El imperio de los sin sexo

“En la nueva relación sexual no es el sexo lo que desaparece, sino la relación”

sombras, luz, oscuridad

Os podría escribir un nuevo relato, ahora mismo, aunque en mi último post avisé que me tomaría un descanso. Uno coral de ciencia ficción, sobre un lugar en las sombras poblado de extraños seres que cada día se notan menos, que ya casi no follan. Digamos que en este relato hay una mujer, así por ejemplo, que está fehacientemente convencida de que su vida sexual marital puede reactivarse cualquier día de estos, pese a que lleva más de 20 años sin que su marido la toque. Digamos que también hay un hombre solo, muy solo, tanto que hasta los gatos que intenta alimentar en busca de amor le rehúyen, tal vez porque huelen el desamparo en el sudor constante de su piel, tal vez porque tiene los ojos tristes. ¿Más personajes? Qué tal otro hombre, esta vez uno que sí tiene novia (algo cada vez más difícil en este lugar sin Dios ni ley), pero que prefiere encerrarse en una cabina de VideoBox con una peli porno porque sólo así se siente libre de ser como es. O una mujer cuyo trabajo consiste en coser pelo humano en una vagina de goma, en miles de vaginas en realidad, de miles de muñecas. Muñecas que se parecen cada vez más a las mujeres, mujeres que se parecen cada vez más a las muñecas…

Por poner algo también podría poner bares en mi relato, bares donde los hombres mayores pagan más de 300 euros sólo por beber una copa e intercambiar miradas con una mujer, buscando en esas miradas parte de la humanidad perdida –la del otro, y por tanto fundamentalmente la propia-, impulsados por una necesidad profunda de establecer relaciones que les recuerden mínimamente a las de antaño.

En este lugar surrealista algunos personajes encuentran la satisfacción hundiendo sus miembros en unos tubos plásticos llenos de gel, que incluso succionan y “chapotean”, como el más jugosito de los agujeros de carne y hueso, mientras otros exhiben con orgullo su renuncia a interactuar con el prójimo, elevando sentidos himnos a su aislamiento en solitarios karaokes. Criados en soledad, huérfanos de cariño paterno, nos encontramos también con altos ejecutivos que pagan a mujeres para que les hagan de madres, les pongan pañales, los regañen y les den nalgadas cuando se porten mal, además de hacerlos eructar después de comer.

lejano estePara qué hablar del cortejo, prácticamente no existe. Cada vez importa menos conocer al otro y se huye del esfuerzo como de la peste. En este lugar triste –que para no ser copiones vamos a decir que se ambienta en el ‘Lejano Este’– , en el que más del 80% de los juguetes sexuales se dirigen a la autosatisfacción, “cada cual flota en su burbuja, prefiriendo la masturbación a la sexualidad compartida, prefiriéndose a sí mismo antes que al otro. El sexo ya no es un elemento para construir la pareja y el individuo, sino una simple salida de socorro. La evasión de la realidad, la búsqueda desesperada de consuelo y el repliegue sobre sí mismos forman parte de esta nueva sexualidad egocéntrica…”

Estoy segurísima de que habéis adivinado hace rato –por no decir en las primeras líneas- que nada de esto ha salido de mi imaginación, que en realidad os estoy ofreciendo pinceladas de la vida sexual de los japoneses (vale, la frase es una generalización, si bien surgida de historias concretas de gente muy concreta), pero qué queréis que os diga, a mí me parece un relato que hasta el mismísimo Dante tendría en su biblioteca particular. Ufff! Y eso que el video mantiene todo el tiempo un tono mesurado, ahorrándose en su narración bastantes de las perversiones y rebuscadísimas parafilias que tanto abundan en el país del sol naciente. No hacen falta, el retrato ya es bastante escalofriante sin ellas. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero yo que soy una yonki de las letras pienso que a veces un puñado de palabras nos abre las puertas a un océano. En esta ocasión os dejo las de Fumiyo, que también podéis ver en el documental que encontraréis más abajo.

 “Para obtener placer no tengo que hacer el amor, sólo tengo que eyacular. Me basta con eyacular. Si me preguntan por qué se me hace tan pesado tener que hacer el amor, quizás sea porque cuando hago el amor a una chica no puedo evitar pensar en su placer. Al final me pasa como con mi novia. Voy a que me acaricien en los baños espumosos porque es un lugar en el que las mujeres están a mi servicio. Yo no hago nada, no me canso. En resumen, voy a estos centros de placer sexual únicamente para obtener mi placer personal, y puede decirse que mi placer sexual se resume en eyacular. Eso es”.

“El imperio de los sin sexo”
Documental
52:47 minutos

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13 pensamientos en “El imperio de los sin sexo

  1. Buff qué miedo da todo esto.
    Lo verdaderamente preocupante es la última frase del documental, ¿Nos pasará también a nosotros? Es increíble, estábamos tan preocupados por la superpoblación mundial y la falta de recursos del planeta…. Y al final nosotros solitos vamos a darle la vuelta al problema por puro aburrimiento. Vamos a invertir la curva demográfica mundial porque nos hemos cansado de follar, tiene narices!
    Hay que luchar contra esta tendencia como sea, no quiero convertirme en hervíboro!!!!!
    Por favor, que alguna me de un bofetón si se me ocurre decir que estoy cansado.

    • Bueno, cada cultura tiene sus propios problemas y aberraciones… Cuesta poco mirar la paja en el ojo ajeno, y en el caso de los japos parecen tener un pajón incrustado, tienen fama de ser bastante “enfermos” en su aproximación a la sexualidad, y si encima se ponen perezosos… uff! Pero creo que la señal de alerta está en que nadie escapa, en que todos estamos, en mayor o menor grado, contaminados por estas ideas erróneas, pesadas como losas, que la gran mayoría de las veces no permiten a nuestro espíritu, y a nuestro corazón, expresarse con libertad.
      Y no, que espanto los hervíboros!!! Para mí carnecita rica, jugosa y calentita, silvuplé!!! 😀

      • Por supuesto, no estamos libres del peligro ni mucho menos.
        Recuerdo un viaje que hice a Japón en el 92, estuve un mes recorriendo el país. Me parecía de la luna el uso exagerado que la gente hacía de la tecnología, con sus tamagochis, sus walkman, sus pda’s… y ahora me asombra el paisaje que podemos contemplar todos los días en el metro, donde todo el mundo viaja con la atención puesta en exclusiva en la pantalla de su móvil con el fin de no cruzar la mirada con nadie.
        No estamos ni mucho menos exentos de prejuicios, miedos, cargas culturales y religiosas y por supuesto es maravilloso que cada vez más gente se libere del yugo de la culpabilidad y el concepto de pecado para explorar libremente su cuerpo, tomar posesión y responsabilidad de su propio placer y descubrir todas las posibilidades que le brinda el mundo del sexo.
        Lo más preocupante viene de la mano de la apertura bestial a las redes de información que estamos viviendo desde hace tan solo un par de décadas, el hecho de que no haga falta salir a la calle para disfrutar de espectáculos multimedia cada vez más impactantes y que el mundo de la virtualidad nos permita experimentar sensaciones cada vez más reales, produce una alienación física en una masa de población que crece a pasos agigantados.
        Cualquier tipo de satisfacción consumista que tarde en producirse más de un par de segundos nos parece frustrante, nos desesperamos cada vez que una barra de progreso de descarga tarda más de un par de minutos. Todas nuestras miradas se fijan en el “fin”, desechando completamente el “viaje”; de esta manera, no es extraño que cada vez más gente encuentre tedioso el arte de la seducción, sobre todo teniendo en cuenta que el éxito (recordemos al personaje del documental que habla de la “eyaculación” como único objetivo) no está ni mucho menos asegurado. Es mucho más fácil meter la polla en un bote de gel que imita la succión vaginal “con ruiditos” (que conste que me encantaría probarlo…) o pagar porque te masturben la oreja…
        Pues eso, que hay que seguir saliendo a la calle y oler, lamer, acariciar, mirar, seducir, sonreír, imaginar, morder, arañar, arriesgar, aceptar, descubrir, jugar, probar, rechazar, alucinar, sudar, gemir…

        Sorry por el ladrillo 😀

        • ¡De ladrillo nada! Si todo lo q vas a escribir en mi jaus es así de interesante y bien razonado, puedes publicar una casa entera aquí!!! (pero sin burbuja… eh?).
          No, en serio, comentarios como el tuyo recuerdan por qué un@ tiene blog 🙂 Muchísimas gracias por el aporte!
          Y me he descojonado con tu “que conste que me encantaría probarlo”… jejeje! Y a mí, si tuviera qué meter dentro!!! Ahora, lo de la oreja ya da más grima… es q eso, más q un masaje, parecía una sesión de limpieza con una madre muy, muy detallista… Bueno, eso también les pone, claramente.
          Un abrazo enorme. Y estoy contigo en todo. Viaje, viaje, tenemos que recuperar el viaje!!!

  2. Pingback: El Imperio de los sin sexo | Tantras Urbanos

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