Sexo con el pijo (II)

Image: 'Pleased with a Christmas present...' http://www.flickr.com/photos/52575223@N00/2229522617 Found on flickrcc.netLa siguiente (y última vez) que quedé con el pijo fue en mi territorio. Ya me había escrito varias veces haciéndose el lindo, y pese a mi alto grado de desencanto decidí darle una nueva oportunidad ya que, al fin y al cabo no tenía nada que perder, y en cambio sí tenía tiempo libre de sobra y unas cuantas semanas sin follar. Por otra parte, como esa noche estaba sola en casa, no iba a ser necesario ir a ningún hotel ni pasar por el momento “te toca pagar” que tan poco elegantemente me había advertido la vez anterior. Incluso me ofrecí a preparar algo de cenar, así de conciliadora me sentía.

Quedamos un viernes y esa semana fue un lío, así que recién a la salida del curro pude centrarme en mi próximo encuentro y ponerme a organizar la “logística” necesaria… Ir a comprar las cosas para la cena, cocinar, ducharme, depilarme, lavarme el pelo, alisármelo, maquillarme, ordenar un poco mi eternamente desastrosa casa y un par de cosillas más que se me escapan. Vale, no es que el pijo me quitara el sueño, pero tampoco me apetecía recibirlo en una pocilga, con el pelo pegoteado y las piernas más peludas que King Kong. Así que me puse el turbo y conseguí terminar con todo unos minutos antes de que llegara. Escenario perfecto…  ¿guión perfecto? Mmm, va a ser que no.

– “Hola, no quedaba vino en el supermercado así que no traje ninguno. Qué bien huele”.

(¡Yaaaa!)

De la cena recuerdo poco, alguna conversación insustancial y unos cuantos comentarios obligados y poco entusiastas sobre lo rico que estaba todo. Nada más terminar, se puso de pie y me preguntó si podíamos ir a la habitación. “Vaya –pensé-, viene con ganas. Tal vez la cosa promete más de lo que pensaba”.

Al entrar se sentó en la cama y se bajó los pantalones. Y aunque no suelo tener problemas con la ausencia de preámbulos (tampoco con que los haya obviamente, en la variedad está el gusto, pero a quién no le apetece un “aquí te pillo aquí te mato” de vez en cuando) me pareció raro que fuera tan directo al grano, ya que no se lo veía derrochando pasión precisamente.

– Me muero de ganas de que me la comas un ratito.
– Mmm, yo encantada.

No habían pasado ni dos minutos cuando, sin ningún tipo de aviso previo, sentí cómo se corría en mi cara. “Vale, la delicadeza tampoco se encontraba entre sus virtudes, pero dispuesta a ver el vaso medio lleno, pensé que al menos, si ya se había corrido una vez, iba a durar un poquito más que en el encuentro anterior… ¡o al menos un poquito más de dos minutos!

Pues no. Ante mi sorpresa (actualmente me sorprendo de haberme sorprendido, dados los antecedentes del caso) el tío se subió los pantalones y me dio un rápido beso en los labios.

– Me tengo que ir.
– ¿Estás de coña?
– No, ¿por qué?
– ¡Cómo te vas a ir ahora!
– Lo siento, tengo cosas que hacer.
– Pero tío, ¿me vas a dejar así? Si ni siquiera me he sacado la ropa.
– Bueno, así no te la tienes que volver a poner, menos trabajo para ti.
– Menos trabajo… pero tú… qué coño…
– No te enojes tontita, si es broma. Ya te lo compenso otro día.
– ¿Otro día? (¿ME ESTÁS TOMANDO EL PELO?)
– Ay tía, no des el coñazo. Además, la culpa es tuya
– ¿Perdón?
– O sea, si te comes la polla como si fueras una puta…
– ¡¡¡DESAPARECE DE MI CASA!!!
– Anda, no te cabrees, si es un cumplido. Te llamo, ¿vale?

Nunca me llamó, obvio, aunque a esas alturas tampoco es que lo estuviera esperando, y mucho menos deseando. Es que ni colgarle el teléfono me motivaba. Un par de años más tarde me llegó a la bandeja de entrada una postal de navidad, de esas sumamente horteras con estampa nevada y frase motivacional, dentro de un correo masivo. El mensaje decía algo así como “para mis queridos amigos, mis mejores deseos este año y siempre”. No pude evitar la tentación de responderle, aunque me obligué a ser breve: “Tío, al menos bórrame de tu lista de contactos”. La respuesta llegó en seguida, tan surrealista como él:

“Te incluí a propósito, porque te considero una amiga y te tengo aprecio, pero si vas a estar en esa parada, tú misma, te borro de la lista. De todas maneras te deseo una feliz navidad, aunque tú no me la desees a mí.
Un abrazo apretado
PD: El rencor no es bueno, no te hace bien…”

WTF!!!!!

En fin…

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7 pensamientos en “Sexo con el pijo (II)

  1. Me parece que más que un pijo es un pijo de barrio de esos que se las dan de lo que no son. No es posible que te echara en cara lo del hotel y que ni siquiera se presentara con una mísera de vino.
    En definitiva, una historia que me ha sacado varias risas. El pijo un mamón. A destacar esa frase: “mmm, encantada.” Así, sin más preámbulos y sin más historias, esa situación y esa contestación me parecen sumamente eróticas. Eso sí, largarse como se largo sin conocerte… En fin, casi puedo imaginar tu cara.

    ¿Habrá que buscar un nuevo pijo en las calles para escribir: “Sexo con el pijo III”?

    • Ajajajaja!!! “El pijo un mamón”. Excelente conclusión, Erico! Y no, de momento no ando buscando un nuevo ejemplar de pijo, aunque igual nunca se sabe cuando te cae uno encima 😉

  2. Me estaba sonriendo por lo surrealista del meollo cuando he leido su frase de “si te comes…”. Por decirlo finamente: ¿quieres que le pegue fuego a los bajos de ese capullo? Parecerá un accidente, lo prometo.

    Serà vulgar el acefalo ese…

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