Mi primer rechazo lésbico

Verde erotico > Hiremio(Santa Olaya) Garcia Calveiro. http://www.artelista.com/obra/7034208966624258-verdeerotico.htmlHace poco me escribió una chica mexicana, a través del formulario de contacto, para (entre otras cosas) preguntarme “si alguna vez habrá por allí entre tus fantasías, vivencias e imaginación algo entre mujeres”. Y eso me hizo recordar una historia de aquellas que supuestamente no tuvieron mayor trascendencia, pero que cada tanto vienen y rasguñan una pequeña parte de nosotros, para recordarnos que de alguna manera siguen vivas, que por alguna razón se quedaron ahí, pendiendo de los caprichosos hilos de nuestro subconsciente.

Ocurrió en Madrid hace algunos años, de la manera en la que suelen salir mejor estas cosas: sin mayor planificación ni parafernalia. Yo andaba de fiestecilla con un colega que recientemente había terminado una larga relación de pareja y se encontraba en pleno proceso de centrifugado existencial y nos juntamos con mi amiga Manzanita, una chica de apariencia juiciosa y tranquila que en ese entonces era compañera mía de trabajo en una tienda de artículos de piel. Manzanita andaba con el Juanes, un chico colombiano que suplía su falta de altura y atributos físicos con un encanto y una seguridad arrolladores, y la novia canadiense de éste último, una chica pequeña y delgada que cumplía con todos o casi todos los elementos del estereotipo gringo: muy rubia, muy mona, con los ojos muy azules y la sangre lista para salir disparada hacia su cabeza al primer apuro, además de una cara permanente de no estarse enterando de nada.

La cosa es que, aburridos de bailar y aplanar las calles de la ciudad en busca de garitos, decidimos irnos todos a la casa del Juanes a terminar la partusa. Una vez allí, tras unos momentos de relax en el salón, copitas y algún que otro diálogo intrascendente, la pareja anfitriona desapareció de la escena. Pasado un rato razonable, y en vista de que la fiesta languidecía, enviamos a Manzanita a averiguar qué ocurría, mientras nosotros nos entreteníamos encendiendo motores en el sofá. Cuál no sería mi sorpresa al ver aparecer en el marco de la puerta a los pocos minutos a mi recatada amiga, la misma con la que había compartido interminables horas de sopor laboral sin haberla oído nunca soltar un taco, enfundada en una miniatura de satén negro y con una sonrisa de oreja a oreja. “Te tengo una invitación”, me dijo, y tomándome de la mano me llevó a la habitación del Juanes.

Bastante desconcertada, pero dispuesta a añadir nuevas experiencias a mi catálogo particular, la seguí. Sobre la cama me esperaban el Juanes y su novia, también en paños menores y ya comenzando el proceso de combustión. Al verme entrar el Juanes me tendió una mano a modo de convocatoria, y yo, aún confundida, me giré hacia mi amiga. “No te preocupes, yo sólo quiero mirar”, fue su respuesta, y con eso me terminé de pegar el ‘alcachofazo’, como decimos en mis tierras. Uno nunca deja de conocer a la gente.

Podría llenar un par de páginas con todo lo que sentí en ese momento –nunca me había visto en una situación así, nunca había hecho nada con una chica, la novedad me atraía pero a la vez me acojonaba, pensaba que no sería capaz de dar la talla, y mucho, muchísimo menos de hacer un cunnilingus, por mencionar algunas de las cosas que se me vinieron encima- pero en resumen diré que cogí todo eso y me lo metí al bolsillo, dispuesta a pasar por encima de todo lo que no fuera sensación pura y dura, lista para dejarme llevar y dar un salto de fe. No recuerdo que haya sido liviano –no soy de la generación del ‘todos con todos’, lo mío ha sido un proceso más bien personal– pero sí rápido. Al fin y al cabo, la mejor manera de tirarse a la piscina es de piquero, eso de meter la patita poco a poco suele terminar en deserción.

Total, que me acerqué a ellos, puse mi mano en el hombro de la chica, a la que sentí temblar, (¿Manzanita sigue aquí? Dios mío, qué corte. ¡Qué carajo hace aquí Manzanita!), y comencé a acariciarla lentamente, mientras el Juanes me besaba. Al poco rato se salió del encuadre, y con suavidad empujó nuestros cuerpos para ayudarlos a acercarse más. Empezamos a besarnos y entonces el desconcierto se inyectó en mi cuerpo como una revelación: Pequeño. Todo es más pequeño.

Más pequeño, más suave, distinto. Tanto que el acto comenzó a revestirse con la mística de lo inexplorado, la carga de lo nuevo. Estaba a punto de desprenderme como una fruta del árbol de lo consciente, de traspasar ese umbral en el que dejas de poseer la escena para entregarte a ella (Manzanita ya no era una luz fosforescente y perturbadora, era parte del paisaje, necesaria incluso. ¡Manzanita tenía que estar ahí!), cuando sentí que me sacaban del cuadro unas manos sobre mi pecho. No mis pechos, que eso habría sido otra historia…

Al abrir los ojos me encontré con una canadiense sofocada y a punto de llanto, meneando la cabeza y repitiendo “no puedo, no puedo”, mientras le regalaba a su novio unas conmovedoras miradas de “por favor no me dejes por no haber sido lo suficientemente lesbi para ti”. A mí también me dedicó un par de ellas, fugaces y a su pesar, que decían algo así como “Uf, no, qué asquito” y “perdona el mal rato”. Acto seguido desapareció para no volver.

Y bueno, hasta aquí llegó la historia, aunque en realidad no. Digamos que al no poder cumplir con una de las fantasías arquetípicas del género humano, decidí aprovechar lo que la vida sí me estaba dando y cumplir otra. Pero eso, amigos míos, es carne de otro post. Para terminar, sólo compartir que una parte de mí se sintió aliviada, otra decepcionada y la tercera –pero no la última- rechazada. Porque, al fin y al cabo, un rechazo es un rechazo, y si ocurre en la cama siempre deja una pequeña herida en el alma, por más matizada por las circunstancias que esté. Sé que no fue personal, y entendámonos, no es que ande traumatizada ni mucho menos, pero… ¿de qué otra manera pueden ser las cosas entre las sábanas además de personales?

¡Ah! Y este post está dedicado a Lulú, la chica mexicana que me mandó un mensaje y me inspiró para escribirlo. Mis agradecimientos para ella y para todos aquellos amigos –presenciales o virtuales- que con sus aportes, preguntas, sugerencias, comentarios y visitas enriquecen este blog.

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5 pensamientos en “Mi primer rechazo lésbico

  1. … Ahora. Esta entrada me ha entristecido. Tal vez porque está nublado, tal vez por otro motivo, pero leer “mi primer rechazo lésbico” me ha hecho sentir tristeza por hacerme intuir otros. Y ese “uy que asquito” me ha irritado las neuronas sensible que aún me restan.
    Bueno, no todo puede ser vino y rosas.
    Un besote, amiga mìa.
    Patrick, el sensible de la pradera.

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