo os pueda contar algo nuevo. Y claro, lo que también sobra en Internet es la etiquetita de los cojones. De ahí que me tengáis alegando cual vieja gruñona en lugar de escribir la carta abierta de amor a la Lust que inicialmente había planeado.

Aún así… QUÉ GRANDE ERES, ERIKA!!!

PD: Os dejo unos pocos links por si os interesan. El primero es de una entrevista reciente concedida a El País, el segundo os llevará a un compilado de videos en Dailymotion y el tercero es de su web oficial (en inglés).
http://elpais.com/elpais/2013/08/09/eps/1376044290_250638.html
http://www.dailymotion.com/lustfilms
http://www.erikalust.com/

Diálogos callejeros 4: Quiero, pero así no puedo

autobús - lluviaSeis de la tarde. Un autobús atestado de gente se arrastra con desgana por las calles de Madrid. Fuera llueve. Dentro, algunos pasajeros se quejan por lo excesivo de la calefacción. Al otro lado de los vidrios empañados  se intuyen los edificios monocordes del barrio de Carabanchel.

Ella lleva una gastada cazadora blanca, el pelo con las raíces más oscuras y restos de esmalte rojo en las uñas. Él, alto, desgarbado y con un bigotillo que roza lo ridículo, le acerca la boca sustanciosa a la oreja, en un intento por privatizar sus súplicas. Éstas, sin embargo,  logran reptar por encima de su improvisado cerco sin deshacerse en el camino, alcanzando los oídos de los no pocos curiosos que se afanan en fingir indiferencia.

– ¿Entonces cuándo?
– Uf, qué cansino. ¿Te lo tengo que volver a explicar?
– No. O bueno, no sé. Lo único que sé es que así no se puede vivir.
– ¿Y tú crees que para mí es fácil? ¿Crees que no quiero? Quiero, pero así no puedo tío, no puedo.
– Ya, cari, pero habrá que hacer algo. Toca adaptase, no queda otra. ¡Joder, qué se yo! En la ducha…
– ¿En la ducha? ¿Para que tu vieja vaya a tocarnos las pelotas a los dos minutos de empezar? En cuanto me tardo un poco porque me toca lavarme el pelo abre el grifo de la cocina para que el agua salga fría.
– No es como lo dices, es para ahorrar… No lo hace con maldad.
– Ya.
– Siempre podemos esperar a que la peña se quede dormida…
– ¿Y cuándo es eso? Tu viejo se despierta con cualquier cosa y tu hermano se pasa toda la puta noche estudiando. Ni siquiera sé para qué…
– Joder tía, colabora un poco.
– No, si yo colaboro. Todos los días me levanto y pongo buena cara, intentando olvidar que estamos durmiendo en un puto sofá. ¿Te parece poco?
– Ese es el problema, durmiendo. Tres meses y no hacemos más que dormir.
– Haberlo pensado mejor.
– ¿Estás de coña? ¿Qué opción teníamos?
– Eso no. Lo otro. Antes.
– ¿Eso también es mi culpa? Seguro que también será mi culpa que necesites un jodido hotel cinco estrellas para echar un polvo. Antes no te complicabas tanto.
– No se trata de eso, y si me escucharas no tendría que repetirte lo mismo por décima vez. No es que no tenga ganas, es que me supera. Así no puedo y ya está. ¿Sabes cómo me siento? Como esas viejas que van a ver a sus maridos a la cárcel y tienen que hacerlo entre mantas amarradas con trozos de cuerda, con todos ahí escuchando y haciéndose pajas a dos centímetros de distancia.
– ¿Y dónde coño es eso?
imagen secreto – No sé, en algunas cárceles lo hacen así. Lo vio en un documental.
– Cari, esta sequía es una cárcel. Pero tú tienes la llave de mi libertad…
– …
– Qué pasa. ¿No me quedó bonito?
– Joder tío, ¿no entiendes que necesito un poco de privacidad?
– Y yo necesito un poco de follar. Pero así va el mundo…

“Las muertes chiquitas”, orgasmos ‘made in’ México


La documentalista Mireia Sallarès es la autora de “Las muertes chiquitas”, un proyecto transdisciplinar cuyo epicentro es un documental que “comprime” en cinco horas unas 100 de filmación. Compuesto por entrevistas o conversaciones con más de 30 mujeres de distintas zonas, edades, profesiones y religiones de México, el trabajo “reflexiona sobre la condición política de ser mujer desde el placer, la lucha armada, la transexualidad, la prostitución, la enfermedad, el exilio, la teología de la liberación, el feminicidio y el compromiso ético”.

Respecto a la duración de su trabajo, la autora cuenta que “a falta de cuarenta minutos hay un final, y viene otro. Me preguntaban por qué me cuesta tanto acabar, y respondí que la película es como un orgasmo femenino, más lento y que no termina del todo”.

El documental aún no lo consigo, pero por mientras os dejo con dos tráileres (por cierto, que fea me suena esa palabra, pero si la RAE dice…). El que tenéis más arriba y uno un poco más largo, que encontraréis en el primer link que os pego más abajo (como está subido en Vimeo no lo puedo compartir directamente en el blog). Además, en la misma página del primer link tenéis más datos sobre la autora y una entrevista realizada por Arts Coming.

Fuentes: http://artscoming.com/products-page/product-category/las-muertes-chiquitas/
http://ocio.farodevigo.es/cine/noticias/nws-246785-mireia-sallares-hay-hombres-fingen-orgasmo.html

“Las muertes chiquitas”
Documental
Autora: Mireia Sallarès
Duración: 5 horas