Incesto en letras pequeñas

imagen incestoÉste es un post que, desde que empecé con esto, siempre pensé que llegaría la hora de escribir. Pero no es fácil. Y no lo digo porque me resulte difícil expresarme al respecto, sino por ese otro que somos para los demás, ya que estoy segura de que si el 100% de las personas que leyeran este blog me fueran desconocidas, no le hubiera dado ni el 10% de las vueltas que le di.

Lo primero que me pregunté al plantearme hablar sobre mi relación con el incesto -y lo que me he preguntado todas las veces posteriores- es qué utilidad podía tener hacer “pública” una experiencia tan personal, más allá del mero contenido narrativo del asunto. Porque no es algo que necesite compartir con el mundo, hace mucho que hice mis paces con el tema y me lo saqué de las entrañas, y de cualquier manera no quería que se convirtiera en simple papilla para alimentar el morbo con el que muchas veces se leen estas historias.

Pero entonces me di cuenta de que sí podía aportar algo con mi historia y que valía la pena animarme a contarla. O más bien a contar que es lo que saco de ella.

Yo he sido víctima de incesto. En más de una ocasión, si bien ese tipo de recuerdos son bastante difusos y no podría decir si fueron cinco o 30. Otros no lo son, como el sentimiento de culpa, el color de las paredes, la cara de Súper Ratón que me guiñaba un ojo desde un viejo póster mal colgado en una esquina de esa habitación horrible y un sinfín de sensaciones y detalles que no vienen al caso.

El tema es que eso no me ha impedido disfrutar de una sexualidad sana, o al menos sentirla de esa manera, y ello sin necesidad de pasar por las manos de un profesional o ser rescatada de mi pasado oscuro por un la versión masculina de Anastasia Steele (la de Cincuenta Sombras, para los afortunados incautos) en rollo galán redentor. Y es eso, en el fondo, lo que quiero contar. Que un incesto puede ser vivido de muchas maneras, y que el hoyo negro y la desviación (en el sentido más amplio de la palabra) no son las únicas puertas que pueden abrirse ante quien lo sufre. No digo que no sea difícil, aterrador e indescriptible, no me malentendáis. Digo que no necesariamente es una condena y que uno no tiene por qué convertirse en un perturbado por haber vivido experiencias tan perturbadoras. O sea, lo que menos quiero es minimizar el asunto. Está claro que hay personas que viven situaciones de las que resultaría prácticamente imposible salir sin ayuda, después de todo yo siempre dormí segura y protegida en mi propia cama y no hablo por nadie más que por mí. Pero aún así voy a atreverme a ir más allá, y a afirmar que quienes hemos sufrido abusos sexuales también tenemos todo el derecho de sacarnos el cartel con la carita triste de encima desde el preciso momento en que eso deje de ser una necesidad.

Ahora, lo de “sexualidad sana” como expresión no me termina de cerrar del todo. Sano es un adjetivo complicado en relación al sexo, primero porque no tengo conocimiento suficientes en la materia como para aventurar una definición acertada (la palabra me queda grande), y segundo porque no estoy segura de que exista tal cosa en todo caso. Mejor digamos que disfruto de una sexualidad placentera, aunque es probable que me haya metido primero con esa palabra chunga porque quería señalar que nunca he sentido que una parte de mí tenga alguna tara o esté enferma por lo vivido. Admito que puede haber aumentado la dificultad para llegar a ese punto de satisfacción del que os hablaba, porque mi camino no partía de cero sino que de menos no sé cuánto, pero en el intertanto nunca me he sentido como una víctima ni he deseado ser victimizada. Carezco de explicaciones o posturas morales al respecto, y estoy lejísimos de decir que sea lo que deba sentirse, simplemente es lo que siento yo.

Además, no tengo manera de saber cuáles de mis comportamientos pueden haberse visto afectados o ser consecuencia de una entrada tan temprana y retorcida en la sexualidad. ¿Habría tardado menos en tener mi primer orgasmo de no haber sido así? ¿Habría sido tal vez una perfecta esposa y madre de familia que tiene sexo vainilla una vez al mes y le alcanza? ¿Habría llegado al mismo punto de autoconocimiento en el que me encuentro con un camino menos escarpado? ¿Tendría la sexualidad la misma gravidez en mi vida?

Son preguntas de respuesta imposible, así que no vale la pena esforzarse con ellas. No sé si llegaría al punto de decir que “si pudiera cambiar mi pasado no movería ni una coma” -después de todo mi niña interna ha necesitado muchos abrazos para poder jugar despreocupada- pero sí sé que ni me tortura ni me pesa. Claro que no hay recetas, pero el ponerse de cabeza a buscar las que le funcionan a uno ya es ganar la mitad de la batalla (¡y no, en este caso no es cliché!). Es indispensable, eso sí, tener ganas de dar la pelea, porque como vía de protección resulta muy tentador ponerle un candado a la sexualidad y pasarle por el lado de puntillas mientras se gasta la vida. Ahora, no sé si realmente esa habría sido una opción para mí. Si me propusieran uno de esos ejercicios o juegos de asociación de palabras y me dijeran “sexo”, probablemente lo primero que se me vendría a la cabeza sería “exquisito”, o algo por el estilo. Me gusta pensar que ese entusiasmo es “marca de la casa”, y que al menos su germen ya lo llevaba dentro antes de empezar a llenar las páginas de mi libro sexual.

¡Abrazos para todos!

(PD: Se aceptan comentarios. No condolencias).

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32 pensamientos en “Incesto en letras pequeñas

  1. ¿Cuál incesto? Al final no lo especificas. Y es que no es lo mismo, si fue con tu padre, alguno de tus hermanos o un primo. Hablas de agresión, pero no dices si fue violenta o sólo psicológica. En el primer caso, es escabroso saberlo, pero en cada caso, el “daño” es de diferente magnitud. Digamos de más a menos. En el segundo caso, si hubo violencia, no es sólo incesto, sino violación, lo cual doblemente malo, muy malo. En cambio, si fue consentido, pues déjame decirte que hay millones de personas que practican el incesto. Sobretodo en Oriente, donde no es un tabú judeo-cristiano como aquí. Ahora, en lo personal, como ha ocurrido en más de una familia, el incesto no es tan extraño. No hay familia iberoamericano donde un primo no haya jugado con su prima, y a sabiendas. E incluso, entre hermanos. Si somos estrictos, el incesto es un tabú propio de nuestra cultura occidental judeo-cristiana, pero en otros países, es aceptada o hasta alentada. Con eso no digo que sea buena o lo mejor del mundo, pero debemos considerar bajo cuáles principios morales nos guiamos y dependiendo de ello, si algo tan animal, puede ser bueno o malo. En mi opinión, no es un tema sexual o que afecte la sexualidad de un adulto, sino va más allá, al lado moral, mental, a lo nos diferencia de otras culturas y del resto de mamíferos.

    • Ni consentido ni con un primito o hermano de mi edad… O sea, estoy hablando de abusos sexuales y de penetración, de intimidación sicológica, manipulación y amenzas para que callara lo que ocurría, y de una niña que no llegaba a los 8 años, no de jueguecillos y toqueteos exploratorios… algo que lamentablemente también ocurre con muchísima frecuencia “intramuros”. De ahí que use la palabra “víctima” en el quinto párrafo, aunque no me guste. Ahora, no diré más, salvo que tuve la suerte de contar con un padre muy cariñoso y preocupado por mí y que nunca me tocó un solo pelo de forma indebida.
      Un abrazo gordo, y gracias por tu comentario, es un aporte. Sin duda que el ingrediente cultural juega un rol fundamental en este tema, y no sabes cuánto agradezco no haber nacido en una sociedad donde se alienta que una chica de 10 ó 12 años se case con un viejo asqueroso de 40 y sea violada cada noche en nombre de las costumbres culturales del país. Otra cosa es cuando los dos participantes en el asunto lo hacen desde la inocencia, qué duda cabe…

  2. Lo importante es que lo has superado, y que no te ha lastrado ni perjudicado demasiaso. Sigues adelante, con eso me quedo.

    A mí me costó superar los malos tratos psicológicos que sufrí de pequeño. Por eso te admiro un poco más.

    No te pienso dar las condolencias, pero si una pequeña reprimenda.
    ¡Y dale con las cincuenta sombras dichosas!

    Besotes.

  3. Es maravilloso que haya gente que no se autocompadezca para variar y que acepten que lo que les ha pasado ha sido horrible, pero que hay que apoyarse en la gente que nos quiere y seguir adelante con fuerza. (:

    Me encanta tu honestidad cómo siempre, y admiro que hayas sacado el tema, porque cómo dices al principio del texto, no es fácil hablar de estos temas, tanto si los has sufrido cómo si no. Y quizá por eso sigue pasando tan a menudo, porque se trata cómo un tema tabú, la gente no cuenta sus experiencias y nos quedamos con los personajes trastornados tipo Christian Grey y del estilo.

    Un beso ^^

    • Muchas gracias Lola, eso es lo que pretendía, dar otra visión y aportar algo con ello. Como bien dice El Hierbero más arriba, exiten distintos tipos de incesto, pero además también existen distintas maneras de lidiar con el tema cuando también hay abusos o violaciones en el cuento, muy personales y todas respetables, y al final cada cual escoge el camino que más le acomoda. Lo que no puede ser es que sigamos teniendo en la cabeza la idea de que si alguien sufre abusos sexuales en la infancia tiene que estar jodido sí o sí, o que terminemos (un poco sin darnos cuenta) reaccionando como la sociedad espera que hagamos ante situaciones concretas, en este caso con el cartel de doliente colgado del cuello…

  4. Lo primero festejar que hayas superado el trance dejando de lado los complejos y después que tengas la valentía de tocar un tema difícil sin hacerlo del lado escabroso, lo fundamental es que saliste y que de la misma manera pueden salir otros y tu experiencia abrir la cabeza de esas personas.

    Un abrazo.

    • Festejo contigo, amigo 🙂
      Y sí, los detalles escabrosos (que los hay) me los he dejado en el sobre. Creo que de esos hay de sobra, y no venían al caso…
      Ahora, insisto en que no estoy diciendo que “salir” sea fácil, o que buscar ayuda es una debilidad… simplemente digo lo que digo, que es algo tan, tan personal, y que así como no existen fórmulas tampoco se pueden pretender reacciones uniformes de quien lo sufre.
      Un abrazo!

  5. Creo que tu valor emocional y personal ya dice todo, la superación de esa tragedia es un asignatura ya aprobada, que por cierto no todo el mundo es capaz.
    Luego la honestidad que hay en ti, al contar algo tan difícil también es tu gran logro.
    Felicidades.

  6. Lamentablemente vivimos en un mundo donde las apariencias lo son todo. Donde si unx no se ve y actúa como se supone que debe hacerlo en determinada circunstancia, desestiman nuestra experiencia o incluso sospechan.
    Todo acto tiene que tener su correspondiente reacción y los sentimientos tienen que estar perfectamente justificados.. así todos pueden irse a dormir tranquilos. :/
    En fin, gracias por compartir tu experiencia y sentimientos =)

    • Qué buen aporte, porque ese es precisamente uno de los asuntos que me parecían fundamentales, sólo que no supe expresarlo tan bien: el de la sospecha. Es como si, al no arrastrar mi dolor en el tiempo, lo que hubiera vivido quedara sometido a sospecha, o como si se diera por supuesto que no dolió tanto en su momento, que fue una experiencia “light” porque de ella no nacieron traumas monstruosos…
      Y yo digo: No, no fue light. Fue una pesadilla. Fue horrendo.
      No, ahora no es una pesadilla, ni siquiera un recuerdo molesto.Simplemente un recuerdo más, al que decidí -hace mucho- no darle un sitio destacado en mi vida.
      Gracias x pasarte y comentar!!! =)

  7. Comencé a visitar hace diez años al psicoanalista, buscando una respuesta fácil y rápida (qué iluso fui…) para mis dificultades a la hora de mantener una relación personal estable en el tiempo. La terapia duró siete años (y podría haber durado mucho más si yo no hubiese decidido cortarla) y ahora soy consciente de que las relaciones de pareja no tienen por qué ser para toda la vida.
    No creo que volviese a pasar por ese proceso, creo que hay métodos de aprendizaje y autoconocimiento más prácticos y menos dolorosos, pero qué duda cabe de que el viaje fue fascinante.
    Una de las cosas que más me sorprendieron fue tomar conciencia de que las cosas no ocurrieron tal como las recordamos, nuestra mente tiene mecanismos que distorsionan, borran u ocultan aquellos episodios de nuestra historia que resultaron especialmente dolorosos y magnifican los momentos placenteros o simplemente agradables. Yo me tenía por una persona “normal” sin traumas ni deficiencias emocionales y me llevé unas cuantas sorpresas. Guardamos bajo la alfombra del inconsciente un montón de sombras, todas aquellas que nos avergüenzan y atemorizan. Tristemente, uno de nuestros mayores temores a la hora de mostrar nuestras cicatrices es la opinión que los demás van a tener de nosotros cuando conozcan al “monstruo” que se oculta tras nuestros ojos; aunque aún nos aterroriza más pensar en cual va a ser nuestra propia opinión acerca de nosotros mismos, conocerse a uno mismo da mucho miedo.
    Hubo un momento especialmente intenso en la terapia, cuando me di cuenta de que mi habilidad infantil desarrollada a los ocho años para abrir puertas cerradas con llave, se debía a que me había acostumbrado a salvar a mi padre de la muerte. Mi padre se encerraba en su habitación tras haber dejado una nota de suicidio en el salón o tras haber dejado una caja de somníferos ostentosamente vacía sobre la mesa. Obviamente su intención era que alguien le salvara en el último momento tras haber llamado la atención sobre su desesperación y confiaba en que su hijo pequeño –fíjate qué listo que nos ha salido el niño!- abriese la puerta, le despertase a bofetadas o llamase a la ambulancia. Esto ocurrió en diversas ocasiones
    Durante años, había borrado el sentido de todo aquello; todo se había resumido a recordar que de pequeño tenía cierta habilidad abriendo puertas. Hoy se que mi subconsciente fabricó estrategias basadas en el rechazo que me producía aquel comportamiento de mi padre. También se que la sanación reparadora llegó de la mano de la palabra, del discurso, de la apertura de esa puerta que dejó entrar aire fresco en la memoria y me mostró que un niño nunca puede ser el responsable de la perversión de un adulto.
    Las perversiones sexuales suelen producirnos un rechazo especialmente acusado, ya que el sexo se ha vivido históricamente como un tabú, pero para mi son igual de dañinas y censurables el resto de conductas que llevan a cualquier individuo a manipular o ser manipulado aprovechando cualquier situación de poder.



    Enhorabuena por este post, Ava, enhorabuena por verbalizar aquellos recuerdos, por sacar la sombra a la luz.
    Condolencias ninguna, simplemente respeto, hoy más que nunca, respeto y admiración.

    • Soy fan de tu ladrillo!!!! Si tuviera más como ese me construiría la mejor casa del mundo mundial 😀
      Ahora, un poquito más en serio… SI bien los agradecimientos sentidos se reparten a destajo en este mundillo blogósfero, quero darte las gracias de verdad. Que alguien comparta un poquito de su tiempo (tan ligado actualmente al concepto de valor) con tanta generosidad conmigo me emociona. Y ya que se comparta un poquito a sí mismo, mucho más. Significa que estamos haciendo un buen trabajo entre todos con esto de los blogs, que estamos comunicándonos y hablando de cosas que nos interesan, sacando la sombra a la luz como dices.
      Respecto a lo que dices de los mecanismos de la mente, así es, y hasta cierto punto supongo que no es malo, que hacemos eso para “protegernos”. Para mí el problema aparece cuando, en vez de olvidar -o sea, dejar que el acontecimiento se desgaste por sí mismo dentro nuestro- lo enterramos, ignoramos lo ocurrido como si no se tratara de nuestra experiencia. A mí el recuerdo me vino cerca de los 17, a pito de nada, y mi primera reacción fue mirar para el lado… Y entonces, la primera vez que quise acostarme con un chico (que me gustaba muchísimo) sentí “ese” olor y tuve ganas de vomitar. Y ahí aparece la tentación de la que hablo en el post, de aparcar la sexualidad en un rincón perdido para no enfrentarse a eso. Pero no era mi camino, afortunadamente…
      Y bueno, en general no podría estar más de acuerdo contigo en todo lo que escribes. Lo más dañino y censurable es -sobre todo si se hace desde el poder y la violencia- arrebatarle a un niño su derecho a ser niño, amenazando con ello los pilares sobre los que construirá su vida, y ello ocurre tanto cuando le robas la inocencia sexual como cuando lo haces asumir el rol de padre y lo obligas a madurar antes de tiempo con esa insoportable carga de responsabilidad.
      Abrazos tamaño mega!!!

      • PD (es que no lo puedo evitar): ¿Al psicoanalista por una respuesta fácil y rápida????????
        Ya sé que te autocalificas de iluso, pero aún así tengo que expresar mi estupefacción… jejeje.
        (y he censurado este comentario un par de veces. En una de ellas te llamaba “un pelín marciano más que iluso”…)
        Ups, creo que acabo de hacerlo de todos modos!!! 😉

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