Fidelidad

Fidelidad. Una palabra enorme de cuatro sílabas que nos atrinchera, nos violenta, nos desconcierta, nos acuna. Un mandato, un yugo en ocasiones, un pacto de voluntades. Muchas veces una mentira. Una ilusión que nos tranquiliza…fidelidad

Nos recuerda el científico Pere Estupinyà de la importancia de diferenciar entre fidelidad y monogamia. “La monogamia es natural, la fidelidad no”, explica. La frase, de puro contundente, es como un chorro de claridad. Y continúa: “¿Es natural desear sexualmente a otra persona a pesar de estar felizmente enamorado?, ¿o lo que no es natural es tener relaciones de manera exclusiva siempre con la misma pareja? Bueno, por lo menos en el mundo animal, monogamia e infidelidad no están en absoluto reñidas”.

Para dibujar mejor la idea, Pere nos cuenta de los titís y sakis, unos monos que “tienen la monogamia impregnada en los genes”, pero aclarando que “una cosa es la monogamia social y otra la sexual. La primera es entendida por la naturaleza como el instinto de establecer un núcleo familiar y defender un territorio en aquellas especies cuyas crías requieren el cuidado de ambos progenitores. Por otro lado, la monogamia sexual [lo que nosotros consideraríamos ‘fidelidad’] consiste en mantenerse sexualmente fiel y desestimar la opción de procrear con una hembra receptiva o un macho con mejores genes. Esta monogamia sexual no tiene mucho sentido evolutivo, y de hecho es extrañísima en el mundo animal. Desde luego ningún primate, salvo los humanos, la practica”.

Seguro que hay más humanos que animales siendo “monógamos sexuales”, vale. ¿Pero cuántos de ellos lo son a gusto? ¿Cuántos no han estado “por los pelos” de caer en la tentación? ¿Y cuántos caen una y otra vez mientras mantienen una fachada ejemplificadora, escindidos en dos existencias que no se tocan? Y eso por no hablar de los arrepentidos, los que arrastran su engaño como una losa, convirtiendo sus orgasmos culpables en podredumbre del alma.

¡Cuánto desperdicio, cuánta falta de disfrute!

orgía¿Tengo yo la clave? Por supuesto que no. Durante un tiempo pensé que el tema se circunscribía a un problema de falta de madurez existencial, que la raza humana –siguiendo el camino “correcto” – evolucionaría hacia comunidades poliamorosas, todos revueltos y felices como lombrices. Claro, el panorama en mi cabeza se dibujaba con bastante menos ingenuidad que la que planteo aquí, pero esa es más o menos la idea.

Otra opción sería la de nuestros amigos titís y sakis: una sociedad de familias “tradicionales” (parejas –de cualquier condición sexual- que viven juntas, tienen relaciones estables y crían a sus hijos de forma colaborativa), con escarceos amorosos libres y a tutiplén. O sea, cuando te aburre lo que tienes en casa sales a cenar fuera, y cuando te hastías de tanta cocina de chef vuelves a tu cocina de siempre, por una humeante y reponedora cazuela. O visto de otra manera, sería algo así como respetar la figura de la infancia del “mejor amigo”, que es siempre el primero al que se invita a todo, pero teniendo otros amigos que nos hagan felices.

familias alternativasPero nein. Porque si bien una parte del plan funcionaría de maravillas (yo con todos), el otro hace aguas por donde se mire (“mis” todos o alguno de mis todos con todos los demás). ¿Egoísmo? Tal vez, pero también ciencia. “Sí es natural sentir deseo sexual y amor sincero por varias personas a la vez, y quien haya tenido un amante puede dar fe de ello, pero aceptar que ellas también lo sientan por otros no forma parte de la lógica interna de nuestro cerebro”, reflexiona Estupinyà.

Ahora, tanto como tira la ciencia tiran los hábitos, y ahí la cosa no mejora mucho. Llevamos siglos poniendo como base de la sociedad la familia tradicional y el matrimonio (una figura que se resquebraja a pasos agigantados, si bien es de justicia agregar que algunos aún resisten, dotando a la institución de su más bello sentido), y con ello repitiendo las mismas frases gastadas, las mismas fórmulas de engaño y autoengaño con ligeros cambios propios de cada época. Hoteles y moteles; segundos móviles; cuentas de correo secretas; relaciones cibernéticas; hijos ocultos; romances de oficina, de verano, de viajecillo… Todo ello mientras intentamos seguir convenciéndonos de que a nosotros sí que nos va a resultar, de que podremos regar la flor de la pasión con el cemento de lo cotidiano y mantenerla viva.

Yo me pregunto: ¿Vamos a aprender algo alguna vez? ¿Hasta cuándo insistimos en engañarnos, en repetir comportamientos que nos dañan? ¿Por qué tenemos que mentirnos unos a otros de maneras tan burdas, tan patéticas?

– Ya no la amo, pero no se lo digo para no causarle dolor.
– Mentira. No te importa causarle dolor. Lo que te importa es no ser testigo del dolor que causas.

No, no creo en la fidelidad. Hasta la ilusión más linda se gasta, cuando no se rompe de golpe. Obviamente estoy muy lejos de proponer una fórmula redonda, no vayáis a pensar que tengo el tema resuelto, más bien todo lo contrario. Cada vez que le doy vueltas termino hecha un caos. Pero sí sé una cosa. La fidelidad que yo espero es la honestidad, y si dejo de creer en ella dejo de tener fe en el ser humano. Que no me prometan mañanas porque eso nadie lo tiene entre sus manos, pero que sí me ofrezcan verdades. Es justo que uno sepa qué terreno pisa para saber si lo quiere seguir pisando, si sabe ser feliz con lo que realmente se le está ofreciendo. Enfrentar con honestidad cualquier cambio en las condiciones del “pacto” que se hizo con otra persona (ya sea de exclusividad o de otro tipo), con el añadido de que esa persona te ha entregado su confianza y está compartiendo su vida contigo, es de mínimo respeto. Claro que se arriesga mucho, y para ello se requiere valentía, pero como la requiere cualquier acto de amor. Pero lo contrario no deja de ser un acto de violencia, de alguna manera una violación a la libertad de la otra persona, se justifique como se justifique.

PD1: Estupinyà se ha convertido en un “sospechoso habitual” en mi blog, lo sé, pero es que estoy pasando una etapa ‘Pereadictiva’  que tendréis que saber perdonar. O sea, de que el tío sabe, sabe, y además de que lo explica de puta madre… me pone! :p Así que ya podéis esperar un post más completito sobre su último libro en un futuro no muy lejano, jeje.

PD2: Soy consciente de que me he dejado fuera el tema de los celos, y que su inclusión habría permitido explorar con más profundidad algunos de los puntos que toco en esta entrada… Pero ya la cosa se estaba alargando, y además es que vaya temazo! No sé, me pareció a mí que más bien merecía post propio.

PD3: ¡No, nadie me ha puesto los cuernos últimamente, jejeje! Bueno, al menos que yo sepa. Por si las moscas…

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Relatos eróticos: Hambre

Hambre

sexo, parejaConserva en sus entrañas la misma urgencia de tiempos vividos, y es lo primero que pone a sus pies, como un regalo. Está más delgado, ajado por el paso de los años, pero ella apenas alcanza a registrar esa información, porque nada más verla se le arroja encima como un animal hambriento, devastando sus defensas con el acero de su mirada y la bravura de sus besos. Ni siquiera abandonan el pasillo. Él le arranca la ropa y ella se deja. Le exprime los pechos como si quisiera robarle alguna verdad, los lame con lengua rasposa. Ella deja ir la piel que la recubre y gime una confesión que él no puede entender, mientras su cerebro flamea en pequeñas explosiones de dolor aterciopelado. La gira y la recuesta sobre el piso. Le hunde las uñas en la piel y recorre su espalda de arriba hacia abajo, marcando su piel nívea con cuatro estelas enrojecidas. Pasajera de sus dedos, ella siente que transita por los caminos del alma. Él le besa las marcas con una suavidad inesperada, descendiendo lentamente por su dorso. Pero es una tregua efímera. Al llegar abajo le explora los glúteos a bocados, con mordiscos agudos que se expanden en ondas oscuras por su cuerpo. Con una mano le atenaza las muñecas, mientras devora la entrada de su ano emitiendo quejidos de bestia enjaulada, con la saliva caliente burbujeando entre sus labios. El tiempo se acelera. La penetra desde atrás con la mano, la hurga hasta que siente su derrota. Vuelve a girarla, para contemplar su trofeo de carne, la vida que late esponjosa entre sus piernas. Se las abre con un movimiento inapelable y manteniendo sus muslos prisioneros bebe de ella con una sed antigua, sometiéndola con la precisión vehemente de su lengua. A ella le crecen alas hacia dentro. Se hunde en su fango de éxtasis, encharcada hasta los huesos de él. Se retuerce. Él levanta la cabeza y sonríe. De una sola embestida entra, hasta el fondo, y con cada movimiento invoca una nueva marea. Le comprime la garganta con una mano y con la otra vuelve a coger sus muñecas. La observa sin dejar de moverse. Afloja la presión. Frente a frente se respiran. Él no puede ser más él: Los ojos entornados, los dientes apretados, los movimientos férreos. Ella no puede ser más ella y grita prisionera de su propia lucidez – ¡Me partes en dos, me partes en dos! – mientras él la abofetea y la besa.

Riámonos un rato de los condones

Mientras reposo cosillas y pienso el tema más apropiado para mi próxima entrada (y siempre fiel a mi espíritu profiláctico), os dejo unos videos de Youtube, para que os riáis un ratito.

Y es que son todo un tema los condones. Pero ya que toca convivir con ellos, mejor tomárselos con humor, ¿no?

El primero ya es un clásico, y su ¿humor negro? toca la fibra. Y es que… ¿qué padre no ha estado alguna vez en una situación así?

Después tenemos mi favorito, en este caso no se trata de un anuncio sino de… jeje, mejor véanlo!

El tercer video nos recuerda que un condón te puede salvar de más de una manera…

Pero claro, siempre hay peligros en su uso! :p

Y para terminar, os dejo con esta verdadera obra de arte. ¡Que la disfrutéis!

PD: Los videos que comparto fueron vistos en el blog de Apasiónate, con excepción de “Compra Condones”, que encontré trasteando por otros sitios. De hecho, hace poco lo subí a la fanpage de Facebook, pero me permití repetirlo porque lo encuentro espectacular… Aunque si se piensa bien, no se puede decir que sea muy acertado a la hora de incentivar el sexo responsable entre adolescentes!

Deliciosos imprevistos (o sobre el maravilloso poder curativo del sexo)

“Está vastamente demostrado que la oxitocina segregada por el hipotálamo después del orgasmo –o cuando la madre amamanta a su hijo– tiene un profundo efecto calmante, y no hace falta muchas estadísticas para ilustrar que tanto hombres como mujeres en ocasiones recurren a la masturbación para tranquilizarse”.

(Pere Estupinyà. S=EX². La ciencia del sexo).

sol

Fue un verano caluroso, muy caluroso, de esos difíciles de describir sin caer en un cliché: humedad a tutiplén; noches eternas e inclementes; cada pensamiento y movimiento ralentizado, como si se existiera en un universo paralelo donde se acabó el aire para respirar y sólo queda el aliento pegajoso de un gigante de gelatina.

Hablo de Barcelona, hace no mucho tiempo atrás, una ciudad maravillosa pero difícil de amar en temporada estival, sobre todo si estás visitando a un amigo que no tiene aire acondicionado. Y más difícil aún si al poco de llegar un enjambre de hambrientos mosquitos-tigre decide que tus piernas son el más delicioso festín que pueda haber sobre la faz de la tierra.

No sé mucho de insectos, pero según me explicaron, la picadura de un mosquito tigre es mucho más molesta, dolorosa y persistente que la de un mosquito sin ‘pedigrí’. Ahora, lo que sí sé es que tenía las piernas irreconocibles, deformadas por decenas de picaduras gigantes, hinchadas y enrojecidas, y que cuando fui a la farmacia a buscar “una cremita” el del mostrador flipó. Y no fue por mis ojeras precisamente.

Llevaría ya 3 ó 4 noches luchando contra la desesperación, la mala leche y las ganas de tirarme por un puente o chutarme heroína cuando mi amigo (a quien voy a llamar Thomas, porque sí) me propuso un paseo por alguno de los pueblecillos costeros de la zona. La idea era ir “a la suerte de la olla”, coger el primer tren que se nos ocurriera y bajarnos donde nos diera el pálpito, a ver qué nos ofrecía la vida. Y partimos, yo con escasa fe en las propiedades terapéuticas de un paseo por la playa y él con la mochila llena de… paciencia. Y es que para qué andamos con cosas, la irritación y la frustración son dos sentimientos que me pueden volver bastante tocapelotas.

La noche nos pilló paseando por un pueblecillo tranquilo. La jornada, llena de largas caminatas, conversaciones y delicias gastronómicas, había estado de lujo, pero inevitablemente había llegado ese momento del día que tanto aborrecía… Cuando empezaba a sentir el calor en las piernas, como si mis picaduras despertaran a la vida y su misión última fuera recordarme que estaban allí para joderme la existencia. Sin poder evitarlo, me daba cada tanto unos rápidos arañazos culposos, intentando que Thomas no lo notara, para que no me echara la paternal bronca de nuevo (me había rascado como una enajenada mental un par de días atrás, en un momento de máxima desesperación, aumentando considerablemente las proporciones del desastre).

– ¿Puedo hacer algo para que te olvides de tus piernas?
– Bfff, lo dudo.
– En serio, cualquier cosa. Lo que sea para que te relajes unos minutos
– Puedes intentarlo, pero no creo que haya algo que…

No alcancé a terminar la frase porque me cogió con fuerza del pelo y me arrastró hacia sí, clavándome la lengua en el fondo de la boca con todo el poderío del invasor. Tras un beso largo y abrasador, sin soltarme el pelo ni permitirme enderezar la cabeza, abrió el botón de mi pantalón con la mano que tenía libre y hundió sus dedos en mi interior, empapado y abierto. Con el placer lamiendo mi columna solté un grito, y entonces quitó la mano para taparme la boca, mientras me miraba con los ojos cargados de juego.

– Shhhhh.

Seguimos paseando y conversando, con nuestro mejor aire de inocencia. Cuando llegábamos a una calle en la que no se veían luces encendidas en las casas o gente caminando volvía a cogerme del pelo y me arrastraba un par de metros, para después masturbarme por unos instantes, apretarme los pezones o arrodillarme en una escalera para que le comiera la polla. Pasado un rato largo encontramos una casa en la que parecía no haber nadie, con una tapia muy bajita que daba a un patio exterior en el que había unos arbustos de lo más convenientes. Saltamos la tapia entre susurros y risas ahogadas, y una vez al otro lado Thomas me dio otro beso pastoso y acalorado y me giró el cuerpo para quedar a espaldas mías. No recuerdo si yo me bajé los pantalones o fue él, pero sí recuerdo que, pese a que la posición no era la más cómoda, estuvo delicioso, y tan intenso que terminé poseída por un mar de explosiones interiores, con el cuerpo empapado y lágrimas corriendo por mi cara. Ahh, ese maravilloso look mapache que queda después de algunos buenos polvos…

– ¿Estás bien?
– ¿Estás de coña? Ha sido fantástico (la expresión de preocupación que comenzaba a asomar en el rostro de mi amigo cambió automáticamente a una de guasa).
– Qué bueno. ¿Alguna molestia? ¿En las piernas tal vez?
– Ninguna. Absolutísimamente ninguna…

PD: Este relato ha sido patrocinado por Durex.
(No, es mentira, pero por si las moscas guarde siempre un preservativo en algún bolsillo -de preferencia holgado- o en el bolso, si lleva. En serio, nunca se sabe…)

Culeitor

culo, gluteos– Ava, levanta más el culo!
¡Dios mío! Cuando lo escuché decir mi nombre (¡¡¡se sabía mi nombre!!!), aderezado además con un tono deliciosamente autoritario, pensé que me corría ahí mismo, en medio de la sala.

Culeitor era monitor en un gimnasio al que yo iba hace años. El nombre se lo pusimos con mi amigo el Chamo, en honor a su atributo más destacable: Un maravilloso, perfecto, redondeado, turgente y absolutísimamente tentador culo. Nunca supe qué pelis le gustaban, qué valores consideraba fundamentales en la vida o si tenía buena o mala leche. Daba igual. Me hubiera casado con él sin pensarlo. Y con su culo, claro.

Hace tiempo ya que me jacto de lo bien que me funciona el “mecanismo exitacional”. No tengo ningún problema, ni físico ni mental, que me impida calentar motores con facilidad, permitiendo que mi cuerpo y mi cabeza entren al trapo en medio microsegundo. Probablemente como en mi caso fue un logro conseguido, currado, lo valoro más, lo atesoro, me enorgullece casi. Pero la forma en que todo mi yo se revolucionaba cuando veía aparecer a ese hombre por los pasillos del ‘Holi-gay Gym’, el absoluto descontrol hormonal que me poseía… uf, no creo haberlos experimentado con ese nivel de intensidad con otra persona.

Culeitor no era el más guapo pero tenía cara de macho. Potente, cuadrada, rabiosamente viril. Manos grandes, torso y brazos musculosos sin pasarse, piernas torneadas… El tío era monitor de GAP (glúteos-abdomen-piernas), así que ya os podéis imaginar. Y podéis imaginarme también a mí, la más vaga entre las vagas -la que a los 10 minutos de precalentamiento ya estaba planeando la huida al sauna-, sudando la gota gorda en sesiones de una hora de abdominales satánicos, saltos y otras lindezas. Pero ahí estaba, cada vez que mi horario laboral me lo permitía, dispuesta a entregarme de brazos abiertos al sacrificio “gapiano”. Cualquier cosa con tal de poder contemplar esa maravilla esculpida -y en movimiento, mi madreeee!- unos minutos.

– Ava, levanta más el culo!

¡Dios mío! Cuando lo escuché decir mi nombre (¡¡¡se sabía mi nombre!!!), aderezado además con un tono deliciosamente autoritario, pensé que me corría ahí mismo, en medio de la sala.

La cosa es que cuando tenía a Culeitor cerca me volvía una adolescente. Temblorosa, torpe, irracional a full. Buscaba excusas para hablar con él (¿estoy haciendo bien este ejercicio? ¿Es hora de actualizar mi tabla?), y cuando conseguía cruzar un par de frases mi día se convertía por arte de magia en maravilloso, y me iba a mi curro de mierda con una sonrisa de oreja a oreja que me duraba toda la extenuante jornada. Pero me costaba un mundo acercarme y darle conversación. Y no porque fuera borde, de hecho transmitía buen rollito y no parecía nada sobrado. ¿Pero cómo te vas a animar a convertirte en una caricatura de ti misma, sudorosa y al borde del desmayo? ¿Cómo vas a echar mano de tus mejores armas si no eres capaz de articular palabra?

Y así me la pasé, entre el sufrimiento y el éxtasis durante meses y más meses, en los cuales me enteré de que era hetero y tenía novia. Algo que no cambiaba mucho las cosas, para mí fue como enterarme que Brad Pitt se iba a casar o algo así. O sea, a esas alturas era un rollo contemplativo y ya, y mientras él se siguiera asomando por los pasillos con el objeto de mi deseo coronándole las piernas, estaba todo bien, yo seguiría soñando en silencio con hundir mi cara entre esas nalgas apoteósicas y todos tan contentos. La novia iba al mismo gimnasio de hecho, y aunque yo nunca la vi mi amigo sí, y me contó que no era nada guapa, más bien gordita y algo canosa. De alguna manera me gustó más cuando supe que no necesitaba una top model al lado, y que su maravilloso culo al fin y al cabo estaba al alcance de cualquier mortal.

Así estaban las cosas, yo feliz con mis migajas visuales y el mundo girando como siempre, hasta que un día Culeitor se me acercó para darme conversación. Yo estaba en la elíptica y el tío se paró al lado, me saludó (nuevamente por mi nombre, Diossssss!!!! ¿Cómo puede tan poco movernos tanto?) y me empezó a hablar. Intrascendencias sobre todo, conversaciones “menores”, pero de esas que se dan cuando te apetece hablar con alguien. Y ahí estaba yo, intentando por todos los medios disimular mi condición de flan, alucinando con el tiempo que dedicaba a conversar conmigo mientras me esforzaba por articular respuestas coherentes con mi mejor voz de “aquí no pasa nada”. Cualquier cosa menos que se me notara el nerviosismo, o que me traicionaran las tiritonas piernas y saliera volando de la máquina en movimiento. No sé si conseguí engañarlo en el exterior (probablemente no!), sólo sé que mi estado interno se negó a mentirle a la elíptica, y que pese a mis heroicos esfuerzos ésta se detuvo abruptamente en medio de una sinfonía de pitidos nada discretos. Desconcertada con el sacudón y con los ruidos balbuceé algo así como “oh, parece que se ha estropeado la máquina”. El sólo sonrió, mirando la pantallita, y se alejó con un “hasta luego, guapa, que tengo clases”. Recién entonces fui capaz de mirar yo también la pantalla, y me encontré con su delator mensaje, escrito para más inri con letras mayúsculas, brillantes y parpadeantes:

“RITMO CARDÍACO EXCESIVAMENTE ELEVADO. DETENGA EL EJERCICIO”.

Premios Liebster Award

Liebster awardDesde el blog de Eva Gina, uno de mis últimos descubrimientos en este fascinante mundo de las bitácoras sobre sexo, me han otorgado un premio Liebster. Como la agradable sorpresa me ha pillado en la playita, me he tardado un poco en agradecer como es debido este reconocimiento, pero ahora que aterrizo lo puedo hacer… Muchas gracias, Eva!!!

Descaradamente os copio la descripción que ella misma comparte en su página sobre el premio: “Los Liebster Awards no son premios emitidos por organismos oficiales o empresas, sino que se entregan de blogger a blogger con el ánimo de tejer pequeñas redes de blogueros principiantes y reconocer la labor de los blogs que, como éste, llevan poquito tiempo de andadura.

El funcionamiento es sencillo: un blogger te premia, te comunica el premio y a continuación tú debes responder una serie de preguntas y premiar a tu vez a otros blogs noveles.

Debes nombrar y agradecer a quien te lo ha donado, responder a su cuestionario en tu blog, conceder el premio a 11 blogs que te gusten -e informarles- , elaborar 11 nuevas preguntas y visitar los blogs que fueron premiados junto a tí”.

Bueno, pues manos a la obra!!! Os copio mis respuestas a las preguntas de Eva Gina y, a continuación, mi lista de nominados y las preguntas para ellos.

. ¿Cuánto tiempo llevas con este blog?Mi primer post fue el 31 de diciembre del año pasado. O sea, ocho meses y poco.

. ¿Es el primero que administras, o tienes otros funcionando simultáneamente? Ni es el primero ni tengo otros funcionando simultáneamente. Tuve uno, hace años -recién aterrizada en estas tierras locas-, con mi nombre real y en el que hablaba de temas varios. Como expereciencia, buenísima, aunque tanta autorreferencia me terminó saturando.

. ¿Qué crees que busca la gente que aterriza en tu blog? Según quién, distintas cosas. Quienes me conocen, probablemente entran por curiosidad, por cotillear sobre esos aspectos de la vida que no suelen discutirse en la sobremesa pero que siempre encienden nuestro apetito fisgón. Los demás aprender, entretenerse, calentarse… Los blogs de sexo dan un morbo bastante obvio y miles de morbitos más variados.

. ¿Qué clichés o rasgos no te gustan de los blogs que visitas, o de la comunidad en general? A veces se soba mucho el lomo. Y mola, lo que tiene peligro…

. Si volvieras a empezar con tu blog, ¿qué cambiarías? Tal vez probaría la experiencia de escribir sólo para desconocidos, sin contarle a nadie que tengo un blog. Intento no cortarme y no pensar en quién me lee, pero a veces es inevitable.

. Danos el consejo que te gustaría que alguien te hubiese dado a ti. No busques consejo de nadie. No busques guías. No busques certezas. (Facilito. Ja!).

. ¿Sin qué cosa no podrías vivir? Amor y sexo.

. Una cosa que te enerve y otra que te derrita. La timidez y la seguridad. Decir lo primero queda feo, lo sé. Pero bueno…

. ¿Cómo suele ser el proceso desde que surge una idea para una entrada hasta que se publica? Hay distintos procesos. El más habitual es que una idea me interrumpe en medio de una conversación, o cuando estoy metida en la ducha, o cocinando, o en la cama, con la luz apagada y a punto de dormirme. Entonces cojo lo primero que tengo cerca (papel, un kleenex o mi mano) y anoto lo que se me ha ocurrido. Después lo paso al ordenador y le voy agregando más ideas, al tiempo que reposa. Y entonces… lo demás ya es curro, curro y curro.

.¿Por qué crees que te has ganado este premio? Jeje… Porque estuve dentro de las 11 primeras ocurrencias de Eva Gina a la hora de decidir cuáles eran sus blogueros favoritos.

.¿Cuál es la cosa a la que más miedo tienes? A la muerte. A la muerte del ego, que es lo mismo…

Bueno, terminado 🙂 Ahora mis TOP 11 y sus preguntas:

1. Pedaleando Mundos: Porque me encanta. Porque se toca la fibra, y con eso nos la toca a nosotros. Por nepotismo, y qué.

2. La batalla por las cosas perdidas: Porque escribe unos relatos alucinantes. Porque desde que ya no escribe en su blog mi vida es un poquito menos feliz, y haría lo que fuera porque Dark regresara…

3. La Gran Reina Mora: Por la frescura, y ese “puntillo” que no todos alcanzan.

4. Notas de Hierba: Porque me alegra el alma.

5. Los mundos de I: Porque es natural y espontánea. Porque me lo creo de principio a fin. Porque me mola su rollo de dómina “amateur”.

6. Zazasex: Por ese derroche de humor negro, tan ‘gourmet’ y difícil de conseguir. Porque se lo curra, y el blog, además de interesantísimo, es lindo.

7. Letras, pasión y más: Porque cuando leo su blog me vuelvo lesbi, aunque no lo sea 🙂

8. El sinsentido de la mariposa: Por su delicadeza y su exquisito uso del lenguaje.

9. Contessa Pandora: Por su estilazo. Porque me mola su blog y me mola ella.

10. Las aristas de mi cubículo: Porque sus entradas son como pildoritas de lucidez.

11. Diez por Ciento: Porque son unos chicos muy juguetones con ganas de entretenernos!

Preguntas:

1. Un sueño erótico no cumplido.

2. ¿Qué pretendes escribiendo un blog?

3. Si tuvieras que autopromocionar tu blog con una frase…

4. ¿Cuál sería tu definición de ‘infierno’?

5. ¿Cuál es tu relación de pareja ideal?

6. Algo que te ponga a mil… (sí, hablo de eso)

7. Algo que te enfríe en tiempo récord…

8. Un libro, una peli y una persona imprescindibles.

9. ¿Culo o cara? (y no vale decir “yo veo el interior”!!!)

10. ¿Te lee tu mamá (o tu abuelita)?

11. ¿Qué pregunta te hubiera gustado leer aquí?

PD: No sé si alguno de mis nominados ya ha sido nominado anteriormente. Tampoco estoy segura de que todos sean blogs “pequeños”, no tengo cómo saber los suscriptores de cada uno. Lo que si sé, ya que el premio lo otorgo yo, es que todos se lo merecen demasiadísimamente mucho!!!

O sea…