Un striptease, por favor

<a href="http://www.flickr.com/photos/14903578@N06/3906664713/">Tyler Durdan_</a> via <a href="http://compfight.com">Compfight</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.0/">cc</a> Me pasa por no ir directo al grano. Por buscarle la “quinta pata al gato”, como decía la Elenita cuando yo era niña. Sabia ella, también decía mucho eso de “el que busca siempre encuentra”, una frase de lo más apropiada para el asunto que me traigo entre manos.

Hace algunos días, estando en la cama con un chico con el que últimamente me ha dado por irme a la cama (¡y a la ducha, y al sofá y a donde toque!), le solté la clásica pregunta de qué le gustaba en el sexo, para yo poder darle en el gusto. Confieso que al hacerlo no me movía tanto el altruismo erótico como el deseo de que me devolviera la pregunta y así poder plantearle un par de cosillas que me estaban apeteciendo. Sé que la cosa directa puede ser más funcional, pero tal como comentaba en el post anterior eso no siempre es tan fácil, por más disposición que haya, y al no sentirme muy segura del terreno que pisaba elegí ese recoveco por camino. “Total –pensé-, qué le puede apetecer que a mí no me guste. No es de los más hardcore, así que dudo que me salga con que se pone como una moto estrangulando mujeres hasta el éxtasis o que le va la lluvia dorada”.

– Me gustan los stripteases-, fue la automática respuesta.

Me quedé frita, como dicen mis amigos los Chamos. Veamos, yo estaba de lo más dispuesta a lanzarme a la aventura, pero no me esperaba eso. Probablemente porque nunca me había tocado. O sea, en esas lides soy una virginal y cándida doncella, jamás nadie ha perforado mi himen “striptisero”. Pese a ello puse mi mejor expresión de gata en celo, solté un par de mmmms para sugerir que la idea me parecía fascinante y aparqué las preocupaciones para más tarde. Total, todo es ponerse, dicen por ahí. Además, siempre se puede sacar un post de la experiencia 😉

 Paso 1: Elegir la canción.

No sirve cualquiera, sobra decirlo. Descartada de entrada la típica de Kim Bassinger en Nueve Semanas y Media, demasiado presente en el imaginario colectivo como para no sentirme una imitación barata de la rubia soñada de los 90 en versión Pocahontas trasnochada. Descartadas también aquellas demasiado “punchi-punchi” o que por su ritmo trepidante requieran excesivas demostraciones gimnásticas. No me salían ni en el colegio y me van a salir ahora, chorrocientos años después, pfff. Además, nada menos sexy que un baile erótico que termine con un batacazo y una pierna torcida. Finalmente, se caen de la lista las demasiado lentas ya que tienden a generar movimientos de culebra que no llevan a ninguna parte, sin contar con que no son las más aptas para el momento estrella de “me abro la camisa con fanfarria y lo dejo flipando”.

By Exey Panteleev (Flickr: Striptease) [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons

Paso 2: Elegir la ropa.

Los taconazos se ven muy bonitos en la tele, pero a menos que exista un hábito de uso se recomienda evitar alturas excesivas, sobre todo si no se cuenta con un caño de dónde agarrarse cuando una se ha puesto demasiado entusiasmo en un movimiento. La idea es verse sexy, no tambaleante y ridícula. Por razones lógicas quedan también prohibidas las bragas de abuelita, los sujetadores porfiados, las medias que estrangulan el michelín (rollito), las camisetas cerradas, los pantalones que te van a hacer saltar en un pie cuando te los estás sacando y los calcetines de futbolista. Se recomienda una camisa con botones de clip, falda o pantalón corto que se quite fácil, sujetador con cierre delantero y algún elemento para jugar, como una corbata. O mejor un sombrero, accesorio sumamente útil cuando se quiere retrasar más aún el momento de destapar las “sorpresas” del cuerpo humano. Porque al fin y al cabo en eso consiste el tema, ¿no? En demorar el festín y hacer sentir al otro que nunca ha visto lo que tantas veces ha visto, que tiene que esperar para tocar, que tiene un regalo sin abrir, nuevito y sólo para él, ahí esperando. Y claro, hacerlo sentirse deseado, muy deseado.

Paso 3: Elegir una cara de guarra

Siguiendo con la idea anterior, mientras más cara de guarra pongas, mejor, del tipo “esto es todo para ti papi, porque me tienes como una moto”. Y si se pueden lograr distintas versiones de la expresión, tanto mejor. O sea, y a mi parecer, ahí está el meollo del asunto, véndele eso y casi que va a dar igual cómo bailes… Siempre y cuando, insisto, el show no termine con un costalazo magistral y la bailarina toda despatarrada en el suelo. Porque si puede haber algo peor que caerse en medio de una performance de ese tipo es caerse frente al galán con cara de porno-star. Uf, papelón…

Paso 4: Ensayar frente al espejo.

Parece fácil, pero también aquí hay que tener en cuenta ciertas recomendaciones:

– No hay que documentarse de forma excesiva. Demasiadas imágenes de Jessica Alba o Demi Moore calentando la temperatura pueden terminar afectando la autoestima, sobre todo si se pertenece a la inmensa mayoría de los “normalitos”. Si tampoco se sale ganando en agilidad, la comparación definitivamente no será favorable. Mejor coger unas pocas ideas y apelar a la capacidad de innovación.

– Hay que tener cierto sentido del ridículo y estar dispuesta a no sentirse perturbada al ser una misma la destinataria de las caras de guarra mencionadas en el paso 4. Sonreír ayuda, si la del espejo te sonríe y se lo está pasando bien, tú también!

– Evitar las luces excesivas y los focos delatores.

– Elegir un momento apropiado. Empezar las contorsiones cinco minutos antes de que tu hijo llegue del cole o cuando has tenido un día de los mil demonios no parece lo más recomendable.

– Un poquito de por favor: Vale que nadie más está mirando, pero una depiladita básica puede evitar que una se auto-mate las pasiones en el camino.

– Un consejillo final, no nacido de mi experiencia directa pero casi: Si lo suyo no es el equilibrio y no tiene el espejo fijado a la pared… guarde las distancias!!! No importa lo hot que se esté encontando en ese momento, un exceso de entusiamo no vale siete años de mal sexo…

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3 pensamientos en “Un striptease, por favor

  1. Algunos se toman el café con el periódico. Otras con la tele. Yo, hoy, con este streptease teórico tuyo. A ver cómo salgo yo a la calle con esta cara de guarro…

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