Las fronteras de la carne

Tengo el cuerpo triste. Tiene hambre, pero no hay alimento para él. Es pura abertura, palpitante y viva, aspirando un bálsamo que no lo ha de calmar. Me duele todo mi abajo, tanto que lloro por los ojos. Me duelen mis vacíos, mis cavidades viudas, los retazos de ningún cuadro, ese fornicio de las energías que empieza y acaba en un destello, sin entrar, sin salir ni explotar. Esos roces vestidos de casuales, esas corrientes abortadas, cuyo destino final es la tumba.

No pongas un continente entre nosotros. En el mundo sobran las fronteras.archivo

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