Los silencios del deseo

Cuando no tengo sexo algo en mImage: 'untitled'. De flickrcc.net. http://www.flickr.com/photos/31929257@N00/288236148í se pervierte. Se me estanca la energía, y al no circular, yo no circulo. Me quedo pegada en mi propio deseo, chapoteando en él noche tras noche, y de día sobrevuelo la vida con mis alas de mosca. Por encima, sin entrar del todo, porque nada me penetra, salvo el ruido destemplado de mi deseo. Y mis cosquillas cotidianas ya no sonríen ni soplan en mi carne invitándome a jugar; muerden, urgen, se alimentan de donde no hay, siempre pidiendo más. Y yo siendo cada día un poco menos, ni raíz ni divina.

Eso pasa a veces. Otras veces es la vida la que atrapa, y el deseo no se vomita sino que se vuelve ingrávido, translúcido, y aprovecha de esconderse en su rincón. El rincón del castigado –no hables, no te muevas, intenta no existir para ser redimido–, de donde conseguí sacarlo un día, hace ya muchos años. Entonces lo dejo estar ahí, brevemente en off, porque su ausencia puede ser un bálsamo, porque es tanto lo que se siente que no puedo permitirme sentirlo a él. A mis pies caen otras cosas, se retuercen otros peces, y mis brazos ocupados bajan a la tierra para tantear lo que escupe el cielo, y viene un día, y luego otro, y luego otro… todos distintos, un único tempo.

No hay mucho que contar en esos días, precisamente en esos días. No es momento aún de recoger. Aunque no tener mucho que contar ya es contar algo. Y cargarlo de silencios densos. ¿Por qué no se tiene más? ¿Cuánto pesa el menos? ¿Cuánto dura la noche? ¿Cuánto tiempo queda? ¿Cuánto tiempo útil queda? ¿Dónde están las tumbas de tanto muerto?

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6 pensamientos en “Los silencios del deseo

  1. Esta es una prueba (más) de que casi nunca el sexo es “sólo sexo”. Estamos muy limitados por nuestros sentidos: que no podamos ver algo no significa que ese algo no exista. La energía no se ve pero puede sentirse: puede revivir la piel que ha estado mucho tiempo a la sombra, seca, sin el contacto de otro ser humano. La mayoría de las veces el sexo no es más que un medio: el placer del alma también cuenta: es esa parte la que tiene hambre, la que tiene sed.
    Y sí, increiblemente bien escrito.

  2. A veces, cuando paso tiempo sin sexo me siento como un lobo hambriento, la verdad. Veo “comida” y me “rugen las tripas”, pero, como soy un lobo domesticado y un poco gourmet, no devoro todo lo que veo a mi paso. .
    Jack.

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