Mi segundo relato erótico (IV)

Carne de diván (IV)

shutterstock_132284909Iba a volver. Lo supo entonces y se alegró por primera vez de estar desnuda. Simplemente no podía dejarla así, tenía que volver. La certeza se había descargado en ella con la contundencia de un rayo, haciendo huir al frío de su cuerpo como un conejo asustado. Ya no tenía miedo, ya no quería irse. Se sentía capaz de quedarse mucho tiempo así, esperando su regreso, saboreando el placer anticipado de ver abrirse la puerta. ¿Qué le diría? Intentó imaginar sus primeras palabras al entrar, y el recuerdo de su voz se le derramó dentro transformado en caramelo líquido, perdiéndose entre los vaivenes de sus palpitares internos. Instintivamente puso su mano entre las piernas, como si algo muy valioso se le fuera a escapar por ahí. Sus labios desnudos recibieron el contacto con gula, desatando una onda expansiva que casi la tumba. “¡Dios mío! ¿Puedo estar tan caliente sólo con evocar su imagen?”, se preguntó.

Lo estaba, como nunca en su vida. Embriagada de calentura se dirigió hacia el sofá y se dejó caer sobre él empujada por el peso de todas sus urgencias, como si un amante invisible la arrojara con impaciente pasión sobre el altar amatorio. “Así que es esto –se dijo mientras caía-. Esto es lo se siente. Ahora yo también lo tengo”.

No se detuvo en ninguna otra parte de su cuerpo, habían dejado de existir convertidas en meras prolongaciones de su matriz enfebrecida. Por lo general cuando se masturbaba comenzaba tocándose lentamente por fuera, acariciando su clítoris con la ternura de una madre que intenta despertar a un hijo pequeño y perezoso una mañana de domingo. No fue el caso, el niño ya estaba despierto y bramaba por un poco de comida. Entró en sí misma hasta el fondo, con la fuerza de un misil.

No fue capaz de ahogar sus propios gritos y empezó a frotar cada vez más fuerte, sintiendo que renacía con cada embestida de su mano enhiesta, al tiempo que una lucidez perdida hace mucho tiempo le iba siendo devuelta. Estaba entrando en un territorio sagrado, del que no quería volver a salir, pero al mismo tiempo le parecía que no era capaz de seguir soportándolo. Enceguecida de luz, podía sentir las húmedas cavernas de su vagina llorar, y el orgasmo llegó como un zarpazo que se le clavó en las entrañas, violento y liberador. Sin pensarlo se llevó dos dedos a la boca, permitiendo por primera vez a su lengua ir al encuentro del sabor de su sexo. Había tanta vida ahí. Se quedó un rato tumbada en la misma posición, con los dedos entre los labios, hasta que sintió la magia desvanecerse. Entonces quiso probar más, pero su mano no alcanzó a llegar a la fuente del recién descubierto néctar. Un sonido delicioso y aterrador al mismo tiempo se lo impidió, el sonido de sus palabras:

– Laura, que ni se te ocurra dejar de hacer lo que estás haciendo.

Abrió los ojos con lentitud y sonrió.

Anuncios

5 pensamientos en “Mi segundo relato erótico (IV)

  1. Saludos. Me encanta la literatura erótica. Consejo: las situaciones deben darse de manera natural, para eso los personajes deben estar bien construido y generar credibilidad. Y otra cosa: no adjetives de más, ni abuses de la metáfora. Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s