Conversaciones con Lucas I

Intento visualizarte tumbado en mi cama como tantas veces,

con la camiseta arremangada hacia arriba y la espalda demandando cariño.

Yo te tocaba con las yemas, para sentirte

y tú me pedías uñas.

Pero tu espalda es ahora ceniza envuelta en el beso eterno de la tierra,

carne y huesos renacidos en cristales grises

un recuerdo apenas

Y mi mano sigue siendo mi mano

dedos que tocan aire

que intentan dibujarte en el aire.

A veces vanos esfuerzos

Otras, un leve soplo capaz de contener tu propia y maravillosa levedad.

Tu único aroma.

Adiós

Amigos míos, gente que llegó a ser muy querida, muy especial para mi…

Esta es mi despedida definitiva de este blog. Siento en lo más hondo de mi alma triste que una etapa se cierra para mi, en la que ya no necesito exorcizar mis fantasmas a través de esta terapia-escape-juego megagrupal, que tantas alegrías (y quebraderos de cabeza!) me ha dado. Ahora mismo las únicas conexiones que busco y me sostienen son las de mis seres más queridos, y ya hay bastante dolor en esta existencia como para contribuir a más compartiendo con vosotros mis letras heridas.

Mi mundo es mío ahora, es una oscuridad que he de atravesar sola. Así está escrito, en el lenguaje insondable del universo.

Sólo les digo: amen, amen profundamente, con el alma abierta como una flor, sin miedo y con inocencia, desde las tripas y desde el hermoso silencio del alma. Con valor y generosidad. Con mucha generosidad. Para que nunca dejéis este mundo -porque siempre será demasiado pronto- arrepentidos de no haberos entregado lo suficiente. Hay saltos hermosos, que nos llevan a niveles más elevados de conciencia, y en todos ellos el motor único es el amor. No os permitáis perderos ese regalo de la vida.

Yo necesito reconstruirme, y para ello sólo ansío el abrazo de los míos, abrazos de carne que palpita, abrazos de vida.

He pensado mucho sobre si escribir esto. Pero de alguna manera siento que os lo debo. Que es consecuente con lo que estoy viviendo y lo que siento. El afecto, lo que uno importa e interesa al otro, se devuelve -y se multiplica- con afecto. Y por cibernéticas que hayan sido, llegué a establecer con muchos de vosotros relaciones genuinas. Así que me despido como siento que necesito hacerlo, con un adiós con sus cinco letras.

También he pensado mucho sobre si compartir las letras que siguen con vosotros. Pero algo en mi corazón me dice que no es impudicia, que es un regalo. Son las letras de un artista, de mi hermoso niño artista… y el arte pertenece al mundo de los vivos, así como los cuerpos a la madre tierra.

Abrazos profundos

Vero

Me muero

“Así como un rojo sol que se apaga
tu recuerdo se muere en mi memoria olvidada
y las muchas lágrimas que mi cuerpo derrama
quieren besar tu mejilla,
pero caen al suelo y se quedan clavadas

No me queda fuerza
y mis palabras están muertas ya,
así me llores como yo a ti te he llorado
nunca el tiempo podrá volver atrás

Yo,
que te he esperado
hasta el fin de los tiempos
me he cansado ya de respirar

Cuando ya no siga vivo
y mis palabras no existan más
como estúpido en un triste recuerdo
¿quién me recordará?”

(Yo te recordaré, hijito amado. Yo y tantas, tantísimas personas más que te quisieron tanto…)

Stand-bye!

hoja flotandoCuando era niña, no sé a qué edad exactamente pero creo que no pasaba de los seis años, tomé clases de natación en una especie de club jetsético–pueblerino para clase media del que mis padres eran socios.

No recuerdo mucho de piruetas y ejercicios (más bien, como mucho, en la actualidad consigo nadar unos cuantos minutos como sapo despaturrado), pero sí se me grabó en la piel la sensación que tuve esas primeras veces que conseguí flotar, con los ojos cerrados apuntando al cielo, sin que el dedo de la profesora me ofreciera soporte en un punto estratégico de mi espalda. Éramos sólo yo, el agua abrazando mi cuerpo diminuto, la oscuridad y ese extraño silencio acuático que parece regresar todos los sonidos a su origen, hacia la matriz. Había algo hermoso y feroz en esas ocasiones, algo profundamente amenazante y maravillosamente liberador al mismo tiempo.

Así siento la vida ahora mismo, como algo amenazante y frágil, pero a la vez liberador. Y esta liberación, que llega a través de montes escarpados y variopintos desafíos, tiene acaso una mayor densidad, una dimensión más compleja, más elevada que en otras ocasiones. Y yo no puedo seguir mirando para el lado, ni conformándome…

No soy de las que sueña con ser Frodo, pero si toca, toca.

charlie 3Eso sí, las batallas no suelen ser gratuitas. Ahora mismo que intento colocar a mis soldaditos en orden, sacarle brillo a las armas y poner en marcha nuevas estrategias y avanzadillas, no tengo tiempo ni energías para más. Y no quiero terminar superada, neurótica y sin pelo. Porque tengo mucho, muchísimo trabajo frente a mí, y un mínimo de vida que requiere ser vivida fuera de un asiento y una pantalla, y en el camino no estoy dispuesta a dejarme la paz, ni esta claridad que tantos momentos oscuros me ha costado.

O sea que esto que empezó tan bien montadito en realidad es un aviso. Me desaparezco por un tiempo. Un par de meses al menos. Y lo hago disculpándome de antemano, por esas visitas, mensajes y comentarios que me dejo sin contestar, y los que vendrán. Nada se irá al olvido, sólo descansarán en carbonita hasta que alcance prados más verdes y pueda apretar el botón de descongelar. O hasta que consiga dominar al mundo… Seguro que lo primero es un pelín más rápido!!

charlie 4Ojo, que no me voy ni me he aburrido del blog, os sigo queriendo y necesitando. De hecho, tengo más ganas que nunca de estar acá, de escribir para mí, para vosotros, precisamente ahora que me siento llena, fértil, creativa. Pero también prudente. Simplemente no es el momento de tirar de este ovillo, las cuentas no cuadran, toca elegir.

Mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor

Ajajaja, no, no era eso, pero suena tan bonito anyway!!!😀

Diálogos callejeros 6: Nada me queda bien

tienda-china-madrid.jpg2_Ella es una mulata de formas generosas y vientre plano. Un culo que le nace de la mitad de la espalda, como de dos manzanas abrazándose, y un cabello rizado y fecundo, negro como la noche, compensan unos rasgos un tanto toscos, de pómulos anchos y nariz gruesa. En conjunto es guapa, llamativa, una hembra portentosa entrando en la cuarentena con más piel que tela cubriendo sus entrañas. De cerca sin embargo pueden verse sus remiendos, y en sus ojos hastiados se adivinan los rincones más oscuros del mapa de su vida.

Él tiene una de esas pieles que enrojecen en verano y desalientan en invierno. Está ya en la edad en que oídos y fosas nasales comienzan a escupir pelos al exterior, como si ya no quisieran saber lo que hay dentro y al mismo tiempo fuera necesario taponar cualquier posible acceso. De cerca su cuerpo sigue siendo mudo, apenas el enigma de unos ojos pequeños y la insultante contundencia de una barriga- trofeo. De las que no se consiguen de un día para otro. De las que se llevan con orgullo.

El lugar: Asnaya, una de las tantas tiendas chinas que han conseguido hacerse un sitio en los barrios pijos de la ciudad con escaparates modernos e iluminados y cortes de telas que copian las colecciones de M&H o Sara. Salvo una viejecita que arrastra los pies y mira camisetas juveniles, ellos son los únicos clientes en el local.

La hora da igual; el día, cualquiera. Ayer, tal vez la semana pasada. Mañana…

Ella se dirige al probador. Él da unas cuantas vueltas, manosea unas cuantas prendas sin mirarlas y mira su reloj sin tocarlo. Saca el móvil. Lo guarda. Observa a la china que lo observa desde la caja. Suelta un bufido.

– ¿Te falta mucho?
– No
– Ya
– Que no, te digo. Dos vestidos más y estoy.
– Coño, ¿Qué tienes ahí dentro, la tienda completa?
– Es que nada me queda bien.
– Como no te va a quedar nada bien, con todo lo que te has probado. Joder, ya te vale.
– No sé, las tetas se me ven raras.
– Están como siempre.
– Son las formas, no están bien. Son malas.
– ¿Cómo malas?
– Queda raro, no me gusta.
– Yo te veo bien. ¿No es eso lo que importa?
– Pero a mí no me gusta.
– ¿Y el rojo? Ese te gustó.
– Te gustó a ti. Está mal cosido. Y engorda.
– ¿Y el que llevas puesto? No tiene nada de malo.
– Tú no tienes ni idea.
– Cómo te gusta tocar las pelotas. ¿Te vas a llevar algo o no?
– Te dije que fuéramos a otra tienda, ésta no está bien. Yo no quería venir acá.
– ¿A ver? ¿A cuál?
– A la de antes, no sé, a otra…
– Ya, a otra. Ya.
– ¿Qué quiere decir ese ya?
– Nada
– Ya, nada…

 

Letras de adiós a una polla

A veces debes conocer al otro realmente bien para darte cuenta de que sois dos extraños
(Mary Tyler Moore)

Mi estimado, maravilloso, jugoso montículo de pulsión y sangre:

Crédito imagen: http://surprosur.com/2011/06/23/penemania/

Ha llegado la hora de decir adiós
De expulsar su paraíso de mi caverna.

Mi deseo ya rezuma máculas
Ha comenzado una batalla
De ausentes, de triunfos vacíos
Silente
No declarada.

Y nosotros aquí, en medio de todo…
¡Cuánto desperdicio!

Mi querido miembro, hermoso, arrogante
A ratos carne de mi carne
Ahora apenas rascacielos sin habitante
Pálpito cuajado
Tronco sin tierra, camino bifurcado.

Yo quería, usted quería
Más el querer no hace verano
es necesario despedirse
Mi sed anhela otros lagos.

Conmigo me llevo su llenura
Su honestidad depredadora
Y las veces que me enredé entre sus hilos dorados
Hasta diría que lo he amado

Pero a esas manos que lo mueven…
Ay!
A esas, imposible.

Mi polla querida
Mi marioneta perfecta
Reciba un beso póstumo de estos labios simultáneos.

 

(Crédito imagen: http://surprosur.com/2011/06/23/penemania/)

Experiencia “Puf”

puf 1Sí, lo confieso, lo hice. Más que porque me gustara la idea en sí (decenas de reparos, tontos y menos tontos, venían a mi cabeza cada vez que me planteaba el tema), por mi emperramiento en beber de muchas aguas, en probar antes de decir no gracias, en coleccionar nuevas aventuras aunque de entrada parezcan algo surrealistas, frikis o incluso loosers.

Lo hice. Por curiosidad. Por aburrimiento. Por tener algo que contaros. Porque lo que suma no resta. Porque me aparecieron unos cuantos cheerleaders en el camino, encantados ante la posibilidad de vivir una nueva experiencia… vicaria, pero experiencia al fin y al cabo. Es curioso, todos te animan pero casi nadie lo ha hecho o piensa hacerlo.

Total, que me creé un perfil en una de esas páginas para conocer gente. Vamos a llamarla “Puf”, aunque el nombre no sea precisamente un alarde de imaginación. Pero como que da igual, porque la palabra le va como anillo al dedo. Puf entonces…

Mi experiencia en Puf duró menos de dos semanas, y todo ese tiempo se vio movilizada por ese potente motor que llamamos culpa. Culpable de hacerlo sin fe. Culpable de no contestar a todas las solicitudes, mensajes, toques, guiños, listas y noséquémases que iban proliferando como hongos en mi buzón de correo. Culpable de inventarme una excusa tonta para no salir a tomarme unas cañas con el gordito angustiosamente simpático de los catorce mensajes. Culpable de reírme de los que me escribían “hola presiosa” o “haber cuando quedamos”. Culpable de salir huyendo de una conversación cuando el tío me confesó que se sentía deprimido y solo y que hace tres años que no echaba un polvo porque nadie le paraba bola.

Nada como Puf para sentirte como una grandísima hija de puta. ¡Qué satisfacción garantizada ni que niño muerto! Maldad garantizada. Partiendo por la propia.

puf 3Es verdad que empecé con cero fe. No tanto en la fauna humana que me podía encontrar como en el sistema en sí, en entrar en un juego que se maneja con los códigos de un supermercado, en este caso de de kilos y alturas. Porque frente a ti no tienes personas sino tallas de ropa y colores de ojos, acompañados de unos cuantos datos a duras penas personales, jirones de información supuestamente valiosa del tipo “tienes coche” o “te gustan los niños”. Pero aún así le puse empeño. Ya sabéis, por eso de vivir las experiencias a cabalidad. Demasiado empeño diría yo…

La cosa es que a los cinco minutos tenía un aluvión de mensajes reclamando contestación. Algunos podréis pensar que las fotos tenían trampa, pero prometo que no. De hecho, descarté de entrada “las mejores”, porque no quería verme más radiante que en mi día promedio, igual como jamás usaría sujetadores con relleno y no cuento en mi colección con ningún “push-up”: Lo que hay es lo que ves, no quiero que nadie se sienta estafado a la hora de la verdad.

Habrá sido la intro entonces, porque esa sí que me la curré. Y así, con unas cuantas frases, aterricé en esa tierra de ilusiones y hambres contenidas como la más maja entre las majas. La más open mind. Densa pero ligera, sofisticada pero sin perder lo simple, cosmopolita pero accesible. Y por supuesto, con un infaltable toque de humor.

El problema es mantenerse a la altura de la imagen que uno tiene de sí mismo –la “ficha” en ese caso- más allá del buen rollo inicial y la declaración de intenciones. Lo cual parece fácil al principio. Pero claro, es como cuando participas en un reallity (a este paso pocos moriremos sin haber estado en uno). Empiezas mostrando lo mejor de ti y a los dos minutos ya estás arrancando ojos a diestra y siniestra y descuerando a tu ex mejor amigo con tu archirrival. La naturaleza humana, que tiene estas cosillas…

puf 4Tampoco es fácil en todo caso mantener una actitud abierta y querer ir a lo profundo del ser cuando un tío te manda una foto en zunga de leopardo o cuando otro aparece en su perfil muy sonriente con su mujer y sus hijos (¡historias reales!). Otras para la colección son: borracho en un garito, mostrando “tableta” al espejo del baño, abrazado a dos rubias tetonas, apuntando a la cámara con una pistola de juguete y con cara de suicidio inminente. Por no hablar de las fotos troceadas (ojos, pedazos de cara, pies sin dueño, una mano con una sonrisa dibujada…) y las directamente falsas (el hermano menor de Brad Pitt en foto de estudio, vestido de Armani y buscando el amor en Puf… yaaa!).

Es que además está el tema de los filtros. Puedes poner los que quieras para buscar gente (incluso nivel de ingresos o de estudios) pero no para ser buscado. Y da igual que pongas que no te interesan los casados y los abuelitos, que uses mayúsculas e íconos con caritas de espanto. Igual te escriben, por si las flies. Porque pareces tan simpática…

Y claro, también hablamos de un sitio donde llega mucha gente que se siente sola. Y que lo que están buscando es de alguna manera solucionar su vida, encontrar una llave a una felicidad que se resiste, a un futuro menos triste, que se visualiza más habitable y mejor por el hecho de estar en compañía. Pero eso de ser una llave para alguien es demasiada responsabilidad. Además de un coñazo.

puf 2¿Qué haces entonces cuando tienes 50 mensajes de 50 tíos que no te parecen atractivos en lo absoluto pero que se nota que han hecho un esfuerzo por presentarse, decir algo amable, parecer graciosos y ganarse una oportunidad? ¿Qué hacer en una tierra de solitarios cuando no te seduce la soledad? En mi caso, sentirme como la mierda.

Sé que otros lo viven con más liviandad, que muchas veces me enrollo más de la cuenta, y que no arrastré a nadie al suicidio con mi indiferencia cibernética. Pero aún así en mi conciencia se balanceaba más de un ahorcado virtual, sobre todo en el caso de los que andaban pregonando su abandono como doloroso cartel de presentación. ¡Cuánto peso para algo que empezó como un intento de diversión!

Igual me habría molado llegar a la parte del “cara a cara” con alguien. Son tan poco habituales las citas hoy en día (yo al menos tengo muy pocas a mi haber) que más que rancias yo diría que comienzan a tener el encanto de lo vintage. No es que haya notado su ausencia pero supongo no soy del todo inmune a tanta peli y serie gringa que me tragué en mis años adolescentes. Que te abran la puerta del coche y te muevan la silla para que te sientes no está tan mal después de todo. Es más, puedo vivir perfectamente con ello.

puf 5Creo que sólo por eso, por la curiosidad de esa cita potencial con alguien potencialmente interesante, que no huí a los dos días y aguanté un puñado más. A ver si alguno me hacía levantar una ceja con el poder de un par de párrafos. Pero definitivamente Puf no es país para poetas. Ni para corazones culposos, ya que estamos…

Diálogos callejeros 5: Tampoco soy gilipollas

balcón con vocesEs medianoche. Curro. La ventana abierta deja entrar el aire fresco de afuera. La calle dormita, pasan pocos coches.
Se podrían decir que estoy concentrada en mi trabajo, pero no es la palabra más exacta. Más bien diría que voy con el automático puesto, soporizada en una especie de trance cutre, mecida por el repiqueteo monótono de unas teclas de plástico. En el aquí y ahora mi universo existe en sordina, atrapado entre mis ojos y una pantalla brillante.
Y entonces dos voces se cuelan por el marco de la ventana y entran en mi habitación. Primero con sigilo, después con contundencia. Y sólo cuando se han ido parecen explotar, y al hacerlo arrasan con todo, lo cambian todo. Con la fuerza del invasor.
Altas, más no claras.
Exigentes, dispuestas a reclamar su presencia en el mundo. Vestidas de juventud y manchadas de cinismo.
Voces amargas.

– Tío, ¿pero te lo has pensado bien?
– Que sí.
– ¿Y cuándo te pille poniéndole los cuernos qué? ¿Lo has pensado? Que te va a dejar sin un duro.
– Tampoco soy gilipollas. No tendría por qué enterarse.
– Mejor no firmes. Hazme caso.
– Tengo que firmar. Ya le dije que sí.
– Pues dile que no.
– Deja, si no va a pasar nada. Además, ¿quién puede decirle que no a una hembra así? Está tremenda…
– Ahora, pero después te quiero ver tronco. Tremendo juicio el que te va a meter…

(De eso hablamos cuando creemos hablar de amor…)

 

Hay un smartphone entre mis sábanas…

pantallazo durexHace algunas semanas llegó a mi curro un correo de Durex, con el link a un “emotivo” video (yo más bien diría cebollón) que supuestamente revelaría una “esperada tecnología para smartphones que podría cambiar para siempre nuestra vida sexual”.

El video en sí, con su respuesta iluminadora al final del mismo (totalmente predecible por lo demás), no me interesa mayormente, pero sí quería compartir con vosotros algunos de los datos de un estudio de la Universidad de Durham que se ha lanzado junto con la campaña de Durex, porque si bien no me sorprenden, no por ello dejan de resultar alarmantes. Eso sí, hay algunas salvedades que es preciso mencionar, como que sólo se entrevistó –en profundidad- a 30 personas, todas ellas viviendo en Inglaterra (un país no precisamente conocido por las pasiones desatadas de sus habitantes) y que en todos los casos se trataba de relaciones de, al menos, un año. Ahora, para liarla un poco más con los datos, yo agregaría que Inglaterra tampoco es de los países con mayor penetración de dispositivos móviles en su entorno (en Europa España gana por goleada de hecho), por lo que la situación puede ser más preocupante en otros sitios. Aunque para pajas fronterizas ya tenemos a nuestros queridos políticos…

En fin, hechas ya las aclaraciones pertinentes, lo que el documento revela, o mejor dicho pone en cifras, es que “el uso generalizado de la tecnología está impactando seriamente a la frecuencia con la que tenemos relaciones sexuales, incluso llegando a cortar el coito y causando tensión en las relaciones”.

Los investigadores del Centre for Sex, Gender and Sexualities de Durham revelaron que el 40% de los encuestados han pospuesto la práctica sexual a causa de la tecnología, principalmente por el uso de smartphones y tablets. Otros, en cambio, comentaron que intentan ir deprisa durante el acto sexual para poder tener tiempo de responder a los mensajes de sus smartphones. Además, un tercio de las parejas entrevistadas admitió que han interrumpido su relación sexual para contestar al teléfono.

Para Mark McCormack, co-director del Centre for Sex, Gender and Sexualities en la Universidad de Durham, “la tecnología ha revolucionado nuestras vidas y los smartphones son ahora esenciales para la organización de nuestras relaciones íntimas, tanto para el inicio de éstas como para mantener el amor y el afecto cuando las parejas están separadas”, pero “lo que revela este estudio, y refleja el vídeo, es que actualmente la tecnología consume nuestras relaciones en un nivel mucho más profundo. Se ha adentrado en el dormitorio en más formas de las que imaginamos, a menudo con beneficios, pero también con desventajas para las relaciones que pueden ser potencialmente graves, ya que pueden causar frustración y tensión, e inmiscuirse en la actividad sexual”.

Y para los que buscáis una especie de conclusión, os dejo las palabras de Ukonwa Ojo, Head of Global Brand Equity en Durex: “Teniendo en cuenta que la tecnología juega un papel muy importante en nuestras vidas y relaciones, empezamos a explorar cómo podría utilizarse de una forma positiva para mejorar nuestras vidas sexuales; pero al hacerlo, descubrimos que la respuesta más efectiva era la más simple. Después de consultar a un gran número de expertos, realizar el estudio académico y llevar a cabo largas entrevistas cualitativas, la solución resultó ser simple: debemos desconectar para volver a conectar”.

Algunas citas de las entrevistas de Durham

“Cuando él se compró el primer iPhone, yo solía llamarle la tercera persona de nuestro matrimonio y la odiaba con pasión, solía sentarse entre nosotros, en realidad, no me gustaba… se ha convertido en un tercer brazo para muchas personas”.

“A veces estoy en Facebook y él en una aplicación deportiva mientras estamos en la cama; nos damos cuenta que, literalmente, estamos sentados juntos, pero vivimos en mundos distintos”.

“Puede que quiera sexo y él no se de cuenta de esto, porque él está distraído con su teléfono”.

“En los últimos meses, he tratado de prohibirle usar el teléfono en el dormitorio. Ahora estamos intentando usar el dormitorio solo para dormir y tener sexo”.

“Ella ama la tecnología, no voy a mentir, ella ama a su teléfono. A veces parece que tengo una relación con ella y su teléfono, ella ama a su teléfono y nunca se aleja de él”.

“Yo no he pospuesto la práctica sexual, he fingido un orgasmo para acelerarla y volver al trabajo”.

El estudio se elaboró en febrero de este año. Los participantes tenían entre 18 y 55. Todos eran heterosexuales y formaban una diversidad constitutiva en términos de clase, etnia, edad y nivel educativo. El informe completo se puede encontrar aquí (en inglés): http://dro.dur.ac.uk/14770/

También os dejo un enlace al video, para los que estéis interesados🙂

Fantasías prohibidas

cartel superman mujer maravillaNo soy amiga de lo prohibido. Lo cual siempre es jodido, porque hay muchas cosas en esta vida que están prohibidas. Y si no tienes pasta, muchas más.

Entonces intento, al menos, no prohibirme demasiado a mí misma. Claro, si nos podemos rebuscados, cada día me prohíbo algún chocolate que me impedirá entrar en mis vaqueros favoritos, algún insulto liberador en pro de la convivencia –o de la supervivencia incluso- cotidiana, algún gusto que terminaría de liquidar mis finanzas. Y podría seguir, que sólo estoy mirando por encima.

Sin embargo, mis auto-prohibiciones suelen estar basadas en consideraciones prácticas, como no perder mi trabajo o no rodar por las calles de Madrid, que si por mí fuera me zamparía 5 pizzas chorreantes de queso calentito cada noche. Otra cosa es cuando hablamos de asuntos morales.

No se trata de que no tenga límites ni que me guste hacer de todo, ¡que el de las barbas me libre! Con lo que he visto por ahí, la sola idea me parece espeluznante. Sin embargo, creo que he conseguido que mis límites sean los propios, los que me dicta mi estómago, los que llevo dentro. O sea, que tiendo a –o intento al menos- hacer lo que me gusta y no hacer lo que no me gusta, lo cual no es ni tan poco ni tan simple. Claro, hay elementos culturales, sociales, familiares… pero también procesos de vaciado y limpieza que me han permitido desarrollar una cierta resistencia a imposiciones externas.

Ahora, no reclamo ninguna originalidad al respecto, más bien todo lo contrario. Pasé muchos años sintiéndome transgresora –con todo el subidón y la incomodidad que eso significaba-, pero ahora más bien me parece que la esquina que habito se vuelve cada vez más reconocible, y que se va poblando y fortaleciendo en su condición de opcional (como contraria a heredada). O por decirlo de otra manera, que mi forma de ser, de entender y habitar el mundo, se va volviendo más y más hija de su tiempo.

¿Qué son entonces, hoy en día, las fantasías prohibidas? Para muchos ya no tienen sentido esas imágenes de ojos vendados, esposas, látigos, tríos, juegos de rol o casi cualquier cosa que podáis poner en la lista del imaginario clásico clandestino. Been there, done that. O eso o es que, simplemente, no apetece. Si apetece se hace.

Paralelamente, y acá también voy perdiendo terreno en lo que a singularidad se refiere, hay también una tendencia reconocible hacia nuevas formas de relacionarse, otras maneras de conectar entre personas dispuestas a combatir la oscuridad que se esconde detrás del brillo rosa de las relaciones pactadas, los convenios de por vida y la exclusividad sobre los cuerpos y los deseos. Opciones no menos dolorosas ni difíciles en mi humilde opinión, pero sí más honestas y valientes.

En mi caso, he reconocido (en ocasiones con mucha dificultad) que mi búsqueda de libertad pasaba inevitablemente por aprender a respetar la libertad del otro. Pero a respetarla de verdad. Su libertad de no querer abrirme las puertas. Su libertad de no desearme. Su libertad de desearme menos de lo que quisiera, o de forma menos total. Su libertad de irse. Su libertad de quedarse sin certezas de permanencia, sin condiciones, sin requerimientos de cambios. Su libertad de que otras cosas sean más importantes, o tengan más peso en momentos determinados. Su libertad, al fin y al cabo, de tomar sus propias decisiones.

Creo firmemente en que lo único honesto es la ausencia de promesas, la eliminación de cualquier mañana en los discursos y en los afectos. Lo cual no significa que una relación no pueda durar toda la vida, o incluso que alguien no pueda desear, genuinamente, no estar con nadie más en lo que le queda de vida. De hecho, ¡qué belleza cuando eso ocurre!

Creo en la incertidumbre, y en la importancia de saber estar y funcionar solos, con independencia de si se tiene pareja o no. Creo en el amor desde la igualdad de espacios y oportunidades, y creo que la única exclusividad posible es la que nace del deseo, del sentir real de los cuerpos y de la conexión de las almas, no de una firma o una promesa arrancada en medio de un periodo de colocón cerebral. Pero lo creo no porque sea cómodo o bonito, o porque me guste. Lo creo simplemente porque siento que lo contrario es mentirse, porque muchas veces crecer es aceptar.

Volvamos a jugar con la pregunta que nos convoca entonces. Si entendemos “lo prohibido” como algo a lo que no se aspira realmente, es decir no como un proyecto a realizar sino como una ilusión desde lo intransable, una aberración casi… ¿Cuál sería mi fantasía prohibida en ese caso? ¿Mi fantasía horrible, inconfesable, impura? ¿Un macho protector y proveedor? ¿Una casita en la pradera con cuatro hijas de doradas trenzas largas? ¿Un despreciable famoso con sus despreciables y sucios millones y su abdomen perfecto?

cartel amorCasi, pero no…

(Y habría quedado de lo más sugerente como título, pero que queréis, me pudo el SEO…)

 “La seguridad de un hombre enamorado de por vida”.

 

N de A: Tras un nuevo lapsus existencial, este post pretende cerrar la trilogía “a la carta”, en esta ocasión en respuesta a la sugerencia de mi estimado A. Irles, autor de Otra resaca más, que propuso como tema para una entrada lo siguiente: “Fantasías prohibidas! Y no me refiero a algo sexual (que también podría ser…) si no a anhelos oscuros que podrías tener o que creas que la gente pueda tener…”.

Total, que ninguno me puso las cosas muy fáciles… Ya me las pagarán!😮

SOS relatos eróticos

Se me ha presentado la oportunidad de enviar unos cuantos relatos eróticos -algo así como un pequeño “muestrario”- a una editorial de esas serias, que te publican ellos las cosas y más encima te pagan, toda una rareza en estos tiempos que corren… Y claro, como no puede haber peor jueza en este espinoso asunto que yo misma, escribo este post con la esperanza de que vosotros me echéis una manito y me ayudéis a elegir… ¿Cuál ha sido el relato que más os ha gustado, el que consideráis más especial, el que está mejor logrado???

A modo de recordatorio, os dejo los links a los relatos (en el caso de los que van por capis el link es al capi 1), con los primeros párrafos para que sea más fácil recordar de qué va cada uno.

Y por supuestísimo… Muuuuuchas gracias!!!

 

Love story
love story 3-¿Estás listo?-, preguntó ella rozándole el lóbulo con labios deliberadamente húmedos, viscosos de deseo. Letras de miel caliente lo recorrieron, poseyéndolo como posee el sonido de la campana a un niño que espera ansioso la salida a recreo.
– Lo estoy.
– Entonces abre los ojos y mira lo que tengo para ti.

Le quitó la venda mientras hablaba. El parpadeó un par de veces para acostumbrarse al cambio de luz y levantó la mirada. Un hombre alto, más que él, y con una enorme polla en estado de semirreposo, lo observaba con curiosidad. Sintió entonces frío y recordó que estaba desnudo.

Candy

“Tampoco habrá suerte esta noche”, pensó. Si tan sólo fuera por ese espantoso negligé rojo del chino, incapaz por otra parte de contener la insatisfecha abundancia de sus carnes… Pero no, lo peor no estaba en el envase. Era ese deseo rancio que le brillaba en la piel como una mala crema, ese olor a herrumbre que se adivinaba emanando de su coño. No tragó saliva porque tenía la boca seca. “A ésta seguro que le gusta que se lo coman. Que no se me vaya a olvidar pedirle un vaso de agua”, se recordó.

Tras la ventana

Era una casa de esas para esperar dulcemente la muerte.
Con todo ya acabado.
Sin nada por hacer.
Cada cosa en su sitio, como una sinfonía visual.

Nada más entrar supo que muy pronto desearía pasar allí el resto de sus días. Comenzaba a necesitar la paz, y en esa casa se respiraba por todos los rincones. La claridad que entraba por sus grandes ventanales invitaba a la contemplación, no al movimiento. Y él estaba muy cansado.

Telarañas

PantherMedia A10981075– ¡Espera!
– ¿Qué pasa?
– Me duele
– ¿Te duele?
– Sí, no sé, me raspa
– Hmm
– ¿No tienes lubricante? Ponme un poco.
– ¿Ahora?
– No, mañana…
– ¡Es que no sé dónde está!
– Entonces para.
– ¿Cómo?
– ¡Que pares, joder! ¡Que te salgas!

De lejos parece una telaraña, pero al acercarse descubre que es la marca de una trizadura sobre el cristal. Le pasa el dedo índice por encima, con dilación, intentando volverse ajeno o al menos parecerlo. Ella coge el móvil y se dirige hacia el único rincón de la habitación donde no llega la luz, en un intento vano por ocultar sus murmullos. “Sí”, “ya sabes, el cabrón de mi jefe”, “no es nada amor”…

En la cama

Muy lejos del lujo que sugería su nombre, el Grand Castle Hotel era un viejo edificio ruinoso donde las parejas sin recursos iban a echar un polvo. Todo en él resultaba inquietante, desde sus pasillos oscuros hasta sus maderas crujientes, y más de un huésped se había ido con la sensación de que el esqueleto que soportaba el establecimiento respiraba bajo las descascaradas paredes que lo recubrían, atento a todo lo que ocurría. Como si su quietud fuese solo aparente, como si esperase algo.

Claro, también estaban las cucarachas, el moho en las paredes de los baños –compartidos cada dos habitaciones- y el frío que se colaba entre medio de las grietas en invierno. Además de otros inconvenientes que ya me habían sido advertidos por una amiga que había estado un par de veces con su novio. Pero a mí no me importaba nada. Sus puertas se me antojaban la entrada al paraíso.

La danza del adiós

Cinco años y veintitrés días después se mirarán por última vez, casi de la misma manera en la que se miraron en aquel bar cuando todo comenzó: Como si supieran lo que está por ocurrir y no terminaran de creérselo.

Volverán a saltar al unísono hacia lo desconocido, aunque a diferencia de la primera vez no los unirá un abrazo. En cambio, se impulsarán el uno al otro en direcciones opuestas, con estudiados movimientos de bailarines, en una danza en la que nadie tenderá la mano a nadie porque tanto él como ella codiciarán para el otro la prisión que abandonan. Y así, volverán a cambiar el territorio, y pensarán nuevamente que “está todo bien”, sin recordar que eso antes ya lo hicieron, mientras marcan el número del colega de turno para comunicarle las novedades.

El próximo tren  (éste va completito, jeje)

Se suelta la mano. Se cierra la puerta. Se va el tren…

No grita, no se mueve, debatiéndose entre la confusión y el llanto, los ojos fijos en la negra boca del túnel que se tragó a su madre. Intuye que quedándose quieto todo será como antes. No intuye que el hombre de la sudadera gris ha dejado pasar nueve trenes. Ni que tiene una casa con juguetes y golosinas, y un álbum de Los Vengadores en su habitación. Sólo importa que regrese su madre. “Tranquilo chaval, espérala conmigo”, le susurra con voz de ángel, empujándolo suavemente hacia una promesa.

Antes de que empiece mañana

Él la recoge a las 10 en punto. Todas las veces ha llegado a las 10 en punto, así ha sido, invariablemente, desde que se encontraron en el funeral de la madre de Paco. ¿Cuántas veces habrán quedado ya, 12, tal vez 15? Ella perdió la cuenta. Pero siempre es igual. Toca el timbre, espera abajo, cuando la ve aparecer por el portal saluda con una inclinación de cabeza, le abre la puerta del coche, le da una mirada fugaz al reloj que lleva en la muñeca, cierra la puerta y entra él.

El amor en los tiempos del látex

Tomar aire, subir la reja, abrir la puerta –dos vueltas, llave grande, llave pequeña-, desconectar la alarma, poner la calefacción, colgar el bolso y la chaqueta, encender el ordenador, expulsar aire…

En cuanto comenzaba el ritual su boca se llenaba de un sabor a monotonía y polvo que variaba sutilmente según el día de la semana: Los lunes venían con un regustillo a albarán, los martes a limpiacristales, los miércoles al cartón de las cajas del pedido… El sábado era el único día en el que sus tareas se limitaban a la atención de clientes (su primo finalmente había aceptado que ajustara las labores a la afluencia de público), y con el tiempo se había dado cuenta de que era el día que más odiaba de todos: imposible de fraccionar, inconquistable. Como su soledad.

Hambre 

parejaConserva en sus entrañas la misma urgencia de tiempos vividos, y es lo primero que pone a sus pies, como un regalo. Está más delgado, ajado por el paso de los años, pero ella apenas alcanza a registrar esa información, porque nada más verla se le arroja encima como un animal hambriento, devastando sus defensas con el acero de su mirada y la bravura de sus besos. Ni siquiera abandonan el pasillo. Él le arranca la ropa y ella se deja. Le exprime los pechos como si quisiera robarle alguna verdad, los lame con lengua rasposa. Ella deja ir la piel que la recubre y gime una confesión que él no puede entender, mientras su cerebro flamea en pequeñas explosiones de dolor aterciopelado. La gira y la recuesta sobre el piso.

Carne de diván

– ¿Por qué me citaste tan tarde?

– Porque quería ver si eres tan sosa de noche como de día. Ya veo que no.
– Extraña respuesta para un sicólogo. ¿Eso se supone que tiene que mejorar mi autoestima?
-No sé, dímelo tú. ¿Cómo te hace sentir mi respuesta?
– Vaya, lo mismo de siempre, no te gusta lo que te planteo y me sueltas una pregunta capciosa.
– A mí no me parece que sea lo mismo de siempre. ¿Por qué te pusiste maquillaje para venir hoy?
– ¿Maquillaje? ¿Yo?
– Sí, no es que te hayas pasado ni nada, pero nunca usas y se nota. Llevas polvos en la cara, máscara de pestañas y un poco de brillo en los labios. ¿Vas a quedar con alguien después de salir de la consulta o te has arreglado para mí?
– Ricardo, déjalo, que esto se está poniendo raro. No está bien que me hayas citado a esta hora, ni que me digas esas cosas…
– Pero igual viniste, porque estás buscando algo. Y no eres indiferente a lo que te digo. Puedo verlo. Puedo olerlo.

Sobre la trascendencia y el sexo ‘de puta madre’

Inocente de mí, hace un par de semanas lancé una “llamada de auxilio” a través de este blog, poseída por una de mis crisis de sequía creativa. Pensé que me estaba haciendo la vida más fácil, sin imaginar siquiera los berenjenales en los que habría de meterme.

Y es que claro, con el calibre de las propuestas recibidas, como la que aportó el amigo Ducrein, a ver quién se saca un post de la manga en media horita…

Pero antes de que me líe más, os dejo con sus palabras:

http://www.planetaholistico.com.ar/Tantra.htm¿Qué te parece hablar del sexo como paradigma de autoconocimiento y desarrollo personal y, por añadidura, transpersonal? Siempre he pensado que nos solemos quedar en la superficie, que solo rascamos la punta del iceberg y aprovechamos una parte ínfima de todo lo que nos brindan las relaciones sexuales como herramienta. Durante un acto sexual nos encontramos mucho más dispuestos a vaciar nuestra mente, trascender el ego y conectar con nuestra esencia, así que en cierto modo es una pena que todo se quede en un viaje en montaña rusa del cual solo recordamos que ‘nos lo pasamos muy bien’.

Desde que la leí esta propuesta me guiñó un ojo, pero también desde el primer momento me exigió respeto. “No me vayas a pasar por encima”, me advirtió. “Soy un tema importante”. Y así ha estado desde entonces, dando por saco, metiéndose en mi cabeza el temita de marras. El sexo como vía a la trascendencia… ¡Uf, tela! ¿Cómo voy a ser tan cutre de escribir un post intrascendente sobre la trascendencia?

Pensé entonces en documentarme muy mucho, buscar qué dicen los expertos sobre el Tantra, el camino del Tao y todo eso, pero pensé que os podría aburrir. Y aburrirme yo de paso, que es peor (para mí al menos…).

Probablemente ahí esté el problema, el primer problema. Esa tendencia a dividir el mundo siempre en blancos y negros, a nadar con tanta gracia entre dicotomías pero ahogarnos en las sutilezas: chicos malos vs chicos buenos. Polvazo vs sexo de abuelitos. Diversión vs aburrimiento.

Pero no me quiero ir por ahí, no todavía. Retomaré la idea más adelante…

Como es habitual, entonces, voy a hablar de mis propias experiencias, de lo que he vivido, y de cómo el tema propuesto aterriza en mí.

Como os conté en el post anterior, para mi primera vez elegí (si es que se puede hablar de elegir, al menos a nivel consciente, cuando alguien irrumpe en tu vida con esa contundencia) a un personaje bastante peculiar. Y de alguna manera siento que ese arranque me llevó a configurar una suerte de camino en el que la sexualidad se fue volviendo un elemento cada vez más importante en mi vida. No de la mano de quien me acompañó en esa primera experiencia pero sí, en gran parte, a raíz de lo vivido con él. Antes de Ismael el sexo era un deseo eternamente embrionario, una vibración poderosísima a la que no tenía intención alguna de darle cauce. Más bien todo lo contrario.

Novios oficiales no tuve ninguno, pero sí unas cuantas relaciones sin el cartelito. Chicos que me llegaron a gustar muchísimo, que me despertaron mareas dentro de las entrañas, que me llevaron a fantasear. Pero en cuanto mis escarceos adolescentes amenazaban con volverse más carnales, cuando veía en ansia de fusión en los ojos del otro, ponía los pies en polvorosa sin más explicaciones que “lo siento, no sé qué me pasa, ya no quiero estar contigo”.

Probablemente tengan mucho que ver los episodios de incesto que sufrí en la infancia, aunque en ese tiempo no podía verlo ya que tenía los recuerdos bloqueados. No entendía qué me pasaba, y desde mi turbación y mi rabia le reclamaba al cosmos mi derecho a estirar el brazo y coger la deseada manzana de ese árbol que me estaba prohibido. Y entonces apareció Ismael, y mi necesidad de no alejarlo me invitó a cerrar los ojos y saltar al vacío.

Y salté, con el estómago revuelto, el anhelo furioso y la confusión en carne viva.

Desde ese día hasta hoy hay tanto aprendizaje, tantas vueltas, tantas personas importantes, tantas historias, tanto disfrute y crecimiento interno…  Tal vez porque tras esa experiencia me resultara más natural dar otros saltos, abrir otras puertas -mentales y del interior- que querían permanecer cerradas.

Por supuesto que ha habido estancamientos, retrocesos, polvos “puaj”, momentos mezquinos de mi parte, miedos que en algún momento vencieron, complejos, frustraciones y fraudes… no pretendo decir que siempre me lo he pasado de puta madre ni mucho menos, aunque muchas veces sí me lo he pasado de puta madre, jejeje. Lo que quiero decir es que si tenemos en cuenta las definición de trascender (empezar a ser conocido o sabido algo que estaba oculto; extender o comunicarse los efectos de unas cosas a otras, produciendo consecuencias; ir más allá, sobrepasar cierto límite) definitivamente he trascendido a través del sexo.

Ahora, pese a ello nunca me ha abandonado la sensación de que hay un “todavía más” que no estoy alcanzando, niveles más elevados de unión y abandono de uno mismo que se me escapan, capas más profundas en las que rascar. Sin duda he ido más allá de mi misma, y en mi balance hay mucho más que el goce de la carne y el vórtice de un buen orgasmo, pero no sé si me atrevería a hablar de crecimiento espiritual así con mayúsculas… Y aquí ya me empiezo a liar, porque hablo de temas que no tengo claros, que no están resueltos. Así que ni modo… post multicéfalo para vosotros!!!

¿Ha de ser el sexo dulce o amoroso para conectarnos con estados más elevados de consciencia? Y por el contrario, ¿Qué energías de las que no somos conscientes entran en escena en los juegos de poder y dominación, por ejemplo?

Es curioso, pero me resulta difícil meter en un mismo saco la etiqueta de “sexo trascendente” con la de “me lo pasé de puta madre”. ¿Cómo elevarse espiritualmente a través del sexo cuando el orgasmo que se está teniendo es más por asfixia que por amor? ¿Cómo sentirse “espiritual” en medio de una lluvia dorada o cuando el cuerpo pide azotes?

No es un tema menor, o al menos no para mí. Tengo muchísimo más resuelto lo que me ocurre cuando las energías amorosas son las protagónicas. No necesito que me expliquen lo que me pasa cuando me pierdo en la cadencia de un hombre afectuoso –en ningún caso una experiencia menor para quien os escribe, incluso me atrevería a decir que más deseada por menos frecuente– eso lo hemos aprendido casi todos desde pequeños. Lo que no hemos aprendido tantos es que somos una enorme bola de contradicciones con dos piernas.

ositos cariñositosA veces, cuando algún simplista de turno me suelta la típica fracesita de “mejor búscate un hombre bueno”, caigo a mi vez en la pregunta-trampa de si podría pasarme la vida con un osito cariñosito, teniendo sexo “tierno”. O sea, un tío suave, dulce, preocupado por mí, sano internamente y toda esa vaina; que no pegue, no azote, no muerda (o no fuerte), que no diga guarradas y no abandone nunca los límites del respeto y la decencia en el trato. No ayuda mucho que en mi cabeza se dibuje la figura de un Manolito Gafotas en versión cuarentona, medio pelado y de dedos cortos y sudorosos, poco dado a las artes amatorias.

Pero como ya os dije hace unos cuantos párrafos, creo que el problema se limita al ansia por ponerle nombres y categorías a todo, por andar colgando cartelitos. Yo la primera… Porque ni soy Manolita Gafotas ni soy una zorra malvada destruye corazones, y no veo por qué los demás tienen que ir por la vida de blanco o negro cuando yo no lo hago. Si es que al final todos somos surtidísimamente iguales…

Recuerdo que en mi penúltimo año de colegio tuvimos una profesora de música que era mega hippie, hablaba de la reencarnación y nos enseñaba técnicas de relajación y meditación. Duró menos que un suspiro (colegio de monjas rancias y madres histéricas, no necesito decir más), pero alguna semilla se dejó plantada por ahí. Fue mi caso al menos, ya que esas sesiones de meditación eran como pequeños viajes al centro del cosmos, cuyos efectos se derramaban primero en mi cuerpo y después en mi espíritu dejándome transformada… Como si se me ofreciese una gran manta hecha de estrellas en la que ponerme a resguardo del gran caos de la existencia.

Las clases de música eran los viernes por la tarde, y al salir del cole flotando de espiritualidad zen me iba a juntar con mi grupo de amigos, todos ellos unos heavys recalcitrantes que no perdonaban recital o convocatoria que les cayera entre manos. Y ahí estaba yo, dominada por “la música de Satán”, en trance rockero y con las neuronas en éxtasis espiritual tras cada sesión de headbanging, preguntándome cómo era posible que me gustara tanto empujar hombretones y dejarme poseer por gruñidos cavernarios y al mismo tiempo ser capaz de dejarme seducir por las deliciosas sutilezas de la quietud y el silencio. No llegué a entenderlo, pero sí comprendí que ambas eran para mí vías muy efectivas de catarsis.  Ambas experiencias, al fin y al cabo, me purificaban, y permitían que mi cuerpo, mi mente, mi espíritu y mis emociones entraran en comunión. Y lo mejor de todos, la suma de ambas era muchísimo más de lo que cada parte aportaba por separado.

La posible solución del dilema: Respira como te salga de los cojones

Bueno, y ahora os tengo el “momento erudito” del post. Con subtítulo y todo, así los que quieren huir que sepan que pueden hacerlo en este instante. Va de sexo tántrico, por si las moscas, y es largo, pero lo dejo así porque hay partes fantásticas que me parecen escritas para aclarar mis dudas. Y aunque no haya sido realmente así… mola!

Reconozco que he soltado al principio que no quería ponerme muy académica y aburrir, pero aún así no pude resistir la tentación de husmear un poquito en la web, a ver qué decían al respecto “los que saben”. Y como no, he vuelto a caer en brazos de mi amigo “Posho” (sus herederos ya se forran lo bastante como para que yo ayude a engrosarles la cuenta, jeje), que aunque me cae más o menos no más, habla cosas coherentes (y otras menos, pero ese es otro tema).

http://ruizilhao.wix.com/portraits-caricatures#!caricaturesSegún Posho, el Tantra es la ciencia de transformar los amantes ordinarios en almas gemelas (en otra parte del texto lo define como “el camino natural hacia Dios”). Para él, el Tantra ha de ser absorbido, “no es una técnica para ser aprendida”.

Dice el de las barbas: “Cuando estés haciendo el amor no controles. Entra en el descontrol, entra en el caos. Será terrible, espantoso, porque será una especie de muerte. Y la mente dirá: ‘¡Control!’. Y la mente dirá: ‘Salta y mantén el control, de lo contrario te perderás en el abismo’. No escuches a la mente, piérdete. Abandónate a ti mismo y sin ninguna técnica llegarás a tener una experiencia intemporal. No habrá dos en la experiencia intemporal: habrá unidad”.

El objeto es llegar a ser completamente instintivo, tan fuera de la mente “que nos fusionemos con la naturaleza suprema”. Esa es la definición tántrica de nuestra sexualidad: “El retorno a la absoluta inocencia, a la absoluta unidad”. Así, la mayor excitación sexual de todas “no es una búsqueda de la excitación, sino una espera silenciosa: En relajación completa, sin motivo alguno. Uno es consciencia. Está satisfecho pero no es una satisfacción por algo. Y entonces hay una gran belleza, una gran bendición”.

Ahora, Posho advierte que “si eres demasiado técnico te perderás el misterio del Tantra”. Aquel que está basado en técnicas es “pseudo-tantra” porque si las técnicas están ahí el ego estará ahí, controlando. “Entonces estarás haciéndolo, y hacer es el problema. El Tantra tiene que ser un no-hacer; no puede ser técnico. Puedes aprender técnicas para que el coito sea más largo, pero estás controlando. No será salvaje y no será inocente, y tampoco será una meditación .Será de la mente. Esto es técnica, no Tantra”.

Es entonces algo que “no se guía por la cabeza sino por la relajación en el corazón”, y aunque muchos libros han sido escritos sobre el tema, el Tantra real no se puede escribir, no se puede pensar. “Tiene que ser absorbido”. ¿Y cómo?: transformando nuestro enfoque.

(Y estos párrafos que siguen ya son literales, porque me han gustado tanto que no he querido meterles ‘tijera’…)

“Reza con tu mujer, canta con tu mujer, juega con tu mujer, baila con tu mujer, sin idea alguna de sexo. No vayas pensando: ‘¿Cuándo nos vamos a ir a la cama?’. Olvida todo al respecto. Haz alguna otra cosa y piérdete en ello. Y algún día el amor surgirá de ese estar perdido. De repente verás que estás haciendo el amor y tú no lo estás haciendo. Está sucediendo, y estás poseído por ello. Entonces tienes tu primera experiencia del Tantra, poseído por algo más grande que tú. Estabas bailando o estabas cantando en unión o coreando juntos o rezando juntos o meditando juntos, y de repente te das cuenta que los dos se han movido hacia un nuevo espacio. Y tú no sabes cuando has empezado a hacer el amor; tú no lo recuerdas siquiera. Entonces tú estás siendo poseído por la energía del Tantra. Y entonces por primera vez percibirás una experiencia de carácter no técnico”.

“El Tao tiene su propio Tantra. Nunca se divide en lo inferior y lo superior, esa es su belleza. En cuanto divides la realidad en lo inferior y lo superior te estás volviendo esquizofrénico. En cuanto dices que algo es sagrado y algo es profano te has dividido. En cuanto dices que algo es material y algo es espiritual te has dividido, has dividido la realidad. La realidad es una. No hay ni materia ni espíritu. La realidad es una, aunque se exprese a sí misma de muchas formas. Lo espiritual no es más alto y lo material no es más bajo; ellos están en el mismo nivel. Esa es la actitud del Taoísmo. La vida es una. La existencia es una”.

“La primera cosa en el Tao es abandonar la dualidad. El sexo no es más bajo y samadhi no es más elevado. Samadhi y sexo son expresiones de la misma energía. No hay nada loable respecto al Samadhi y no hay nada condenable respecto al sexo. La aceptación del Tao es total, absoluta. No hay nada equivocado respecto al cuerpo, y no hay nada hermoso respecto al espíritu – los dos son hermosos. El Diablo y Dios son uno en el Tao, cielo e infierno son uno en el Tao, bueno y malo son uno en el Tao – esta es la mayor comprensión de la no-dualidad. No hay condena ni preparación. ¿Prepararse para qué? Uno simplemente tiene que relajarse y ser”.

Para los valientes que habéis llegado hasta aquí, y por si os lo estabais preguntando, Santa Wikipedia define samadhi como “un estado de conciencia de ‘meditación’, ‘contemplación’ o ‘recogimiento’ en la que el meditante siente que alcanza la unidad con lo divino”.

Y no, no hay premio… salvo el placer de una buena lectura, jejeje. O de una lectura al menos. Para cualquier queja, pedid una hoja de reclamación a un teletubbie. Y después me contáis de cuál estáis fumando!😉

Aquello que llamamos primera vez…

http://www.enjoyingchile.cl/web/package/san-pedro-de-atacama-pacote/Me gusta contar que a Ismael lo conocí en un terremoto. Y es verdad. Yo, una chica de colegio de monjas y universidad tradicional (si bien siempre me acompañó una cierta sensación de incomodidad, de no pertenencia, entre mis “pares”), tenía 19 años recién cumplidos, vivía con mis padres y estaba mochileando con una amiga en San Pedro de Atacama. Él, con sus 21 y su charme argentino a cuestas, era artista circense, vivía solo desde los 14 y se encontraba de gira con su compañía. Y ahí estábamos, dos personas de vidas totalmente opuestas, conversando sobre la inmortalidad del cangrejo en la cola del baño de un pub. Y pum! Terremoto grado 8 en el norte de Chile…

Me gusta recordar (aunque a veces me pregunto si no será un truquillo de mi memoria, ya sabéis que jamás recordamos cosas como realmente fueron, incluso siendo ésta nuestra voluntad) que todos corrieron menos nosotros, que nos quedamos ahí, hablando tan campantes mientras las paredes se derrumbaban a nuestro alrededor. Yo porque nunca les he tenido demasiado miedo a los terremotos (o tal vez porque me quería hacer la guay, ainsss, ¡memoria traidora!), y él porque, como recién llegado que era a mis sísmicos terruños, lo encontró todo la mar de divertido de puro novedoso.

Lo q creo recordar bien son dos cosas: por un lado una arrolladora seguridad en sí mismo (yo no la tenía, pero intentaba aparentarla), hecha carne en un cuerpo delgado y fibroso de piernas kilométricas, en el que me fijé por primera vez al día siguiente cuando nos encontramos por casualidad en una piscina de aguas termales. Piel por todas partes, tersa, viril, morena, y esas gotas de agua lamiendo su pecho, riendo cerca de su ombligo, escurriéndose hasta donde yo no podía llegar, entrando juguetonas en ese short vaquero minúsculo que usaba como bañador. Saboreaba yo como colofón una conversación jugosita hasta el pueblo pero me tuve que conformar con un rápido beso de despedida y verlo montarse en una bici destartalada -el cuerpo tatuado, los dreadlocks al aire, el short amarrado en el manillar y sus carnes sólo cubiertas con un calzoncillo mojado y unas Converse- y desaparecer dejando tras de sí una nube de polvo desértico.

Claro que hubo mucho antes de él, si bien con él hubo un antes y un después. Mucho y muchos, hombres que al pensarlos me hacían caer en agujeros de terciopelo, deseos convertidos en pulsaciones, cargados de fuerza; pero no así el ansia de dibujarles un cauce, de abrirles la puerta sin que nada más importara.

Lo otro que se me quedó grabado fue una conversación que tuvimos unos días más tarde, en la que empezamos a intercambiar confidencias e Ismael me contó que no le gustaba acostarse con chicas vírgenes, porque “eran un coñazo” (no fue con esas palabras, pero fue lo que dijo). Lo que a él le molaba, en resumen, eran tías que supieran lo que hacían, no a las que hubiera que entregarles un mapa o tratarlas como si se fueran a quebrar. Compañeras de cama, no aprendices ni cándidas doncellas.

Vale, no es que yo fuera una cándida doncella, pero por hablar claro no me había comido un rosco en la vida. Pero como el tío me tenía trastocada decidí “morir pollo”, como decimos en mis tierras. Hacerme la loca, como que la cosa no era conmigo. Intentar que no se me notara que no llegaba ni a ‘becaria’.

Era tanto mi entusiasmo, tantas mis ganas, que la primera vez que nos encontramos debajo de unas sábanas me lancé hacia su polla como si fuera el más apetitoso de los manjares, decidida a entregar mi mejor performance. En realidad no es que me costara mucho esfuerzo, el doble deseo -por su polla y por hacerlo bien- actuó como el mejor manual de instrucciones y mi amante derramó en mi cara un chorro ignorante y feliz. Y ya de paso, yo pude darme cuenta de los pocos melindres que tenía a la hora de entrar en terrenos nuevos en lo sexual.

Supongo que también intentaba compensar lo que veía como una carencia -mi falta de tablas- con una imaginación abierta, una disposición permanente, un deseo que se iba dibujando y abrazándose al de él a través de innovaciones exóticas, juegos variados y maratones sexo-festivas. Como sea, mi disposición, mezclada con su naturaleza, nos llevaron a un in crescendo invertido que partió por sus picos más altos, sobre todo el lo que respecta a confianza y comodidad (que no a fuegos de artificio). No fue por tanto mi primera vez un polvo tranquilo, tierno, dulce. Fue un polvo de descontención. Un ejercicio de voluntad, un arrojarme a lo que viniera de brazos abiertos, un reclamo de pertenencia: “Ésta también soy yo, esto me gusta, éste también es mi mundo. Y nunca más me vuelvo a quedar fuera”.

(Por cierto, que este post pretende dar respuesta -sólo en parte, pero es que de lo contrario me eternizo- a la propuesta que dejó mi colega Pablo, autor del blog Nadie nos entiende, en mi post anterior (Pasopalabra!), donde me propuso escribir sobre “cómo empezó todo, de cómo fue ese descubrimiento, esa curiosidad, y esa jugoso despertar de tu imaginación tan provocativa”).

Pasopalabra!

signo interrogacionAcá estoy, al otro lado de la pantalla, una vez más volviéndome loca con esto de decidir sobre qué cuernos escribir el próximo post. Pasa mucho. A mí al menos es la parte que más me cuesta de proceso, la que más me desquicia, la que con más fuerza amenaza todo el delicado engranaje que ha de ponerse en marcha para poder parir una mísera entrada en condiciones. Pero vamos, que éste no es el muro de los lamentos…

Es verdad que siempre está la opción relato, una muy recurrida cuando no me apetece –o no me resulta- aquello de escarbar en primera persona, ya sea porque mi yo se encuentra asomado al abismo (en cuyo caso necesito dejar que el bosque repose para ver los árboles) o porque siento que no tengo mucho que contar. Simplemente. A veces ocurre.

Pero ahora mismo, con mi inspiración en huelga de hambre (pobrecilla, creo que la he maltratado un pelín últimamente), esa no es una alternativa que me resulte apetecible. Hay que pelear mucho con teclas porfiadas…

Me pongo entonces a revisar las alertas de Google, a ver si por ahí cae alguna idea. Tal vez algún tema de actualidad, o algún estudio “científico” de esos que se me van ramificando en la cabeza en continuas reflexiones. Pero nada. Ésta es la semana de las putas 50 sombras tocapelotas de Grey, y casi todo gira en torno al temita de marras. En serio, que hastiada estoy de la peli esa y todas las opiniones que suscita, pero sobre todo de las sesudas reflexiones de sus detractores (entre los que por cierto me encuentro) y los análisis psico-socio-lo que sea con perspectiva de género. Sí, andar zurrando a cándidas y virginales doncellas no es bonito. Pero por favor, un poco de originalidad en el enfoque.

Pues nada, después de mucho estrujarme el cerebruto os tengo una idea. Vale, sé que hay que tener morro, pero qué coño, éste es mi blog y aquí mando yo. Así que doy vía libre a vuestras sugerencias. ¿Sobre qué pensáis que debería ir mi próximo post? ¿Qué tema os molaría leer la próxima vez que vengáis a visitarme? ¿De qué os gustaría saber mi experiencia u opinión? En resumen: ¿Qué os puedo contar que os interese? Si recibo al menos seis propuestas me comprometo a escribir sobre las tres que más me molen en mis tres próximas entradas. Así que sed creativos y dejadme propuestas jugosas sobre la mesa, que yo intentaré hacer algo digno con ellas🙂

A ver qué sale, jejeje…

“Momentum”

Han estado revueltas las aguas de mi mundo últimamente, y confieso que me ha costado un pelín crearme un espacio de calma para volver a vuestros brazos. Desde fraudes sadomaso hasta casi -que no cuasi- delitos de homicidio en el trabajo, pasando por algún que otro drama familiar, visitas con maletas, decisiones cruciales, finales necesarios y nuevos comienzos; todo termina mezclándose dentro, creando colores cambiantes e indescriptibles, algunos en estado latente, otros ya maduros.

Y sí, hay cosas que importan, cosas que duelen, cosas que joden, cosas que amargan, cosas que alivianan el alma, que motivan, que ilusionan, que entusiasman… de eso nos alimentamos, pero olvidamos muchas veces que, como el alimento, todo será finalmente digerido, expulsado y devuelto a la tierra de dónde salió. O, si preferís una imagen más poética, lo que vivimos, lo que nos echamos encima, y también lo que elegimos no vivir, esas omisiones que pesan como piedras a veces, terminarán tarde o temprano deshaciéndose a nuestras espaldas, como una imparable cascada en cámara lenta que arrastra todo a esa gran fuente de lo que importa cada vez menos, de lo que ya fue…

Suele ser el pasado más inmediato el que nos muerde las espaldas, ningún colmillo se queda ahí clavado para siempre. Como tampoco ninguna alegría, salvo la que se lleva dentro.

Es curioso, porque de una imagen que parece casi derrotista es de dónde siento que debe extraerse todo el optimismo, el impulso vital. Precisamente en esa voracidad serena que tiene la existencia cobra sentido el empeño, la alegría de vivir. Creo que no hay mejor manera de rendir homenaje a esta vida que se nos ha dado que reconocerla efímera y absurda, y aprovecharla como tal. Y si de aferrarse a algo se trata, que no sea a culpas ni cadenas. Ni se nos va a castigar ni se nos va a aplaudir cuando devolvamos a la tierra nuestro cuerpo, tal vez el máximo aprendizaje sea entender que somos nuestros propios jueces. Y que toda mezquindad y todo goce que nos permitamos tiene sentido en sí mismo, vive para sí mismo, no para convertirse en un futuro balance de un cuaderno divino.

Pronto más. Muy pronto🙂

Crédito imagen: http://www.todoaventuras.com/las-cascadas-mas-altas-mas-grandes-y-mas-bellas-de-europa/

Love story

love story 3-¿Estás listo?-, preguntó ella rozándole el lóbulo con labios deliberadamente húmedos, viscosos de deseo. Letras de miel caliente lo recorrieron, poseyéndolo como posee el sonido de la campana a un niño que espera ansioso la salida a recreo.
– Lo estoy.
– Entonces abre los ojos y mira lo que tengo para ti.

Le quitó la venda mientras hablaba. El parpadeó un par de veces para acostumbrarse al cambio de luz y levantó la mirada. Un hombre alto, más que él, y con una enorme polla en estado de  semirreposo, lo observaba con curiosidad. Sintió entonces frío y recordó que estaba desnudo.

– Te presento a Adriano, es de Brasil. Adriano, éste es Carlos.
– ¿En serio Pame?-, murmuró girando el cuello hacia atrás. ¿Un mulato?

Por toda respuesta ella le dio un cachete en el culo, tan fuerte que le dejó un par de dedos marcados. Después se sentó frente a él en el sofá.

– Ya te vale-, insistió él.
– Agradece que no tuve tiempo para más. Aunque dudo mucho que se pueda mejorar lo presente-, contestó ella dirigiendo una de sus más encantadoras sonrisas al brasileño, que se afanaba en mejorar las proporciones de su ya descomunal miembro.

Al encontrar en sus palabras la invitación que estaba esperando, el mulato se acercó a ella y la besó, acariciándole al mismo tiempo un pezón con sus dedos oscuros. Ella aceptó el beso, dejando escapar un gemido al sentir el contacto de sus yemas en el pecho, pero después lo apartó con suavidad.

– No, no es conmigo la cosa, es con él. Yo sólo voy a mirar. O al menos eso creo.
– Vale. ¿Qué tengo que hacer?
– Quítale el plug y fóllatelo. Con ganas.
– ¿Es su primera vez?
– Es su primera vez con una de verdad. Y no te preocupes, que es él quien va por ahí pidiendo caña. Digamos que se lo ha buscado.
– Bueno, tú mandas…
– Adriano.
– ¿Sí?
– Hasta el fondo.

Ya desde la primera embestida fue incapaz de saber si lo estaban llenando por completo o dejándolo en el más absoluto vacío, como si cada órgano, hueso o gota de sangre se hubieran retirado a algún rincón oculto, porque era tanta polla, tan gruesa y tan dura, que no había sitio para más y hasta el alma se le salía por entre medio de los dientes apretados. Obediente, el monstruo que tenía el mulato entre las piernas se revolvía en él como un puño furioso. Un dolor subterráneo le explotó dentro, escupiendo en su interior pequeñas crisálidas de placer que empezaron a subir por su espalda hasta la nuca y el cráneo. Gritó con hondura, y al final de su grito se encontró con una legión de seres alados que lo invitaban a flotar en una danza de vértigo. Entonces lo comprendió. El universo entero estaba dentro suyo y se movía en círculos. Maravillosos círculos.

Embriagado de sí, todo abismo y agujero, descargó el poderío de su goce en un chorro espeso que se estrelló contra la pared. Adriano se retiró al instante, una gentileza nacida del hábito, y se sentó en el borde de la cama acariciándose el miembro con apetito domesticado. Carlos dirigió entonces la mirada hacia el sofá, para encontrarse con esa sonrisa burlona que conocía tan bien. Ella no dijo nada, pero los vellos revueltos del pubis y sus labios hinchados la delataban.

– Te crees muy guay ¿no? Toda compuestita en tu sofá…
– Jajaja, más que tú al menos.
– Sin embargo ya no llevas las bragas. Veo que te has unido a la fiesta.
– No me pude resistir. Ha sido un espectáculo… fantástico.
– Toda una experiencia, sin duda. Por cierto Adriano, ¿cuánto te debo?
– Quita, quita, que yo pago.
– Mmm… sólo si me dejas que te folle yo ahora.
– Lo estoy deseando…

No lo acompañaron hasta la puerta para no vestirse. Sus cuerpos, reverdecidos bajo la mirada ajena, se buscaron sin necesidad de preámbulo. Fue un polvo rápido, como una caída en un solo acto por un tobogán de felpa, y al llegar abajo descubrieron que había en el mundo algo nuevo, tal vez un olor distinto. Y con eso sobraba de momento.

– Me he quedado con su número por si en algún momento me da un antojito a mí. Por supuesto, estás invitado a mirar si quieres. No te importa, ¿verdad?
– No, claro que no.
– Gato…
– ¿Sí?
– Te amo
– Y yo a ti gatita. Gracias. Gracias por todo.
– Me alegra que te haya gustado el regalo. No se cumplen 40 todos los días. Pero ahora vístete, que hay que ir a buscar al niño al cole.

love story 3Se quedó mirándola mientras se agachaba para recoger su ropa, como si fuera la primera vez. Pensó que podría amarla sin esfuerzo hasta el día de su muerte. Pensó que cualquier día podría morir tranquilo…