Relatos eróticos para no dormir

Personalmente me encanta la literatura erótica. Incluso aquellos relatos con menos arte, con que estén mínimamente bien escritos, tienden a cumplir su función de “calentar los motores” y provocar esas cosquillitas que finalmente impiden que uno se vaya temprano a la cama, pero si además poseen fuerza, delicadeza y al mismo tiempo una buena dosis de guarrería, tantísimo mejor. Y para qué hablar de los que son capaces de dibujar personajes y dotarlos de profundidad, permitiéndonos meternos en su piel, en sus perversiones e impulsos, sumergidos y al mismo tiempo despojados del espanto del espectador. En esta línea existen conocidísimos autores, como Georges Bataille, que hacen las delicias de millones de cachondos ratoncillos de biblioteca.

Portada de la ilustradora Luz Sánchez para la obra "Sin tu permiso".

Portada de Luz Sánchez para la obra “Sin tu permiso”.

Pero hoy no voy a hablarles de los famosillos, que bastante información podéis encontrar de ellos en Internet. Y eso que algunos me gustan muchísimo (partiendo por el viejo Geroges, un pedazo de artista, de hecho si hay algún interesado prometo futuro post en su honor), pero también me gusta encontrarme con autores nuevos, y respeto muchísimo a los que tienen los huevos –u ovarios- de meterse con un género tan “malagradecido”. Así que voy a dedicar este post a una periodista grancanaria, Mayte Martín, que acaba de publicar una serie de relatos eróticos (48 para ser más exactos, acompañados de de las obras cedidas por tres ilustradoras, también canarias) titulada “Sin tu permiso”.

La gracia de esta propuesta, tal y como señala su propia autora, es que en estos relatos no hay nombres, edad, género, raza, o religión, “solo piel, sensaciones y sentimientos extremos”.  Así, los  relatos de Mayte están basados en historias, vivencias, cuentos propios y ajenos, pero cercanos a quienes se animen a leerlos. “Deben creerse lo que transmito, la confianza de que son situaciones cotidianas que puede vivir cualquier persona, no hay formas definidas, no hay descripciones físicas espectaculares de cuerpos de cine, ni de pantalla de televisión, son seres humanos reales en situaciones reales, cotidianas”.

Otro trabajo de la ilustradora Luz Sánchez que se puede encontrar en el libro.

Otra ilustración de Luz Sánchez para el libro

Os dejo un extracto el primer relato, a ver qué os parece, y si os animáis a hincarle el diente a los restantes y no vivís en Las Palmas de Gran Canaria (donde puede conseguirse en papel, en distintos puntos de venta), podéis contactar con la autora por mail (a quien, por cierto, yo no conozco): mayteeme@hotmail.com

Inimitable Nin

Hoy llegabas tarde de trabajar, así que me tiré literalmente frente al televisor para ver una peli que había visto hacía tiempo pero que me hacía ilusión volver a ver: `Henry and June´, de Philip Kaufman, basada en uno de los diarios de la escritora franco española Anaïs Nin y protagonizada por las magníficas María de Medeiros y Uma Thurman. La peli cuenta parte de las relaciones amorosas de la escritora, protagonizada por Medeiros, con Henry Miller, cuyo papel hace un actor que no me gusta mucho, su mujer June, representada por Uma Thurman, su primo Eduardo y su propio marido. Hace tiempo que leí a Nin, varios de sus diarios, y este fue uno de ellos y la verdad es que me gustó mucho, y aunque la película me parece magnifica, es incomparable al libro…

Eso estaba pensando cuando llegaste y casi te grité para que no me molestaras y me dejarás ver el final. Te duchaste refunfuñando… mientras yo me quedé pensativa. “Ya veo que ni existo cuando estás viendo la tele”, protestaste… te pedí disculpas y me acerqué zalamera para explicarte lo que estaba viendo. “¿Viendo a la Thurman sin mí, y en esa peli dónde hay una escena lésbica?, creo que no te lo voy a perdonar”, dijiste amotinándote y sin querer recibir mis caricias…

Trabajo cedido por Itahisa López para la recopilación de Mayte Martín.

Trabajo cedido por Itahisa López para la obra.

Pero todo fue un juego, terminaste de cenar y me arrancaste gemidos de placer susurrando palabras sensuales con el consabido prosaísmo que te caracteriza, y que como siempre, acaba en interminables batallas cuerpo a cuerpo.

La artista grancanaria Aurea Casas también ha aportado su trabajo.

La artista grancanaria Aurea Casas también ha aportado su trabajo.

Me pongo tan mimosa… nos besamos y empezamos a animarnos, las manos vuelan por todas partes, la ropa sale disparada y en uno de los forcejeos mi nalga topa con el mando de la tele y se pone en marcha, nos reímos, te levantas y la apagas tirando de mi mano y llevándome a la cama… pero casi no llegamos, nuestras bocas se siguen buscando por el camino y la urgencia empieza a hacer mella… ambos sentimos nuestros latidos, la piel pegada una a la otra… las lenguas recorren cada centímetro y casi nos peleamos por ver quién lame más, quién lame antes… pero claro tú eres más fuerte…

Me tumbaste en la cama y ya sobre mí me acariciaste los pechos, mientras que besabas uno, lo rodeabas con la lengua y lo mordisqueabas, manoseabas el otro con fuerza. Cada vez estaba más excitada y mientras tu lengua bajó hasta mi ombligo y mi cintura, tus manos no dejaban de tocarme…

Un striptease, por favor

<a href="http://www.flickr.com/photos/14903578@N06/3906664713/">Tyler Durdan_</a> via <a href="http://compfight.com">Compfight</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/2.0/">cc</a> Me pasa por no ir directo al grano. Por buscarle la “quinta pata al gato”, como decía la Elenita cuando yo era niña. Sabia ella, también decía mucho eso de “el que busca siempre encuentra”, una frase de lo más apropiada para el asunto que me traigo entre manos.

Hace algunos días, estando en la cama con un chico con el que últimamente me ha dado por irme a la cama (¡y a la ducha, y al sofá y a donde toque!), le solté la clásica pregunta de qué le gustaba en el sexo, para yo poder darle en el gusto. Confieso que al hacerlo no me movía tanto el altruismo erótico como el deseo de que me devolviera la pregunta y así poder plantearle un par de cosillas que me estaban apeteciendo. Sé que la cosa directa puede ser más funcional, pero tal como comentaba en el post anterior eso no siempre es tan fácil, por más disposición que haya, y al no sentirme muy segura del terreno que pisaba elegí ese recoveco por camino. “Total –pensé-, qué le puede apetecer que a mí no me guste. No es de los más hardcore, así que dudo que me salga con que se pone como una moto estrangulando mujeres hasta el éxtasis o que le va la lluvia dorada”.

– Me gustan los stripteases-, fue la automática respuesta.

Me quedé frita, como dicen mis amigos los Chamos. Veamos, yo estaba de lo más dispuesta a lanzarme a la aventura, pero no me esperaba eso. Probablemente porque nunca me había tocado. O sea, en esas lides soy una virginal y cándida doncella, jamás nadie ha perforado mi himen “striptisero”. Pese a ello puse mi mejor expresión de gata en celo, solté un par de mmmms para sugerir que la idea me parecía fascinante y aparqué las preocupaciones para más tarde. Total, todo es ponerse, dicen por ahí. Además, siempre se puede sacar un post de la experiencia 😉

 Paso 1: Elegir la canción.

No sirve cualquiera, sobra decirlo. Descartada de entrada la típica de Kim Bassinger en Nueve Semanas y Media, demasiado presente en el imaginario colectivo como para no sentirme una imitación barata de la rubia soñada de los 90 en versión Pocahontas trasnochada. Descartadas también aquellas demasiado “punchi-punchi” o que por su ritmo trepidante requieran excesivas demostraciones gimnásticas. No me salían ni en el colegio y me van a salir ahora, chorrocientos años después, pfff. Además, nada menos sexy que un baile erótico que termine con un batacazo y una pierna torcida. Finalmente, se caen de la lista las demasiado lentas ya que tienden a generar movimientos de culebra que no llevan a ninguna parte, sin contar con que no son las más aptas para el momento estrella de “me abro la camisa con fanfarria y lo dejo flipando”.

By Exey Panteleev (Flickr: Striptease) [CC-BY-2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons

Paso 2: Elegir la ropa.

Los taconazos se ven muy bonitos en la tele, pero a menos que exista un hábito de uso se recomienda evitar alturas excesivas, sobre todo si no se cuenta con un caño de dónde agarrarse cuando una se ha puesto demasiado entusiasmo en un movimiento. La idea es verse sexy, no tambaleante y ridícula. Por razones lógicas quedan también prohibidas las bragas de abuelita, los sujetadores porfiados, las medias que estrangulan el michelín (rollito), las camisetas cerradas, los pantalones que te van a hacer saltar en un pie cuando te los estás sacando y los calcetines de futbolista. Se recomienda una camisa con botones de clip, falda o pantalón corto que se quite fácil, sujetador con cierre delantero y algún elemento para jugar, como una corbata. O mejor un sombrero, accesorio sumamente útil cuando se quiere retrasar más aún el momento de destapar las “sorpresas” del cuerpo humano. Porque al fin y al cabo en eso consiste el tema, ¿no? En demorar el festín y hacer sentir al otro que nunca ha visto lo que tantas veces ha visto, que tiene que esperar para tocar, que tiene un regalo sin abrir, nuevito y sólo para él, ahí esperando. Y claro, hacerlo sentirse deseado, muy deseado.

Paso 3: Elegir una cara de guarra

Siguiendo con la idea anterior, mientras más cara de guarra pongas, mejor, del tipo “esto es todo para ti papi, porque me tienes como una moto”. Y si se pueden lograr distintas versiones de la expresión, tanto mejor. O sea, y a mi parecer, ahí está el meollo del asunto, véndele eso y casi que va a dar igual cómo bailes… Siempre y cuando, insisto, el show no termine con un costalazo magistral y la bailarina toda despatarrada en el suelo. Porque si puede haber algo peor que caerse en medio de una performance de ese tipo es caerse frente al galán con cara de porno-star. Uf, papelón…

Paso 4: Ensayar frente al espejo.

Parece fácil, pero también aquí hay que tener en cuenta ciertas recomendaciones:

– No hay que documentarse de forma excesiva. Demasiadas imágenes de Jessica Alba o Demi Moore calentando la temperatura pueden terminar afectando la autoestima, sobre todo si se pertenece a la inmensa mayoría de los “normalitos”. Si tampoco se sale ganando en agilidad, la comparación definitivamente no será favorable. Mejor coger unas pocas ideas y apelar a la capacidad de innovación.

– Hay que tener cierto sentido del ridículo y estar dispuesta a no sentirse perturbada al ser una misma la destinataria de las caras de guarra mencionadas en el paso 4. Sonreír ayuda, si la del espejo te sonríe y se lo está pasando bien, tú también!

– Evitar las luces excesivas y los focos delatores.

– Elegir un momento apropiado. Empezar las contorsiones cinco minutos antes de que tu hijo llegue del cole o cuando has tenido un día de los mil demonios no parece lo más recomendable.

– Un poquito de por favor: Vale que nadie más está mirando, pero una depiladita básica puede evitar que una se auto-mate las pasiones en el camino.

– Un consejillo final, no nacido de mi experiencia directa pero casi: Si lo suyo no es el equilibrio y no tiene el espejo fijado a la pared… guarde las distancias!!! No importa lo hot que se esté encontando en ese momento, un exceso de entusiamo no vale siete años de mal sexo…

Cállate y méteme la lengua en la garganta de una vez…

Francisco Goya [Public domain], via Wikimedia Commons.Leo mucho sobre sexo. Por interés personal, para encontrar temas motivantes que compartir en este blog y para alimentar la fanpage de Facebook. A veces alguna novela, relatos, columnas de opinión, pero sobre todo artículos. Y una de las cosas que he notado en el último tiempo es que hay cuatro o cinco temas que se repiten de forma persistente, por lo general con un tratamiento paternalista y una profundidad más bien escasa. Uno de estos “sospechosos habituales” es el típico reportaje sobre la importancia de que las mujeres se comuniquen con sus parejas y compartan sus deseos y necesidades en la cama para alcanzar una vida sexual más satisfactoria, acompañado de una serie de consejos bienintencionados y redundantes. Así, por ejemplo, es fácil encontrarse con frases del tipo “si no te atreves a decírselo, gime e intensifica el ritmo de tu respiración para expresar que te gusta lo que está haciendo”, “toma suavemente sus manos y ponlas donde quieras que te toque” o “espéralo en la cama con una ropa provocativa y sugiérele tu posición favorita”.

El problema está en el enfoque. Los habrá, pero personalmente aún no soy capaz de encontrar ningún artículo mínimamente serio que me aporte algo nuevo sobre el tema de la comunicación en el sexo y que no reduzca el tema a un problema  de timidez de algunas mujeres a la hora de decir que le gusta que se la claven hasta el fondo o que le aprieten los pezones. “La cándida doncella contra el mundo, capítulo 100.000”. ¡Pfff, qué pereza!

He tenido muchos amantes generosos, pero pocos sabían comunicarse. Son cosas muy distintas, qué duda cabe. Comunicarse es estar dispuestos a abandonar el personaje, un personaje que muchas veces no sabemos que cargamos. No tiene nada que ver con dedicarle tiempo al otro y darle un masaje, o hacerle una buena mamada aunque te lloren los ojos. Tiene que ver con desnudarse, con quitarse los colgajos de las convenciones, del buen hacer, del qué dirán, y mostrarse tal como uno es, con toda la “incorrección política” que eso implica. Más allá de los aprendizajes, de las expectativas, de los condicionamientos  y las ideas que tenemos de nosotros mismos. Es trascender el mapa y confiar en el territorio. Y, sobre todo, es cosa de a dos. Porque no se saca nada con ronronear y poner cara de gata en celo si el otro se hace el sueco y se resiste a darse por enterado de lo rico que es un buen cunnilingus.

Otra cosa que puede pasar es que, habiendo voluntad de ambas partes por comunicarse, esa comunicación no fluya, se pierda en el camino. A veces ninguno de los dos tiene problemas en decir “me gusta tal, tócame cual”, y el sexo en un principio es fantástico, pero en realidad no se está produciendo un verdadero diálogo, sólo monólogos. He estado en situaciones así: No hay ningún reparo con la performance, el acto es altamente satisfactorio, la sangre fluye donde tiene que fluir, la respiración se acelera y por unos momentos todo se olvida. Un orgasmo es un orgasmo. Pero cuando se va la ola de la euforia y sólo queda el silencio volvemos a caer en los brazos del desencuentro. Y entonces algo nos hace clic, algún pequeño detalle tonto, y nos damos cuenta que la cosa no pasará de ahí, que la comunión entre los cuerpos no puede ir a más porque no se está llegando realmente a lo profundo. Y ese sexo, de mantenerse en el tiempo, está condenado a volverse monótono y desgastarse hasta desaparecer. Cronos devorando a sus hijos…

Ser reales. Hace mucho tiempo que pienso que ese es el compromiso que debería existir en toda pareja, sea del tipo que sea: no engañar al otro vendiéndole algo que no se es. Donde se ponga un hombre honesto que se quiten las promesas. Y así, con el corazón ligero, sólo queda cruzar los dedos para que esa “realidad” se entienda con la “realidad” del otro, cerrar los ojos y saltar al vacío. Bon voyage!

– Eres preciosa, ven y dame un besoImage: 'Something You Cannot Give Without Taking' http://www.flickr.com/photos/68634595@N00/252072484 Found on flickrcc.net
– Mmmm… no.
– ¿No?
– No
– Dame un beso.
– Róbamelo.
– ¿Cómo?
– Me lo vas a tener que robar
– ¿Eso quieres,? ¿que te insista?
– Nooo. No se trata de eso.
– ¿Entonces? Te pido que me des un beso y me dices que no. ¿Te tengo que suplicar?
– Todo lo contrario. Quiero que me lo robes.
– ¿Por qué te ríes?
– No me río, sonrío. Anda, tonto, dame un beso.
– No te entiendo. ¿En qué quedamos? ¿Me quieres dar un beso o no?
– Quiero que me lo des tú. Que me lo robes…
– Ya empezamos
– Bueno, venga, déjalo.
– O sea que no me das un beso. Vale, entonces te lo doy yo a ti. ¿Contenta? Ganaste.
– No se trata de ganar. No era eso.
– Ya. Pero ganaste igual.
– No gané nada.
– (Cállate y dame un puto beso).
– (¡Cállate y róbame el puto beso de una vez!).

Sexo con el pijo (II)

Image: 'Pleased with a Christmas present...' http://www.flickr.com/photos/52575223@N00/2229522617 Found on flickrcc.netLa siguiente (y última vez) que quedé con el pijo fue en mi territorio. Ya me había escrito varias veces haciéndose el lindo, y pese a mi alto grado de desencanto decidí darle una nueva oportunidad ya que, al fin y al cabo no tenía nada que perder, y en cambio sí tenía tiempo libre de sobra y unas cuantas semanas sin follar. Por otra parte, como esa noche estaba sola en casa, no iba a ser necesario ir a ningún hotel ni pasar por el momento “te toca pagar” que tan poco elegantemente me había advertido la vez anterior. Incluso me ofrecí a preparar algo de cenar, así de conciliadora me sentía.

Quedamos un viernes y esa semana fue un lío, así que recién a la salida del curro pude centrarme en mi próximo encuentro y ponerme a organizar la “logística” necesaria… Ir a comprar las cosas para la cena, cocinar, ducharme, depilarme, lavarme el pelo, alisármelo, maquillarme, ordenar un poco mi eternamente desastrosa casa y un par de cosillas más que se me escapan. Vale, no es que el pijo me quitara el sueño, pero tampoco me apetecía recibirlo en una pocilga, con el pelo pegoteado y las piernas más peludas que King Kong. Así que me puse el turbo y conseguí terminar con todo unos minutos antes de que llegara. Escenario perfecto…  ¿guión perfecto? Mmm, va a ser que no.

– “Hola, no quedaba vino en el supermercado así que no traje ninguno. Qué bien huele”.

(¡Yaaaa!)

De la cena recuerdo poco, alguna conversación insustancial y unos cuantos comentarios obligados y poco entusiastas sobre lo rico que estaba todo. Nada más terminar, se puso de pie y me preguntó si podíamos ir a la habitación. “Vaya –pensé-, viene con ganas. Tal vez la cosa promete más de lo que pensaba”.

Al entrar se sentó en la cama y se bajó los pantalones. Y aunque no suelo tener problemas con la ausencia de preámbulos (tampoco con que los haya obviamente, en la variedad está el gusto, pero a quién no le apetece un “aquí te pillo aquí te mato” de vez en cuando) me pareció raro que fuera tan directo al grano, ya que no se lo veía derrochando pasión precisamente.

– Me muero de ganas de que me la comas un ratito.
– Mmm, yo encantada.

No habían pasado ni dos minutos cuando, sin ningún tipo de aviso previo, sentí cómo se corría en mi cara. “Vale, la delicadeza tampoco se encontraba entre sus virtudes, pero dispuesta a ver el vaso medio lleno, pensé que al menos, si ya se había corrido una vez, iba a durar un poquito más que en el encuentro anterior… ¡o al menos un poquito más de dos minutos!

Pues no. Ante mi sorpresa (actualmente me sorprendo de haberme sorprendido, dados los antecedentes del caso) el tío se subió los pantalones y me dio un rápido beso en los labios.

– Me tengo que ir.
– ¿Estás de coña?
– No, ¿por qué?
– ¡Cómo te vas a ir ahora!
– Lo siento, tengo cosas que hacer.
– Pero tío, ¿me vas a dejar así? Si ni siquiera me he sacado la ropa.
– Bueno, así no te la tienes que volver a poner, menos trabajo para ti.
– Menos trabajo… pero tú… qué coño…
– No te enojes tontita, si es broma. Ya te lo compenso otro día.
– ¿Otro día? (¿ME ESTÁS TOMANDO EL PELO?)
– Ay tía, no des el coñazo. Además, la culpa es tuya
– ¿Perdón?
– O sea, si te comes la polla como si fueras una puta…
– ¡¡¡DESAPARECE DE MI CASA!!!
– Anda, no te cabrees, si es un cumplido. Te llamo, ¿vale?

Nunca me llamó, obvio, aunque a esas alturas tampoco es que lo estuviera esperando, y mucho menos deseando. Es que ni colgarle el teléfono me motivaba. Un par de años más tarde me llegó a la bandeja de entrada una postal de navidad, de esas sumamente horteras con estampa nevada y frase motivacional, dentro de un correo masivo. El mensaje decía algo así como “para mis queridos amigos, mis mejores deseos este año y siempre”. No pude evitar la tentación de responderle, aunque me obligué a ser breve: “Tío, al menos bórrame de tu lista de contactos”. La respuesta llegó en seguida, tan surrealista como él:

“Te incluí a propósito, porque te considero una amiga y te tengo aprecio, pero si vas a estar en esa parada, tú misma, te borro de la lista. De todas maneras te deseo una feliz navidad, aunque tú no me la desees a mí.
Un abrazo apretado
PD: El rencor no es bueno, no te hace bien…”

WTF!!!!!

En fin…

Sexo con el pijo (I)

Image: 'Un dia como una catedral' http://www.flickr.com/photos/56153908@N00/5164898168 Found on flickrcc.netAlto, atlético, guapo, perfumado. Sonriente, aunque con un leve rictus de asco. Jersey de rombitos, camisa dentro del pantalón y mocasines de cuero. Peinado perfecto. Madrileño y pijo hasta la médula…

Seguro que muchas (y muchos) tendréis al menos un pijo o pija auténticos en vuestro currículum.  El mío me “llegó” en un viaje de curro, para ser más exactos arriba de un avión… pese a que puedo imaginar pocos escenarios menos estimulantes para mi libido. Me dejé llevar por la novedad, supongo. Como era un vuelo chárter podíamos elegir libremente los asientos, y lo primero que me llamó la atención de él fue que me eligiera precisamente a mí como compañera de viaje. O sea, no había que ser demasiado observador para darse cuenta de que no teníamos nada que ver, por más que yo fuera disfrazada de persona seria y laboral.

Pero ahí estaba, al lado mío y con el diario descansando sobre las rodillas.

Total, que después de las frases introductorias de rigor nos pusimos a hablar de libros –tal vez no seamos taaan distintos después de todo, llegué a pensar- y me comentó que el fin de semana era la Feria del Libro en el Retiro, por si lo quería acompañar. Vale, me dije a mí misma, no hay que ser prejuiciosa. En una de esas no tiene la cabeza hueca y es buena persona. De cualquier manera, está bueno…

El paseo por el Parque del Retiro fue un poco soso y terminó en nada, pero yo seguía dispuesta a probar. A los pocos días me llamó para quedar y tomar unas copas (que pagué yo, por cierto, ya que oportunamente fue al baño después de pedir la cuenta) y al salir del bar decidió entrar en materia… aunque sin tirarse del todo a la piscina.

– ¿Qué haces ahora? ¿Quieres que te vaya a dejar a tu casa?
– Eeehhh… no sé, cómo veas – (mi nivel de motivación estaba en franco descenso).
– No, bueno, si quieres que te vaya a dejar te voy a dejar.
– Vale
– Bueno, mi casa está a dos cuadras de aquí.
– ¿Quieres mostrarme tu casa?
– No puedo, vivo con mis padres. Sólo te lo comentaba.
– Ah…
– ¿Vamos a la tuya?
– No puedo, vivo con mi hijo.
– Mmm… bueno, conozco un lugar súper chulo, y está cerca.
– ¿Ah sí? Eso suena interesante
– Sí, te va a gustar.

Tras unos minutos de conducción silenciosa el tío aparcó en un sitio eriazo, creo que por el barrio de Barajas.  ¿Perdón, qué, va en serio? Nooo, seguro que sólo ha parado por un ratito, me querrá decir algo, intentaba autoconvencerme. Hasta que lo vi reclinar su asiento y girarse hacia mí con cara de depredador.

– ¡Espera, qué haces! ¿Aquí?
– Cuál es el problema, si este sitio es tan bueno como cualquier otro. Venga, no te hagas la difícil, que sé que quieres…
– ¡Qué dices tío, que no tengo 15 años! Lo siento mucho pero no me apetece echar un polvo dentro de un coche, toda doblada, y para peor en medio de la nada.
– ¿Me estás hablando en serio?
– ¿Me estás hablando en serio tú?

Tras regalarme unos vistosos y muy poco adultos gestos de cabreo, encendió el motor. A esas alturas de la noche mis máximas expectativas eran que me fuera a dejar a mi casa y no me tirara un escupo en la cara, así que me quedé de lo más sorprendida cuando volvió a aparcar… en un hotel. Y aunque me soltó un “vamos” que más parecía un ladrido, aún así lo seguí. En parte porque no me apetecía quedarme tirada en un hotel perdido quién sabe dónde a las dos de la mañana, y en parte de viciosilla no más. O sea, ya estábamos allí, después de todo…

El polvo no fue de los peores que he tenido en mi vida, aunque como era de esperar el hombre no se prodigaba mucho con las manos (¡menos aún con la lengua!). Nada largo ni espectacular, pero al fin y al cabo ejercicio y ciertas cuotas de placer. Para bien y para mal, mi cuerpo es muy agradecido, así que no voy a decir que sufrí, o que sentí desagrado, al menos no en ese momento particular. Aunque me hubiera ahorrado el detalle del galán duchándose nada más acabada la “faena” (señal de alarma número… ¿cuánto? Ya perdí la cuenta).

Pero no terminó ahí la cosa. Al llegar el momento de pasar por recepción y pagar me quedó mirando en espera de que sacara mi billetera. Me hice la loca, ya que al fin y al cabo la idea había sido suya y ni siquiera me había preguntado, lo que implicó nuevos bufidos y caras raras, acompañados de la frase “el próximo lo pagas tú”.

Mmm, ¿perdón? ¿QUÉ PRÓXIMO?

(Pues sí, hubo próximo… por decirlo de alguna manera. Así de bobos somos a veces, hay alguna especie de placer masoquista en tropezar más de una vez con la misma piedra, no se me ocurre más explicación que esa. Pero esta historia ya se está eternizando, así que dejo en stand by la segunda parte. Para la próxima, jeje. Así voy creando suspense…)

Canciones para un polvo rico

spotifyHace poco, escuchando una canción en Spotify (en la humilde versión gratuita) me saltó una publi informado que, a partir de ahora, se podían compartir listas de reproducción en los blogs. Siempre presta a buscar temas distintos y formatos novedosos para compartir con vosotros, me puse manos a la obra, y tras no pocas dudas y esfuerzos, terminé creando una lista compuesta por algunas de mis canciones favoritas para un polvo rico. “Ainsss” – pensaba yo para mis adentros – “qué guay se va a ver esto en mi blog, qué progre y modernilla soy”… Mmmm…

La cosa es que nunca me enteré de cómo compartir la dichosa lista, no encontré botoncito, aplicación o pestaña de ayuda que me permitiera avanzar en mis frustradas maniobras y perdí valioso tiempo que podría haber invertido en un post más denso. Tampoco me fue mejor en mis intentos por compartir las canciones en la fanpage de Facebook, desaparecían algunas canciones y me hice un lío fraccionando la lista. Pero bueno, como lo de llorar sobre la leche derramada no suele servir de mucho, y como soy por lo general una persona práctica, os dejo un poco estiloso pantallazo, de esos “de toda la vida” para que podáis ver la selección final (le falta la última canción, Haunt Me de Sade, que viene de perlas para el “post-polvo”), junto con el link más decente de los que pude generar, por si hay algún interesado…

http://open.spotify.com/user/1174169745/playlist/2D6KfA1q2ZffwjbUVxsDPc

Ah, y aunque está de más decirlo, obviamente faltan muchas canciones en la lista, que está esperando ser engordada con vuestras sugerencias 😉