Mi vecina la gritona

gato enojadoLa primera vez que la oí no fui capaz de darme cuenta de que eso que oía eran los gritos de una mujer gozando. Era tal la ausencia de contención, tan profunda su estridencia, que lo primero que pensé fue que alguien estaba apaleando a un gato a escasos metros de mi ventana. Porque realmente parecía un gato -al límite de algo, luchando con uñas y dientes por defender alguna de sus siete vidas-, a tal punto que decidí vestirme para intentar averiguar cuál de mis desalmados vecinos se dedicaba a torturar animales indefensos a las dos de la mañana. Recuerdo que estaba en la cama con mi novio de aquella época, en medio de un polvo insípido que interrumpimos sin mayor drama, y que estuvimos un rato discutiendo sobre la conveniencia o no de buscarse líos con los vecinos cuando un sonido nuevo, contundente como un trueno, nos saco de nuestro error: El inconfundible sonido de un hombre eyaculando.

Después de esa primera vez hubo muchas, muchas otras. Casi todos los días de hecho, y al festín de aullidos y ruidos guturales se fueron sumando carreritas por pasillos y habitaciones, movimientos de muebles y risas post coito. Pasaban los meses, cambiaban los amantes (lo sabíamos porque hubo algunos más ruidosos que otros) y yo me debatía entre la admiración y la envidia por lo bien que se lo pasaba mi vecina de arriba.

Un día que salí a colgar ropa en mi balcón vi que del piso de arriba se había caído una maceta con una planta. La planta, aunque maltratada, había sobrevivido, así que  me apresuré en subir a devolvérsela, más por curiosidad que de buena samaritana, ya que me moría por conocer a ese personaje que en mis fantasías me imaginaba como una Sofía Vergara despampanante y envuelta en plumas, permanentemente hambrienta de sexo.
vecina
Cuento corto, la persona que me abrió la puerta era una mujer cuarentona (algo que para mí, con mis veinte años recién cumplidos en aquel entonces, era prácticamente equivalente a ser una anciana sexual), gordita, con el pelo mal teñido, unos vaqueros horribles y chanclas de goma. “No puede ser ella”, pensé, aunque tampoco era probable que tuviera una hija que se dedicara a chillar impunemente con su madre en la otra habitación. Pero toda su cara sonreía. Y cuando habló para darme las gracias me di cuenta de que sí, que tenía delante de mí a la responsable de tantos desvelos “voyeristas”. Su tono y su risa eran inconfundibles.

Más de una vez he leído en revistas y páginas de Internet que las mujeres hacen ruido durante el sexo para complacer a los hombres, que no es un ruido que se haga de forma natural. Y no me refiero sólo a aquellos casos en que la chica no se lo está pasando bien y echa mano de gemidos varios para apurar el trámite, hablo en general. De hecho, he encontrado un par de artículos que aluden a estudios científicos en los que se postula la intencionalidad de los sonidos sexuales de las mujeres. El científico Gayle Brewer, autor de uno de estos análisis, asegura que “el  momento  exacto  del  orgasmo  está  disociado  con  los  jadeos,  lo  que  indica  que  los  gemidos  se realizan  bajo  un  control  consciente de los mismos”.

Es verdad que cuando estoy sola y me masturbo casi nunca hago ruido. Sin embargo la primera vez que conseguí tener un orgasmo, después de un largo y frustrante proceso de búsqueda, fue tal su intensidad que recuerdo que vino acompañado de una explosión de jadeos y gemidos que yo no había puesto ahí, al menos no conscientemente. Y no tenía a nadie al lado mío quien impresionar en todo caso.

Tengo otro recuerdo que viene a poner en duda la rotundidad de los mencionados estudios. Es un poco más reciente, aunque igual han pasado algunos años. Fue después de una fiesta, una de esas espectaculares y apoteósicas que nunca se olvidan, sobre todo porque con el tiempo la prudencia aconseja espaciarlas cada vez más, por no decir abandonarlas. Yo estaba con un amigo y los dos habíamos tomado éxtasis en cantidades considerables, así que una vez que llegamos a casa nos pusimos a hacer lo mejor que se puede hacer en esos casos: follar. No voy a hablar aquí de lo espectacular que estuvo ese polvo (nada más lejos de mi intención que hacer apología a las drogas, a mí me han pasado alguna factura) pero sí de su final. Nunca había sentido tan fuerte la sensación de no ser yo la que estaba ahí, de entregarme de brazos abiertos a ese total abandono. Y nunca habían subido, ni volvieron a subir, semejantes sonidos por mi garganta. Sonidos animales, libres, rugidos vibrantes que retumbaban en mi sangre, que despertaban y sacudían todos mis órganos. Sonidos que no eran míos pero lo eran, y que no estaban ahí para complacer a nadie, sino que surgían de lo más profundo de mi propio placer.

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35 pensamientos en “Mi vecina la gritona

    • Me alegro que te gustara mi estimado “Diez” 🙂
      (Con vosotros nunca estoy segura de con quien estoy hablando, jeje, aunque esta vez entiendo que con la “mitad masculina”, por lo de sentirte identificado)
      Y veo que habéis subido un nuevo post, por fin. Lo voy a leer ahora mismo!

  1. genial, me requeteencantan las historias. Dos reflexiones me surgen, la primera es que la mayor parte de los eruditos que escrien teorias sobre sexo son personajes aburguesados que en muchos casos han sustituido el placer de la buena mesa por el de la buena cama, sin tener nada en contra de la buena mesa opino que debería dedicarse la mayoria de ellos a critica gastronomica y cata de puros. Por otro lado sobre los gritos, yo no me considero especialmente ruidoso, aunque a veces me surge un sonido del abdomen, entonces nunca me he reprimido en permitrirle brotar, asi mismo a veces me surge un aullido tarzaniano al despertar, curiosamente cuando duermo en el bosque, cosa habitual con mi estilo de vida y me masturbo siempre me surgen sonidos desde el abdomen, y en casa nunca me ha ocurrido. aunque me considero una persona espontanea es evidente que el entorno y el amante y el como nos encontramos produce una suerte de programacion interna con resultados inesperados, probablemente subcosncientes, es posible que haya quien grite para aumentar el deseo de su pareja, puede que subconscientemente como me pasa a mi, y puede que lo haga para correrse mas a gusto, he percibido que el momento en el que mas gozan mis amantes y el momento en el que mas gozo yo suele ser el mismo. Dicho de otra manera me pone a mil ver a mis amantes a mil y por tanto suelo adaptarme aunque sea subconscientemente a sus gustos.
    una ultima reflexion sobre los eruditos del sexo, esto sera un topicazo, pero siempre que oigo a un experto hablar de sexualidad como si tuviera todas las llaves en la mano me pregunto, este o esta follaran de puta madre, francamente sus expresiones, gestos y miradas suelen sugerir lo contrario. Bravo Ava! metele mas chicha a la brasa. Besazos

    • Uau! Decir que eres un aporte a mi blog es quedarme corta!!! Y además das en el clavo con lo de los “eruditos”… si bien es cierto que me resulta muy interesante leer determinados estudios y enterarme de la profunda -y sumergida- relación que existe entre ‘ciencia’ y sexo (por ejemplo, lo de la información genética que entregamos en un beso a través de la saliva), muchas veces no son más que charlatanería y lugares comunes, o en cualquier caso una arista más del tema, en ningún caso una puerta para alcanzar su esencia… Y en cuanto a los gritos, alguna vez (picada precisamente por las lecturas que postulan su “falsedad”) he intentado la vía del silencio absoluto, sólo por curiosidad, para ver de qué iba el rollo, pero me fue imposible. Incluso en situaciones en las que el silencio es requisito (por ejemplo un polvo clandestino, en un lugar público, con tu abuelita en la habitación del lado, etc) me resulta altamente desafiante mantener la boca cerrada, y siempre con un componente de sacrificio, en plan “joder, quiero poder gritar a gustito!”. Por lo mismo, creo que si bien es factible que en muchos casos el ruido sea algo que hagamos para agradar o para comunicarnos con nuestra pareja de turno, no me parece que sea algo consciente, planificado, si no más bien subconsciente. O dicho de otra manera, un acto más dirigido por nuestros instintos que por nuestra mente.

  2. Y un ultimo comentario sobre el final del post. He tenido polvos parecidos a lo que describes, y si sin duda, cuandoi se apaga la conciencia y surge el animal-humano, primitivo y el sexo es ancestral, se apagan las velas, los pre-programas, -los pensamientos que si se hace un esfuerzo al recordar algunos buenos pero no magnificos polvos, estaban ahi, en nuestra conciencia, dando por culo y no de forma positiva. Como decia he echado polvos con presencia y sin conciencia y en estos siempre he gemido, gritado, y como una vez me dijo una pendeja: – A mi me gustan los hombres que gruñen no los que gimen! Pendejadas aparte, yo esta veces que he sido ancestral he Bramado como el viento en las grandes montañas!

  3. Como decía el bueno de sir Humphrey Appleby: “con estadísticas lo puedes probar todo”. Por cierto, dejando de lado las drogas, tendría que haber una segunda parte de esta entrada en la que aclararas si, sin estar bajo el efecto de las mismas, eres tan sonora.

    Ah, mi alma indiscreta…

    • No, no lo soy. No obstante, como decía en un comentario anterior, al mismo tiempo me resulta imposible mantener la boca cerrada del todo, incluso cuando la situación lo amerita. Ahora, el rollo de entrar en trance peli-porno y ponerse a gemir a lo bestia para “agilizar la causa” no es lo mío, yo entro más bien en una espiral introvertida, aunque me atrevería a decir q no existe mujer sexualmente activa que alguna vez no haya caído en la trampa…

      • Bueno, tampoco es cuestión de ser pornográficamente sonora, sino aváticamente resonante… Tengo que confesar que yo también soy silencioso en esos menesteres, por razones varias dependiendo de la ocasión. Es curioso, pero los gemidos muy ruidosos no suelen “agilizar la causa”, sino todo lo contrario. No sería la primera vez en que acabo, muerto de risa, diciendo “para, para, que no puedo…”. Soy así de burro, me temo.

        • Es cuestión de ser como salga en el momento!!! Creo q los gemidos ruidosos, y hasta los muy ruidosos, pueden tener una tremenda carga erótica, ser bellos incluso, siempre y cuando surjan del cuerpo y no de la cabeza. Uf, no creo q en una situación así entre la risa, mi amigo. Yo al menos, me derrito… 😉

  4. Pingback: Cumpleaños feliz, me deseo yo a mí… | Ava y el sexo

  5. 3 cosas: 1) La belleza no tiene porque estar relacionada con el sexo. El propio Casanova escribió que las mujeres menos agraciadas eran las que mejor follaban. 2) La mayoría de estudios sexológicos concluyen que los gemidos son muy importantes para la excitación masculina. En mi caso, si la chica no gime, Pancho se muere rapidito. 3) Las drogas no pueden competir con el sexo. Ganan por goleada. Me sorprende que hayas podido follado bien, pero claro, si estabas a 150% habría que ver si sólo era una amplificación artificial de las emociones. Eso también explica porque hay tantas cocainómas en el porno. Cualquier droga maníaca amplificará los orgasmos, pero ya sabemos las consecuencias de jugar con esa porquería tan rica.

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