Cuando la ciencia se va a la cama…

shutterstock_140979004 “Las mujeres siempre dan el primer indicio. No el primer paso, el primer paso lo da el hombre, pero siempre después de una señal indirecta de la mujer: un ladeo de cabeza, una mirada, una sonrisa. Entonces es cuando el hombre ataca. Se ha visto al poner a varias mujeres y hay una más guapa que no da ningún tipo de señales, y una menos guapa que sí que lanza miradas, que claramente se acercan muchos más hombres a la que lanza miradas que a la que no”.

(Pere Estupinyà).

Nunca fui una chica de ciencias. En el cole brillaba en humanidades mientras que el cerebro se me quedaba irremediablemente frito a la hora de entrar a clases de biología, física o química. Sentada frente al profesor me sentía como una náufraga que contaba los minutos para salir de ahí y llegar a tierra firme. La maravillosa tierra de las cosas que sí podía entender. Sin embargo, con el paso del tiempo he ido reconciliándome un poco con el tema. Y como no, a través del sexo.

No es que las ‘ciencias’ hayan dejado de parecerme áridas en general (ni siquiera tengo muy claro lo que engloba la palabra), pero el binomio sexo-ciencia se ha convertido en uno de mis favoritos. Me fascina ese proceso que se produce dentro de mí cuando me doy cuenta de que actitudes que suponía racionales, producto de algún desarrollo mental propio (o por último producto de un capricho, pero mío), en realidad corresponden a mi parte más animal, al “llamado de la naturaleza”. Me mola la sensación de vértigo que acompaña a ese pequeño desmantelamiento del ego, una renuncia a reclamar nuestro sello de originalidad en una serie de acciones cotidianas a cambio de entregarnos al asombro de entender que finos hilos invisibles mueven muchos de nuestros comportamientos. Y no sólo los de menor importancia, porque esta realidad subyacente puede cobrar dimensiones insospechadas y esconderse en algunas de las decisiones más trascendentes que se toman en la vida. Así, creemos que el amor, un destino irrenunciable, el poder de los astros o nuestro cacareado libre albedrío nos llevó a los brazos de una persona determinada, cuando en realidad fue su olor, o la información genética contenida en su saliva lo que marcó el punto de partida de esa relación.

En el video ‘Lecciones científicas sobre el sexo’, de La Vanguardia, el químico Pere Estupinyà asegura que nuestro comportamiento sexual es mucho más irracional que racional. Pero ojo, que irracional no significa “porque sí”, simplemente significa que no está dictado por la razón, por lo tanto no es nuestro pensamiento consciente quien dirige nuestros actos. Son los dictados de la ciencia, que siempre está ahí para dictar sus cosas, aunque pasen y pasen los siglos y nos volvamos cada vez más ‘sofisticados’. Incombustible ella. Bueno, la ciencia y otras cosas, claro…

shutterstock_139594508No soy celosa. Intento huir de la posesión como del demonio, aunque unas cuantas veces me haya encontrado con él cara a cara y haya perdido la batalla. No lo soy no porque sea la más chupi del mundo, la más segura de mí misma, sino porque creo que se sufre menos, que es una guerra que vale la pena pelear. Y por lo general el sentimiento me acompaña –porque una cosa es hacer una declaración de principios y otra muy distinta vivir cómodamente dentro de sus márgenes-, aunque hay días en los que me he sorprendido “marcando territorio”, o más inquieta que de costumbre. Vamos, que en ocasiones sería capaz de arrancarle la cabeza a mordiscos a esa perra que tanto habla con “mi” chico… Y entonces me como el coco con que soy poco evolucionada y me deprimo pensando que avanzo para retroceder, cuando en realidad lo que ha ocurrido es que la chica en cuestión no era más que una blanca paloma que había cometido el ‘pecado’ de estar ovulando justo ese día, lo que puso a todo mi organismo de hembra en estado de alerta ambiental.

Y qué me decís del ligar, ese gran arte que creemos haber desmontado y vuelto a montar a la perfección, y que se compone en realidad de mecanismos que escapan totalmente a nuestro conocimiento y control. ¡Qué risa! Vamos por la vida sin darnos cuenta de que somos carne de análisis: “En el tema del cortejo varios sociólogos se meten en bares, se meten en discotecas, y empiezan a observar, a tomar notas… Estudian nuestro  comportamiento”, confidencia Estupinyà. Jooo, qué diver, yo quiero ese curro!!!

Por si os interesa, os dejo el video. Ahí podréis encontrar las respuestas de nuestro hombre de ciencias a las siguientes preguntas: ¿Cuál es el estudio que más te ha llamado la atención? ¿La mujer es más bisexual que el hombre? ¿El tamaño importa? ¿El sexo sin compromiso nos puede llevar a enamorarnos? ¿El alcohol es un estimulante para practicar sexo? ¿Cuáles son las bases no verbales de la seducción?

¿Y vosotros? ¿Os animáis a contarme de algún estudio que os haya parecido particularmente interesante? Sé que estos “llamados a la acción” no suelen tener mucha repercusión, pero me encantaría encontrarme con descubrimientos nuevos… Con un link ya me hacéis feliz! 🙂

Anuncios

3 pensamientos en “Cuando la ciencia se va a la cama…

  1. Pingback: Celos | Ava y el sexo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s