Cállate y méteme la lengua en la garganta de una vez…

Francisco Goya [Public domain], via Wikimedia Commons.Leo mucho sobre sexo. Por interés personal, para encontrar temas motivantes que compartir en este blog y para alimentar la fanpage de Facebook. A veces alguna novela, relatos, columnas de opinión, pero sobre todo artículos. Y una de las cosas que he notado en el último tiempo es que hay cuatro o cinco temas que se repiten de forma persistente, por lo general con un tratamiento paternalista y una profundidad más bien escasa. Uno de estos “sospechosos habituales” es el típico reportaje sobre la importancia de que las mujeres se comuniquen con sus parejas y compartan sus deseos y necesidades en la cama para alcanzar una vida sexual más satisfactoria, acompañado de una serie de consejos bienintencionados y redundantes. Así, por ejemplo, es fácil encontrarse con frases del tipo “si no te atreves a decírselo, gime e intensifica el ritmo de tu respiración para expresar que te gusta lo que está haciendo”, “toma suavemente sus manos y ponlas donde quieras que te toque” o “espéralo en la cama con una ropa provocativa y sugiérele tu posición favorita”.

El problema está en el enfoque. Los habrá, pero personalmente aún no soy capaz de encontrar ningún artículo mínimamente serio que me aporte algo nuevo sobre el tema de la comunicación en el sexo y que no reduzca el tema a un problema  de timidez de algunas mujeres a la hora de decir que le gusta que se la claven hasta el fondo o que le aprieten los pezones. “La cándida doncella contra el mundo, capítulo 100.000”. ¡Pfff, qué pereza!

He tenido muchos amantes generosos, pero pocos sabían comunicarse. Son cosas muy distintas, qué duda cabe. Comunicarse es estar dispuestos a abandonar el personaje, un personaje que muchas veces no sabemos que cargamos. No tiene nada que ver con dedicarle tiempo al otro y darle un masaje, o hacerle una buena mamada aunque te lloren los ojos. Tiene que ver con desnudarse, con quitarse los colgajos de las convenciones, del buen hacer, del qué dirán, y mostrarse tal como uno es, con toda la “incorrección política” que eso implica. Más allá de los aprendizajes, de las expectativas, de los condicionamientos  y las ideas que tenemos de nosotros mismos. Es trascender el mapa y confiar en el territorio. Y, sobre todo, es cosa de a dos. Porque no se saca nada con ronronear y poner cara de gata en celo si el otro se hace el sueco y se resiste a darse por enterado de lo rico que es un buen cunnilingus.

Otra cosa que puede pasar es que, habiendo voluntad de ambas partes por comunicarse, esa comunicación no fluya, se pierda en el camino. A veces ninguno de los dos tiene problemas en decir “me gusta tal, tócame cual”, y el sexo en un principio es fantástico, pero en realidad no se está produciendo un verdadero diálogo, sólo monólogos. He estado en situaciones así: No hay ningún reparo con la performance, el acto es altamente satisfactorio, la sangre fluye donde tiene que fluir, la respiración se acelera y por unos momentos todo se olvida. Un orgasmo es un orgasmo. Pero cuando se va la ola de la euforia y sólo queda el silencio volvemos a caer en los brazos del desencuentro. Y entonces algo nos hace clic, algún pequeño detalle tonto, y nos damos cuenta que la cosa no pasará de ahí, que la comunión entre los cuerpos no puede ir a más porque no se está llegando realmente a lo profundo. Y ese sexo, de mantenerse en el tiempo, está condenado a volverse monótono y desgastarse hasta desaparecer. Cronos devorando a sus hijos…

Ser reales. Hace mucho tiempo que pienso que ese es el compromiso que debería existir en toda pareja, sea del tipo que sea: no engañar al otro vendiéndole algo que no se es. Donde se ponga un hombre honesto que se quiten las promesas. Y así, con el corazón ligero, sólo queda cruzar los dedos para que esa “realidad” se entienda con la “realidad” del otro, cerrar los ojos y saltar al vacío. Bon voyage!

– Eres preciosa, ven y dame un besoImage: 'Something You Cannot Give Without Taking' http://www.flickr.com/photos/68634595@N00/252072484 Found on flickrcc.net
– Mmmm… no.
– ¿No?
– No
– Dame un beso.
– Róbamelo.
– ¿Cómo?
– Me lo vas a tener que robar
– ¿Eso quieres,? ¿que te insista?
– Nooo. No se trata de eso.
– ¿Entonces? Te pido que me des un beso y me dices que no. ¿Te tengo que suplicar?
– Todo lo contrario. Quiero que me lo robes.
– ¿Por qué te ríes?
– No me río, sonrío. Anda, tonto, dame un beso.
– No te entiendo. ¿En qué quedamos? ¿Me quieres dar un beso o no?
– Quiero que me lo des tú. Que me lo robes…
– Ya empezamos
– Bueno, venga, déjalo.
– O sea que no me das un beso. Vale, entonces te lo doy yo a ti. ¿Contenta? Ganaste.
– No se trata de ganar. No era eso.
– Ya. Pero ganaste igual.
– No gané nada.
– (Cállate y dame un puto beso).
– (¡Cállate y róbame el puto beso de una vez!).

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4 pensamientos en “Cállate y méteme la lengua en la garganta de una vez…

  1. la comunicación en el sexo o la comunicación (a secas), o decirle hazme esto que es lo que me gusta y él no hacerlo nunca y decirle pues hazme lo otro y él sí lo hace porque le gusta, y pensar que qué pena que no le guste lo que a ti te encanta, pero ponerse tontita y pensar que cómo quejarse con alguien así al lado..

    • Decirle “hazme lo que me gusta” y él no hacerlo nunca, y ponerse tontita y decir “mejor mal acompañada que sola”, y callar y callar y callar, y terminar conociendo más a la propia mano que a la del vecino… Ufff!!!

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