Cuerpos imperfectos

Image: 'impossible standards'. http://www.flickr.com/photos/21979897@N00/2211304018

No tengo pesa. Para qué voy a gastar dinero en algo que tan pocas alegrías suele reportar, y que con nula generosidad, amenaza permanentemente con amargarme la vida. Prefiero no saber. No tengo la relación más sana del mundo con mi cuerpo, mentiría si dijera que lo amo con locura, pero al menos evito enrollarme mucho con el tema, y hago todo lo posible por impedir que algo que debiera ser un templo del placer –tendrán que perdonarme lo “Paulo Coelho” del término, pero es que eso es realmente- se termine convirtiendo en un obstáculo para el disfrute. O sea, todo mal si el tema del cuerpo es el encargado de enfriar los ambientes en vez de servirnos (y ser servido) como la maravillosa herramienta que es.

Como decía, soy más bien del montón en relación al tema corporal, y a veces, muchas más de las que quisiera, le tiro mala onda mental a alguna parte de mi anatomía. Reconciliarme con la maltratada zona (la de turno) suele ser un trabajo arduo más que un acto natural… porque para qué andamos con cosas, lo natural es amar la belleza, la armonía, y lo cultural nos dice que eso se encuentra en las carnes prietas y las fibras lustrosas. A todos nos gusta un cuerpo bien formado.

Sin embargo, aún teniendo la suerte de compartir cama –o trecho- con un Adonis de esos esculpidos a mano (en general, digo, no es que en estos momentos tenga a uno escondido entre las sábanas), siempre se le puede encontrar alguna imperfección, una pifia o “yayita” de la que agarrarse, ya sea un dedo medio torcido, un juanete, un diente más oscuro o un espantoso pelo grueso que sale de donde no debiera. Todo sirve, personalmente me encanta encontrarme con esos pequeños hallazgos. Pero no se trata de activar el tan humano mecanismo de tratar de sentirme yo más con sus menos; es mucho más simple que eso:  Cuando estoy con alguien a quien quiero, o que me interesa y atrae en más de un nivel –me estoy haciendo “adulta” supongo, ya no me vale sólo con el buen polvo- esas partes se vuelven rincones especiales de su cuerpo, sitios que llego a querer también, o por los que llego a sentir interés y atracción. Hay un viaje ahí, y es fascinante. De alguna manera me abro a lo que amo o me gusta de esos rincones, y ahí está esa conversación post coito nacida junto a unas caricias en una quemadura, o esos mensajes únicos que se dibujan cariñosamente con las yemas de los dedos sobre unas estrías y siguen por una curva imperfecta… y entonces siento un aire de sabor dulce, como exhalado por miles de pequeños besos ligeros, que embellece y transforma esas cicatrices de la existencia que ya son únicas. Las suyas y las mías.

(Eso sí, me van a perdonar… un tío con dos pollas -por mucho que a nivel de fantasía sea la ostia!- o alguna otra rareza por el estilo, ya es un poquito too much para mí. Y tampoco puedo con los que tienen caspa. O mal aliento. Al fin y al cabo, todos tenemos nuestros dealbreakers…)

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Los silencios del deseo

Cuando no tengo sexo algo en mImage: 'untitled'. De flickrcc.net. http://www.flickr.com/photos/31929257@N00/288236148í se pervierte. Se me estanca la energía, y al no circular, yo no circulo. Me quedo pegada en mi propio deseo, chapoteando en él noche tras noche, y de día sobrevuelo la vida con mis alas de mosca. Por encima, sin entrar del todo, porque nada me penetra, salvo el ruido destemplado de mi deseo. Y mis cosquillas cotidianas ya no sonríen ni soplan en mi carne invitándome a jugar; muerden, urgen, se alimentan de donde no hay, siempre pidiendo más. Y yo siendo cada día un poco menos, ni raíz ni divina.

Eso pasa a veces. Otras veces es la vida la que atrapa, y el deseo no se vomita sino que se vuelve ingrávido, translúcido, y aprovecha de esconderse en su rincón. El rincón del castigado –no hables, no te muevas, intenta no existir para ser redimido–, de donde conseguí sacarlo un día, hace ya muchos años. Entonces lo dejo estar ahí, brevemente en off, porque su ausencia puede ser un bálsamo, porque es tanto lo que se siente que no puedo permitirme sentirlo a él. A mis pies caen otras cosas, se retuercen otros peces, y mis brazos ocupados bajan a la tierra para tantear lo que escupe el cielo, y viene un día, y luego otro, y luego otro… todos distintos, un único tempo.

No hay mucho que contar en esos días, precisamente en esos días. No es momento aún de recoger. Aunque no tener mucho que contar ya es contar algo. Y cargarlo de silencios densos. ¿Por qué no se tiene más? ¿Cuánto pesa el menos? ¿Cuánto dura la noche? ¿Cuánto tiempo queda? ¿Cuánto tiempo útil queda? ¿Dónde están las tumbas de tanto muerto?

Gonzalo -el “Gózalo”- Rojas

Sumergida en medio de una vorágine existencial casi asexuada (no del todo, afortunadamente!), con escaso tiempo ahora mismo para compartir con vosotros, os dejo a modo de “tentempié” mis poemas favoritos de Gonzalo Rojas, a su vez mi poeta más acariciado… Sé que huele un pelín a estafa, pero saboread estos versos y decidme si no ha valido la pena entrar en él. Ádemás, sólo será cosa de unos pocos días más. Ya os extraño! 😉

Por Pontificia Universidad Católica de Chile from Santiago, Chile (Más de ochenta poetas se reúnen en la UC) [CC-BY-SA-2.0] [http://commons.wikimedia.org/wiki/File%3AGonzalo_Rojas_-_PUC.jpg]

A unas muchachas que hacen eso en lo oscuro

Bésense en la boca, lésbicas
baudelerianas, árdanse, aliméntense
o no por el tacto rubio de los pelos, largo
a largo el hueso gozoso, vívanse
la una a la otra en la sábana
perversa,
y
áureas y serpientes ríanse
del vicio en el
encantamiento flexible, total
está lloviendo peste por todas partes de una costa
a otra de la Especie, torrencial
el semen ciego en su granizo mortuorio
del Este lúgubre
al Oeste, a juzgar
por el sonido y la furia del
espectáculo.
Así,
equívocas doncellas, húndanse, acéitense
locas de alto a bajo, jueguen
a eso, ábranse al abismo, ciérrense
como dos grandes orquídeas, diástole y sístole
de un mismo espejo.
De ustedes
se dirá que amaron la trizadura.
Nadie va a hablar de belleza.

¿Qué se ama cuando se ama?

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en particular fugaces
de eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

El fornicio

Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara,
mi vergonzosa, en esos muslos
de individua blanca, tacara esos pies
para otro vuelo más aire que ese aire
felino de tu fragancia, te dijera española
mía, francesa mía, inglesa, ragazza,
nórdica boreal, espuma
de la diáspora del Génesis… ¿Qué más
te dijera por dentro?
¿griega,
mi egipcia, romana
por el mármol?
¿fenicia,
cartaginesa, o loca, locamente andaluza
en el arco de morir
con todos los pétalos abiertos,
tensa
la cítara de Dios, en la danza
del fornicio?

Te oyera aullar,
te fuera mordiendo hasta las últimas
amapolas, mi posesa, te todavía
enloqueciera allí, en el frescor
ciego, te nadara
en la inmensidad
insaciable de la lascivia,
riera
frenético el frenesí con tus dientes, me
arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo
de otra pureza, oyera cantar las esferas
estallantes como Pitágoras,
te lamiera,
te olfateara como el león
a su leona,
para el sol,
fálicamente mía,
¡te amara!

Las hermosas

Eléctricas, desnudas en el mármol ardiente  que pasa de la piel a los vestidos,
turgentes, desafiantes, rápida la marea,
pisan el mundo, pisan la estrella de la suerte con sus finos tacones
y germinan, germinan como plantas silvestres en la calle,
y echan su aroma duro verdemente.

Cálidas impalpables del verano que zumba carnicero. Ni rosas
ni arcángeles: muchachas del país, adivinas
del hombre, y algo más que el calor centelleante,
algo más, algo más que estas ramas flexibles
que saben lo que saben como sabe la tierra.

Tan livianas, tan hondas, tan certeras las suaves. Cacería
de ojos azules y otras llamaradas urgentes en el baile
de las calles veloces. Hembras, hembras
en el oleaje ronco donde echamos las redes de los cinco sentidos
para sacar apenas el beso de la espuma.

Oscuridad hermosa

Anoche te he tocado y te he sentido
sin que mi mano huyera más allá de mi mano,
sin que mi cuerpo huyera, ni mi oído:
de un modo casi humano
te he sentido.

Palpitante,
no sé si como sangre o como nube
errante,
por mi casa, en puntillas, oscuridad que sube,
oscuridad que baja, corriste, centelleante.

Corriste por mi casa de madera
sus ventanas abriste
y te sentí latir la noche entera,
hija de los abismos, silenciosa,
guerrera, tan terrible, tan hermosa
que todo cuanto existe,
para mí, sin tu llama, no existiera.

Las fronteras de la carne

Tengo el cuerpo triste. Tiene hambre, pero no hay alimento para él. Es pura abertura, palpitante y viva, aspirando un bálsamo que no lo ha de calmar. Me duele todo mi abajo, tanto que lloro por los ojos. Me duelen mis vacíos, mis cavidades viudas, los retazos de ningún cuadro, ese fornicio de las energías que empieza y acaba en un destello, sin entrar, sin salir ni explotar. Esos roces vestidos de casuales, esas corrientes abortadas, cuyo destino final es la tumba.

No pongas un continente entre nosotros. En el mundo sobran las fronteras.archivo

El post que os estaba debiendo… Ava y el sexo!

Tendría que haber sido éste mi primer post, pero no lo fue, porque me apetecía hablar de mi sobri. Y después se me atragantaron las ganas de hablar de la peli, dejándome fuera, en el atragantamiento, aspectos esenciales de ella, como el tema de los límites en las relaciones, si acaso está todo permitido en la cama cuando hay consentimiento mutuo y hasta dónde sería uno capaz de traspasar dichos límites por amor… Sorry for that! Mi entusiasmo inicial me lleva a escribir “en caliente”, sin borrador y sin reposar mis palabras o darles la oportunidad de cristalizar en ideas más densas e imágenes mejor logradas. Y por otra parte, siento que tengo el puño algo “enmohecido” aún, no sólo en esto de bloguear, sino en lo que respecta a la escritura creativa en general. Pero todo a su tiempo…

La cosa es que ha llegado el momento de hacer mi declaración de intenciones. Es decir, por qué coño estoy escribiendo este blog y qué pretendo con él. Como ya he dicho, y además es bastante obvio, el sexo me encanta, soy una fan empedernida, una groupie del “mete-saca”. Es saludable, ayuda a la estética, es gratis y no cuesta tanto protegerse y evitar sus peligros, sin contar con que es delicioso. Pero además me encanta hablar sobre él, aprender cosas nuevas, escuchar relatos y experiencias ajenas, contar las mías, leer, mirar, compartir. Y mis amigos dicen que se me da bien, que les gusta conversar conmigo del tema, que me sale natural. Porque no soy ni me creo una experta, aunque sí una interesada perpetua. Tengo más preguntas que respuestas al respecto, sin contar con que he tenido muchas experiencias fallidas y polvos sin orgasmos como para osar considerarme una eminencia, y además qué cuernos es ser una eminencia en semejantes y pegajosas aguas, me pregunto yo. Pero sí me creo una curranta en buscar a mi “yo gozosa” y en esto de la liberación de las ataduras (a paso de  hormiguita a veces, pero de hormiguita laboriosa al fin y al cabo) y una convencida de que relajarse, cuidarse y hacerlo sólo si uno quiere es  todo, todísimo lo que se necesita.

Cinéfila a muerte pero poco propensa al porno –no me desagrada ni nada parecido si la chica se ve a gusto, y la verdad es que suele cumplir su función primordial, pero por lo general me “chirría” tanta falta de naturalidad- creo que las películas deberían tener muchas más escenas de sexo cuando te narran la historia de una pareja. Y obviamente no me refiero al sexo chupi-guay de cuerpos iluminados y movimientos de sincronía perfecta, ni a un compendio de escenas innecesarias para vender más tickets. Me refiero al sexo que nos habla de las personas que hay detrás, y que nos permite verlas en una dimensión que suele permanecer oculta, pero que resulta primordial, que es inherente al ser humano y que por lo tanto lo enriquece (enriqueciendo asimismo el conocimiento que tenemos de los demás y, con ello, las posibilidades de “conectar” entre nosotros).

Creo también que mucha gente lo pasa mal en la cama, y eso es algo terrible. Gente que sufre y se complica con el sexo hasta el punto de volverse una actividad tortuosa. Hay tantos tabúes, ideas equivocadas, elementos asociados que no deberían estar ahí y malos entendidos que cuesta muy poco convertir algo que es una fiesta en un funeral. La sensación no me es ajena, i’ve been there… De hecho, a mayor o menor escala, dudo mucho que le sea ajena a cualquiera que me esté leyendo. Y estoy convencida de que hablar y compartir ayuda mucho más de lo que parece; a veces simplemente el reconocernos en otra experiencia  la aliviana, y otras veces abrirnos a experiencias que nos son ajenas nos regalan perspectiva. Nada me alegraría más que tener feedback en este blog, que discutáis cosas y generéis preguntas, que expreséis vuestro desacuerdo de ser el caso… ¡La invitación queda hecha! Por mi parte intentaré buscar temas interesantes para motivar. ¿Alguna idea?

Un culo para comer palomitas

Título: S&M Rechter (S&M Juez)
Año: 2009
País: Bélgica
sm rechter
Esta peli me la recomendó un amigo y me encantó. Primero que nada, porque es una historia de amor, y en el fondo soy una romántica perdida a la que le gusta mucho el sexo. Y como historia de amor es de las buenas, de las que sondean en las profundidades de las relaciones, la entrega y la sexualidad en una pareja. Nada de rascar en la superficie, va directo a la yugular. Y lo hace contándonos las experiencias de una pareja que hace rato dejó de ser joven, que no es particularmente atractiva y que responde perfectamente al cliché del triste polvo mensual, en la postura del misionero y sin excesivos entusiasmos. Pero Magda no es feliz y su marido, el juez Koen, descubrirá hasta donde es capaz de llegar por ella…

Más allá de que sea una peli basada en hechos reales, es real hasta su médula, y en su realismo es ferozmente sexual. El sexo no sólo se cuenta y se muestra; se palpa, se incrusta en los poros tal como lo vomita la pantalla, crudo y desnudo, como el olvido de uno mismo. Entra por la cabeza, por los ojos y por el estómago. Y detrás no se ven cámaras, sólo la vida.

Se me quedaron grabadas varias escenas, aunque una en particular logró escalar más alto en mi memoria, probablemente porque se nutrió tanto de la historia que me estaban contando como de la que yo le estoy contando al mundo. O dicho de otra manera, se terminó convirtiendo en experiencia propia. En la tele la pareja tiene sexo. Esta vez del convencional, en una cama y sin terceros mirando. Se trata de una especie de “premio” que recibe el juez, una vez que Magda ha podido satisfacer sus más oscuros instintos sadomaso y es capaz de disfrutar de un polvo tradicional sin sentir que la están acuchillando (pero no acuchillando rico, entiéndase). La cosa es que, con un primer plano del culo cincuentón de Magda, mi amigo Byron comenta algo parecido a “me encanta el culo de esa tía. Míralo, no es perfecto, tiene celulitis, tiene sus años. Pero es de verdad. Muy sexy”. Y entonces lo vi. Lo atractiva que era Magda, libre ya de sus ataduras, amiga de su cuerpo. Lo hermoso de ese juez barrigón y con nariz de patata, ese juez valiente que pone el amor por delante de cualquier cosa. Lo poderoso de la escena. Eros entre las sábanas, con sus regalos y sus exigencias. Con su propia belleza.

¿Más razones para ver esta joyita? Si te gustan los látigos, salen muchos, además de otros adminículos curiosísimos que pueden provocar encogimientos y dilatamientos de lo más interesantes. Aún así, la recomendaría para ver con palomitas y un buen amigo. Para otros menesteres probablemente funcione mejor una mínima dosis de “Hollywood”.

Lo siento, no conseguí el tráiler con subtis en español 😦