Diálogos callejeros 3: ¿Verdad que es guapa mi novia?

shutterstock_141994456– ¿Cuánto llevas ya con Lucía?
– Seis meses. Es increíble que hasta ahora no te la haya podido presentar.
– Ya, tío. Siempre pasa algo…
– Pues ella es, mi novia, mi amor. ¿Verdad que es guapa?
– Mi chica sí que es guapa. ¿Has visto ese culo?
– Sí, no está mal, pero con el de la mía me sobra. Precioso su culito. Y tiene los ojos claros, ¿te has fijado?
– Sí, muy bonitos. Pero Ana…
– ¿Sabes lo primero que me dijo cuando la conocí? “No eres mi tipo”. Y yo pensé: “¿Ah, sí? Te vas a cagar”. Y aquí nos tienes.
– ¿Eso te dijo?
– Sí. Que no le gustaban los tíos como yo. Que le gustaban más ‘deportistas’. Y que sólo íbamos a ser amigos. ¡Mis cojones!
– Pues a Ana la conocí bailando. Y tuvimos buen rollo en seguida.
– Con Lucía no tenemos tiempo para salir a bailar. Yo con lo del negocio tengo cada vez más curro, y ella como es jefa en su departamento, se la pasa liada. Así que preferimos quedarnos en casa los fines de semana, aprovechando el tiempo. Ya me entiendes.
– Qué hijoeputa eres. Por eso ya no se te ve ni la sombra.
– Claro, ahí, aprovechando en casita. Por cierto, ¿te conté que terminé la ampliación de mi chalé?
– Bueno, ¿y qué tal… eso?
– ¿La ampliación?
– ¡No, cabrón!
– Ah, jajaja, claro. Hombre, fantástico. Pero de verdad te lo digo, el mejor sexo de mi vida. La tía es una artista.
– ¡Calla, calla! Tú no sabes lo que hace Ana con la boca…
– No, pero cuando quieras me invitas a saberlo. Aunque con Lucía alucinas.
– Con Ana sí que alucino. Es de no creérselo.
– Anda, cabrón, invítame otra caña mejor. Y brindemos por eso.
– Vale. ¿Y a las chicas les pido lo mismo?
– Da igual. De cualquier manera, yo te puedo decir lo que van a cenar esta noche…

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Cuando la ciencia se va a la cama…

shutterstock_140979004 “Las mujeres siempre dan el primer indicio. No el primer paso, el primer paso lo da el hombre, pero siempre después de una señal indirecta de la mujer: un ladeo de cabeza, una mirada, una sonrisa. Entonces es cuando el hombre ataca. Se ha visto al poner a varias mujeres y hay una más guapa que no da ningún tipo de señales, y una menos guapa que sí que lanza miradas, que claramente se acercan muchos más hombres a la que lanza miradas que a la que no”.

(Pere Estupinyà).

Nunca fui una chica de ciencias. En el cole brillaba en humanidades mientras que el cerebro se me quedaba irremediablemente frito a la hora de entrar a clases de biología, física o química. Sentada frente al profesor me sentía como una náufraga que contaba los minutos para salir de ahí y llegar a tierra firme. La maravillosa tierra de las cosas que sí podía entender. Sin embargo, con el paso del tiempo he ido reconciliándome un poco con el tema. Y como no, a través del sexo.

No es que las ‘ciencias’ hayan dejado de parecerme áridas en general (ni siquiera tengo muy claro lo que engloba la palabra), pero el binomio sexo-ciencia se ha convertido en uno de mis favoritos. Me fascina ese proceso que se produce dentro de mí cuando me doy cuenta de que actitudes que suponía racionales, producto de algún desarrollo mental propio (o por último producto de un capricho, pero mío), en realidad corresponden a mi parte más animal, al “llamado de la naturaleza”. Me mola la sensación de vértigo que acompaña a ese pequeño desmantelamiento del ego, una renuncia a reclamar nuestro sello de originalidad en una serie de acciones cotidianas a cambio de entregarnos al asombro de entender que finos hilos invisibles mueven muchos de nuestros comportamientos. Y no sólo los de menor importancia, porque esta realidad subyacente puede cobrar dimensiones insospechadas y esconderse en algunas de las decisiones más trascendentes que se toman en la vida. Así, creemos que el amor, un destino irrenunciable, el poder de los astros o nuestro cacareado libre albedrío nos llevó a los brazos de una persona determinada, cuando en realidad fue su olor, o la información genética contenida en su saliva lo que marcó el punto de partida de esa relación.

En el video ‘Lecciones científicas sobre el sexo’, de La Vanguardia, el químico Pere Estupinyà asegura que nuestro comportamiento sexual es mucho más irracional que racional. Pero ojo, que irracional no significa “porque sí”, simplemente significa que no está dictado por la razón, por lo tanto no es nuestro pensamiento consciente quien dirige nuestros actos. Son los dictados de la ciencia, que siempre está ahí para dictar sus cosas, aunque pasen y pasen los siglos y nos volvamos cada vez más ‘sofisticados’. Incombustible ella. Bueno, la ciencia y otras cosas, claro…

shutterstock_139594508No soy celosa. Intento huir de la posesión como del demonio, aunque unas cuantas veces me haya encontrado con él cara a cara y haya perdido la batalla. No lo soy no porque sea la más chupi del mundo, la más segura de mí misma, sino porque creo que se sufre menos, que es una guerra que vale la pena pelear. Y por lo general el sentimiento me acompaña –porque una cosa es hacer una declaración de principios y otra muy distinta vivir cómodamente dentro de sus márgenes-, aunque hay días en los que me he sorprendido “marcando territorio”, o más inquieta que de costumbre. Vamos, que en ocasiones sería capaz de arrancarle la cabeza a mordiscos a esa perra que tanto habla con “mi” chico… Y entonces me como el coco con que soy poco evolucionada y me deprimo pensando que avanzo para retroceder, cuando en realidad lo que ha ocurrido es que la chica en cuestión no era más que una blanca paloma que había cometido el ‘pecado’ de estar ovulando justo ese día, lo que puso a todo mi organismo de hembra en estado de alerta ambiental.

Y qué me decís del ligar, ese gran arte que creemos haber desmontado y vuelto a montar a la perfección, y que se compone en realidad de mecanismos que escapan totalmente a nuestro conocimiento y control. ¡Qué risa! Vamos por la vida sin darnos cuenta de que somos carne de análisis: “En el tema del cortejo varios sociólogos se meten en bares, se meten en discotecas, y empiezan a observar, a tomar notas… Estudian nuestro  comportamiento”, confidencia Estupinyà. Jooo, qué diver, yo quiero ese curro!!!

Por si os interesa, os dejo el video. Ahí podréis encontrar las respuestas de nuestro hombre de ciencias a las siguientes preguntas: ¿Cuál es el estudio que más te ha llamado la atención? ¿La mujer es más bisexual que el hombre? ¿El tamaño importa? ¿El sexo sin compromiso nos puede llevar a enamorarnos? ¿El alcohol es un estimulante para practicar sexo? ¿Cuáles son las bases no verbales de la seducción?

¿Y vosotros? ¿Os animáis a contarme de algún estudio que os haya parecido particularmente interesante? Sé que estos “llamados a la acción” no suelen tener mucha repercusión, pero me encantaría encontrarme con descubrimientos nuevos… Con un link ya me hacéis feliz! 🙂

Carrusel

Se apaga el sexo y se enciende la luz. Desnuda, terrible, con su terrible ausencia.

Cuerpo sobre mi cuerpo atenuando el hambre, besos sobre mis labios ahogando el vacío. Pero te vas y se desvanece el bálsamo de tus abrazos. Y me quedo con un silencio cargado de ruidos, y ese silencio soy yo, y esos ruidos son los míos.

De cualquier manera ya no temo a la oscuridad. Es mi lucidez la que sangra.

Siempre será así porque nacemos equivocados…

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Perversiones del ciudadano común 3: ‘Performance’

shutterstock_133884191Todos somos actores de nosotros mismos cada vez que hay un otro para contemplarnos, siempre que nos dibujamos desde una mirada ajena. Sin ni siquiera enterarnos muchas veces, porque a medida que crecemos nos vamos convirtiendo en expertos, tanteando y moldeando permanentemente la imagen que proyectamos hacia el exterior. Partiendo por algo tan básico como el maquillaje, o esos tacones con los que nos torturamos para ganar unos centímetros, o el coche en el que nos dejamos los ahorros para situarnos en un punto específico del mapa social.

Incluso en el sexo -supuestamente tierra fértil para el abandono y olvido de sí mismo-, por no decir donde más, caemos permanentemente en la tentación de la performance. Tendrán que saber perdonarme el anglicismo, pero es que la definición de Wikipedia es perfecta: “Una muestra escénica, muchas veces con un importante factor de improvisación, en la que la provocación o el asombro, así como el sentido de la estética, juegan un papel principal”.

¿No es el sexo acaso, muchas veces, una puesta en escena de nuestras habilidades y conocimientos? ¿No hacemos lo que hacemos para despertar en nuestro compañero su afecto, su interés o su asombro? Los hombres saben mucho de eso, no en vano los principales motivos de consulta con un especialista son por eyaculación precoz e impotencia, que muchas veces son dos caras de una misma moneda, el precio que se cobra el ansia por cumplir. ¿Con qué? La lista es larga. Y las definiciones, si bien personales, están muy lejos de ser libres o tan siquiera propias.

Un gemido para ‘apurar la causa’.

Una preferencia autoimpuesta por una postura que nos resulta más favorecedora.

Unos ojos q se cierran para esconder el hastío de un acto sexual reducido a una concatenación de embestidas interminables.

Un desgano revestido de entusiasmo. Un “tengo ganas” piadoso, uno porque da pereza discutir, otro porque “ya va tocando”…

 shutterstock_90568693.jpgTengo una amiga que estuvo saliendo con un chico de esos ‘neo-hippies’, cuya idea del paraíso en la tierra es comer bayas silvestres y estar en permanente comunión con la madre naturaleza. El chico practicaba el sexo tántrico, y bastaba que mi amiga hiciera ese comentario para despertar las envidias de cuánto ser pensante la rodeara en ese momento. Claro, los mitos en torno a esa práctica ponían a salivar a todos sus oyentes: polvos eternos en los que la mujer puede tener un orgasmo tras otro, sin el temido “me voy a correr” a destiempo. Una forma de amar bella y profunda, que sólo podría producir amantes igualmente bellos y profundos, en contacto consigo mismos y con el palpitar de la existencia, no sujetos al cumplimiento de determinados parámetros o metas. Una experiencia extática, prometedora, suculenta. La libertad de dos almas comulgando a través del tacto y el fluir de las energías frente al amor constreñido y maquetado –con su final predecible- del común de los mortales.

Pues el romance no terminó precisamente en éxtasis, sino que en eyaculación involuntaria. En una de las sesiones al galán se le fue la concentración y –horror de los horrores- se corrió copiosamente, tras una maratón de caricias, juegos y coito. Y entonces rompió a llorar con amargura, y cuando mi amiga trató de consolarlo le salió con que la culpa era de ella y le acusó de “robarle las energías”. Por lo mismo, concluyó, no le hacía bien verla, así que mejor lo dejaban. Mi amiga, claro, hizo lo único que podía hacer, que fue mandarlo al carajo y flipar. O flipar y mandarlo al carajo, en este caso el orden de los factores no altera el producto. El ‘producto’ se alteró solito, con un buen par de tetas. Más o menos como todos, por más que en su etiqueta dijera “gourmet” del sexo. Al parecer, a veces lo especial es aceptar que no lo somos tanto, incluso un buen misionero nos puede dejar marcando ocupado. Para mí, que no lo practico con frecuencia, ha llegado a ser toda una experiencia…

El día en que Michael Douglas abrió la boca

shutterstock_140828491El tema está en boca de todos, y nunca mejor dicho. Nuestro ex adicto al sexo favorito, el actor Michael Douglas, se convirtió sin pretenderlo en paladín de las brigadas anti-riesgo sexual al “confesar” hace un par de días al diario británico The Guardian que el cáncer de garganta que padeció fue provocado por el virus del papiloma humano, es decir, que fue adquirido a través del sexo oral. Al instante, ardieron las redes sociales (cada vez más proclives a combustionar ante los temas más variopintos, todo hay que decirlo), y mientras algunos celebraron la valentía de Douglas para poner el tema en la palestra y aportar con su mediática influencia a la visibilidad de un debate necesario, otros se escandalizaron por la facilidad con que ofrecía conclusiones médicas a un asunto más complejo de lo que aparenta. Su representante, como era de esperar, salió a decir que en realidad no dijo lo que dijo, que él sólo estaba alertando de los riesgos en general, rollo “servicio de utilidad pública”, pero que nunca afirmó que su cáncer en concreto fuera causado por el papiloma. The Guardian por su parte, para curarse en salud, colgó en su web el audio con la entrevista completa al actor, en la que puede oirse la siguiente frase cuando se le pregunta sobre su cáncer de garganta: “Sin querer ser demasiado específico, este cáncer particular es causado por el VPH (virus de papiloma humano), que de hecho viene del cunnilingus”.

¿Lo dijo, no lo dijo? Poco importa en realidad…

Lo que importa es el cunnilingus sí puede causar cáncer de garganta, aunque no sea en ningún caso su causa más probable (el tabaco y el alcohol ganan por goleada). Lo que importa es que el sexo oral, para ser libre de riesgos, debería evitar el contacto directo entre la boca y el órgano sexual (o sea, hablamos de comerse una polla con preservativo o un coño forrado en papel de plástico, para que nos vamos a andar con eufemismos). Lo que importa es que el virus del papiloma humano, entre otras ‘delicias’, se puede contagiar incluso cuando se utiliza preservativo de forma regular. Lo que importa es que un condón mal puesto, e incluso uno bien puesto, puede derivar en un embarazo no deseado. Lo que importa es que encontrarse en medio de un calentón de antología y no tener protección a mano puede traer consecuencias de por vida. Lo que importa es que no se puede meter un dedo en el culo y después meterlo en otro sitio sin habérselo lavado (y quien dice un dedo dice otras cosas). Lo que importa es que hasta dando un beso nos podemos contagiar alguna mierda rara. Lo que importa es que el sexo anal a lo bestia puede terminar en fisura. Y no sigo porque no me quiero deprimir.

El tema, al fin y al cabo, es que el sexo está lleno de peligros, y mirar para el lado no soluciona nada. Ahora, tampoco sirve desquiciarse con el asunto, después de todo la única opción absolutamente segura es la abstinencia, y si se piensa bien ni tanto, ya que entonces uno anda de mala leche, se deprime, no segrega todas las cosas espectaculares que se segregan durante el sexo, le bajan las defensas y se va al hoyo de todas maneras…

La conclusión, por obvia que sea, la dejo igual. Al final está en cada uno ver hasta qué punto está dispuesto a llegar, que riesgos corre y cuáles no y si le vale la pena lo que recibe a cambio. Podemos encontrar ejemplos extremos y deplorables en el mundo del porno, que paga mucho mejor a los actores dispuestos a rodar sin condón que a los escrupulosos (son los mineros del sexo, trabajadores cuyos salarios se incrementan de forma directamente proporcional a la inseguridad de la mina). En lo personal, cuando se trata de echar un polvo soy una talibana del método profiláctico, pero a la hora de entrar en asuntos bucales que no me vengan con chorradas. O sea, ya puede venir el mismísimo Michael Douglas a tocarme la puerta y decirme que por la boca muere el pez, que yo no renuncio al gustito de sentir una piel calentita y palpitante bajo mis labios. Así es la vida, con sus putadas y sus absurdos. De cualquier manera, lo comido y lo chupado no me lo quita nadie…