Porno-Ava circulando por la web

shutterstock_1394566La primera vez que “salí en la tele” tenía siete años y había ido como público a un programa infantil con mis compañeros del cole.  En ese tiempo salir en la tele era una cosa muchísimo más seria que ahora, así que me vais a permitir que considere que tuve mis 5 segundos de fama –literalmente- cuando una cámara fugaz pasó por la zona donde me encontraba y me grabó gritando y aplaudiendo. A mí ya me sobraba con la emoción de estar en un plató viendo a tanto “famoso” del jet set infantil contornearse frente a mis narices como para preocuparme de más cosas en ese momento, pero una vez terminado el sueño mi existencia se centró en esperar a que el programa fuera emitido para ver si había tenido la suerte adicional de estar entre los elegidos. Los que salen en pantalla.

Cuando me vi se me congeló la sonrisa. Ahí estaba yo, ante millones de espectadores, disfrutando de un descarado primer plano (bueno, casi) y me veía horrenda. Cachetona, con la cara inflada, los ojos bizcos y unas manos de gigante. O al menos así lo recuerdo…

Seguro que muchos conocen la experiencia. Una entrega de premios en el colegio, un evento de cierta importancia, y aparece el pariente progre o el amigo de la familia que tiene una cámara de filmar (de nuevo, algo sumamente exótico cuando yo tenía siete años) e inmortaliza el asunto. Y a la vergüenza de tener que hacer la gracia ante toda la peña se suma el momento “veamos el video”, con el abuelito emocionado hasta las lágrimas –“ay, qué linda se ve la niña”- y una deseando que se la trague la tierra. Algo parecido me ocurrió la primera vez que escuché mi voz grabada, un latigazo de vergüenza. Es como un escalofrío del alma. Esa no soy yo, pero aún así algo me han robado.

Esa sensación de desagrado no se me terminó de quitar ni siquiera después de haber pasado largas horas frente a una cámara en mis tiempos de universitaria, lo que explica que nunca me haya dado por el porno casero. Aun habiendo tenido una época –sin adjetivos calificativos- en la que me gustaba acumular proezas sexuales y le otorgaba una alta valoración a la variedad de experiencias que pudiera conseguir. Mmm, noup, no era lo mío.

Eso, claro, hasta que me lo pidió alguien que me había clavado la flecha de Cupido por cada puto rincón del cuerpo (vamos, que me tenía inmovilizada y bien cogida, en todos los sentidos), y no tardé ni tres segundos en decir que sí. “Sí, claro, yo llevo la cámara” (lo confieso, la cosa tenía que ser vista y aprobada antes de llegar a sus manos).” Qué divertido, me encanta la idea” (“aaay, las cosas que hago por ti”).

Afortunadamente la cosa no era, ni de lejos, el espanto que yo me estaba imaginando. Es verdad que a él sólo se le veía una mano (con la otra grababa) y ese obelisco que tenía por miembro (no es que me queje de esto último, aunque que saliera de cuerpo entero habría sido más equitativo), pero en lo que respecta a mi presencia, me sentí bastante satisfecha con el resultado y hasta me atrevería a decir que me molé. Ni rollos colgantes ni caras raras, nada que me impidiera darle al clic y enviar el video. Como mucho una sensación de pudor tibio que me producía cosquillas. De esas que molan.

Cuento corto, al poco tiempo de mandar el archivo el protagonista en las sombras de la historia recogió sus flechas y se piró, sin dejar ni siquiera palabras vacías. Y en una de esas desquiciantes revisiones a la lista de promesas fallidas recordé una frase que empezó a desvalorizarse y podrirse un poquito más cada vez que volvía a mí, como si fuera una marea corrosiva y mecánica lamiendo mis entrañas: “No tienes nada de que preocuparte, confía en mí”. “Jamás le mostraría esto a nadie, no sería capaz”.

Confía. ¿Cuánto vale la confianza de alguien? ¿Qué te tiene que dar el otro para confiar? ¿Es la confianza autónoma, la entrega sólo nace de uno?

Pantallazo YoutubeTotal, que la cosa terminó en tierra de nadie, y aunque no creo haber hecho nada que me hiciera merecedora de una cyber-venganza, no puedo asegurar con certeza que sea 100% imposible encontrarse por ahí en Youtube una Ava en versión porno home con los ojos vendados y una sonrisa de oreja a oreja pasándosela pipa en un hostal cutre del sur, como tampoco puedo asegurar que nadie que yo no haya invitado a mi cama haya sido testigo de mis actuaciones estelares en esos ámbitos. No es que me sicopatee con la historia ni que piense realmente que el involucrado en cuestión pudiera hacer algo así, no voy a eso, pero still… la tranquilidad no es la misma. Simplemente no existe la certeza, no hay manera de afirmar de forma rotunda que esa yo que dejó de pertenecerme en cuanto le di al click no se ha dado algún paseillo involuntario por ahí. Internet está lleno de sorpresas y da para mucho, y las personas… ¡Uf, para mucho más!

Ahora, más allá del componente anecdótico, lo que quiero decir es que para pocas chicas el permitir que las graben en un video casero de ese tipo es algo liviano. Más que un gesto simple es un regalo. Un regalo envuelto en un impulso, está bien, pero que tiene raíces mucho más profundas, y que al nacer se nutre de ese convencimiento- tonto y efímero, pero potentísimo- de que la persona a la que se le está entregando esa confianza será siempre como la percibe en ese instante su corazón. Una ofrenda que habita en un tiempo congelado y que requiere de un pacto de ignorancia, de la creencia de que aunque deje de existir la pareja siempre quedará lo que hubo, esa nobleza vista en el otro que no puede transmutar.

Dicen que la confianza es algo que nunca se puede recuperar. ¿Sabéis lo que no se puede recuperar? Un video porno que lleve tu nombre. Al menos no con seguridad absoluta. Después de todo, el copy-paste es un canalla que muchas veces no deja huellas. shutterstock_102259654

Anuncios

14 pensamientos en “Porno-Ava circulando por la web

  1. Madre mía… El pijo… El “arquero” este… ¿te gusta coleccionar frikis o qué, amiga mía?

    Por cierto… Porno Ava suena muy bien. Pero mucho.

    Un besote

  2. Por amor, se suelen hacer locuras, pero si a ambos no les gusta REALMENTE grabarse, la experiencia puede ser peligrosa. Justamente por lo que mencionas, una ciber-venganza. Por ello, hay que estar MUY MUY seguro con quien grabas un video XXX. Pero si aceptas la propuesta al primer semental, entonces las consecuencias pueden ser muy penosas. Y como lo escribí hace mucho tiempo, si vas a grabarte, por lo menos usa una cámara decente y un lugar apropiado y bonito. 😉

    • Bueno, como decía en el post, realmente no temo una cibervenganza, y el tema no me quita el sueño… Lo que quería decir con esta historia, es que aún en el mejor de los casos uno nunca puede estar 100% seguro de q ese material q suelta tan a la ligera, atravesado por las flechas del amor, no vaya a parar a algún rinconcillo del mundo virtual, para uso y disfrute de cualquiera que se lo encuentre. Ahora, como experiencia en sí no tengo quejas, la verdad es q fue de lo más estimulante todo!

      • Cualquier video, incluso los d en Vime, con tetas, culos o falos, van a terminar en un servidor de porno pirata. Ya existe una mafia internacional dedicada a eso. Inclusive, lo último que he detectado son grabaciones de web-cams. Las cuales son transmitidas en streaming y por pago. En teoría, imposibles de descargar, pero no de grabar de la pantalla donde se ve. Otra cosa es que tu video prohibido sea bueno. Si lo es, en algún servidor estará, no te sorprenda. Pero, claro, para que tú lo encuentres o alguien que te conozca lo llegue a ver, pueden pasar décadas. Por 2 razones: a) Normalmente los títulos o keywords no guardan relación con el video. b) ¡PORQUE HAY MILLONES! Las posibilidades de visionar uno son muy remotas. A menos que uses algún keyword en particular u otra persona lo enlace desde un foro o una web. De lo contrario, nada. Así que duerme tranquila que aunque exista ese video, encontrarlo es casi imposible. Por supuesto que es muy estimulante auto-filmarse. Exhibicionismo puro. Y si lo distribuyes gratuitamente, es freecore. Que ni siquiera es porno, porque no hay lucro. Pero, como escribí en un viejo post, hay que hacerlo bien, tanto con la persona adecuada como las herramientas idóneas. Si todo se planea bien, puede salir algo muy bonito, cachondo y ¡REAL!.

  3. Te comprendo, amiga mía, pero es que añoro leerte (snif, snif), ya sea en tus relatos (buaaaaaaaaa!!!!) como comentando los míos… lo admito: eres una de mis adicciones. Y contigo la metadona está por inventar.

    Beso vuestra mano y me postro a vuestros pies.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s